Tenemos dos hijos maravillosos: un niño de cuatro años, energía pura en continuo movimiento, y una preciosa señorita de diez que ha crecido como el tiempo en el que vivimos, saltándose a la torera su infancia y estableciéndose invasivamente en lo que ahora llaman pre pubertad. Todo lo que hacemos desde que nos levantamos hasta que nos acostamos tiene como destinatario su bienestar. Peleamos, como el resto de padres y madres, para que ellos no sufran, para que a ellos no les falte nada de lo necesario para vivir con dignidad. Incluso, cuando las circunstancias lo permiten, algún capricho que otro les otorgamos Encima, no tenemos la suerte de poder contar con la inestimable ayuda de los abuelos, por lo que nos zampamos todo solos. Son nuestros hijos y nuestra vida les pertenece.
He aquí que llega el verano, y con él, las vacaciones de los hijos. El colegio descansa en su actividad educativa, y la formación ininterrumpida que los niños requieren pasa a ser labor única y exclusiva de los padres. Para eso estamos, ¿no? Ellos no pidieron nacer, y es nuestra responsabilidad que crezcan tal y cómo demandan. Y en esto de exigir, los hijos son inflexibles: lo quieren todo, sin escatimar, y lo quieren de golpe. No existe el racionamiento, solicitan condensar en unos días lo que, por el trabajo y la vida que llevamos, no les damos el resto del año. Papá y mamá son ahora instrumentos para lograr la felicidad, juguetes irrompibles que manejar y por los que competir. No se les puede fallar, pues no lo entenderían. De seres humanos pasamos a posesiones, vehículos con los que y en los que descargar todo su potencial, elementos indestructibles y todopoderosos que sirven para realizar sus deseos. Ahí es nada. Nos ven como máquinas productoras de sueños y juegos a las que controlan. Establecen su gobierno en nuestras vidas, marcan sus leyes, y, por mucho que te rebeles, acaban dominando la situación.
Es una dictadura, ejercida por unos hijos que no saben, ni falta que les hace, lo que cuesta sobrevivir. Ellos, con que estemos a su disposición en cualquier momento, tienen bastante. Todo lo demás, no es asunto suyo. Y nosotros, de una forma u otra, cedemos y nos multiplicamos, y producimos toda la felicidad que somos capaces de generar. Aunque, en ocasiones, no sea bastante. Nunca es suficiente, siempre quieren más. Creen poseer el derecho a ello. Es más, yo diría que de facto lo tienen.
Un sitio donde reflejar lo que piensas. Te invito a que compartas conmigo tu libertad.
lunes, 9 de agosto de 2010
viernes, 6 de agosto de 2010
¡Qué calor!
Tonto que es uno, o lo parece, y atontado que está por el calor, entre chorretones de sudor e intentando cazar esos malditos mosquitos que te brean los tobillos y los dedos de los pies, las noches de agosto dan para mucho que pensar. Buscas el fresco en el balcón rezando para que el sueño se apodere de ti y te invada dulce y reparador. En esas estás, expulsando de tu mente los ruidos y silencios (en ocasiones más inquietantes estos últimos), relajando los músculos y anulando los sentidos, cuando, como una saeta certera, siempre, indefectiblemente, algún resquicio de tu realidad se aviva en ti, prende tu conocimiento y te desvela al reavivar su fuego. Política, sociedad, problemas de trabajo, la educación de los niños o los gemidos de la vecina de enfrente. Cualquier cosa vale para destrozarte el descanso.
