Lunes noche. Ya no rijo, he enloquecido. Leo un titular en la prensa digital; “El Rey ya se levanta y se sienta con autonomía y su movilidad es prácticamente completa y natural". No podré dormir de la emoción, ni tragándome un saco de pastillas…Infinidad de frases manan de mi mente enferma. “¿Y a mí, realmente, qué me importa?” “Pues que con el taca-taca se arrime a la ventana, le den una escopeta y nada, a cargarse los estorninos. Ave que vuela, a la Zarzuela” "Que vayan escondiendo los animales del zoo, que igual sale con el mono y monta una escabechina" “Hay que ver qué bien se lleva con Sofía. Veinticinco minutos de intenso amor les sobran para decirse todo. ¿Otra vez te has caído. Es que no se te puede dejar solo” “Como le pongan más clavos va a parecer la sección de ferretería del Leroy Merlin” “Me pregunto cómo es posible que le coloquen un implante de cadera y le reconstruyan el fémur, y sea capaz de incorporarse a los dos días. Los que le atienden son médicos, y no los que dejaron a mi abuela en una silla de ruedas hasta que la palmó” “En un par de meses, como nuevo. A navegar y coger bronce en Palma, que tiene que recuperarse y llegar en condiciones a la temporada de esquí.” “Movilidad natural. Igualito que mi mujer, seis años buscando trabajo” “La Kirchner dice que la curva de inversiones de Repsol en Argentina es una trompa de elefante. ¿Lo dirá con recochineo? No sé, no sé” “Será cierto que han cerrado la cafetería del hospital por si Undargarín aparecía por allí y se limpiaba las propinas” “¿Por qué pierdo el tiempo con esto? ¿Porque es el Rey de España el que ha metido la pata, quizás? Ya son ganas de calentarse la cabeza”…
Así todo el rato. Una tontería tras otra. Acaba de empezar y ya me aburre y me abruma el despliegue propagandístico en torno a la figura del monarca. Tengo la sensación de que voy a vivir su recuperación como si fuera yo mismo el que se ha roto los huesos asesinando elefantes por ahí. Como si no hubiera cosas más importantes que hacer, como expropiar todos los asadores argentinos y nacionalizar a Messi en represalia por lo de YPF. Qué país, Dios mío, qué país.
Un sitio donde reflejar lo que piensas. Te invito a que compartas conmigo tu libertad.
lunes, 16 de abril de 2012
¿Qué monarquía o qué república?
El problema radica en que los españoles confundimos la república como forma de gobierno con los dos períodos de nuestra historia en los que, bajo esa estructura, el desparrame nacional campó a sus anchas. Como siempre pasa, recurrimos a recuerdos e imágenes e identificamos lo que fue con lo que debió de ser. Y, para rematar la faena, en nuestro actual panorama patrio nos asaltan como spam los que asumen para sí mismos conceptos tan universales como libertad, democracia y república. Me refiero a esa izquierda casposa que a la mínima que puede toma posesión de un carro que no le pertenece, a ese socialismo manipulador y mamador que sólo sabe gobernar vaciando la saca cuando otros la han llenado, y que, oportunista y cobarde, únicamente ataca cuando el rival está herido.
República o monarquía. Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, que el entorno del rey aparece miserable y patético, y que éste ha metido la pata hasta rompérsela, surgen voces que, mientras le costeaban el menú, no decían ni pío. Del árbol que se cae, podrido en la raíz, hay que hacer astillas, y de las astillas, palillos para hurgarse los dientes tras el festín de la victoria.
Hay que ser coherente y no esconderse nunca. Yo, aunque a nadie le importe, pues cada uno es lo que quiere, me inclino hacia la república como forma de gobierno. Participo del concepto de que nadie es más que nadie por la gracia de Dios o por apellido, que la razón y la posición hay que defenderlas en justicia y con justicia, y que el respeto hay que ganárselo día a día. Creo, sé que el hombre es libre por nacimiento y que tiene el derecho de elegir sí o sí cómo debe ser su vida y quién tiene que representarle.
