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jueves, 3 de mayo de 2012

Undargarín, Torres , la Fiscalía y el apaño nacional


Hoy, en la cola del supermercado, me comenta un amigo: “¿No escribes nada del yerno del Rey?...Ahora lo tienes a huevo, que está pringado hasta las cejas. Más que Judas. Porque si no, a ver de dónde se iba a declarar culpable este pájaro, que ahora se camufla asustado bajo el alerón derecho del águila real.  Fíjate. Ése, con tal de no acabar en la trena, vende el palacete de Pedralbes, la colección de medallas y su primer Madelman, si es menester. Pero en el hotel de los barrotes que no les esperen ni a él ni al socio. Reúnen lo que les pidan en un santiamén, que no creo que ninguno de los dos espabilados anden mal de pasta, que con lo que han levantado y han escondido quién sabe dónde, les basta y les sobra para mantener cuatro generaciones de regatistas y fletar una réplica del Santísima Trinidad para hundirlo otra vez frente a Cádiz. Además, no dudes que si falta dinero, alguien vendrá y lo pondrá a fondo perdido. Me da asco todo esto. Fiscalía y abogados pactarán lo que sea con tal de que Undargarín no entre en prisión y el Diego Torres deje de largar por esa boquita.
¿Es que no has visto la jugada?  El tal Torres ese, de tonto no tiene un pelo. Entre unos y otros ya le habían preparado el marrón para que se lo comiese enterito él solo y que el duque, haciéndose el tonto, pasara de trincón a engañado. Entonces, ha tirado un pelín de la manta real, ha sacado un par de correos electrónicos involucrando a la Infanta, pobrecita ella que nada conocía, y a S.M., y el trono se ha puesto a temblar. Que esto no es una cacería de elefantes, que con un “juancarlos” (lo siento, no volverá a ocurrir) no arreglaría nuestro monarca el lío en el que le podía meter el socio del padre de sus nietos. Que se ha perdido el respeto a lo más sagrado. Que hasta los chiquillos de primaria se ríen, llenos de orgullo y satisfacción.
Ya verás cómo se libran los dos pagando una multa, con un dinero que no les pertenece ya que proviene de lo que se han agenciado, y se escapan de rositas…Anda, Tomás, escribe algo, que tú les metes caña”
Y ahora es cuando yo me pregunto qué voy a escribir si todo ya está dicho. Si esto parece un canal por cable de películas y series. Entre pillos anda el juego, Dos tontos muy tontos, Tienes un e-mail, Por un puñado de dólares, El padrino, La escopeta nacional, Todos a la cárcel, Gran Hermano, Los protegidos, Perdidos en la tribu, Atrapa un millón, Sálvame de luxe, Pasapalabra y la madre que los parió en fila de a uno. Pues eso

viernes, 16 de diciembre de 2011

El Grinch Undargarín

Tan cerca de la Navidad estamos, que a uno sólo le apetece escribir sobre cualquier tema que trate sobre ella. Son días especiales, para los que nos gustan estas fiestas y sobre todo para los verdaderos protagonistas del evento, los niños. Ellos lucen sus villancicos en los colegios y esperan ansiosos los regalos que una adopción impuesta, la de Papá Noel, les deja en Nochebuena bajo el árbol o a los pies de la cama. No queda otra que evadirte de lo que te rodea y rendirte a la fuerza de la ilusión. Te pones frente al teclado del ordenador, sabes que toca una historia navideña, de amor, de solidaridad, alguna guirnalda con la que embellecer el abeto que compraste en los chinos, algún juego de luces para iluminar un belén en el que a San José le falta una pierna, los pastores se han comido la mula y el homenajeado Jesús se ha escapado para coser zapatillas de deporte en un taller clandestino. Qué bonito.
Inundado de alegría a pesar de saber que Melchor, Gaspar y Baltasar han abandonado el país, pues aquí ya no tienen nada que rascar, me rindo a la invasión americana y paso, sin entrar mucho en detalles, a contar a aquél que tenga un rato para leer, la hermosa historia del enemigo de Santa Claus, el Grinch. Este personaje egoísta y malvado aparece en la Navidad como contraposición al significado espiritual de la misma. Refleja el consumismo, la avaricia, la gula material. Cuantos más bienes tengas, más feliz serás. Todo para el bolsillo propio, a costa de lo que sea. Muy anglosajón el bicho, ¿verdad? Por estos apostólicos lares no tenemos nada de esto, qué va. Aquí, máximo el caganer, ese monigote que hace sus necesidades mientras observa cómo pasan los Reyes Magos camino del portal.
Y es que, para qué importar bichos raros de los USA con los que amenazar unas fechas tan entrañables si aquí, en la muy tradicionalista España, ya contamos con elementos suficientes capaces de amargarle la fiesta a cualquiera. Y si no que se lo digan al primero de los españoles, al más alto representante del híbrido sistema monárquico-republicano que disfrutamos con júbilo y entusiasmo, a nuestro monarca, el rey Juan Carlos. En su propia casa, delante de sus egregias narices, un duende pecador, morador de un palacete en Pedralbes, se está cargando, en compañía de otro u otros, trescientos años de institución. Sociedades por aquí y por allá, mucho dinero con veloces piernas difícil de perseguir. Un entramado financiero para llevárselo calentito supuestamente montado por un Grinch patrio, alto, rubio, guapo y deportista. El yerno ideal. Ni Azaña hizo tanto por la república.
Fumando espero el discurso navideño del rey. Quiero saciar la curiosidad de ver cómo S.M., diestro de tronío, torea el morlaco. Cuando hable de la crisis, de la insostenible situación económica, de la miseria que asola muchos hogares, lagrimones de vergüenza deberían brotar de sus ojos hasta oxidarle las medallas. Pues no olvidemos que el Grinch Undargarín le ha fastidiado (por no decir jodido) estas navidades, las del año que viene y unas cuantas y muchas más, que ya veremos las consecuencias de todo esto. Lo que parecía y lo que parece.