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lunes, 11 de julio de 2011

Pajín dixit

Dice Leire Pajín que el Gobierno está preparado tanto para agotar la legislatura como para anunciar la convocatoria anticipada de elecciones generales. Decisión que tomarán según le apetezca a José Luis Rodríguez Zapatero, que ya ha dejado claro que quiere continuar hasta marzo imitando a Atila, arrasando todo a su paso. Un interplanetario leviatán del socialismo patrio que acabará con la legislatura y con el país también.

Prosigue la meritoria y asazmente preparada ministra de Sanidad alardeando de proyecto político y manifestando la importancia de las reformas emprendidas, destinadas todas a mejorar la economía presente y futura de España. “Nosotros estamos a eso”. Visto los resultados de su encomio quizás habría que decirle que no pongan tanto interés y piensen en otras cosas, y así tal vez nos dejasen respirar un poco. O mejor, ya que reconoce que los socialistas han entendido el mensaje del 22 de mayo, que se dejase de "Hay partido y lo que vamos a hacer es sudar la camiseta hasta el final diciéndole a la grada que nos vamos a dejar la piel" y se cogieran de la mano todos para irse bien lejos, al lugar donde se fabrican las puñetas, otorgando a la sociedad que están destruyendo una oportunidad. De esta manera se cumplirían sus deseos de volver a "ilusionar" a la ciudadanía, que no lo dude un instante.

Y cuando uno se refiere a todos, quiere decir todos. Y que se sepa, Alfredo Pérez Rubalcaba pertenece por méritos y logros a este selecto grupo de políticos que se han esforzado, y mucho, en hacernos la vida totalmente imposible. Entonces, al margen de sentimientos políticos, no se puede entender y escapa de los dominios de la lógica y de la razón que un responsable directo de la situación actual se presente como el salvador, se muestre como el mesías, el deseado libertador de los oprimidos, el luchador de las trincheras de la supervivencia que va a conseguir con sus propuestas que recuperemos parte del esplendor que él y sus colegas han arrebatado con mentiras, miserias y torpezas imperdonables.

Somos un país especial, gobernado por gente muy peculiar que mangonea lo que puede y más. Si fuésemos de otra forma, a éstos hacía tiempo que les habríamos perdido de vista. Dada la preparación que poseen, más de uno iba a pasar hambre. Pero qué le vamos a hacer, al mismo perro que nos está mordiendo le vamos a dar solomillo del bueno. ¿Tenemos lo que nos merecemos? Me resisto a creerlo, pero todo apunta a que así es.

¿Sería mucho pedirle a los socialistas de verdad que desterrasen a esta banda?...

lunes, 13 de diciembre de 2010

Mourinho y Pajín

El problema de Mourinho no es otro que la mala interpretación que la ladina prensa hace de sus palabras. El sábado se despachó con una fábula maravillosa sobre perros y gatos, digna de Samaniego. Claro, en este país somos muy tontos y, o no entendemos porque no llegamos a más, o no queremos entender, pues lo que buscamos con ansia es sacar noticias de donde no las hay y, ya que estamos, demonizar al sujeto manifestante. El entrenador del Real Madrid, hábil a la par que siniestro en el uso del lenguaje, es un fértil manantial cada vez que abre la boca y se adorna de tal manera, que lo que dice es rico en interpretaciones. En consecuencia, es labor del periodista analizar lo expresado, digerirlo e intentar traducirlo, sabedor de que nunca acertará. Forma parte del circo del fútbol, y hay que reconocerle al enigmático orador que su doble intención divierte y da mucho juego. Pero, hallándose en España, quizás debería aprender a comunicar con mayor claridad su doctrina y explicar con nitidez las decisiones que crea oportuno compartir. Vamos, igual que hacen el resto de personajes públicos españoles.

