INFORMACION.es
Domingo
18 de abril de 2010
Una cosa no quita la otra
No te crezcas tanto, Pepiño, que una cosa no quita la otra. Tanto es el asombro y estupefacción que producen en nuestras conciencias las corruptelas y sinvergüencerías «populares» que parece que no hay otra cosa sobre la faz política del país. La pestilencia de los distintos asuntos cubre de tal forma la realidad, que el resto de problemas esconden su existencia bajo su hediondo manto. Y si consigues escapar de los gürteles, Matas o Bárcenas, enseguida salta sobre tus ojos el juez Garzón y su Cruzada, o los intolerables casos de pederastia y pedofilia que ensucian la Iglesia católica.
Pero, todos estos clavos no sacan el otro; los mangoneos de algunos repugnantes chorizos, la memoria histórica de Baltasar, o las cruces que tiene que levantar Benedicto XVI, no tapan los problemas que a mí me amargan todos los días. Problemas de supervivencia originados por la manifiesta incapacidad, la evidente ineptitud y la nula preparación de los responsables de un gobierno inútil, inoperante, absurdo y falto de iniciativas positivas.
Así que, estimado José Blanco y compañía, no saquen pecho y se pavoneen por ahí, que no nos hemos olvidado de lo torpes, torpísimos que son ustedes. Que haya muchos malos campando por España y el mundo no quiere decir que ustedes no sigan siendo los capitanes generales, responsables directos del desastre diario de muchos de nosotros. La justicia se encargará de poner cada cosa en su sitio, de igual forma que las urnas colocarán a más de uno en el cubo de basura en el que deberían estar. Porque yo en mi casa, cuando algo no vale lo tiro al contenedor. Eso sí, en bolsa cerrada, no vaya a escaparse.
Un sitio donde reflejar lo que piensas. Te invito a que compartas conmigo tu libertad.
domingo, 18 de abril de 2010
jueves, 15 de abril de 2010
Marta
Viernes 16 de abril de 2010 INFORMACIÓN DE ALICANTE
MARTA
No pretendo abrir un debate. Tampoco es mi intención herir susceptibilidades y, ni mucho menos, sentar cátedra con mis palabras. Pues no son más que eso: palabras que me salen de dentro, que reflejan lo que siento y cómo lo siento. Soy padre de un niño y de una niña, y considero que tengo el derecho a expresarme con esta claridad respecto a este asunto. No quiero entrar en discusiones sobre la Ley de Protección al Menor, o sobre la pena de muerte. Me limito a opinar con total libertad y con el corazón; quizás una reflexión profunda modificaría mis planteamientos. O quizás no. Lo único que sé es que los engendros humanos, los desperdicios sociales, los monstruosos seres que violaron y mataron a Marta del Castillo no deberían seguir respirando el mismo aire que respiran la familia y amigos de la muchacha.
La muerte sería poco castigo para ellos, pero posiblemente la solución más justa, más coherente.
Y la que más amortiguaría el inmenso dolor que provoca la salvajada que cometieron y que continúan cometiendo con su silencio respecto al paradero del cuerpo. Pero parece que no es políticamente correcto ni cristiano pensar así y, por descontado, manifestar este pensamiento. Me importa poco. Incluso, aunque fuese la única persona que sintiera de esta manera, nada ni nadie me haría cambiar.
Creo en el sistema; es el que tengo y lo respeto y defiendo. Eso no quita que, donde la razón no tiene sus dominios y gobiernan los sentimientos, todo me encamine en desear la peor de las suertes a unos mal nacidos que no tienen derecho a vivir. Repito e insisto, no es más que una opinión: la mía.
MARTA
No pretendo abrir un debate. Tampoco es mi intención herir susceptibilidades y, ni mucho menos, sentar cátedra con mis palabras. Pues no son más que eso: palabras que me salen de dentro, que reflejan lo que siento y cómo lo siento. Soy padre de un niño y de una niña, y considero que tengo el derecho a expresarme con esta claridad respecto a este asunto. No quiero entrar en discusiones sobre la Ley de Protección al Menor, o sobre la pena de muerte. Me limito a opinar con total libertad y con el corazón; quizás una reflexión profunda modificaría mis planteamientos. O quizás no. Lo único que sé es que los engendros humanos, los desperdicios sociales, los monstruosos seres que violaron y mataron a Marta del Castillo no deberían seguir respirando el mismo aire que respiran la familia y amigos de la muchacha.