Pero, y aplicando el sentido común, ni soy ni puedo ser como un republicano de los de la I y II República Española, antes me dejo matar por la causa real. Abomino del federalismo desmadrado, de la ruptura sistemática de la nación, del independentismo absurdo exhibido en ambos períodos. Repudio el ensañamiento, la venganza entre hermanos, la destrucción de las iglesias, los conventos, los periódicos, las casas del pueblo o cualquier muestra de la barbarie salvaje del hombre cuando éste deja de serlo y se convierte en animal. Recuso y desprecio por inhumanos y cobardes los crímenes escudados en bastardos motivos políticos o religiosos, así como siento el más profundo asco por el libertinaje irracional que, tan interesada como incontroladamente, se desprendió en las épocas de nuestra historia en las que la monarquía rindió armas y abandonó barco y marinería.
La cacería y su accidentado desenlace no es más que una desagradable anécdota que añadir a los habituales comportamientos. El dilema flota en la profundidad de los sentimientos y las convicciones, se fundamenta sobre las actitudes y no sobre los hechos. ¿Qué vendrá tras reabrirse un debate que, en certeza, nunca ha estado cerrado? Posiblemente nada, pues nada se puede provocar. Porque, que nadie se llame a engaño, lo que tenga que ocurrir, ocurrirá sin que los políticos de medio pelo que revolotean sobre nuestras cosechas y nos roban el grano abanderen los cambios. Ya lo dijo Emilio Castelar, en 1.873. Nadie acaba con la monarquía, muere por sí misma. Nadie trae a la república, la traen todas las circunstancias, la trae una conjuración de la sociedad, de la naturaleza y de la Historia. Ahora bien, es penosamente evidente que nuestra realeza lleva una temporada jugando con el suicidio. El tiempo dictaminará el final o establecerá el principio. Quién sabe.
República o monarquía. Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, que el entorno del rey aparece miserable y patético, y que éste ha metido la pata hasta rompérsela, surgen voces que, mientras le costeaban el menú, no decían ni pío. Del árbol que se cae, podrido en la raíz, hay que hacer astillas, y de las astillas, palillos para hurgarse los dientes tras el festín de la victoria.
Hay que ser coherente y no esconderse nunca. Yo, aunque a nadie le importe, pues cada uno es lo que quiere, me inclino hacia la república como forma de gobierno. Participo del concepto de que nadie es más que nadie por la gracia de Dios o por apellido, que la razón y la posición hay que defenderlas en justicia y con justicia, y que el respeto hay que ganárselo día a día. Creo, sé que el hombre es libre por nacimiento y que tiene el derecho de elegir sí o sí cómo debe ser su vida y quién tiene que representarle.
Pero, y aplicando el sentido común, ni soy ni puedo ser como un republicano de los de la I y II República Española, antes me dejo matar por la causa real. Abomino del federalismo desmadrado, de la ruptura sistemática de la nación, del independentismo absurdo exhibido en ambos períodos. Repudio el ensañamiento, la venganza entre hermanos, la destrucción de las iglesias, los conventos, los periódicos, las casas del pueblo o cualquier muestra de la barbarie salvaje del hombre cuando éste deja de serlo y se convierte en animal. Recuso y desprecio por inhumanos y cobardes los crímenes escudados en bastardos motivos políticos o religiosos, así como siento el más profundo asco por el libertinaje irracional que, tan interesada como incontroladamente, se desprendió en las épocas de nuestra historia en las que la monarquía rindió armas y abandonó barco y marinería.
La cacería y su accidentado desenlace no es más que una desagradable anécdota que añadir a los habituales comportamientos. El dilema flota en la profundidad de los sentimientos y las convicciones, se fundamenta sobre las actitudes y no sobre los hechos. ¿Qué vendrá tras reabrirse un debate que, en certeza, nunca ha estado cerrado? Posiblemente nada, pues nada se puede provocar. Porque, que nadie se llame a engaño, lo que tenga que ocurrir, ocurrirá sin que los políticos de medio pelo que revolotean sobre nuestras cosechas y nos roban el grano abanderen los cambios. Ya lo dijo Emilio Castelar, en 1.873. Nadie acaba con la monarquía, muere por sí misma. Nadie trae a la república, la traen todas las circunstancias, la trae una conjuración de la sociedad, de la naturaleza y de la Historia. Ahora bien, es penosamente evidente que nuestra realeza lleva una temporada jugando con el suicidio. El tiempo dictaminará el final o establecerá el principio. Quién sabe.
