"Vamos a armar a las mujeres, venid a luchar contra nuestras mujeres, panda de cobardes" Así termina su discurso el bravo y valiente dictador libio, un valeroso Gadafi que utiliza ciudadanos como escudo en su residencia para protegerse de posibles ataques aliados. Todo un ejemplo más de arrojo y coraje por parte del intrépido asesino, del exterminador. Mientras se defiende de los que quieren expulsarle en nombre de la paz y la justicia, el continúa matando a discreción, aniquila a hombres, mujeres y niños que no aceptan su dictadura, que no desean seguir sometidos, que prefieren morir luchando por su libertad antes que vivir anulados por el despotismo.
Gadafi lo tiene todo: es mentiroso, manipulador, se ha enriquecido explotando a su pueblo, es un asesino cobarde que se rodea de mercenarios y que se camufla pusilánime tras mujeres y niños, es un loco que no acepta despegarse de lo que ha estado usurpando, un demente que piensa que Libia le pertenece, un tarado que asume una soberanía que no es suya, un psicópata que está cubriendo de sangre su propio país con tal de mantenerse en el poder, con tal de controlar vida y destinos ajenos. Un criminal peligroso al que se le ha consentido demasiado, y al que ahora hay que aniquilar. Se debería haber empezado antes, y así se habrían evitado muchas muertes. Pero, como se dice, más vale tarde que nunca. Esperemos que sea rápida la solución y que esta forma de intervenir conjunta no se detenga aquí. A ver si de verdad un mundo unido elimina las dictaduras y a los dictadores, que detrás de Libia quedan unas cuantas más donde actuar.
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domingo, 20 de marzo de 2011
miércoles, 23 de febrero de 2011
Gadafi, un loco asesino
"Yo no me voy a ir con esta situación. Moriré como un mártir". Muamar el Gadafi está, definitivamente, como una cabra. Un loco armado y peligroso que mantiene como rehenes a la gran mayoría del pueblo libio, que se esconde tras mercenarios que asesinan al ritmo que marca su batuta y que no duda en utilizar los aviones del ejército para masacrar a los suyos. Carga contra la comunidad internacional y las cadenas de televisión extranjeras porque, en su opinión, distorsionan la realidad y "trabajan para el diablo" mientras él se encarga de destruir Libia.
Desde las ruinas del palacio destruido por los bombardeos de EE UU en 1986, el líder libio escenifica su tragedia y define a los que sólo buscan libertad como drogadictos y borrachos, delincuentes manipulados por fuerzas externas. Según Gadafi, “los libios son libres puesto que el poder está en manos del pueblo". Todo un discurso de un orate al que sólo mantienen en el poder los soldados a sueldo y el eficaz trabajo de los cazabombarderos y los helicópteros, balas para matar el deseo de libertad, amenazas de muerte para los que se opongan a su dictado. Cínico y mentiroso, como todos los cobardes, Gadafi, pese a las evidencias, niega que hasta el momento se haya empleado la violencia, aunque advierte que si necesita recurrir al uso la fuerza, lo hará. Inundará de sangre las calles si así se le antoja y para ello se servirá de sus partidarios, aleccionados para comenzar el exterminio de las ratas que siembran los disturbios.
Aquéllos que le han acompañado, ahora le abandonan, conscientes de la brutal matanza que se está perpetrando en el país. El ministro del Interior libio expresa su rechazo a Gadafi, anuncia su apoyo a los manifestantes y pide al ejército que se una al pueblo para defender sus "legítimas demandas". Varios diplomáticos libios, al igual que el representante de este país ante la Liga Árabe, han roto con el dictador y claman para que abandone. El demente se queda solo, rodeado únicamente de los que aún aceptan su dinero y de los que han sido sus cómplices, los perros más fieles de la dictadura. Poco le queda o bien para morir o bien para huir. Me inclino más por lo segundo, aunque dado el desequilibrio mental con el que sostiene su espada Gadafi, capaz es de entregar su vida. Eso sí, matando.
Desde las ruinas del palacio destruido por los bombardeos de EE UU en 1986, el líder libio escenifica su tragedia y define a los que sólo buscan libertad como drogadictos y borrachos, delincuentes manipulados por fuerzas externas. Según Gadafi, “los libios son libres puesto que el poder está en manos del pueblo". Todo un discurso de un orate al que sólo mantienen en el poder los soldados a sueldo y el eficaz trabajo de los cazabombarderos y los helicópteros, balas para matar el deseo de libertad, amenazas de muerte para los que se opongan a su dictado. Cínico y mentiroso, como todos los cobardes, Gadafi, pese a las evidencias, niega que hasta el momento se haya empleado la violencia, aunque advierte que si necesita recurrir al uso la fuerza, lo hará. Inundará de sangre las calles si así se le antoja y para ello se servirá de sus partidarios, aleccionados para comenzar el exterminio de las ratas que siembran los disturbios.
Aquéllos que le han acompañado, ahora le abandonan, conscientes de la brutal matanza que se está perpetrando en el país. El ministro del Interior libio expresa su rechazo a Gadafi, anuncia su apoyo a los manifestantes y pide al ejército que se una al pueblo para defender sus "legítimas demandas". Varios diplomáticos libios, al igual que el representante de este país ante la Liga Árabe, han roto con el dictador y claman para que abandone. El demente se queda solo, rodeado únicamente de los que aún aceptan su dinero y de los que han sido sus cómplices, los perros más fieles de la dictadura. Poco le queda o bien para morir o bien para huir. Me inclino más por lo segundo, aunque dado el desequilibrio mental con el que sostiene su espada Gadafi, capaz es de entregar su vida. Eso sí, matando.
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