Comienza entonces otra noche más en blanco. Te refugias en la música, sintonizas todos los canales de radio existentes sobre la faz de la tierra, hurgas en libros y revistas, conectas el televisor para inmediatamente devolverlo a la oscuridad ante lo infame de la programación, pecas asaltando la nevera, y las horas se transforman en días. A los que nos gusta escribir la inspiración nos abandona para tomarse un helado en otro sitio y nos cierra, golpeada por el calor, nuestra mejor forma de expresión. Papel y teclado se muestran en blanco pues, al igual que nosotros, no tienen ganas de nada. Todo lo que podrías plasmar sobre ellos ya está en el ambiente: la temperatura es alta, altísima, y no tiene pinta de dar una tregua. Los cuerpos están agotados, lasos y sin fuerza, reclamando frescura para poder funcionar. Los cerebros, ya de por sí de dudosa resistencia y capacidad, se han derretido ante los calores presentes y futuros. Sólo un golpe de brisa, una pequeña caricia de aire nuevo y refrescante alcanzaría a revitalizar lo que ya no sirve para casi nada.
Todo este desvarío, este roción de palabras vierte su significado en un único destino, en una conclusión clara: algo tiene que cambiar, deben alterarse las instituciones y sus estructuras, y tiene que ocurrir ya, antes de que este calor nos mate
Comienza entonces otra noche más en blanco. Te refugias en la música, sintonizas todos los canales de radio existentes sobre la faz de la tierra, hurgas en libros y revistas, conectas el televisor para inmediatamente devolverlo a la oscuridad ante lo infame de la programación, pecas asaltando la nevera, y las horas se transforman en días. A los que nos gusta escribir la inspiración nos abandona para tomarse un helado en otro sitio y nos cierra, golpeada por el calor, nuestra mejor forma de expresión. Papel y teclado se muestran en blanco pues, al igual que nosotros, no tienen ganas de nada. Todo lo que podrías plasmar sobre ellos ya está en el ambiente: la temperatura es alta, altísima, y no tiene pinta de dar una tregua. Los cuerpos están agotados, lasos y sin fuerza, reclamando frescura para poder funcionar. Los cerebros, ya de por sí de dudosa resistencia y capacidad, se han derretido ante los calores presentes y futuros. Sólo un golpe de brisa, una pequeña caricia de aire nuevo y refrescante alcanzaría a revitalizar lo que ya no sirve para casi nada.
Todo este desvarío, este roción de palabras vierte su significado en un único destino, en una conclusión clara: algo tiene que cambiar, deben alterarse las instituciones y sus estructuras, y tiene que ocurrir ya, antes de que este calor nos mate
Nuestros políticos y el CIS
Van los terceros, aunque en ellos está el origen de lo que ocupa la primera posición y, sobre todo, son los responsables directos de lo situado en segundo lugar. Me refiero a la clasificación de la encuesta última del CIS, en la que los españoles han establecido cuáles son sus mayores preocupaciones. Como no podía ser de otra forma, el paro se lleva la palma (ya hay más de un millón trescientas mil familias con todos sus componentes sin empleo). A continuación, los problemas económicos, consecuencia directa de lo primero. Y, en un meritorio tercer puesto, andan ya, estableciendo sus argumentos con fuerza, los miembros de la casta política. Este infame colectivo, con su oscuro comportamiento y su nula capacitación, provoca paro y destruye la economía.
La sociedad española cada vez habla más claro: no nos fiamos de los que nos representan, no creemos en aquellos que un buen día elegimos para que nos traicionaran. El mensaje dirigido hacia los profesionales políticos es nítido y contundente: que cojan sus bártulos y se marchen lejos, muy lejos, donde no puedan seguir haciendo daño. Pero, hete aquí que nos tropezamos con una generación de sordos de conveniencia, que oyen lo que quieren, y de sinvergüenzas sin escrúpulos que se resisten a abandonar el lucrativo negociete que han montado con sus colegas de tropelías.
Son unas encuestas cuyos resultados los interpreta cualquiera y que en un país normal con políticos normales y un pueblo un poco más inquieto que el nuestro, más preocupado en otras cosas, tendrían unas consecuencias que ya quisiera yo para España. Pero aquí, por el momento, seguimos tragando quina.
