José Blanco, ministro de Fomento y agradecido hasta arrastrarse, considera que la historia colocará a José Luis Rodríguez Zapatero "en el lugar que se merece". El también portavoz del gobierno se ha mostrado convencido de que habrá un reconocimiento en su momento a la gestión realizada a lo largo de los últimos ocho años. En una entrevista a Europa Press, Blanco ha dicho que está seguro de que la historia pondrá las cosas en su sitio y de que la historia juzgará la determinación con la que se afrontaron medidas imprescindibles y necesarias para afrontar los desafíos que tenía la economía española.
El también vicesecretario general del PSOE, en plena diarrea mental, ha señalado que "no hubo un periodo de tiempo tan corto y en el que más se hiciera por el reconocimiento de derechos y por la ampliación de oportunidades de la gente", para después concluir con un glorioso "Y eso sigue siendo así a pesar de las dificultades".
No miente el cobista, no. Sólo que se equivoca en la ubicación en la que la razón y la lógica colocarán a su jefe y amigo. En los libros y en la memoria hay un sitio guardado para José Luis Rodríguez Zapatero, en el lugar donde moran para no ser olvidados aquellos gobernantes que causan daños irreparables a sus gobernados. El aún Presidente del Gobierno va a disfrutar del mérito de haberse convertido en el peor presidente de la Historia de este país, por los siglos de los siglos. Por la ineptitud propia y por haberse rodeado de ineptos. Por la incapacidad propia y por haberse rodeado de incapaces. Por la impotencia propia y por haberse rodeado de incompetentes. Por la torpeza propia y por haberse rodeado de torpes. Por la propia prepotencia y por haberse rodeado de prepotentes. Por tantas cosas que le situarán, sin duda, en un lugar privilegiado de la historia.
Ahora bien. Lo que es intolerable, por falaz y ultrajante, es llenarse la boca de gloria y nombrar reconocimientos de derechos y ampliación de oportunidades un miembro destacado del desastroso equipo, capitaneado por Zapatero, que se ha cargado pasado, presente y futuro del país. José Blanco también ocupará un sitio destacado, junto a aquellos grandes hombres que supieron arrimarse bien al poderoso para, sin formación ni preparación, trepar, trepar y trepar, colocarse en lo más alto y desde ahí desplegar su torpeza. Grande es Pepinho. Un ejemplo a estudiar de cómo, con muy poco merecido, mucho conseguido. Una manera de demostrar que para ser listo no hace falta estudiar (creo yo que para ser ministro, quizás sí que fuera necesario, pero bueno, qué le vamos a hacer, toda la vida en política deja poco tiempo libre para capacitarse, los viajes, los mítines, hacer la pelota, lamer la mano del señor, el vasallaje moral, etcétera, demasiado para coger un libro de Derecho y sacarse alguna asignatura, y además, total, para qué, si gano más donde estoy que por los juzgados pencando, que aquí me lo llevo sin sudarlo, no te creas tú, que hay abogados debajo de las piedras, y yo no me veo defendiendo chorizos y tal, que eso debe cansar,…).
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lunes, 15 de agosto de 2011
miércoles, 2 de febrero de 2011
El español más caro de la historia
Dicen que el español más caro es Fernando Torres, antes de rojo y ahora de azul. 58 millones de euros es el precio que se ha pagado por contratar sus servicios. Pero la afirmación es errónea. Hay otro por el que ha habido que apoquinar más, pero que mucho más, desde hace mucho tiempo y hasta el día en curso, en el que continúa impertérrito saqueándonos los bolsillos sin descanso y sin pudor. Vale que comparar es odioso, aunque también inevitable en según qué casos. Pensemos fríamente; si el “niño” es un delantero resolutivo al que se valora por su eficiencia, el verdadero hombre record en esto del desembolso desmadrado, eficiente, lo que se dice eficiente, pues va a ser que no; meter goles, mete el sujeto, pero en propia puerta. Se cuela uno tras otro, con tal potencia que encima agujerea las redes dejándolas inservibles. Y lo más cruel de todo es que los celebra abrazándose con los suyos, que como no saben a qué juegan, lo mismo les da donde entren los balones.
Torres es una apuesta que, a medio plazo, puede ser muy rentable. El grande, el talentoso, el divino, el genio, el sabio, el maravilloso, el increíble e inigualable estadista que nos cuesta la vida, es una ruina con piernas. Torres, al lado del puñal que nos gobierna, en lo relativo al monto, es como un céntimo en la cueva de los cuarenta ladrones, pequeña, insignificante miseria entre tamaña riqueza. A nuestro agujero negro es imposible hacerle sombra, una plaga, la Apocalipsis a crédito, pasarán generaciones hasta que, con mucho sacrificio, recuperemos lo invertido en su fichaje.