La muerte sería poco castigo para ellos, pero posiblemente la solución más justa, más coherente.
Y la que más amortiguaría el inmenso dolor que provoca la salvajada que cometieron y que continúan cometiendo con su silencio respecto al paradero del cuerpo. Pero parece que no es políticamente correcto ni cristiano pensar así y, por descontado, manifestar este pensamiento. Me importa poco. Incluso, aunque fuese la única persona que sintiera de esta manera, nada ni nadie me haría cambiar.
Creo en el sistema; es el que tengo y lo respeto y defiendo. Eso no quita que, donde la razón no tiene sus dominios y gobiernan los sentimientos, todo me encamine en desear la peor de las suertes a unos mal nacidos que no tienen derecho a vivir. Repito e insisto, no es más que una opinión: la mía.
Faz Divina, misericordia
INFORMACION.es
Jueves
15 de abril de 2010
[ALICANTE] Faz Divina, misericordia
Hay mucho por lo que pedir en la peregrinación. Estamos peleando tanto por salir de ésta que cualquier ayuda, aunque sea espiritual, nos va a venir muy bien. Uno de cada tres estamos arañando la puerta de la pobreza, luchamos con todo con tal de que la miseria no entre en nuestras vidas y se quede para siempre. Por cada valiente que se atreve a poner en marcha un proyecto, tres cierran sus ilusiones sepultados por deudas y embargos. Por cada afortunado que ve recompensado sus esfuerzos y su formación, y consigue un empleo, por precario que sea, otros dos se ven en la calle demandando oportunidades para sobrevivir.
Si para que no falte sustento para los nuestros tenemos que trapichear, mentir, pervertir nuestros principios y comulgar con ruedas de molino, lo hacemos con la esperanza de que ya vendrán tiempos mejores. Queremos creer que el desastre tiene un final, y anhelamos que éste esté cerca, pues muchos no sabemos lo que podremos durar así, tapando un agujero tras otro sin lograr que se dejen de producir. Somos expertos en parches, maestros de la chapuza. Pero lo que necesitamos son soluciones inmediatas. Y éstas tardan demasiado.
Pedir que los responsables políticos actuales nos aporten la mínima posibilidad de levantar cabeza es quimera y fantasía. Entre sobornos, cohechos, acusaciones y operetas de descalificaciones no les queda tiempo para dedicarnos la atención que demandamos y necesitamos. Ellos van a lo suyo, a no quedarse fuera del reparto. Todo les da igual. De la pelea no nos va a sacar nadie salvo nosotros mismos.
Así que, peregrinemos, solicitemos auxilio, fortalezcamos nuestra fe en la salvación económica. Si el tiempo lo permite, ¡Faz Divina, misericordia!
Jueves
15 de abril de 2010
[ALICANTE] Faz Divina, misericordia
Hay mucho por lo que pedir en la peregrinación. Estamos peleando tanto por salir de ésta que cualquier ayuda, aunque sea espiritual, nos va a venir muy bien. Uno de cada tres estamos arañando la puerta de la pobreza, luchamos con todo con tal de que la miseria no entre en nuestras vidas y se quede para siempre. Por cada valiente que se atreve a poner en marcha un proyecto, tres cierran sus ilusiones sepultados por deudas y embargos. Por cada afortunado que ve recompensado sus esfuerzos y su formación, y consigue un empleo, por precario que sea, otros dos se ven en la calle demandando oportunidades para sobrevivir.
Si para que no falte sustento para los nuestros tenemos que trapichear, mentir, pervertir nuestros principios y comulgar con ruedas de molino, lo hacemos con la esperanza de que ya vendrán tiempos mejores. Queremos creer que el desastre tiene un final, y anhelamos que éste esté cerca, pues muchos no sabemos lo que podremos durar así, tapando un agujero tras otro sin lograr que se dejen de producir. Somos expertos en parches, maestros de la chapuza. Pero lo que necesitamos son soluciones inmediatas. Y éstas tardan demasiado.
Pedir que los responsables políticos actuales nos aporten la mínima posibilidad de levantar cabeza es quimera y fantasía. Entre sobornos, cohechos, acusaciones y operetas de descalificaciones no les queda tiempo para dedicarnos la atención que demandamos y necesitamos. Ellos van a lo suyo, a no quedarse fuera del reparto. Todo les da igual. De la pelea no nos va a sacar nadie salvo nosotros mismos.
