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domingo, 15 de julio de 2012

Militares y policías, pues también.


SUP y AUME. Un toque de atención importante para el Gobierno y su abuso de autoridad. Por un lado, la policía, y por el otro, los militares. Ambos le dicen al Gobierno que no están dispuestos a pagar por algo que no han creado. En definitiva, en esto de posicionarse, aquéllos con los que el aparato político cuenta para controlar la masa cabreada han decidido integrarse en esa masa y plantar cara.
El sacrificio lo aporta el ciudadano de tropa; es decir, el asalariado, el funcionario, el pensionista, el parado, el estudiante, el niño, el pequeño comerciante, el autónomo, el ama de casa, el dependiente, tú y yo. El beneficio lo obtiene el banquero, el político, el asesor, el rico y el especulador, grandes discursos y los bolsillos llenos. La sangre la pone el español de a pie y los billetes los cuentan los de siempre. Y ya se ha llegado al límite de lo tolerable. El comunicado de la Asociación Unificada de Militares Españoles (AUME) incluye una frase lapidaria;  "una clase política que día tras día nos ilumina con bajezas, desaires y falta de ideas para afrontar esta situación no nos merece gran respeto, salvo el obligado por nuestra función". Para meditar, cuanto menos. Aunque yo, que soy más de batalla, me quedo con los carteles de los miembros del Sindicato Unificado de la Policía. “Mis hijos se quedan sin reyes porque hay que pagarle a los camellos”. Viene a decir lo mismo, pero te ríes más.
Espero que por el bien del país y de la paz social, los mendrugos que han urdido este atraco reflexionen y le metan mano a los que de verdad han originado el desastre y se están forrando con él. De no ser así, rebaño y perro pastor se van a revolver.  Porque, a ver, seamos realistas. La paga extra de Navidad de los empleados públicos se destinará para que los banqueros repartan dividendos. Los impuestos, para mantener el nivel de los 450000 políticos que están arruinando España. El copago de los medicamentos, para abonar los fastos y saraos encomendados a los amigos. Más impuestos para todos, y las SICAV con el 1 %. Y lo que queráis añadir, que cabe todo.
Para terminar por hoy. Por nombrar alguna. Provincias como la de Alicante regresarán al pleistoceno económico. Son números que entienden los niños de primaria, como en Barrio Sésamo y lo de “cerca, tocotó tocotó, tocotó, lejoooooos”. Queridos políticos. Hoy toca razonar. Atended a la rana Gustavo. Si no paga extra de Navidad, no juguetes, no turrón, no calzado. Buscas ruina en el diccionario y te pone esto como ejemplo. Lo comprende un niño de seis años. Pero Montoro, de Guindos y compañía parece ser que no. Sólo piensan en clave macroeconómica. Y en esa clave se destruyen los distintos pilares que sostienen el país.
Lo que están haciendo o es de muy tontos, o de muy listos o de muy cobardes. Si es torpeza, malo. Una ración más de lo que el PSOE nos ofreció. Si es sabiduría, peor. Se lo llevarán por algún lado, ahora o en el futuro. El PSOE también ofreció dosis de este purgante. Y si es cobardía, estamos muertos. Faltan arrestos para meterle mano al fuerte y de paso también detener la invasión alemana. Lo fácil es traicionar al débil y exprimirle hasta secarle. Curiosamente, los socialistas lucieron mucho en este apartado. Ergo va a ser que unos y otros son idénticos zorros cuidando el gallinero. Lástima.

viernes, 1 de octubre de 2010

Semana de gloria

Menuda semanita que llevamos. Tanta movida sindical, tanta manifestación, tanto piquete pacífico avasallado por legiones de seguratas descontrolados, tanto discurso revolucionario y tantas declaraciones, entrevistas y alardes de políticos y sindicalistas de alta escuela y elevada formación son suficientes argumentos para agotar a cualquiera. Y de postre, el domingo se disputa el derbi madrileño entre Tomás Gómez y Trinidad Jiménez. Los que saben de esto cuentan que del resultado del enfrentamiento se desprenderán consecuencias fundamentales para el devenir futuro de España. Bueno, importante será seguro, más que nada por la cara que se le quedará al jefe según sea el resultado. Pero yo soy de los bobos que piensan que todo es una receta de botica, un complejo vitamínico destinado a revitalizar sentimientos hastiados, asqueados y aburridos por continuas y continuadas felonías. Así que me importa poco quién dispute a Esperanza Aguirre la Comunidad de Madrid. Eso sí, una cosa tengo clara: si tuviese la opción de elegir, me aseguraría primero de saber a quién apoya el sabio ugetista Martínez, José Ricardo, no fuera que no coincidiéramos en los gustos y me dijera eso de sé quién eres, sé dónde vives y sé dónde trabajas. Pero no porque me dé miedo, no. Básicamente, para no morirme de la risa.
Volviendo al tema, que se me va la pinza, esto es un no parar. Alguien dijo, no recuerdo bien quién, que si el hombre no se preocupa de la política, ésta es la que se ocupa del hombre. Y a fe mía que acertó, porque ya hablan de ella hasta los niños de primaria, llena nuestro tiempo y entretiene que es un primor. El caso es que no ha habido ni un momento para el solaz y el relajo, para disfrutar de los pequeños vicios. Ni siquiera un rato para tomarse una cañita en el bar de las Cortes Valencianas, una cervecita de esas baratas y subvencionadas con cargo a los impuestos. Digo yo que muy mal deben de ir de pasta y peor de la cabeza los diputados autonómicos para atreverse a gorronearnos tapas y vino con lo que nos esquilman. O eso, o destilan una jeta de campeonato. Dieciocho mil vergonzosos euros que bien se les podrían atragantar…
Nada, que no. Que hoy va a ser que no. Vamos, que no me salen las palabras. Me parece que ando algo espeso porque enseguida se me escapan las ideas y acabo por no escribir nada coherente, sólo estupideces, ¿verdad? Será que estoy cansado... Eso será… Claro, la deuda me agobia, nadie cree en mí, las Sicav se piran, los sindicatos no me quieren, cinco millones de parados me colgarían del pescuezo si tuviesen la oportunidad, miento más que hablo,…
¡Anda la leche! Mejor lo dejo, porque ya ha entrado en mí el maligno, me ha poseído y no controlo. ¡Sal de mí, Calimero!
Nota para los más jóvenes: Calimero es o era, según se mire, un desgraciado pollo negro, con una cáscara de huevo por montera, y al que no quería ni Dios. Rima con Zapatero, pero eso sólo es una casualidad.