Así que, con toda seguridad, el español más caro de la historia (a los datos me remito) no es otro más que el azote de los pobres, el exterminador, el tío Viruelas, el magnífico y, sobre todo, indefinible José Luis Rodríguez Zapatero. Que Dios lo guarde en su gloria, y que esa gloria se encuentre muy lejos de aquí. Pero que muy lejos.
Torres es una apuesta que, a medio plazo, puede ser muy rentable. El grande, el talentoso, el divino, el genio, el sabio, el maravilloso, el increíble e inigualable estadista que nos cuesta la vida, es una ruina con piernas. Torres, al lado del puñal que nos gobierna, en lo relativo al monto, es como un céntimo en la cueva de los cuarenta ladrones, pequeña, insignificante miseria entre tamaña riqueza. A nuestro agujero negro es imposible hacerle sombra, una plaga, la Apocalipsis a crédito, pasarán generaciones hasta que, con mucho sacrificio, recuperemos lo invertido en su fichaje.
Así que, con toda seguridad, el español más caro de la historia (a los datos me remito) no es otro más que el azote de los pobres, el exterminador, el tío Viruelas, el magnífico y, sobre todo, indefinible José Luis Rodríguez Zapatero. Que Dios lo guarde en su gloria, y que esa gloria se encuentre muy lejos de aquí. Pero que muy lejos.
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jueves, 14 de octubre de 2010
Un pueblo vergonzoso
Bien. Somos un pueblo maleducado, grosero e insensible, que continuamente demuestra su vergonzoso proceder. No tenemos ni perdón ni formación, no respetamos ni lo más sagrado, deberíamos salir a la calle con bozal y, como borregos sumisos, comulgar con todas las piedras de molino que nos obligan a engullir a destajo. Dado nuestro carácter reaccionario y vulgar, lo más aconsejable es que obedezcamos siempre al guión que establezca el mandamás de turno sin salirnos ni una letra bajo amenaza de sanción y/o condena. Entonces, y sólo entonces, seremos merecedores de consideración por parte de la justa, comedida y gloriosa clase política gobernante, grupo rector que se desvive por nosotros y que es digno receptor de loas y salves por lo majestuoso de su ejecución pública.
Esto es lo que se desprende de las manifestaciones post-abucheos de los miembros de la cúpula socialista. Es tal su determinación para reprimir a los ciudadanos que van a proponer un cambio en el protocolo del desfile del día de la fiesta nacional. El objetivo, por mucho que lo disfracen, no es otro que el de limitar la libertad de expresión y así proteger al jefe de las iras de los españoles. Uno de ellos lo ha definido muy bien cuando ha afirmado que en ningún país del mundo se produciría algo parecido a lo acontecido contra Zapatero, que no contra los caídos por España. Tiene toda la razón: sólo aquí puede darse el caso de que un desastroso presidente y su nefasta cohorte de ministros continúe gobernando después del galimatías social y la hecatombe económica que han provocado. Tenemos lo que tenemos porque no hemos sabido reaccionar en su momento, porque nos hemos convertido en un pueblo dócil y acomodado que empujado por la necesidad ha olvidado su orgullo.
Pero en fin, el año que viene aquellos que asistan al desfile, si las circunstancias sociales y políticas son similares y siguen los mismos lobos al frente del rebaño, ya saben lo que les espera. Esparadrapo en la boca y a recitar lo que la madre superiora ordene. Y al que no lo haga, chivatos pondrá Carmen Chacón para que sea delatado y quién sabe si fichado… Esto sí que es de vergüenza, señor Bono. Esto sí.
Esto es lo que se desprende de las manifestaciones post-abucheos de los miembros de la cúpula socialista. Es tal su determinación para reprimir a los ciudadanos que van a proponer un cambio en el protocolo del desfile del día de la fiesta nacional. El objetivo, por mucho que lo disfracen, no es otro que el de limitar la libertad de expresión y así proteger al jefe de las iras de los españoles. Uno de ellos lo ha definido muy bien cuando ha afirmado que en ningún país del mundo se produciría algo parecido a lo acontecido contra Zapatero, que no contra los caídos por España. Tiene toda la razón: sólo aquí puede darse el caso de que un desastroso presidente y su nefasta cohorte de ministros continúe gobernando después del galimatías social y la hecatombe económica que han provocado. Tenemos lo que tenemos porque no hemos sabido reaccionar en su momento, porque nos hemos convertido en un pueblo dócil y acomodado que empujado por la necesidad ha olvidado su orgullo.
Pero en fin, el año que viene aquellos que asistan al desfile, si las circunstancias sociales y políticas son similares y siguen los mismos lobos al frente del rebaño, ya saben lo que les espera. Esparadrapo en la boca y a recitar lo que la madre superiora ordene. Y al que no lo haga, chivatos pondrá Carmen Chacón para que sea delatado y quién sabe si fichado… Esto sí que es de vergüenza, señor Bono. Esto sí.