Así que, peregrinemos, solicitemos auxilio, fortalezcamos nuestra fe en la salvación económica. Si el tiempo lo permite, ¡Faz Divina, misericordia!
¿Estamos locos?
La política se radicaliza. La gente se va colocando en los extremos de un sistema democrático que está sufriendo, tensionando la cuerda que hace de eje de equilibrio. El estamento judicial no pasa por su mejor momento; una serie de decisiones controvertidas, y se duda de su imparcialidad y honestidad.
¿Estamos locos? Antes había que confiar en la aplicación y en los aplicadores de la justicia, y ahora hay que negarles la autoridad, según sople el viento. Los juzgados y tribunales españoles han caído bajo el control de fachas con fusiles (para unos) o marionetas marxistas(para otros); los jueces han olvidado de golpe el por qué y el para qué están en su cargo, y han optado por alterar la paz social incitando a las armas. Con la policía inventando pruebas incriminatorias, los magistrados dejándose llevar por sus instintos, rencores y envidias, y la clase política acumulando el dinero en furgonetas, lo más conveniente sería salir a la calle y asaltar una armería para abastecernos de municiones.
Todo esto es como si alguien buscase que los españoles se posicionaran en las esquinas y se liaran a tiros entre ellos; como si el objetivo fuese montar un 36, pero a menor escala, para garantizarse que el poder no se les escapase y seguir cortando el bacalao, a cualquier precio. Por suerte, la mayoría de los españoles no estamos por la labor de dejarnos dominar por políticos ineptos y/o corruptos y/o manipuladores, ni por aquellos que a la sombra de éstos han encontrado un bien nutrido sustento.
Debemos defender la justicia en este país; confiar ciegamente en ella y dejarla actuar. Ya está bien de atacarla desde derecha e izquierda. Ya está bien de intentar controlarla a caprichos y necesidades propias. A ver si la respetamos un poco entre todos, o nos cargamos el sistema. Un poco de cabeza, por favor, o acabaremos mal, muy mal.
¿Estamos locos? Antes había que confiar en la aplicación y en los aplicadores de la justicia, y ahora hay que negarles la autoridad, según sople el viento. Los juzgados y tribunales españoles han caído bajo el control de fachas con fusiles (para unos) o marionetas marxistas(para otros); los jueces han olvidado de golpe el por qué y el para qué están en su cargo, y han optado por alterar la paz social incitando a las armas. Con la policía inventando pruebas incriminatorias, los magistrados dejándose llevar por sus instintos, rencores y envidias, y la clase política acumulando el dinero en furgonetas, lo más conveniente sería salir a la calle y asaltar una armería para abastecernos de municiones.
Todo esto es como si alguien buscase que los españoles se posicionaran en las esquinas y se liaran a tiros entre ellos; como si el objetivo fuese montar un 36, pero a menor escala, para garantizarse que el poder no se les escapase y seguir cortando el bacalao, a cualquier precio. Por suerte, la mayoría de los españoles no estamos por la labor de dejarnos dominar por políticos ineptos y/o corruptos y/o manipuladores, ni por aquellos que a la sombra de éstos han encontrado un bien nutrido sustento.
Debemos defender la justicia en este país; confiar ciegamente en ella y dejarla actuar. Ya está bien de atacarla desde derecha e izquierda. Ya está bien de intentar controlarla a caprichos y necesidades propias. A ver si la respetamos un poco entre todos, o nos cargamos el sistema. Un poco de cabeza, por favor, o acabaremos mal, muy mal.
miércoles, 14 de abril de 2010
Baltasar Garzón
Baltasar Garzón, al igual que el resto de los españoles, está sometido al imperio de la ley y debe cumplir con ella como el que más. Si se sabe inocente, no tiene el qué y el por qué temer; lo que obtendría de todo esto serían beneficios a nivel personal y profesional, dejando muy mal parados a aquellos que dudan de su honestidad.
El problema estriba en la discutible capacitación moral y ética de quien acusa. La democracia acoge en su regazo a todos, sin distinción; cualquiera tiene el derecho a un juicio justo, al igual que cualquiera puede interponer una denuncia. Corresponde a profesionales admitirla a trámite. Y, supuestamente, lo hacen cuando atisban indicios de delito o irregularidades.
