Épica, numantina defensa de su posición. Francisco Camps ha optado por llenarse de nacionalismo y, henchido de furor valencianista, acogerse a su condición de líder de la Comunidad como baluarte en su lucha por mantenerse como presidente. Todo es mentira, todo está orquestado por judeo-masones que sólo pretenden destruirle. La fiscalía es un nido de corruptos manipulados por intereses partidistas, una fábrica de falacias y pruebas falsas. Él es la víctima, no el delincuente…
Como argumento para una película tiene un pase; hay intriga, contubernios y conspiraciones. Como algo real que se pueda sostener no parece prometedor. Es un castillo de naipes que a la mínima se va a derrumbar. No es una base sólida recurrir a la demagogia fácil.
Por este sendero que ha elegido, creo que Camps se va a meter un leñazo de órdago. No debe identificar a todos los habitantes de la Comunidad con su causa, no puede decir que quien actúe contra su persona, está obrando contra todos los ciudadanos. Ese derecho se gana con honradez y transparencia, y de eso hay por el momento bien poco. La dignidad exige claridad, luz y taquígrafos; él es el acusado, no los demás. Yo no le permito que me enrole en el mismo barco que tripula. Yo pago por mis errores cuando los cometo; pues él, lo mismo. Eso dice la Constitución, todos moros o todos cristianos. Pero todos iguales ante la ley. Así que deje de auto aclamarse y se dedique a gobernar el tiempo que aún esté en el sitio, que falta hace que alguien nos ayude a mantenernos en pie. Éste es su trabajo y cobra por ello.
Envuelto en la bandera y al frente de sus ciudadanos, oponiéndose al asedio de las tropas enemigas. Sólo le falta rasgarse la camisa y enseñar un pecho, y ya tenemos a Agustina de Aragón
Un sitio donde reflejar lo que piensas. Te invito a que compartas conmigo tu libertad.
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domingo, 30 de mayo de 2010
domingo, 21 de marzo de 2010
San Cristobal Camps
Ni más ni menos que vuelta y media al mundo se ha echado entre pecho y espalda Francisco Camps. Con sólo 900 euros en la cuenta, y al borde de la miseria, el Labordeta valenciano aprovecha la mínima para partir rumbo a tierras extrañas a predicar el valencianismo y a vender las maravillas de la tierra a aquél que quiera comprarlas. Se supone, y así será, que en cada visita ofrece lo mejor de sus dominios para que inversores capitalistas dejen sus cuartos en la comunidad. Es de imaginar que cambiará de traje, aunque el temor a que le digan algo le obligue a repetir alguno ya estrenado en una boda o comunión.
Está bien eso de conocer mundo y hacer proselitismo; forma parte de sus obligaciones. Lo que se le echa en cara es que, al cumplir con este deber, parece olvidar el resto de los que tiene. La comunidad valenciana está en bancarrota, debe hasta de callar; los centros educativos ni se empiezan ni se terminan, la sanidad está en cuarentena, y las obras públicas carecen de fondos. Alicante y Castellón están sometidos por una política centralista que margina económicamente a las dos; sólo somos aldeas que tributan a la capital del reino.
Pero esto no parece importarle. Desde que el Vaticano suprimió la figura de San Cristóbal como patrón de los viajeros, alguien tiene que ocupar el puesto de aquel gigante cananeo que, por convertirse al cristianismo, sufrió tortura hasta morir decapitado. Don Francisco Camps se postula como posible sucesor; al igual que el santo, ha sido flagelado y martirizado, su figura asada a fuego lento por el caso Gürtell (sin quemarse lo más mínimo) y cosido a flechazos por los socialistas del terreno. Pero que no se le olvide que para alcanzar la santidad, le tienen que cortar la cabeza. ¿O eso ya lo ha previsto?...
Está bien eso de conocer mundo y hacer proselitismo; forma parte de sus obligaciones. Lo que se le echa en cara es que, al cumplir con este deber, parece olvidar el resto de los que tiene. La comunidad valenciana está en bancarrota, debe hasta de callar; los centros educativos ni se empiezan ni se terminan, la sanidad está en cuarentena, y las obras públicas carecen de fondos. Alicante y Castellón están sometidos por una política centralista que margina económicamente a las dos; sólo somos aldeas que tributan a la capital del reino.
Pero esto no parece importarle. Desde que el Vaticano suprimió la figura de San Cristóbal como patrón de los viajeros, alguien tiene que ocupar el puesto de aquel gigante cananeo que, por convertirse al cristianismo, sufrió tortura hasta morir decapitado. Don Francisco Camps se postula como posible sucesor; al igual que el santo, ha sido flagelado y martirizado, su figura asada a fuego lento por el caso Gürtell (sin quemarse lo más mínimo) y cosido a flechazos por los socialistas del terreno. Pero que no se le olvide que para alcanzar la santidad, le tienen que cortar la cabeza. ¿O eso ya lo ha previsto?...
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