sábado, 14 de abril de 2012
Cazando elefantes
Espero que estas líneas no me conduzcan de la mano a la cárcel. Pero si me callo, no sería justo con los míos ni conmigo mismo. Veréis, como muchos de vosotros estoy, me encuentro ciertamente anonadado. Estamos ante la verdadera Marca España. El máximo exponente del Estado se fractura la cadera en un safari. Mientras el país se enfrenta al ataque iracundo de los mercados dictadores y econocidas, mientras nuestros amigos europeos centran sus fracasos en nuestra irresponsabilidad, mientras la casta política corrige sus errores pasados con nuestra sangre, mientras el paro y su sombra, el hambre, aporrean nuestra puerta exigiendo la entrada, nuestro monarca se va de caza mayor, tropieza y se rompe. Una imagen del XIX en pleno siglo XXI. Un rey que huye de la realidad de sus gobernados y se marcha a cazar elefantes, con sus porteadores y todo. Un irónico cazador blanco al que le quita el sueño el paro en sus jóvenes vasallos.
Seamos lo que seamos. Juancarlistas unos, monárquicos otros, republicanos emboscados y declarados, pasotas del sistema, ciudadanos todos de un país en ruina. Cualquiera con sentido común siente, o debería sentir, vergüenza. Incluso achacando a la mala suerte el accidente de S.M. El momento no puede ser más inoportuno y el suceso, la aventura más lamentable. Y no me vale que me digan que si no hubiera pasado nada, a treinta mil euros el bicho, el Rey de España habría satisfecho su pasión y añadido cabezas a su colección de piezas, y la plebe ni se habría enterado. Un país de cornudos sin apalear.
Es entonces cuando uno, aun temeroso a todo lo que se refiere a la monarquía, no se le ocurre otra que sublevarse y dudar. Quizás si se hubieran desterrado aficiones propias de tiempos pasados, quizás si algunos se ciñeran a la realidad y sufrieran la opresión económica que asfixia a su pueblo, quizás si de verdad todos fuéramos iguales, sin importar el tinte de la sangre, quizás si en esta España dividida sintiéramos todos idéntica bandera, estas cosas no ocurrirían. No estoy cuestionando la monarquía como institución. Simplemente me pregunto para qué sirve. Nada más. Nada menos.
Seamos lo que seamos. Juancarlistas unos, monárquicos otros, republicanos emboscados y declarados, pasotas del sistema, ciudadanos todos de un país en ruina. Cualquiera con sentido común siente, o debería sentir, vergüenza. Incluso achacando a la mala suerte el accidente de S.M. El momento no puede ser más inoportuno y el suceso, la aventura más lamentable. Y no me vale que me digan que si no hubiera pasado nada, a treinta mil euros el bicho, el Rey de España habría satisfecho su pasión y añadido cabezas a su colección de piezas, y la plebe ni se habría enterado. Un país de cornudos sin apalear.
Es entonces cuando uno, aun temeroso a todo lo que se refiere a la monarquía, no se le ocurre otra que sublevarse y dudar. Quizás si se hubieran desterrado aficiones propias de tiempos pasados, quizás si algunos se ciñeran a la realidad y sufrieran la opresión económica que asfixia a su pueblo, quizás si de verdad todos fuéramos iguales, sin importar el tinte de la sangre, quizás si en esta España dividida sintiéramos todos idéntica bandera, estas cosas no ocurrirían. No estoy cuestionando la monarquía como institución. Simplemente me pregunto para qué sirve. Nada más. Nada menos.
