Múltiples opiniones, y todas no son más que lucubraciones, simples reflexiones sin fundamento, guiadas por simpatías y deseos, dignas del respeto al que obliga la libertad de expresión.
Están los que ya consideran a Ripoll culpable: ha robado y debe pagar por ello, como no podría ser de otra manera. Los más radicales piensan que el primer paso a dar es abandonar sus cargos mientras se dilucida su caso y, ya que estamos, ingresar directamente en la cárcel, eso que llevaría adelantado. Los más racionales propugnan que un imputado no tiene que seguir, por la más elemental lógica, ocupando un cargo de responsabilidad. Así que, carretera y manta.
Luego los hay que no saben, no contestan, pero sí que analizan las circunstancias. Para algunos, el mismo PP, desde Valencia, le ha hecho la cama al enemigo interno, buscando su desprestigio y su desaparición del panorama político. Un problema menos para Camps, que se libra del gallo rival, y va configurando su imagen como un político honrado, al que se quieren limpiar por tres trajecillos de nada. Otros, ante lo desmesurado de la operación policial, consideran que a Rubalcaba le han metido un gol por la escuadra: “oye, tira a por Ripoll, que tiene en el jardín un par de bolsas de basura llenas de billetes de quinientos calentitos, que se los acaban de dar”. Como un cohete, a trincar al chorizo. Pero, una vez en el asunto, no aparece ni un euro. Entre el Faisán y esto, podría acabar muy mal el ministro.
Por último, muchos confían en su inocencia. Lo han conocido honrado y les extraña sobremanera que pueda actuar así. Lo achacan todo a un error o, porque no, a la mala fe de ciertos movimientos políticos provenientes del PSOE, partido sabedor como es que mientras exista un Ripoll sin mácula en Alicante, no gana ni soñando.
Cualquier pensamiento vale. Que cada uno elija de los que expongo, o prepare otros distintos. Todo se quedará en esto, en opinar, hasta que la justicia abra las puertas e ilumine el asunto.
Un sitio donde reflejar lo que piensas. Te invito a que compartas conmigo tu libertad.
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miércoles, 28 de julio de 2010
lunes, 12 de julio de 2010
Alicante y Ripoll. Confiar en la justicia
Soy alicantino por nacimiento, por convicción y por devoción. No considero nada más sublime que el nombre de Alicante, que letra a letra riega con su luz mis sentimientos y mi razón. Mi virgen y mi paraíso son mi ciudad y mi provincia. Y digo mías porque forman una parte muy importante de lo que he sido, soy y seré. Tuve la inmensa fortuna de nacer en Alicante: aquí me enamoré, aquí tengo mi semilla, aquí peleo por sobrevivir y aquí, cuando me toque, quiero morir. La fiesta y el llanto, el caos y el silencio, el bochorno y la brisa, todos conceptos opuestos que se unen y conviven, embelleciendo ciudades y pueblos. Somos tan distintos los alicantinos entre nosotros que eso nos hace ser más fuertes, más especiales, distintos a todo y a todos. Por estas cosas y muchas más, es imposible no amar a esta tierra, sus costas, montañas, lugares y citas, gentes e historia. Amarla, respetarla y defenderla hasta el fin.
Hoy estoy triste. La Justicia imputa al máximo representante de la provincia de los delitos endémicos de la casta política que está asolando el mundo. Fraude y cohecho son rémoras que arrastran todos los dirigentes, dejando muy claro que política y honradez andan reñidos desde el origen del mundo actual. Y ahora estos fantasmas ensombrecen la actuación de Ripoll y ensucian la imagen de Alicante. El presidente de la Diputación ha ofrecido siempre una actitud positiva y valiente, luchando contra todos, incluso sus hermanos del propio partido, y manteniendo alto el nombre del territorio alicantino. Pero la duda se ha abatido sobre él. Y eso no es bueno para nuestro sentir. Me entristece pensar que un hombre de cierta valía como él se haya dejado corromper. Prefiero creer que no, que es inocente. Su error mancharía Alicante. Y eso no se le podría perdonar. Confiemos en la Justicia, esa ciega que todo debería ver.