Y sino, que aprenda, por poner un ejemplo, de la Ministra de Sanidad, Leire Pajín, que, mostrando su exquisita educación y la justicia de su proceder, ante el requerimiento de una senadora del PP sobre la contratación de una buena amiga suya como Directora del Plan Nacional sobre Drogas, contestó con un contundente “ Sólo faltaría que la ministra no pueda nombrar a quien le salga de los cojones”. Desde luego, claridad y nitidez no le falta a Leire. Ni desfachatez ni descaro ni chulería. Lo que si que no asoma por ningún lado es la vergüenza, la seriedad, la responsabilidad, el saber estar y el saber comportarse. Me gustaría decirle a Leire que las gónadas masculinas no tienen nada que ver con el hecho de colocar a una auxiliar administrativa en un cargo al que deben acceder personas con mayor formación académica (bueno, ella es ministra sin terminar sociología, pero se ve que para su ocupación no hacen falta conocimientos). Si así se lo dijese, igual me tacharía de machista, por utilizar términos sexistas en referencia a la capacidad y a la valentía (vamos, lo que ha hecho ella). Así que, se lo comunicaré de otra forma. Verá usted. En España, terminando 2010, con más de medio país en la ruina, con un gobierno desorientado e inepto, con unas perspectivas económicas negras como el carbón, con la tasa de paro más alta de Europa y con la esperanza arrastrándose miserablemente por el suelo de la incertidumbre y el abatimiento, sin confianza ni fe en un futuro mejor, hacer las cosas desde el soberano Gobierno del Estado “por cojones” y encima reconocerlo es, como mínimo, una absoluta falta de respeto, un insulto soez y vulgar dirigido con prepotencia a todos, absolutamente todos los que sufrimos la inutilidad y los caprichosos despropósitos del ejecutivo al que usted, para la desgracia general, pertenece. Estimada Leire Pajín. Déjenos en paz ya de una vez y márchese a su feudo, que con lo que ya ha ganado y con lo que le queda para los restos hay para hacer y deshacer lo que le apetezca, pero en su casa, no en la de los españoles.

No quiero alargarme más. Se me descompone el estómago. Prefiero reírme con Mourinho, por muy mal que pueda caer el personaje, antes que continuar llorando por culpa de Leire Pajín, a la que no soporto. Manías personales, ¿verdad?

jueves, 21 de octubre de 2010

Ministra Pajín

Con la llegada de Leire Pajín al Ministerio de Sanidad el país va a alcanzar una dimensión universal en los temas de la salud. La conjunción interplanetaria favorecerá que la princesa del Imperio Zapatero dirija con sus sabias y doctas manos los destinos sanitarios de los españoles. La suerte nos ha acompañado, pues nadie mejor que ella, que tantos méritos ha recaudado a lo largo de su corta y exitosa carrera política, podía dirigir con académica maestría una cartera ministerial de tamaña enjundia. Tarde o temprano, todos caemos en los dominios de la sanidad pública y sufrimos, o disfrutamos según opiniones, sus efectos. Por si fuera poco, como su capacidad es inmensa, ha asumido el laborioso y saturado Ministerio de Igualdad, el más útil de todos los organismos públicos que jamás ha hollado la Administración del Estado.

Si miedo daba el poder tan absurdo que había adquirido, ahora es para temblar de pánico. Su posición en el paraíso de la política es el ejemplo claro de cómo se puede ganar la cima sin esfuerzo, portado en volandas o encaramado a los hombros del sherpa de turno. No es un sentimiento de animadversión, no, aunque podría llegar a convertirse en ello. Es que se subleva la razón. No entiendo y mucho menos comparto el descaro y la desfachatez con la que actúa la casta política gobernante. Me cuesta creer que en el PSOE no exista nadie con mayor profesionalidad que la demostrada por la señorita Pajín.

Así que, cegado por el resplandor insólito que irradia su estrella y temeroso ante la magnitud de su poder, sólo puedo decirle a Leire, ¡oh Leire!, grande de España, divina musa del zapaterismo, que permita a este desdichado contribuyente felicitarle por su dicha y la grandeza de su destino. Es un ejemplo a seguir por todos los que peleamos contra los elementos. Sin preparación, sin formación, sin capacidad, sólo con la fuerza de sus palabras y su incondicional servilismo, ha ascendido un escalón más en su imparable objetivo de convertirse en rectora majestuosa y directora mayestática del devenir del mundo conocido y de los planetas por descubrir. Augusta dama, mínimamente recompensada por varios y miserables salarios, con su inmaculado proceder siembra de esperanza nuestro futuro. Envidio su fortuna (la teórica y la amasada) y anhelo con todas mis fuerzas que le vaya bonito y que éste sea el último servicio que haga por España. Por la cuenta que nos trae.