jueves, 12 de abril de 2012
Van un francés, un italiano y Rajoy
Van un francés, un italiano y un español. Cada uno con lo suyo y defendiendo lo propio, a ver quién hace mejor las cosas. Empieza el francés, medio metro de nariz y patillas (de las de pelo, no, patas cortas, muy cortas) y, sin levantar un palmo del suelo, hincha el pecho y vacila a los otros dos, exhibiendo su chauvinismo innato. “Si muá no hubiera actuado, Francia iría por el mismo camino que España, ese país del norte de África, que debe hasta de callar por culpa de la troupe de titiriteros socialistas que la han arrastrado a la ruina. Yo les digo a mis gabachines que me tienen que votar si no quieren que el hombre del saco les deje en pelotas, que se fijen en cómo están y lo que parecen los estados en los que el socialismo ha gobernado, Grecia y Barbaria del Sur, que no tienen ni para pan, mientras que Francia es quién corta el bacalao. Allons enfants de la Patrie, subidme a un taburete que no se me ve. En España han tenido que bajar las pensiones, han tenido que bajar los sueldos en la Administración pública, el paro ha aumentado en un 225%, mientras en Francia ha crecido un 17%. Además, si yo no hubiera hecho la reforma de las pensiones, si yo no hubiera aplicado la supresión de uno de cada dos puestos de funcionarios cuando se jubilan, ¿acaso no estaríamos en la situación de los demás? No me beso el trasero por que una hernia me lo impide. Escupo al erial que yace moribundo al sur de los Pirineos, ese hermano gemelo de la destruida Grecia”
A continuación toma la palabra el italiano, versión latina de los Monty Python, garibaldino payaso, excomisario experto en salpicón de basura y maestro en el arte de quitarse el muerto de encima con lo primero que se le ocurra. “En Italia las cosas van mal por culpa de la mala cosecha de remolacha, la alineación de los satélites de Júpiter y la cría de champiñones en sótanos y aparcamientos subterráneos. Si a eso añadimos que todos están en contra nuestra, que los chinos nos la tienen jurada desde Marco Polo, que los americanos no pasan por su mejor momento y que Venecia se hunde, pues así nos van las cosas. Pero, amichi mio, los verdaderos responsables de que nosotros nos pulamos la "pasta nostra" y la de los demás la tienen los habitantes de Hispania, que con su comportamiento irresponsable arrastran al resto de Estados. Camareri, un capuchino con cazalla, que la prima española y su colega la alemana son dos bambinas de lo más marranas, y nos la están liando parda."
Es el turno ahora del español. A pesar de la tormenta de estupideces franco-italiana, con elegancia y distinción se dirige a sus compañeros de viaje y les pide prudencia, que ni él ni los suyos hablan mal de otros países ni van en contra de nadie. "Todos tenemos problemas y trabajamos para solucionarlos, y esperamos que los demás hagan lo mismo, asuman sus responsabilidades y sean prudentes en sus afirmaciones. Nadie ha recibido una herencia como la dejada por el Gobierno del PSOE. Por lo tanto, o dejáis franceses e italianos de tocarnos las narices, o plantamos la tienda, nos piramos de la UE, cerramos la caja y os quedáis mirando el palomo. Apechugad con lo vuestro, que con lo nuestro hay para repartir y sobra. Cogerse de la mano los dos, no os vayáis a perder, e iros a hacer puñetas, que no se puede ser más tonto ni entrenándose”
O algo así. Es que, veréis, no me acuerdo muy bien del chiste. Lo que sí recuerdo es que ganaba el español…Creo…
A continuación toma la palabra el italiano, versión latina de los Monty Python, garibaldino payaso, excomisario experto en salpicón de basura y maestro en el arte de quitarse el muerto de encima con lo primero que se le ocurra. “En Italia las cosas van mal por culpa de la mala cosecha de remolacha, la alineación de los satélites de Júpiter y la cría de champiñones en sótanos y aparcamientos subterráneos. Si a eso añadimos que todos están en contra nuestra, que los chinos nos la tienen jurada desde Marco Polo, que los americanos no pasan por su mejor momento y que Venecia se hunde, pues así nos van las cosas. Pero, amichi mio, los verdaderos responsables de que nosotros nos pulamos la "pasta nostra" y la de los demás la tienen los habitantes de Hispania, que con su comportamiento irresponsable arrastran al resto de Estados. Camareri, un capuchino con cazalla, que la prima española y su colega la alemana son dos bambinas de lo más marranas, y nos la están liando parda."