Hoy estoy triste. La Justicia imputa al máximo representante de la provincia de los delitos endémicos de la casta política que está asolando el mundo. Fraude y cohecho son rémoras que arrastran todos los dirigentes, dejando muy claro que política y honradez andan reñidos desde el origen del mundo actual. Y ahora estos fantasmas ensombrecen la actuación de Ripoll y ensucian la imagen de Alicante. El presidente de la Diputación ha ofrecido siempre una actitud positiva y valiente, luchando contra todos, incluso sus hermanos del propio partido, y manteniendo alto el nombre del territorio alicantino. Pero la duda se ha abatido sobre él. Y eso no es bueno para nuestro sentir. Me entristece pensar que un hombre de cierta valía como él se haya dejado corromper. Prefiero creer que no, que es inocente. Su error mancharía Alicante. Y eso no se le podría perdonar. Confiemos en la Justicia, esa ciega que todo debería ver.
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Valemos más. Juzgar por juzgar
Ver el pasado martes el edificio de la Diputación Provincial de Alicante sitiado va a ser una imagen difícil de olvidar para algunos de los que nos tropezamos con el cuadro. Impresionante el despliegue policial. Al preguntar intrigado sobre el motivo de tanta seguridad, y enterarme de que estaban escarbando en los intestinos del presidente de la institución, me quede helado, sin palabras.
Algo muy gordo tenía que haber hecho el azote de Camps para merecer tanta atención por parte de Policía Nacional y medios de comunicación. La gente, en su sabiduría, ya veía a Ripoll con grilletes. Una mujer, poseedora a mediodía de la verdad, comunicaba a quién quisiera oírle que le habían trincado con dos millones de euros escondidos en un zulo en su jardín, y que de ésta no se libraba. Aseguraba también que Ortiz, su socio de fechorías, venía esposado en un furgón desde Pamplona. Argumentos de película, no de acción o misterio, sino de Jaimito.
Tenemos el vicio de valorar sin conocer, de juzgar de oídas, de sentenciar y condenar sin saber el qué y el por qué. Va en nuestro carácter, y se nos ha acentuado por los continuos desmanes a los que la casta política nos ha ido acostumbrando de un tiempo a esta parte. Hartos como estamos de chorizos y mafiosos instalados en las altas jerarquías de nuestras (insisto, nuestras) instituciones, buscamos carne de ratero para verter sobre ella toda la ira y todo el enojo que nos acompaña a diario.
Considero que debemos, que estamos obligados a respetar las leyes que los políticos manipulan si no queremos convertirnos en malas copias suyas: todos somos inocentes por el mero hecho de respirar. Encontrar elementos de culpabilidad es un trabajo para los profesionales del tema: nosotros somos libres de opinar, de manifestar nuestras sensaciones y sentimientos. Pero erramos si sentenciamos y condenamos sin saber. No debemos caer tan bajo como aquéllos que nos están torturando. Valemos más.
Algo muy gordo tenía que haber hecho el azote de Camps para merecer tanta atención por parte de Policía Nacional y medios de comunicación. La gente, en su sabiduría, ya veía a Ripoll con grilletes. Una mujer, poseedora a mediodía de la verdad, comunicaba a quién quisiera oírle que le habían trincado con dos millones de euros escondidos en un zulo en su jardín, y que de ésta no se libraba. Aseguraba también que Ortiz, su socio de fechorías, venía esposado en un furgón desde Pamplona. Argumentos de película, no de acción o misterio, sino de Jaimito.
Tenemos el vicio de valorar sin conocer, de juzgar de oídas, de sentenciar y condenar sin saber el qué y el por qué. Va en nuestro carácter, y se nos ha acentuado por los continuos desmanes a los que la casta política nos ha ido acostumbrando de un tiempo a esta parte. Hartos como estamos de chorizos y mafiosos instalados en las altas jerarquías de nuestras (insisto, nuestras) instituciones, buscamos carne de ratero para verter sobre ella toda la ira y todo el enojo que nos acompaña a diario.
Considero que debemos, que estamos obligados a respetar las leyes que los políticos manipulan si no queremos convertirnos en malas copias suyas: todos somos inocentes por el mero hecho de respirar. Encontrar elementos de culpabilidad es un trabajo para los profesionales del tema: nosotros somos libres de opinar, de manifestar nuestras sensaciones y sentimientos. Pero erramos si sentenciamos y condenamos sin saber. No debemos caer tan bajo como aquéllos que nos están torturando. Valemos más.
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