La sociedad española cada vez habla más claro: no nos fiamos de los que nos representan, no creemos en aquellos que un buen día elegimos para que nos traicionaran. El mensaje dirigido hacia los profesionales políticos es nítido y contundente: que cojan sus bártulos y se marchen lejos, muy lejos, donde no puedan seguir haciendo daño. Pero, hete aquí que nos tropezamos con una generación de sordos de conveniencia, que oyen lo que quieren, y de sinvergüenzas sin escrúpulos que se resisten a abandonar el lucrativo negociete que han montado con sus colegas de tropelías.
Son unas encuestas cuyos resultados los interpreta cualquiera y que en un país normal con políticos normales y un pueblo un poco más inquieto que el nuestro, más preocupado en otras cosas, tendrían unas consecuencias que ya quisiera yo para España. Pero aquí, por el momento, seguimos tragando quina.
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Vacaciones muy cortas
El presidente del Gobierno y los altos cargos del mismo van a reducir sus vacaciones a dos “fines de semana largos”. En el caso de Zapatero, uno en León y otro en la finca Quintos de Mora. De los demás, ni se sabe y ni ganas de saberlo. Algunos pensamos que si no retornan a sus puestos el 20 de agosto, como está previsto, mejor que mejor. Pero no fallarán no sea que les remuevan el asiento y se vean con las puertas de sus despachos cerradas a cal y canto. El jefe anda inquieto, se le escapa Madrid de las manos y la orquesta desafina. Y eso él, firme y autoritario, no va a permitirlo, faltaría más. Así que, a seguir liándola con los mismos, que hay que ser coherente, qué puñetas.
Es curioso leer la opinión de los psicólogos respecto del tema de las vacaciones de aquellos que tienen grandes responsabilidades públicas. Acortar éstas puede generar ansiedad, estrés, rechazo al trabajo, hastío, desconcentración, irritabilidad, apatía y necesidad de apartarse de las obligaciones laborales, desembocando todo en un “si el mundo se acaba no es culpa mía”.
Pues vaya por Dios. Va a resultar que lo que nos hubiera venido de muerte a los españoles es que los componentes de nuestra casta política hubieran disfrutado de períodos de descanso extensos y llenos de actividades lúdicas que les hiciesen olvidar sus cometidos. De esta forma quizás nos hubiésemos librado de tanta metedura de pata y tantas sinrazones, ya que su concentración e interés hubieran sido mayores: no se habrían desentendido de sus verdaderas obligaciones, cumpliendo con aquello por lo que están donde están, y esa apatía y desgana de la que han hecho muestra en ocasiones, se habría tornado en atención y esfuerzo. En cuanto al rechazo al trabajo, permítanme disentir: el que se mete en estas lides, trabajar, lo que se dice trabajar, más de uno hay hay que no conoce ni el significado. En fin, que es culpa nuestra: con que fueran a la toma de posesión y firmasen un par de veces al mes, sobraría, que el país funciona mejor solo. En vez de comisiones y reuniones, spa y pádel, y a vivir que son dos días.
Es curioso leer la opinión de los psicólogos respecto del tema de las vacaciones de aquellos que tienen grandes responsabilidades públicas. Acortar éstas puede generar ansiedad, estrés, rechazo al trabajo, hastío, desconcentración, irritabilidad, apatía y necesidad de apartarse de las obligaciones laborales, desembocando todo en un “si el mundo se acaba no es culpa mía”.
Pues vaya por Dios. Va a resultar que lo que nos hubiera venido de muerte a los españoles es que los componentes de nuestra casta política hubieran disfrutado de períodos de descanso extensos y llenos de actividades lúdicas que les hiciesen olvidar sus cometidos. De esta forma quizás nos hubiésemos librado de tanta metedura de pata y tantas sinrazones, ya que su concentración e interés hubieran sido mayores: no se habrían desentendido de sus verdaderas obligaciones, cumpliendo con aquello por lo que están donde están, y esa apatía y desgana de la que han hecho muestra en ocasiones, se habría tornado en atención y esfuerzo. En cuanto al rechazo al trabajo, permítanme disentir: el que se mete en estas lides, trabajar, lo que se dice trabajar, más de uno hay hay que no conoce ni el significado. En fin, que es culpa nuestra: con que fueran a la toma de posesión y firmasen un par de veces al mes, sobraría, que el país funciona mejor solo. En vez de comisiones y reuniones, spa y pádel, y a vivir que son dos días.