Es el turno ahora del español. A pesar de la tormenta de estupideces franco-italiana, con elegancia y distinción se dirige a sus compañeros de viaje y les pide prudencia, que ni él ni los suyos hablan mal de otros países ni van en contra de nadie. "Todos tenemos problemas y trabajamos para solucionarlos, y esperamos que los demás hagan lo mismo, asuman sus responsabilidades y sean prudentes en sus afirmaciones. Nadie ha recibido una herencia como la dejada por el Gobierno del PSOE. Por lo tanto, o dejáis franceses e italianos de tocarnos las narices, o plantamos la tienda, nos piramos de la UE, cerramos la caja y os quedáis mirando el palomo. Apechugad con lo vuestro, que con lo nuestro hay para repartir y sobra. Cogerse de la mano los dos, no os vayáis a perder, e iros a hacer puñetas, que no se puede ser más tonto ni entrenándose”
O algo así. Es que, veréis, no me acuerdo muy bien del chiste. Lo que sí recuerdo es que ganaba el español…Creo…
martes, 10 de abril de 2012
Esperanza Aguirre y las Autonosuyas
Ahora lo que hay que hacer es ajusticiarla, condenarla a lapidación y, una vez tiesa como la mojama, cortarla en diecisiete pedazos y depositar cada uno de ellos en los palacios de gobierno de las distintas y muy lógicas comunidades autónomas. No merece otro castigo Esperanza la temeraria, por sacar a pasear la lengua y expresar esos pensamientos tan canallas sobre el fantástico modelo de Estado que tan bien nos trata. Hay que aplicarle esa justicia talibán nacionalista que campa salvaje por nuestras Españas y arrancarle la piel a tiras.
Dice Esperanza Aguirre que el Estado autonómico, ese cáncer que nos está destruyendo (esto lo digo yo), "no ha servido para lo que se diseñó: para integrar a los partidos nacionalistas catalanes y vascos, sino que en realidad ha complicado el funcionamiento de las otras 15 comunidades". Tremendo zaperoco el que ha liado la presidenta de Madrid, atreviéndose en pleno éxtasis lingüístico a proponer, como quien no quiere la cosa, que se devuelvan las competencias en Educación, Sanidad y Justicia, y que los ayuntamientos asuman las de transportes y servicios sociales para ahorrar 48.000 millones de euros.
De Norte a Sur, de Noreste a más al Sur, pedrisco para Esperanza. En Cataluña no objetan nada a que las competencias regresen al papá Estado, mientras que no les afecte a ellos, que la pela es la pela y si les quitan de donde mangonear, pues como que no. Que Cataluña funciona de muerte, que las comunidades que no pululan son las demás, pero qué dice usted, que como perdamos la pasta de qué vamos a vivir unos cuantos y otros más. Que para ello está la voluntad de autogobierno, que lo que hay que cepillarse es el café para todos. Vamos, que tú no desayunas pero a mí me pones dos magdalenas. Así que, mientras el bueno de Artur Mas se hacía el lombardo y se ha sacudía el polvo del camino, desde el Parlament recordaban, por si no se supiera ya, que Educación y Sanidad están transferidas y que no se pueden tocar, a la vez que el portavoz de CiU en el Congreso, Josep Antoni Duran Lleida, advertía al Gobierno de que no es quién para recortar en ambas materias. Que los dineros se los gastan ellos como les apetezca.
En el País Vasco, por uno me entra y por el otro me sale. Y como le dé por quedarse, a los tribunales y punto. El Gobierno de Vitoria ni se da por aludido ni se siente comprometido. Faltaría más. Históricos que son como para plantearse otra cosa distinta al estatuto de Gernika, que no está el Patxi para bromas.
De Andalucía vienen los copleros del Ere y rechazan la forma y el fondo. Y eso sin leerlo, que si se lo llegan a leer, ni te cuento. Es la máxima del desgobierno andaluz. A todo hay que decir que no, sea lo que sea, mientras el mensaje sea pepero. Rajoy es Sarumán y con su ejército de orcos votantes se ha atrevido a usurpar la democracia, ese don que la naturaleza otorgó sólo para que la izquierda socialista la gozase y se la pasase por el forro a discreción. Son de chiste éstos, son de chiste.
Y así por toda esta España plagada de políticos que acabarían en la indigencia si les quitaran el cargo, las secretarías, las subsecretarías, las direcciones generales, las gerencias, los consejos de administración y demás ricos cogollos que brotan de las autonomías. Concluyendo. Que te caerá mejor o peor, pero hay que ver la de leches y galletas que le han caído a Esperanza Aguirre por decir en voz alta lo que algunos, no sé cuantos, pensamos. Que mientras existan las autonomías tal y como son y están, del desastre no nos salva ni Dios.
