Cristina Narbona reconoce que al equipo de Rubalcaba le une el deseo de contribuir a una profunda renovación del proyecto socialista para ser mucho más útiles a la sociedad a la que se deben. Y ha insistido en que dicho proyecto va más allá de cualquier fecha electoral y más allá de las elecciones y de su propio resultado. Además reconoce que los socialistas quieren buscar opiniones de fuera del partido que les ayuden en tres asuntos claves del que será su programa: la reforma electoral, la creación de empresas y de empleo y la educación y la formación profesional.
Pues bueno, pues vale, yo, a lo mío. Verá usted, querida Cristina. Con cariño y brevedad. Ya era hora de que dentro del PSOE hubiera un equipo unido para ser útil para la sociedad (para ser útil para algo, lo que fuese), porque lo acostumbrado es todo lo contrario, una banda de pollos sin cabeza, cada uno a su bola, buscando no perder posición y sueldo y soltando chorradas a diestro y siniestro. Pero nunca es tarde para la enmienda. Y si encima al propósito le añadimos que acuden con un proyecto que va más allá de lo humano y de lo divino, que sobrepasa el límite de lo conocido y que marcará un antes y un después en la evolución de la Humanidad, pues mejor que mejor, qué quiere que le diga, el nacimiento de Cristo se quedará enterrado por nimio y absurdo en el olvido, y celebraremos desde ya el advenimiento de Rubalcaba un 28 de julio de hace sesenta años.
Eso sí, un consejo, estimada Cristina. Yo, de ustedes, no iría buscando muchas opiniones sobre su programa, no fuera a ser que se escaldaran demasiado. Ya sabe, en este país no nos merecemos al Mesías Rubalcaba, estamos asalvajados, somos unos desagradecidos. Así que, por si acaso no coincidimos y no me preguntan a mí, pobre mortal, aprovecho esta tribuna para decirle lo que pienso, y si quiere, que va a ser que no, se lo anota: Verá, ustedes, todo el equipo, programa y candidato incluidos, pueden irse, con todo mi cariño, al guano con cuchara y pan. Allí encontrarán lo mismo que ofrecen, y que es lo único que se merecen. A mandar.
Un sitio donde reflejar lo que piensas. Te invito a que compartas conmigo tu libertad.
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jueves, 28 de julio de 2011
sábado, 29 de enero de 2011
Para jubilar hay que trabajar
A lo que llego yo, que no es mucho. Verán ustedes, Parece que todo el mundo está contento con el acuerdo sobre la reforma de las pensiones. En un ni para ti ni para mí, nos quedamos con 38,5 años cotizados para poder cobrar el cien por cien de la pensión. Además, es muy probable que también puedan hacerlo los trabajadores con oficios penosos. Es decir, en este lío uno entiende que para tener derecho a toda la prestación los que se jubilen a los 67 años, el período de cotización será de 37. A partir de ahí, hacia abajo, este período irá bajando hasta los 15 años, en los que se percibiría la mitad. Y para calcularla, el cómputo pasará de los últimos 15 años a la bonita cifra de 25. Qué alegría, qué alboroto, otro perrito piloto. Una cena en Moncloa entre amigos, y todo arreglado. Si ya se dice que para cerrar un negocio entre amigos, no hay nada mejor que un ambiente distendido, buenas viandas y mejores caldos. Es la esencia nacional. Y con todo acordado, se sale a la opinión pública y empieza el turno de halagos y beneplácitos. Qué buenos sois, no, hombre, no, si el mérito es tuyo.
Vale. Por no ir contra la corriente, digo yo que habrá que decir que sí, que aceptamos pulpo como animal de compañía. Ahora, una vez comulgados con esta rueda de molino, viene la segunda parte de la jugada. Para poder jubilarse, primero habrá que trabajar .Un buen amigo, parado, qué digo parado, disecado de larguísima duración me comenta que a él le encantaría trabajar a los 67 años. Incluso, está dispuesto a hacerlo hasta los 80 si le dejan patrón y salud. Lo que le urge es empezar cuanto antes, pues ya con 48, y al ritmo que lleva el país en lo relativo a la creación de empleo, no sabe qué carajo le van a computar a él.
En consecuencia, ahora que ya hay fumata blanca con las pensiones, va tocando empezar a hacer humo con el empleo y crearlo, en vez de destruirlo. Porque si no se reduce el paro, dará igual a qué edad se jubilen los afortunados que curren, que dinero para el retiro no habrá en la caja. Lo demás son parches, fuegos de artificio, levantar una carretera sobre un pantano; si asfaltas sin acondicionar antes el terreno, el día de la inauguración se hunde. Lo normal en el país de la improvisación.
