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martes, 28 de septiembre de 2010

De piquetes

Veamos qué significa piquete informativo. Se define como tal a un grupo de personas que dentro de una huelga intenta convencer al resto de que la secunde. Para ello utiliza medios legítimos que garanticen el derecho a la huelga de los trabajadores: informan, aconsejan y si pueden convencen. Hasta aquí todo correcto y deseable, el respeto a las libertades individuales por encima de cualquier otra cosa.

El código penal recoge las penas que se impondrán a aquéllos que coaccionan a otras personas utilizando fuerza en las cosas. No hace falta intimidación o violencia para ser delito, y se considera punible la tentativa. Así nuestra legislación protege el derecho a no hacer huelga, la libertad personal. Bueno es tener esto en cuenta en previsión de posibles comportamientos, y mejor sería que los sindicatos aleccionaran a algunos de sus elementos que no saben distinguir la opinión de la obligación.

La gente anda muy quemada con todo lo que suene a política y sindicatos, se han radicalizado posturas y avivado odios. Tropezones habrá de los que sacan llamas, seguro. Choques que pueden derivar en otras cosas que nada tienen que ver con la democracia. Por lo tanto, sería conveniente mantener el respeto necesario y demostrarnos a nosotros, como pueblo, que no somos unos salvajes, que nos merecemos los derechos que reclamamos.

Se trata de una jornada de huelga general, secundada por muchos, pero rechazada por otros tantos. No hay que forzar las situaciones, hay sentimientos opuestos y razones distintas totalmente válidas y que nacen del disfrute de la libertad. Negar que alguien piense diferente equivale a fascismo. El que quiera ejercer su derecho a la huelga, que lo haga. El que quiera ejercer su derecho a trabajar que lo haga. Y el que se salga de la línea, que pague después por ello. Esto sería lo justo. Ya veremos.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Un desafortunado aperitivo de huelga

Dice un miembro de UGT; “se nos ha ido de las manos”. La huelga de ferrocarriles en Cataluña no cumplió con los servicios mínimos gracias a la noble labor de los piquetes y sus acciones democráticas, como pintar cristales y bloquear cerraduras. Una protesta legítima contra el recorte salarial pierde su valor cuando, para preservar sus derechos, no respeta los de los demás. Actuando con patente de corso, los sindicatos convocantes no han jugado limpio y, tal y como están las cosas, no es una buena señal de cara a la que se avecina.

El 29 hay un llamamiento hacia una huelga general para protestar contra la reforma laboral. Una huelga en la que cualquiera puede participar libremente, sin coacciones ni presiones por parte de empresas o sindicatos. Libremente, sin miedo. La huelga es un derecho y el trabajo también: el que quiera participar del paro, el que lo considere acertado y motivado, que no acuda a su puesto y se manifieste, que exponga en paz sus razones y que tolere a aquéllos que no compartan sus ideas. Porque si se rompe ese respeto, si se utilizan amenaza y fuerza, rompemos el juego democrático. Muchos decidirán realizar con normalidad su jornada laboral. ¿Por qué? Muchos consideran la huelga inoportuna, por el momento en que se produce, y oportunista, por las motivaciones políticas que esconde. Muchos piensan que hace dos años, con los ERE en apogeo, sí que hubiera sido acertada. Muchos piensan que el quebranto económico para empresas y sindicatos no compensa la utilidad de la convocatoria. Muchos piensan que no va a aportar ninguna solución. Muchos confían de igual manera en el Gobierno y los sindicatos: nada de nada. Muchos creen que la mejor manifestación se realizará en las urnas.

Me gustaría que lo ocurrido con los trenes no sea un aviso de lo que sucederá el día 29. La libertad debe respetarse, y con violencia y actitudes represivas no se puede mantener la misma. La democracia es aplicable a todos, no hay que distinguir. Y la democracia, sin respeto a legalidad y personas, sin tolerancia, no existe.