Dice Esperanza Aguirre que el Estado autonómico, ese cáncer que nos está destruyendo (esto lo digo yo), "no ha servido para lo que se diseñó: para integrar a los partidos nacionalistas catalanes y vascos, sino que en realidad ha complicado el funcionamiento de las otras 15 comunidades". Tremendo zaperoco el que ha liado la presidenta de Madrid, atreviéndose en pleno éxtasis lingüístico a proponer, como quien no quiere la cosa, que se devuelvan las competencias en Educación, Sanidad y Justicia, y que los ayuntamientos asuman las de transportes y servicios sociales para ahorrar 48.000 millones de euros.
De Norte a Sur, de Noreste a más al Sur, pedrisco para Esperanza. En Cataluña no objetan nada a que las competencias regresen al papá Estado, mientras que no les afecte a ellos, que la pela es la pela y si les quitan de donde mangonear, pues como que no. Que Cataluña funciona de muerte, que las comunidades que no pululan son las demás, pero qué dice usted, que como perdamos la pasta de qué vamos a vivir unos cuantos y otros más. Que para ello está la voluntad de autogobierno, que lo que hay que cepillarse es el café para todos. Vamos, que tú no desayunas pero a mí me pones dos magdalenas. Así que, mientras el bueno de Artur Mas se hacía el lombardo y se ha sacudía el polvo del camino, desde el Parlament recordaban, por si no se supiera ya, que Educación y Sanidad están transferidas y que no se pueden tocar, a la vez que el portavoz de CiU en el Congreso, Josep Antoni Duran Lleida, advertía al Gobierno de que no es quién para recortar en ambas materias. Que los dineros se los gastan ellos como les apetezca.
En el País Vasco, por uno me entra y por el otro me sale. Y como le dé por quedarse, a los tribunales y punto. El Gobierno de Vitoria ni se da por aludido ni se siente comprometido. Faltaría más. Históricos que son como para plantearse otra cosa distinta al estatuto de Gernika, que no está el Patxi para bromas.
De Andalucía vienen los copleros del Ere y rechazan la forma y el fondo. Y eso sin leerlo, que si se lo llegan a leer, ni te cuento. Es la máxima del desgobierno andaluz. A todo hay que decir que no, sea lo que sea, mientras el mensaje sea pepero. Rajoy es Sarumán y con su ejército de orcos votantes se ha atrevido a usurpar la democracia, ese don que la naturaleza otorgó sólo para que la izquierda socialista la gozase y se la pasase por el forro a discreción. Son de chiste éstos, son de chiste.
Y así por toda esta España plagada de políticos que acabarían en la indigencia si les quitaran el cargo, las secretarías, las subsecretarías, las direcciones generales, las gerencias, los consejos de administración y demás ricos cogollos que brotan de las autonomías. Concluyendo. Que te caerá mejor o peor, pero hay que ver la de leches y galletas que le han caído a Esperanza Aguirre por decir en voz alta lo que algunos, no sé cuantos, pensamos. Que mientras existan las autonomías tal y como son y están, del desastre no nos salva ni Dios.
jueves, 5 de abril de 2012
Europa no tiene bastante, quiere nuestra sangre
A ver cómo se come esto. Resulta que, a pesar de los recortes con los que el extinto gobierno de los Zapatero, Rubalcaba y compañía tuvo a bien obsequiarnos; a pesar de los ajustes que la inmensa mayoría de los españoles estamos sufriendo para cubrir la nefasta, irresponsable y corrupta gestión que de nuestra vida han perpetrado estos integrantes de la casta política y sus adheridos; a pesar de tener que aceptar la dictadura de un sistema que protege y premia al torpe y al sinvergüenza; a pesar de conformarnos sí o sí con sobrevivir; a pesar de tener que penar con una reforma laboral durísima que cercena, y de qué manera, nuestros derechos; a pesar de ver cómo con los Presupuestos Generales nos toca encima aún subsistir ingresando menos y pagando más por lo básico; a pesar de someternos humillados a las directrices que emanan desde el invasor alemán; a pesar de la lucha constante que hacemos contra la hambruna que se nos avecina; a pesar de los pesares, a pesar de todo lo dicho y de muchas cosas más, vienen de Europa ahora los cuatro impresentables de siempre (iba a escribir gilipollas, pero, como veis, no lo he hecho) y dicen que no hay bastante, que la sangría es insuficiente y que todavía tenemos que ofrecer un sacrificio mayor.