Dado a su trabajo y trayectoria exhibida, al incuantificable valor de su lucha contra ETA y la corrupción política, creo que Garzón debe afrontar muy tranquilo el juicio y exponer su inocencia. Pero, si por desgracia, se demostrase alguna de las acusaciones que han motivado la causa, tendría que asumir con total disposición la sentencia, pues habría sobrepasado la línea de la ley. Algo que él, por su condición, debe conservar y preservar.
Pienso que no hay que flagelarse ni descarnarse las rodillas caminado en penitencia hasta los juzgados; considero que esto es bueno para el sistema, lo fortalece. Mucha gente, además de los de siempre, está con el juez, aprecia su trabajo, le valora y le apoya incondicionalmente. Otros, quizás menos, desearían ver su cabeza en una sala de trofeos. Pero, lo más importante de todo, es que en el medio se sitúa, poderosa y segura, la aliada más fiel de la democracia, la mejor amiga que puede encontrar cualquiera que se encuentre en la misma tesitura que Baltasar Garzón; la justicia, aquella dama ciega en la que tenemos el derecho y el deber de confiar.
El problema estriba en la discutible capacitación moral y ética de quien acusa. La democracia acoge en su regazo a todos, sin distinción; cualquiera tiene el derecho a un juicio justo, al igual que cualquiera puede interponer una denuncia. Corresponde a profesionales admitirla a trámite. Y, supuestamente, lo hacen cuando atisban indicios de delito o irregularidades.
Dado a su trabajo y trayectoria exhibida, al incuantificable valor de su lucha contra ETA y la corrupción política, creo que Garzón debe afrontar muy tranquilo el juicio y exponer su inocencia. Pero, si por desgracia, se demostrase alguna de las acusaciones que han motivado la causa, tendría que asumir con total disposición la sentencia, pues habría sobrepasado la línea de la ley. Algo que él, por su condición, debe conservar y preservar.
Pienso que no hay que flagelarse ni descarnarse las rodillas caminado en penitencia hasta los juzgados; considero que esto es bueno para el sistema, lo fortalece. Mucha gente, además de los de siempre, está con el juez, aprecia su trabajo, le valora y le apoya incondicionalmente. Otros, quizás menos, desearían ver su cabeza en una sala de trofeos. Pero, lo más importante de todo, es que en el medio se sitúa, poderosa y segura, la aliada más fiel de la democracia, la mejor amiga que puede encontrar cualquiera que se encuentre en la misma tesitura que Baltasar Garzón; la justicia, aquella dama ciega en la que tenemos el derecho y el deber de confiar.
martes, 13 de abril de 2010
Cobardía
Es una reacción cobarde. Atacar al mensajero, culpar al empedrado, escudarse en supuestas conspiraciones orquestadas para el desprestigio, no es afrontar el problema. El PP tiene la obligación de ser limpio y honesto; y debería aprovechar la oportunidad para eliminar a la escoria y a los profesionales del guinde que habían acampado en la formación.
Pero sin salirse por la tangente. No se puede defender lo indefendible en base a manejos policiales o maquinaciones periodísticas guiadas con habilidad por el maquiavélico gobierno. Vengan de donde vengan los ataques, lo cierto es que una parte de la oficialidad popular se había abandonado al saqueo descontrolado; y esto requiere una solución tajante, sin vacilaciones que generen dudas. El partido debe entregar a la justicia a aquellos que se han estado burlando de todos, y colaborar con ella para que la sanción seas lo más dura posible.
Es evidente que el jaleo, que el tejemaneje de sobornos y cohechos, beneficia políticamente a un gobierno que estaba en las últimas, en equilibrio sobre una cuerda sostenida en los extremos por la pasividad de los sindicatos. Ahora, Zapatero y los suyos han tomado aire y, aprovechando que el pueblo piensa más en una guillotina para los corruptos populares, que en fusilar por ineptos a los socialistas gobernantes ,pretenden sacar pecho. Pero que no lo enseñen mucho, que se les puede partir. Los problemas que habían antes de estos follones, siguen existiendo ahora y con la misma virulencia, o mayor si me apuras. Y su torpe ejecución continúa sin darles remedio.
Si es que, al fin y al cabo, entre ineptos y mangantes estamos servidos.. Cuando llegue la hora de decidir, tendremos que optar o bien por el que no sabe y no da una, o bien por el que sabe demasiado y se lo lleva bonito. ¡País!...