Apátridas a la fuerza
A pesar de, y también porque creo que la patria es un sentimiento y un derecho, me cuesta comprender cómo pueden existir personas que viven sin pertenecer a ningún sitio, sin la protección que establece una ley porque no hay legislación que se les pueda aplicar. Un apátrida es aquél cuyo Estado ha desaparecido, devorado siempre por la política y, en ocasiones, también por las guerras: el que integra un colectivo que el Estado de nacimiento no reconoce y niega el derecho a la nacionalidad: el que ha nacido en un territorio disputado por varios países y no pertenece a ninguno de ellos: aquél cuyo gobierno retira la nacionalidad o, por último, el que renuncia voluntariamente a ésta. Las Naciones Unidas acordaron que los apátridas debían poseer los mismos derechos que los extranjeros. España desarrolló un Reglamento de Reconocimiento de Estatuto de Apátrida y conformó los requisitos que se tienen que cumplir para ser considerado como tal.
¿A santo de qué viene este rollo? En esta España abocada a la secesión democrática, destinada a desenvolverse en estados federales, más de uno y más de dos se encontrarán con que la patria en la que nacieron y a la que desean pertenecer ya no existe, que es otra distinta que brota de reivindicaciones históricas, de raíces más antiguas, y que establecerá sus normas y legislará, en buena lógica, a su acomodo. Entonces, a pesar de tener como propio el derecho natural de considerarse español, la política dictaminará qué patria corresponderá, y borrará este sentimiento igual de justo y de legítimo que cualquier otro. Será entonces cuando habrá que decidir entre la sumisión, la rebelión, el exilio voluntario, o la renuncia a la nueva patria, dada la imposibilidad de mantener la misma con la que se nació. Quizás esta última solución no sea la peor. Siempre estará mejor tratado el apátrida como un extranjero que un español, opresor e imperialista para según qué ojos.
Creo que tenemos que elegir con libertad cuál es nuestra patria y acogernos a ella sin que nadie nos la imponga. Esto debería de valer para todos. Catalanes, vascos y gallegos tienen el derecho histórico de ser catalanes, vascos y gallegos así como también el de ser españoles. Derecho, que no obligación (ni de lo uno ni de lo otro). La patria es personal, no una imposición, la elige uno mismo, no ella a ti. A ver cómo se legisla esto para que sea mínimamente justo y políticamente correcto.
¿A santo de qué viene este rollo? En esta España abocada a la secesión democrática, destinada a desenvolverse en estados federales, más de uno y más de dos se encontrarán con que la patria en la que nacieron y a la que desean pertenecer ya no existe, que es otra distinta que brota de reivindicaciones históricas, de raíces más antiguas, y que establecerá sus normas y legislará, en buena lógica, a su acomodo. Entonces, a pesar de tener como propio el derecho natural de considerarse español, la política dictaminará qué patria corresponderá, y borrará este sentimiento igual de justo y de legítimo que cualquier otro. Será entonces cuando habrá que decidir entre la sumisión, la rebelión, el exilio voluntario, o la renuncia a la nueva patria, dada la imposibilidad de mantener la misma con la que se nació. Quizás esta última solución no sea la peor. Siempre estará mejor tratado el apátrida como un extranjero que un español, opresor e imperialista para según qué ojos.