Estos carroñeros (insisto, no he escrito gilipollas, que quede claro) cuya palabra es palabra de Dios para los mercados, estos mal nacidos que alimentan a los especuladores y demás alimañas con sus actos, estos políticos que controlan nuestras vidas, por obra y gracia de nuestra estupidez, éstos, éstos, éstos y sus socios en el latrocinio, no persiguen otra que destruir España y a los españoles. Y, que nos quede claro, clarete, que no se van a detener hasta que lo consigan, nunca verán saciado su apetito mientras seamos tan primos de continuar jugando a su juego y con sus reglas (aquí tampoco afirmo que los gilipollas seamos nosotros, aunque lo parezcamos).
Mirad. He leído la carta del jubilado griego que, desesperado, se ha pegado un tiro en la puerta del Parlamento de su país. El hombre ha preferido matarse antes que hurgar entre la basura en busca del sustento, morir de pie a vivir arrastrándose. Y en su misiva habla del día que los jóvenes cogerán las armas y colgarán boca abajo a los traidores que han asesinado y asesinan Grecia. Ahora, con permiso y salvando las distancias, extrapolemos la situación a España. Muchos son los que ya tienen su supermercado en los contenedores y, de continuar accediendo al dictado de estos gilipollas (se me ha escapado, lo siento), serán, o seremos, legión. Está apretando tanto que les puede, que les va a estallar en las manos.
Yo, por mi parte (no rijo muy bien, ya sabéis), si me veo en la tesitura de volarme la cabeza o comerme la basura que otro desprecia, casi que ni lo uno ni lo otro. No soy partidario de inmolarme ni tengo alma de mártir. Así que, si no hay otra que pegar tiros, sé muy bien en la dirección que irían los mismos. Pero esto yo, un juntaletras al que la medicación nubla el sentido y que sólo escribe chorradas varias. Tú harías otra cosa, ¿no?...
Estos carroñeros (insisto, no he escrito gilipollas, que quede claro) cuya palabra es palabra de Dios para los mercados, estos mal nacidos que alimentan a los especuladores y demás alimañas con sus actos, estos políticos que controlan nuestras vidas, por obra y gracia de nuestra estupidez, éstos, éstos, éstos y sus socios en el latrocinio, no persiguen otra que destruir España y a los españoles. Y, que nos quede claro, clarete, que no se van a detener hasta que lo consigan, nunca verán saciado su apetito mientras seamos tan primos de continuar jugando a su juego y con sus reglas (aquí tampoco afirmo que los gilipollas seamos nosotros, aunque lo parezcamos).
Mirad. He leído la carta del jubilado griego que, desesperado, se ha pegado un tiro en la puerta del Parlamento de su país. El hombre ha preferido matarse antes que hurgar entre la basura en busca del sustento, morir de pie a vivir arrastrándose. Y en su misiva habla del día que los jóvenes cogerán las armas y colgarán boca abajo a los traidores que han asesinado y asesinan Grecia. Ahora, con permiso y salvando las distancias, extrapolemos la situación a España. Muchos son los que ya tienen su supermercado en los contenedores y, de continuar accediendo al dictado de estos gilipollas (se me ha escapado, lo siento), serán, o seremos, legión. Está apretando tanto que les puede, que les va a estallar en las manos.