Pero sin salirse por la tangente. No se puede defender lo indefendible en base a manejos policiales o maquinaciones periodísticas guiadas con habilidad por el maquiavélico gobierno. Vengan de donde vengan los ataques, lo cierto es que una parte de la oficialidad popular se había abandonado al saqueo descontrolado; y esto requiere una solución tajante, sin vacilaciones que generen dudas. El partido debe entregar a la justicia a aquellos que se han estado burlando de todos, y colaborar con ella para que la sanción seas lo más dura posible.
Es evidente que el jaleo, que el tejemaneje de sobornos y cohechos, beneficia políticamente a un gobierno que estaba en las últimas, en equilibrio sobre una cuerda sostenida en los extremos por la pasividad de los sindicatos. Ahora, Zapatero y los suyos han tomado aire y, aprovechando que el pueblo piensa más en una guillotina para los corruptos populares, que en fusilar por ineptos a los socialistas gobernantes ,pretenden sacar pecho. Pero que no lo enseñen mucho, que se les puede partir. Los problemas que habían antes de estos follones, siguen existiendo ahora y con la misma virulencia, o mayor si me apuras. Y su torpe ejecución continúa sin darles remedio.
Si es que, al fin y al cabo, entre ineptos y mangantes estamos servidos.. Cuando llegue la hora de decidir, tendremos que optar o bien por el que no sabe y no da una, o bien por el que sabe demasiado y se lo lleva bonito. ¡País!...
domingo, 11 de abril de 2010
Hacer puñetas
Nos enfrentamos a varios problemas de muy difícil solución. La derecha política ha mostrado su cara ladrona, arrimada al poder y al dinero y ocupada en enriquecerse. Una banda de malhechores. La izquierda luce un rostro lerdo, torpe e inútil, incapaz de obrar con efectividad, falto de recursos y preparación. Un desastre como gobierno. Los sindicatos están hermanados con el inepto legislador, y comparten inactividades y bastantes responsabilidades con él. Se mueven menos que el toro de Osborne. Las formaciones que podrían actuar como alternativas no comunican nada, ni bueno ni malo, nada de nada. Son libretas en blanco, bolígrafos sin tinta.
No hay nadie por ahí arriba en el que se pueda confiar, alguien en el que apetezca depositar tu afecto libre y soberano. La oposición y el gobierno del país se han establecido como academias formativas; en unas te enseñan a robar carteras, y en la otra a vaciarlas a cambio de nada. Los jueces andan a la gresca entre ellos, entre prevaricaciones, rencores y venganzas. Incluso, estamos abandonados de la mano de Dios; el pobre también tiene lo suyo con sus representantes en la Tierra.
¿Qué nos queda? Lo de siempre; las ganas de vivir, de pelear por los nuestros, de disfrutar de lo que tenemos, de intentar ser felices aunque nos lo pongan difícil. Ganas, ganas y más ganas que se traducen en esfuerzo y sacrificio. Y en esto estamos. Pero sin quitarse el placer y el gustazo de, con toda la cortesía y educación del mundo mundial, mandar a hacer puñetas a los anteriormente citados, deseándoles que reciban a no muy tardar el premio que merezcan cada uno de ellos, sin excepción. Que hay para todos…
No hay nadie por ahí arriba en el que se pueda confiar, alguien en el que apetezca depositar tu afecto libre y soberano. La oposición y el gobierno del país se han establecido como academias formativas; en unas te enseñan a robar carteras, y en la otra a vaciarlas a cambio de nada. Los jueces andan a la gresca entre ellos, entre prevaricaciones, rencores y venganzas. Incluso, estamos abandonados de la mano de Dios; el pobre también tiene lo suyo con sus representantes en la Tierra.
¿Qué nos queda? Lo de siempre; las ganas de vivir, de pelear por los nuestros, de disfrutar de lo que tenemos, de intentar ser felices aunque nos lo pongan difícil. Ganas, ganas y más ganas que se traducen en esfuerzo y sacrificio. Y en esto estamos. Pero sin quitarse el placer y el gustazo de, con toda la cortesía y educación del mundo mundial, mandar a hacer puñetas a los anteriormente citados, deseándoles que reciban a no muy tardar el premio que merezcan cada uno de ellos, sin excepción. Que hay para todos…
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