Bien, bien, la cosa marcha. Fijo que levantamos el país pues el dinero está entrando a borbotones en las arcas del Estado. Euros frescos que nos van a conducir en volandas a una nueva España, a un paraíso idílico por el que se van a pegar de palos todos los habitantes del resto del mundo para poder vivir en él. Con los recortes a funcionarios y pensiones, que cobran mucho los muy sinvergüenzas, con la supresión de determinadas ayudas inútiles a todas luces, con una reforma laboral digna de ocupar un puesto privilegiado en la historia de la legislación, con una política exterior impoluta y valiente y con una magnífica colección de profesionales, altamente preparados y sobradamente cualificados para, desde sus escaños ,dirigirnos a nosotros, pobre tropa inculta, nuestro Estado se está convirtiendo en un envidiado edén de gloriosa felicidad, en un elíseo donde pacer y morir en paz y armonía.
¡Qué más da que nos aprieten un poco más, si vamos sobrados! Ahora, por tercera vez en lo que llevamos de este maravilloso año, una inocente subida de la luz para hogares y pequeñas empresas a partir de octubre. No pasa nada, le quitamos la bombilla a la nevera y suprimimos los calefactores y las bombas de calor de los aires acondicionados y ya está. Habiendo mantas, cuando apriete el invierno, todos juntitos bajo ellas, enfundados en tergal. Porque las estufas de butano, va a ser que no, que éste va a subir también, que no te enteras, que tenemos un pollo montado con Argelia que nos va a costar cuarto y mitad del hígado. Como somos país de recursos, las calorías con las recetas de la abuela. Nos centraremos entonces en las comidas con mojete, de mucho pan. ¡Anda! Se me olvidaba que el trigo y con él el resto de cereales también se va a marcar un ascenso (aquí los rusos tienen la manija). Y resulta, vaya por Dios, que si sube el trigo, también la carne, por el tema de los piensos. Y si sube ésta, el transporte acompaña, más que nada por solidaridad. Y si suben el transporte, los combustibles también lo harán. Y si suben los combustibles, un Padrenuestro y un Ave María. Menos mal que con lo que ha llovido, el agua no subirá. ¿O esto también se dejará arrastrar por las circunstancias?
Me da en la nariz que no está el asunto tan maravilloso, con unas perspectivas tan halagüeñas, como lo pintan Zapatero y su tropa de bien pagados. Será cuestión de tomar la misma medicación que ellos, a ver si así consigo alucinar de igual manera. ¡Fiesta!
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viernes, 24 de septiembre de 2010
Más leña, que hay riñones
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viernes, 11 de junio de 2010
Operación bikini
En mayo tenía que haber subido la luz. Pero no un cuatro por ciento. Por lo menos un diez. Así encararíamos el verano con más alegría, con más predisposición para ir a la playita a lucir cuerpo. Porque cuerpo, lo que se dice cuerpo, vamos a tener lo nunca imaginado y siempre deseado: el país más estilizado del mundo, con las carnes más prietas y duras. Delgados a tope, de una esbeltez extrema. Y todo, todo, todo, merced a la política económica de nuestro gran benefactor, el amigo del Papa y de Obama, el rey de reyes dentro de los gestores públicos, el único, el fabuloso, el increíble mago de las finanzas, José Luis Rodríguez Zapatero.
Después de la dosis de tijeretazos y recortes sociales, ahora vendrá el IVA para recordarnos que la fiesta continúa. Y, como un palo nunca golpea él solo, nuestros colegas de las compañías eléctricas nos van a deleitar con un recibo más caro (le han cogido vicio a esto, ¿no?).
Ahora bien, no nos engañemos que lo hacen por nuestra salud. Me explico. A base de lavar la ropa en la pila o en una lavadora a pedales; de correr por la casa apagando luces; de pasear y pasear por centros comerciales para trincar algo de fresquito; de sudar como marranos por no gastar ventiladores ni aires; de cocinar poco para no usar la Vitro o por no tener comanda a la que hincarle el diente; de no ver la tele por las noches, dedicando ese tiempo a menesteres más físicos (algo bueno, mira por donde). A base de esto y del hambre que vamos a pasar, nos quedaremos como sílfides, sin grasa corporal, con olor a tigre, pero exentos de colesteroles y triglicéridos. Sanos y flacos, vamos.
Hablando en serio. Como sigan exprimiendo el limón lo van a dejar seco del todo. Y cuando ya no quede jugo, a ver de dónde sacan para cubrir lo que tan mal saben administrar esta banda de inútiles.
Después de la dosis de tijeretazos y recortes sociales, ahora vendrá el IVA para recordarnos que la fiesta continúa. Y, como un palo nunca golpea él solo, nuestros colegas de las compañías eléctricas nos van a deleitar con un recibo más caro (le han cogido vicio a esto, ¿no?).
Ahora bien, no nos engañemos que lo hacen por nuestra salud. Me explico. A base de lavar la ropa en la pila o en una lavadora a pedales; de correr por la casa apagando luces; de pasear y pasear por centros comerciales para trincar algo de fresquito; de sudar como marranos por no gastar ventiladores ni aires; de cocinar poco para no usar la Vitro o por no tener comanda a la que hincarle el diente; de no ver la tele por las noches, dedicando ese tiempo a menesteres más físicos (algo bueno, mira por donde). A base de esto y del hambre que vamos a pasar, nos quedaremos como sílfides, sin grasa corporal, con olor a tigre, pero exentos de colesteroles y triglicéridos. Sanos y flacos, vamos.
Hablando en serio. Como sigan exprimiendo el limón lo van a dejar seco del todo. Y cuando ya no quede jugo, a ver de dónde sacan para cubrir lo que tan mal saben administrar esta banda de inútiles.
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