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Abucheando que es gerundio
Se abucheó a Zapatero, como era de esperar. No se trata de algo nuevo, es una consecuencia lógica a su desgobierno. Debería estar acostumbrado o, sino es así, irse haciendo a la idea de que esto es lo que le aguarda hasta que desaparezca de los mandos del Estado. Se le gritará vaya a donde vaya, haga lo que haga, hasta las máquinas de tabaco pedirán su dimisión. Quizás ésta sea la única forma de que el sordo se cure, empiece a escuchar y responda con dignidad a la mayoritaria demanda de lo sociedad española.
El momento puede que no fuese el oportuno y le ha proporcionado una excusa a Zapatero y los suyos para fortalecer su posición ante lo que denomina extrema derecha fascista, organizada para hacerle daño. Una conjura, vamos. Sin espontaneidad, sin motivación: sólo un guión de los fachas que quieren destruir el Estado, algo orquestado por los mismos franquistas de los que habla su camarada Chávez. No es un ataque contra su persona, no. Es un asalto a la democracia, una ofensiva contra la izquierda, tan bien representada por su equilibrada figura. Los tiene de madera, comida por la carcoma, pero de madera. Es un genio dándole la vuelta a las cosas. Eso sí que sabe hacerlo. Gobernar no.
Nuestro monarca y el sucesor a la Corona han expresado su malestar. Pero, como todo en la vida, también se puede interpretar según gustos. Lo que por un lado te venden como enojo contra los facciosos alborotadores, por otro los hay que piensan que es un toque de atención para Zapatero, un “ya te vale, que hasta en esto tenemos que soportar las consecuencias de tu política”.
Una cosa quiero decir, y es personal. Yo, particularmente, voy a abuchear al presidente a la más mínima oportunidad, voy a presionar con el pataleo si es necesario contra la ejecución política del gobierno actual, voy a gritar y gritar mientras se mantengan las cuerdas vocales y no voy a descansar hasta que le pierda de vista. Y todo esto lo voy a hacer no por facha, no por reaccionario, no. Lo voy a hacer porque me preocupa el presente y el futuro mío y de los míos, porque estoy cansado de que me mientan, porque me he hartado de que con el fruto de mi trabajo gente incapaz e inepta deshaga a su capricho y porque, ateniéndome a mi libertad de expresarme, me da la realísima gana. Y así será hasta que, como muy lejano, se llegue a las urnas. Eso sí, cada vez que le diga algo, procuraré argumentarlo, ya que motivos para exigir democráticamente su dimisión, haberlos, los hay a toneladas. Sin otro particular, sólo me queda expresar mi más cordial bronca y mi más sonora pita, silba, desaprobación o protesta, que todo es lo mismo, contra José Luis Rodríguez Zapatero.
El momento puede que no fuese el oportuno y le ha proporcionado una excusa a Zapatero y los suyos para fortalecer su posición ante lo que denomina extrema derecha fascista, organizada para hacerle daño. Una conjura, vamos. Sin espontaneidad, sin motivación: sólo un guión de los fachas que quieren destruir el Estado, algo orquestado por los mismos franquistas de los que habla su camarada Chávez. No es un ataque contra su persona, no. Es un asalto a la democracia, una ofensiva contra la izquierda, tan bien representada por su equilibrada figura. Los tiene de madera, comida por la carcoma, pero de madera. Es un genio dándole la vuelta a las cosas. Eso sí que sabe hacerlo. Gobernar no.
Nuestro monarca y el sucesor a la Corona han expresado su malestar. Pero, como todo en la vida, también se puede interpretar según gustos. Lo que por un lado te venden como enojo contra los facciosos alborotadores, por otro los hay que piensan que es un toque de atención para Zapatero, un “ya te vale, que hasta en esto tenemos que soportar las consecuencias de tu política”.
Una cosa quiero decir, y es personal. Yo, particularmente, voy a abuchear al presidente a la más mínima oportunidad, voy a presionar con el pataleo si es necesario contra la ejecución política del gobierno actual, voy a gritar y gritar mientras se mantengan las cuerdas vocales y no voy a descansar hasta que le pierda de vista. Y todo esto lo voy a hacer no por facha, no por reaccionario, no. Lo voy a hacer porque me preocupa el presente y el futuro mío y de los míos, porque estoy cansado de que me mientan, porque me he hartado de que con el fruto de mi trabajo gente incapaz e inepta deshaga a su capricho y porque, ateniéndome a mi libertad de expresarme, me da la realísima gana. Y así será hasta que, como muy lejano, se llegue a las urnas. Eso sí, cada vez que le diga algo, procuraré argumentarlo, ya que motivos para exigir democráticamente su dimisión, haberlos, los hay a toneladas. Sin otro particular, sólo me queda expresar mi más cordial bronca y mi más sonora pita, silba, desaprobación o protesta, que todo es lo mismo, contra José Luis Rodríguez Zapatero.
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