Yo, por mi parte (no rijo muy bien, ya sabéis), si me veo en la tesitura de volarme la cabeza o comerme la basura que otro desprecia, casi que ni lo uno ni lo otro. No soy partidario de inmolarme ni tengo alma de mártir. Así que, si no hay otra que pegar tiros, sé muy bien en la dirección que irían los mismos. Pero esto yo, un juntaletras al que la medicación nubla el sentido y que sólo escribe chorradas varias. Tú harías otra cosa, ¿no?...
lunes, 2 de abril de 2012
El nuevo PSPV
Ximo Puig le ha ganado a Jorge Alarte el pulso por el control del PSPV. Y para apuntalar su victoria ha edificado una dirección con 69 personas que se van a partir el pecho por levantar el socialismo en la Comunidad Valenciana y constituir una oposición seria y responsable al PP. A tal fin, y con la misión de que todos se involucren en el proyecto, no se han creado las áreas de Empleo y Educación. Quizás será que en ambas parcelas las cosas van tan bien que ir por ir no merece la pena, pero si hay que ir, pues se va, que será por gente, que son un buen puñado y alguno habrá con ganas de comerse el marrón. O quizás las balas silbaban tan cerca que se trataba de priorizar y un despiste lo tiene cualquiera. Se esquivan los tiros, se cubren las espaldas ante las traperas puñaladas y después, con todo quisqui dentro del reparto, se ponen los parches a la chapuza. Que lo primero es lo primero, hay que hinchar el castillo para que quepan los de aquí y los de allá, que no se quede ni una familia sin mojete, y después al tajo, a organizar el circo.
A 35 se les da un trabuco para que, una vez a la semana, desplieguen su poder ejecutivo. A 34, un tirachinas y una buena pila de guijarros para que, una vez al mes, debatan los grandes asuntos (entre los que no están, por lo que se ve, el empleo y la educación). Y por encima, armados con metralletas, se establecen 7 vicesecretarías que, tras cavar, cavar en la mina, dormirán con Blancanieves en la casita del bosque. Un panorama idílico con Pajín de número dos. Y es que no hay nada más lindo que las familias unidas, atadas por los lazos del amor. Una cúpula que exhibe orgullosa el alejamiento creciente del socialismo valenciano respecto de la sociedad, una ejecutiva estructurada en un caótico cónclave resuelto con el reparto de chuches para todos, que no halla un niño sin gominolas ni un lobby sin representación.
No voy a decir que es lo que hay, que lo único que les interesa a todos y cada uno de éstos son las cuotas de poder y el control de un partido descompuesto, y que les trae sin cuidado lo demás. Tampoco me voy a cebar en el imperdonable delito de olvidarse de Empleo y Educación, y mucho menos voy a entretenerme en comentar lo de Leire Pajín, ejemplo a estudiar de cómo, no valiendo ni para taco de escopeta, siempre se está en la cima, bien de un ocho mil o bien de un montículo de arena, que lo mismo le da a la interfecta con tal de plantar su bandera. Optaré por un prudente silencio y asistiré al lamentable espectáculo de un PSPV ingobernable e inoperativo que se va a autodestruir en cinco, cuatro, tres, dos, uno…
A 35 se les da un trabuco para que, una vez a la semana, desplieguen su poder ejecutivo. A 34, un tirachinas y una buena pila de guijarros para que, una vez al mes, debatan los grandes asuntos (entre los que no están, por lo que se ve, el empleo y la educación). Y por encima, armados con metralletas, se establecen 7 vicesecretarías que, tras cavar, cavar en la mina, dormirán con Blancanieves en la casita del bosque. Un panorama idílico con Pajín de número dos. Y es que no hay nada más lindo que las familias unidas, atadas por los lazos del amor. Una cúpula que exhibe orgullosa el alejamiento creciente del socialismo valenciano respecto de la sociedad, una ejecutiva estructurada en un caótico cónclave resuelto con el reparto de chuches para todos, que no halla un niño sin gominolas ni un lobby sin representación.
No voy a decir que es lo que hay, que lo único que les interesa a todos y cada uno de éstos son las cuotas de poder y el control de un partido descompuesto, y que les trae sin cuidado lo demás. Tampoco me voy a cebar en el imperdonable delito de olvidarse de Empleo y Educación, y mucho menos voy a entretenerme en comentar lo de Leire Pajín, ejemplo a estudiar de cómo, no valiendo ni para taco de escopeta, siempre se está en la cima, bien de un ocho mil o bien de un montículo de arena, que lo mismo le da a la interfecta con tal de plantar su bandera. Optaré por un prudente silencio y asistiré al lamentable espectáculo de un PSPV ingobernable e inoperativo que se va a autodestruir en cinco, cuatro, tres, dos, uno…
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ximo puig
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