Creo que tenemos que elegir con libertad cuál es nuestra patria y acogernos a ella sin que nadie nos la imponga. Esto debería de valer para todos. Catalanes, vascos y gallegos tienen el derecho histórico de ser catalanes, vascos y gallegos así como también el de ser españoles. Derecho, que no obligación (ni de lo uno ni de lo otro). La patria es personal, no una imposición, la elige uno mismo, no ella a ti. A ver cómo se legisla esto para que sea mínimamente justo y políticamente correcto.
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lunes, 2 de agosto de 2010
Querida Leire Pajín -DIARIO YA
Estimada Leire. ¿Qué estás vendiendo? ¿Qué haces en nuestras vidas? Yo, con libertad, te lo coy a contar.
Demagogia de mercadillo. Palabras vacías que pretenden justificar lo irracional y lo absurdo. Mentiras vestidas de flores que prometen un futuro de color rosa, gratuitas falsedades para adular la mano del que te da de comer (muy bien, por cierto, pues menudo negocio tenéis montado entre tú con tus sueldos y los tuyos en Benidorm). Disculpa el tratamiento familiar que te dispenso, pero no creo que te hayas ganado el de usía. Tú eres el exponente de la clase política a erradicar del país si queremos los españoles de bien resucitar de entre los muertos económicos y volver a vivir con dignidad. En tanto existan en las altas esferas de gobierno gente de tu catadura, con esa facilidad para engañar y disfrazar la realidad, con idéntica y nula preparación para afrontar con garantías los problemas que la casta política crea con su inutilidad, y con la ausencia de vergüenza que tú demuestras con tus actos y palabras, en España no encontraremos ninguna solución que se ajuste realmente a nuestras necesidades.
No es que te tenga manía. Es que no te aprecio, te considero una lacra, que se ha estado beneficiando cobrando por varios conceptos lo de varias familias. No he encontrado a lo largo del tiempo en el que te han encumbrado, en base a no sé qué méritos a favor de la sociedad, nada que pudiera motivar lo que te hemos estado pagando. En resumen, y sin ánimo de ofender, me has estado quitando alevosamente parte de mi salario para engordar con gula y avaricia tus ingresos, y no has hecho nada para merecértelo. Me gustas más callada que expeliendo improperios o, por poner un ejemplo, exponiendo razones para dar sentido a una reforma laboral de corte totalitario. Aunque sé que este mensaje no te va a llegar, y si así fuese ni caso le ibas a hacer, no me quiero privar de pedirte un favor, en nombre del buen gusto y de la decencia: con todo lo que tienes ya, invierte en algo que te obligue a desaparecer de la política nacional y piérdete lejos. No te das cuenta, pero ya cansas, incluyo a los tuyos (entendiendo como tales a los socialistas de verdad, y no a los nuevos ricos como tú). Adiós muy buenas.
Demagogia de mercadillo. Palabras vacías que pretenden justificar lo irracional y lo absurdo. Mentiras vestidas de flores que prometen un futuro de color rosa, gratuitas falsedades para adular la mano del que te da de comer (muy bien, por cierto, pues menudo negocio tenéis montado entre tú con tus sueldos y los tuyos en Benidorm). Disculpa el tratamiento familiar que te dispenso, pero no creo que te hayas ganado el de usía. Tú eres el exponente de la clase política a erradicar del país si queremos los españoles de bien resucitar de entre los muertos económicos y volver a vivir con dignidad. En tanto existan en las altas esferas de gobierno gente de tu catadura, con esa facilidad para engañar y disfrazar la realidad, con idéntica y nula preparación para afrontar con garantías los problemas que la casta política crea con su inutilidad, y con la ausencia de vergüenza que tú demuestras con tus actos y palabras, en España no encontraremos ninguna solución que se ajuste realmente a nuestras necesidades.