Vale. Por no ir contra la corriente, digo yo que habrá que decir que sí, que aceptamos pulpo como animal de compañía. Ahora, una vez comulgados con esta rueda de molino, viene la segunda parte de la jugada. Para poder jubilarse, primero habrá que trabajar .Un buen amigo, parado, qué digo parado, disecado de larguísima duración me comenta que a él le encantaría trabajar a los 67 años. Incluso, está dispuesto a hacerlo hasta los 80 si le dejan patrón y salud. Lo que le urge es empezar cuanto antes, pues ya con 48, y al ritmo que lleva el país en lo relativo a la creación de empleo, no sabe qué carajo le van a computar a él.
En consecuencia, ahora que ya hay fumata blanca con las pensiones, va tocando empezar a hacer humo con el empleo y crearlo, en vez de destruirlo. Porque si no se reduce el paro, dará igual a qué edad se jubilen los afortunados que curren, que dinero para el retiro no habrá en la caja. Lo demás son parches, fuegos de artificio, levantar una carretera sobre un pantano; si asfaltas sin acondicionar antes el terreno, el día de la inauguración se hunde. Lo normal en el país de la improvisación.
Para jubilar hay que trabajar
A lo que llego yo, que no es mucho. Verán ustedes, Parece que todo el mundo está contento con el acuerdo sobre la reforma de las pensiones. En un ni para ti ni para mí, nos quedamos con 38,5 años cotizados para poder cobrar el cien por cien de la pensión. Además, es muy probable que también puedan hacerlo los trabajadores con oficios penosos. Es decir, en este lío uno entiende que para tener derecho a toda la prestación los que se jubilen a los 67 años, el período de cotización será de 37. A partir de ahí, hacia abajo, este período irá bajando hasta los 15 años, en los que se percibiría la mitad. Y para calcularla, el cómputo pasará de los últimos 15 años a la bonita cifra de 25. Qué alegría, qué alboroto, otro perrito piloto. Una cena en Moncloa entre amigos, y todo arreglado. Si ya se dice que para cerrar un negocio entre amigos, no hay nada mejor que un ambiente distendido, buenas viandas y mejores caldos. Es la esencia nacional. Y con todo acordado, se sale a la opinión pública y empieza el turno de halagos y beneplácitos. Qué buenos sois, no, hombre, no, si el mérito es tuyo.
Vale. Por no ir contra la corriente, digo yo que habrá que decir que sí, que aceptamos pulpo como animal de compañía. Ahora, una vez comulgados con esta rueda de molino, viene la segunda parte de la jugada. Para poder jubilarse, primero habrá que trabajar .Un buen amigo, parado, qué digo parado, disecado de larguísima duración me comenta que a él le encantaría trabajar a los 67 años. Incluso, está dispuesto a hacerlo hasta los 80 si le dejan patrón y salud. Lo que le urge es empezar cuanto antes, pues ya con 48, y al ritmo que lleva el país en lo relativo a la creación de empleo, no sabe qué carajo le van a computar a él.
En consecuencia, ahora que ya hay fumata blanca con las pensiones, va tocando empezar a hacer humo con el empleo y crearlo, en vez de destruirlo. Porque si no se reduce el paro, dará igual a qué edad se jubilen los afortunados que curren, que dinero para el retiro no habrá en la caja. Lo demás son parches, fuegos de artificio, levantar una carretera sobre un pantano; si asfaltas sin acondicionar antes el terreno, el día de la inauguración se hunde. Lo normal en el país de la improvisación.
Vale. Por no ir contra la corriente, digo yo que habrá que decir que sí, que aceptamos pulpo como animal de compañía. Ahora, una vez comulgados con esta rueda de molino, viene la segunda parte de la jugada. Para poder jubilarse, primero habrá que trabajar .Un buen amigo, parado, qué digo parado, disecado de larguísima duración me comenta que a él le encantaría trabajar a los 67 años. Incluso, está dispuesto a hacerlo hasta los 80 si le dejan patrón y salud. Lo que le urge es empezar cuanto antes, pues ya con 48, y al ritmo que lleva el país en lo relativo a la creación de empleo, no sabe qué carajo le van a computar a él.
En consecuencia, ahora que ya hay fumata blanca con las pensiones, va tocando empezar a hacer humo con el empleo y crearlo, en vez de destruirlo. Porque si no se reduce el paro, dará igual a qué edad se jubilen los afortunados que curren, que dinero para el retiro no habrá en la caja. Lo demás son parches, fuegos de artificio, levantar una carretera sobre un pantano; si asfaltas sin acondicionar antes el terreno, el día de la inauguración se hunde. Lo normal en el país de la improvisación.
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