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miércoles, 4 de julio de 2012

Época de recortables, recortables de época


Por la edad que tengo y porque era lo que había, de más pequeño, que aún no me he hecho mayor, me gustaba coger las tijeras y jugar con los recortables. Había láminas de todo tipo a las que meter mano, desde indios y vaqueros hasta muñecas que sufrían posiblemente una mixomatosis terminal. Todo un mundo de papel en el que entretener muchas horas. Y eso que la faena, para un manazas como yo, no era sencilla, qué va. Se te descontrolaba el pulso y decapitabas al soldado antes de que entrara en batalla. Pero no importaba; recortar era una diversión sólo comparable con las videoconsolas.

Como herramienta principal, las tijeras. De plástico o metálicas, las mismas que usabas en casa para las uñas de los pies, lo mismo daba con tal de que cortaran. Agarrabas el instrumento de matar y allí que te aplicabas, concentrando tu acierto en el pedazo de lengua que te asomaba por los labios. Cuanta más sinhueso afloraba, más experto parecías. Una vez armado, a lo más fácil, la cabeza, por el tamaño. Después, extremidades superiores, tronco, piernas y, por último, los pies y los soportes. En éstos te afanabas a fondo, pues la gracia estaba en que lo recortado se mantuviera erguido. Si te pasabas, aquello no servía para nada.

Hoy, con la miseria globalizada y la casta política al frente del rebaño, el mundo ha cambiado y con los recortables ya no juegan niñas y niños. Ahora son presidentas y presidentes, ministras y ministros, comisarias y comisarios de la Europa Descompuesta y Desunida, y demás gente de bien vivir que nos hace mal vivir, los que se entretienen con el tema. Empuñan sus tenacillas, a las que llaman reformas, decretos y/o leyes, seleccionan los millones de figuras que componen la tropa y se lanzan. Pero son muy zorras y zorros ellas y ellos, a la par que exhiben una torpeza mayúscula. Me explico.

Han invertido la metodología, comienzan por debajo, por las pestañas que mantienen la figura en pie. Una vez que el indio de turno o la niña en ropa interior no se pueden sostener, empieza el despiece. Con el recortable manipulado a placer, las tijeras se transforman en cutter, y cortan hasta la rodilla. Y si con eso no hay suficiente, de cintura para arriba para seguir jugueteando, y el resto a la basura. Y si llega el momento y todavía toca insistir en la sangría, el cutter es guillotina y salvan únicamente la cabeza. La suya. Porque la nuestra ya habrá desaparecido en la trituradora mucho, pero que mucho antes.

Resumiendo, que me enrollo demasiado. La astucia de raposas de la casta política radica en que jamás menguan su cuota económica y de poder. Al contrario, son una pandemia incontrolable y descontrolada, muchos secando la teta pública. Sueldos injustificables para cargos y ocupaciones injustificadas. Ahí no aparecen las tijeras, no. Por otro lado, su lamentable torpeza es que no deben, no quieren darse cuenta de que recortando de abajo, lo de arriba no se mantiene. Eso sí, tengo la sensación, o la seguridad, de que, mientras ellos no caigan, les importa un huevo (ya está, ya se me ha escapado…no tengo remedio). Así nos va.


viernes, 17 de diciembre de 2010

El nuevo recorte que viene

El Gobierno a principios de 2011 tendrá que hacer frente a un desembolso enorme para cumplir con los compromisos adquiridos. Y se encontrará con la saca vacía, pues lo que se recauda por un lado se escapa enseguida por otro. La lamentable ineptitud y la incapacidad manifiesta de los rectores económicos nos conducirán inexorablemente a una nueva situación límite en la que surgirá la necesidad imperiosa de liquidez. Las privatizaciones previstas no llegarán a tiempo y, de hacerlo, además de significar una negativa descapitalización de bienes públicos, la desamortización aérea no será suficiente. Es entonces cuando este ejecutivo, sin duda el peor de la historia de España, sacará otra vez la chistera y, con un pase mágico de una varita en forma de decreto, se inventará un nuevo y traidor recorte en el sueldo de los funcionarios. De la noche a la mañana, como en Grecia. Es el camino más fácil, una recaudación segura y rápida con la que afrentar las consecuencias de su inutilidad.

Ya se está preparando el camino al Rubalcazo que se abate sin remedio sobre los emolumentos de los empleados públicos. En junio se argumentó la medida tomada en base a que el funcionario es el único que tiene estabilidad laboral. Ahora la excusa viene cocinada gracias a estadísticas comparativas entre los ingresos de los trabajadores en los sectores público y privado. El dato ariete en el ataque será aquél que ha reseñado que un 43 % de los empleados públicos cobra más de 2.500 euros, frente a un 11 % en el sector privado. Dato manipulado, como todo lo que proviene del aparato propagandístico del ejecutivo socialista. Porque incluir como funcionario al asesor y al cargo de libre designación que multiplica por mucho los ingresos citados es tergiversar y manipular la verdad. El cáncer más importante de las administraciones es el elevado e injustificado número de edecanes y palanganeros que rodean a los cargos electos; destruyen los presupuestos y arruinan las administraciones. No es comprensible y mucho menos tolerable que se ataque al que accedió a su trabajo mediante una oposición, mientras se incrementa irresponsablemente el gasto en estos personajes de dudosa o nula utilidad pública.

El funcionario tiene que preocuparse, y mucho, por la nueva agresión que va a sufrir. El Gobierno ya ha empezado con el plan de satanización del empleado público, de tal forma que la sociedad apoye cualquier recorte que se aplique en su contra. Y el pringado, otra vez denostado y solo, tendrá que tragarse esa rueda de molino porque, al igual que el resto del país, tiene que sobrevivir. Son y serán lentejas tóxicas que se tomarán porque no quedará otro remedio. O esto o dejárselas en el plato y lanzarle la olla al torpe que no sabe o no quiere saber cómo sacar a España de la ruina. Va a ser un invierno gélido en lo climatológico y en lo económico, pero muy caliente en lo social.