No es que te tenga manía. Es que no te aprecio, te considero una lacra, que se ha estado beneficiando cobrando por varios conceptos lo de varias familias. No he encontrado a lo largo del tiempo en el que te han encumbrado, en base a no sé qué méritos a favor de la sociedad, nada que pudiera motivar lo que te hemos estado pagando. En resumen, y sin ánimo de ofender, me has estado quitando alevosamente parte de mi salario para engordar con gula y avaricia tus ingresos, y no has hecho nada para merecértelo. Me gustas más callada que expeliendo improperios o, por poner un ejemplo, exponiendo razones para dar sentido a una reforma laboral de corte totalitario. Aunque sé que este mensaje no te va a llegar, y si así fuese ni caso le ibas a hacer, no me quiero privar de pedirte un favor, en nombre del buen gusto y de la decencia: con todo lo que tienes ya, invierte en algo que te obligue a desaparecer de la política nacional y piérdete lejos. No te das cuenta, pero ya cansas, incluyo a los tuyos (entendiendo como tales a los socialistas de verdad, y no a los nuevos ricos como tú). Adiós muy buenas.
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Hay otras cosas
Mientras estamos entretenidos con los toros, no nos preocupamos de otros temas. Muchas pequeñas y medianas empresas van a colgar el cartel de cerrado por vacaciones para, después de liquidado agosto, no volver a abrir. Un millón trescientos mil hogares tienen el dudoso honor de contar con todos sus miembros en el puñetero paro. Los hoteles en las zonas turísticas no llenan ni a euro la habitación. Las tiendas y centros comerciales no venden ni rebajando lo rebajado. Los paseos marítimos se llenan de gente paseando, paseando y venga a pasear, pero de gastar nada de nada.
Pero tenemos taurinos y anti taurinos enfrascados en discusiones sobre la fiesta (mejor omitir lo de nacional, no se ofenda alguien). Nuestros políticos, tras la tregua del mundial de fútbol, se han tropezado con otro debate que sumerge en el olvido sus continuos y constantes atentados contra la razón. Bendito país para manipular aquél cuyo pueblo prefiere liarse entre sí antes de emprenderla con aquellos que de verdad descontrolan el cotarro.
Con esto no quiero decir que carezca de importancia el tema toros sí o toros no. La tiene, y mucha, pues tocar las tradiciones y destruirlas es no respetar la historia e identidad propias. Por otro lado, es de ley comprender a los que no consideran fiesta la tortura y ejecución de un animal. A mí, personalmente, los toros no me molestan, ni fu ni fa. Lo que sí que me fastidia sobremanera es el totalitarismo de salón, la castración de la libertad para decidir, pensar y sentir: prohibir algo es asesinar con alevosía el derecho de todos de optar sin presiones por aquello que apetece, sin más, si entrar en guerras políticas y demás maniobras de distracción orquestadas por la casta que dirige el Estado y las Autonomías. Nos cargamos el juego democrático y no nos estamos dando cuenta
Pero tenemos taurinos y anti taurinos enfrascados en discusiones sobre la fiesta (mejor omitir lo de nacional, no se ofenda alguien). Nuestros políticos, tras la tregua del mundial de fútbol, se han tropezado con otro debate que sumerge en el olvido sus continuos y constantes atentados contra la razón. Bendito país para manipular aquél cuyo pueblo prefiere liarse entre sí antes de emprenderla con aquellos que de verdad descontrolan el cotarro.
Con esto no quiero decir que carezca de importancia el tema toros sí o toros no. La tiene, y mucha, pues tocar las tradiciones y destruirlas es no respetar la historia e identidad propias. Por otro lado, es de ley comprender a los que no consideran fiesta la tortura y ejecución de un animal. A mí, personalmente, los toros no me molestan, ni fu ni fa. Lo que sí que me fastidia sobremanera es el totalitarismo de salón, la castración de la libertad para decidir, pensar y sentir: prohibir algo es asesinar con alevosía el derecho de todos de optar sin presiones por aquello que apetece, sin más, si entrar en guerras políticas y demás maniobras de distracción orquestadas por la casta que dirige el Estado y las Autonomías. Nos cargamos el juego democrático y no nos estamos dando cuenta
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