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lunes, 3 de mayo de 2010

¿De dónde?

Salvemos Grecia. Despojémonos de todo lo que nos sobra y rasquémonos el bolsillo, que nuestros amigos helenos necesitan nuestra solidaridad. No importa que tengamos el índice de desempleo más alto de Europa, que la educación y la sanidad esté en bancarrota, que nuestra deuda pública esté en cifras de record. Vamos a darles tres mil millones antes de acabar el año, y el resto, hasta nueve mil y pico, en cómodos plazos. Un préstamo de nada al 5% que a buen seguro vamos a cobrar tarde, mal y nunca.
Hay que ser más europeos que ninguno. Ellos están peor que nosotros; sus políticos han arruinado el país, empeñándolo hasta decir basta. Los nuestros, nuestros sabios y doctos dirigentes, han hecho mejor los deberes; nuevos y rocosos brotes verdes asoman por todas las esquinas del territorio nacional. Allá donde encuentran un sitio, brotan inimaginables vergeles de bonanza y progreso económico. El no va más. Vamos disparados hacia el futuro. Nada ni nadie podía imaginar que nos fuera a ir tan bien…
Está bien ayudar. Es más, considero una obligación en colaborar con aquél que lo necesite. Más que nada porque dentro de poco nos va a hacer falta a nosotros el aporte solidario de aquellos que sí que hacen las cosas como se deben hacer. Pero ahora, que alguien me aclare de dónde van a salir esos euros que solicita con angustia Grecia. Porque apretarse, lo que se dice apretarse, es difícil que lo hagamos más.
La conclusión de todo esto es muy clara; la lacra política europea ha destruido décadas de evolución con su mala praxis y su irresponsable dirección. Pasarán por méritos propios a la historia como la plaga más destructiva de la evolución humana. Mi repulsa y mi odio para todos ellos. Porque no se puede apreciar al indeseable que te lastima todos los días.

domingo, 2 de mayo de 2010

El espejo griego

El plan de rescate griego será efectivo si los empleados públicos y jubilados sacrifican su vida e ingresos en pos del beneficio común, mientras el resto de la población asume, junto a estos, una brutal subida de impuestos. En definitiva, pobreza para casi todos. Así, la mala gestión y el comportamiento torpe e irresponsable de los políticos helenos, será corregido con la miseria y el hundimiento de los ciudadanos. Como siempre, la ineptitud y la mala fe de los dirigentes encuentran su remedio en el suicidio económico de los más débiles. Porque a los poderosos, todo esto les viene bien; el que tiene, seguirá teniendo lo suyo, y comprará a precio de saldo lo que los demás se vean en la obligación de vender para sobrevivir.
Haríamos bien en observar detenidamente la evolución de los acontecimientos. No creo que los griegos vayan a aceptar pacíficamente el pago que se les exige. La ruptura social va a ser de tal magnitud que el concepto de revolución popular puede adueñarse de las calles. No olvidemos que éstas surgieron, en tiempos pasados, como respuesta a situaciones similares en el germen a la actual; incapacidad en los poderes públicos, distanciamiento entre las clases sociales, desempleo y hambruna son los elementos necesarios para provocar sangrientas y salvajes revueltas.
El error sería considerar a España inmune al desastre. Cuando un barco empieza a hundirse, son las ratas con sus movimientos las que avisan. La banca, principal responsable del caos, se cubre los riñones sin cortarse un pelo (lo de la jubilación de Botín es grande, muy grande); los políticos protegen su estatus, sabedores de lo que les espera como bajen a la arena y se enfrenten con la ciudadanía; y los sindicatos están en un estado de hibernación propio de un enfermo terminal. Miremos a los griegos y echémonos a temblar.