Mostrando entradas con la etiqueta Feliz Navidad a casi todos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Feliz Navidad a casi todos. Mostrar todas las entradas

viernes, 2 de diciembre de 2011

Feliz Navidad, de momento.

Navidades chungas se avecinan. Para la mayoría. Para esa ingente masa de bobos que mantenemos el sistema, que buscamos con desesperación sustento y bienestar. Trabajar y trabajar, si hay suerte y tienes trabajo. Y si encima cobras algo razonable, ya ni te digo. Una orgía. Te puedes permitir el lujo de comer en condiciones, de vestirte con cierta apariencia, aunque la camisa tenga más años que la Universidad de Salamanca. Incluso darte caprichos esporádicos en forma de cañita con los amigos. Un privilegio a disfrutar, qué puñetas, que no todo va a ser penar y penar en este valle de lágrimas.

Y en esas estamos el grueso de la población. Más impuestos, menos sueldos, ajustémonos que hay que cumplir, un sacrificio como Estado que nos saque del pozo. Marcialmente, que hay que empujar en el mismo sentido. Qué bonito. España unida ante la crisis. Lloro de emoción.

Claro que, como en todos los sitios, siempre está el golfo que se sale de la cola y hace la guerra por su parte. Eso sí, los tiros los pega usando munición robada. ¿De quién hablo? No es tan difícil suponer. Del socio honorario de la casta, logia, raza, estirpe, secta, banda,…Llamémoslo como nos apetezca. Personaje, electo o no, al que le importa un carajo el sufrimiento ajeno mientras su talega continúe sumando cuartos. Como por ejemplo esos concejalillos de Vilassar de Mar (Barcelona) que, con lo que está jarreando, se suben el sueldo un 30% por la cara, argumentando que cobran menos de lo que deberían. Ahí están ellos, mas chulos que un ocho, vacilándole al personal. Ellos, que son el problema, no la solución.

Llegas a pensar que nada cambia. Y que nada cambiará si siguen insultándonos sin que reaccionemos. Te coges un Boletín Oficial de la provincia que quieras, te lees los sueldos que estos sujetos ponen y se ponen, y la sangre se torna ácido sulfúrico. El diablo te posee. Que venga el Tío de la vara a deslomarles.

Pero es Navidad. Tiempo de paz y amor. Tiempo de buenas voluntades, generosidad y solidaridad. Tiempo de alegría. Tiempo de sonrisas y villancicos. Brindaremos con agua del grifo, untaremos el pan con mantequilla sin sal y lo cubriremos espléndidamente con una suculenta rodaja de mortadela. Nos besaremos con cariño y fruición. Qué no falte de nada, que son fiestas. Ánimo, tropa de paganos. Olvidemos a aquéllos que nos han arruinado, a los que nos roban con alevosía, a los que especulan con nuestras vidas, a los que se comen el pastel y no nos dejan ni chupar una cucharilla. Dividendos, acciones, bolsa aquí y bolsa allá, cabréate, cabréate. Vende lo que tienes, transforma tus muebles en pan y fiambre y mezcla el yeso de las paredes con agua si quieres leche con calcio. Otros se comerán esos manjares que ni sabes que existen. Otros se beberán esos caldos que cuestan más que tu casa. Otros lucirán ufanos esa bastarda hermosura que tan gustosos subvencionamos. Qué lejos están de nosotros, que no podemos echarles el guante. Por ahora.

Así que, como todos los años, en estas fechas tan maravillosas quiero expresar mi más sincero anhelo de felicidad y prosperidad para todos. Bueno, para casi todos. A esta ralea de sinvergüenzas y ladrones sólo me nace decirles, desde mi más profundo convencimiento, que corran lo más rápido que puedan, que algún día les pillaremos y pagarán por lo que hacen y deshacen. No se librarán, no. Al resto, a los que como yo con sobrevivir se dan por satisfechos, mi corazón les desea suerte, trabajo y salud. En el orden que prefieran. Feliz Navidad, aunque suene a cachondeo. De lo del Año Nuevo, mejor ni hablar. Miedo le tengo.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Por si se me olvida, feliz Navidad a casi todos

Sin darnos cuenta se echa encima la navidad. Otro año más, si Dios quiere, en el que veré reír a mis hijos e ilusionarse con Papá Noel y con los Reyes, esa dualidad consumista impuesta por la sociedad. Como es previsible, beberé más de la cuenta alguno de los días en los que la tradición obliga coger medio pedal, y comeré hasta reventar de lo poco o mucho que haya. Para eso sirven los antiácidos y los protectores estomacales, para mitigar los efectos de los abusos. Todo será como siempre, aparcaré fuera de mi casa los problemas y me esmeraré en ser feliz.

Y eso que el presente año las fiestas vienen dobladas, con muchos agujeros para tapar por los que se escapa a borbotones la tranquilidad y el poco dinero que uno maneja. Será cuestión de aplicarse con la imaginación y esforzarse en convertir uno en dos, y dos en tres, pues los hijos no tienen culpa de lo que pasa. Ellos deben disfrutar, almacenar en su memoria cada día de celebración y valorar todo lo que les podamos dar. Nosotros, a cumplir hasta donde lleguemos. O hasta donde nos dejen la banda de innombrables que rigen los destinos del país.

Por esto, porque hay dos bandos en el país, los que nos sacrificamos sin descanso por un lado, y por el otro los que se dedican a marcar las pautas de ese sacrificio sin perder ni un ápice de su bonaza y fortuna (y también porque el Corte Inglés ya ha puesto las luces) quiero adelantarme un mes a las fiestas y felicitarlas selectiva y convenientemente.

Así que, antes de que se me olvide o se me pasen las ganas, desearles a todos los que como yo sufren el acoso de los ineptos y penan desventuras ocasionadas por incapaces una feliz Navidad y un próximo año lleno de trabajo para sobrevivir, seriedad para decidir sobre nuestro futuro y cordura para mandar al guano a la banda que está aniquilando España. Para los otros, para los destructores, para esa casta gobernante que no sirve nada más que para crear miseria, no me nace desear nada bueno. Quizás, que les siente mal lo que cenen y se tiren tres días en el trono doméstico. ¡Ea! Lo dicho, ¡Feliz Navidad a casi todos!