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jueves, 14 de octubre de 2010

Un pueblo vergonzoso

Bien. Somos un pueblo maleducado, grosero e insensible, que continuamente demuestra su vergonzoso proceder. No tenemos ni perdón ni formación, no respetamos ni lo más sagrado, deberíamos salir a la calle con bozal y, como borregos sumisos, comulgar con todas las piedras de molino que nos obligan a engullir a destajo. Dado nuestro carácter reaccionario y vulgar, lo más aconsejable es que obedezcamos siempre al guión que establezca el mandamás de turno sin salirnos ni una letra bajo amenaza de sanción y/o condena. Entonces, y sólo entonces, seremos merecedores de consideración por parte de la justa, comedida y gloriosa clase política gobernante, grupo rector que se desvive por nosotros y que es digno receptor de loas y salves por lo majestuoso de su ejecución pública.
Esto es lo que se desprende de las manifestaciones post-abucheos de los miembros de la cúpula socialista. Es tal su determinación para reprimir a los ciudadanos que van a proponer un cambio en el protocolo del desfile del día de la fiesta nacional. El objetivo, por mucho que lo disfracen, no es otro que el de limitar la libertad de expresión y así proteger al jefe de las iras de los españoles. Uno de ellos lo ha definido muy bien cuando ha afirmado que en ningún país del mundo se produciría algo parecido a lo acontecido contra Zapatero, que no contra los caídos por España. Tiene toda la razón: sólo aquí puede darse el caso de que un desastroso presidente y su nefasta cohorte de ministros continúe gobernando después del galimatías social y la hecatombe económica que han provocado. Tenemos lo que tenemos porque no hemos sabido reaccionar en su momento, porque nos hemos convertido en un pueblo dócil y acomodado que empujado por la necesidad ha olvidado su orgullo.
Pero en fin, el año que viene aquellos que asistan al desfile, si las circunstancias sociales y políticas son similares y siguen los mismos lobos al frente del rebaño, ya saben lo que les espera. Esparadrapo en la boca y a recitar lo que la madre superiora ordene. Y al que no lo haga, chivatos pondrá Carmen Chacón para que sea delatado y quién sabe si fichado… Esto sí que es de vergüenza, señor Bono. Esto sí.

martes, 12 de octubre de 2010

Suprimir la fiesta nacional

Hay que eliminar la fiesta nacional. No. No me refiero a los toros. Eso ya está en camino de desintegrarse por obra y gracia de intereses políticos. Tampoco hablo del noble arte de pegar un cabezada después de comer aunque algunos, como decía Cela, hagan siestas de pijama y orinal. Envidia cochina que les tengo. No se trata de suprimir la sana costumbre del tapeo y la caña, el que pueda permitírselo, ni el buen hábito de algunos sábados, sabadetes, que los cuerpos no están para mucho más. No van por ahí los tiros.
El objetivo de esta iniciativa es cepillarse de un plumazo el doce de octubre, no vayan a molestarse las distintas nacionalidades que jalonan el territorio español. Le quitamos unas gradas este año, el que viene unas cuantas más, al siguiente, el que quiera sentarse que se traiga la silla de casa, al otro, en vez de desfilar por una avenida, que recorran alguna travesía que no incordie tanto el tráfico y así, recorte tras recorte, en unos quince años el que quiera asistir a la representación, que avise por escrito: se le envían por correo un par de capítulos de Águila Roja con una foto dedicada del rey que gobierne por entonces, que supuestamente será Felipe tropecientos, que he perdido la cuenta de cuántos hay ya en la historia, y ya está. Para qué más.

Eso sí. Tiene que seguir siendo festivo, que tampoco hay que ser tan estrictos con el tema. Se le cambia el lema, el motivo y ya está, miel sobre hojuelas. En vez del arcaico” Día de la Hispanidad”, llamarlo “Día de las múltiples e independientes naciones que seccionan graciosamente una pequeña península que se odia de norte a sur” o algo por el estilo. Se admiten sugerencias a la estupidez.