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sábado, 18 de septiembre de 2010

La estrategia de Trinidad Jiménez

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Las estrategias políticas son, en ocasiones, de lo más sorprendentes. Ya inmersa en la lucha por la candidatura socialista a la Comunidad de Madrid, Trinidad Jiménez se presenta basando la fuerza de su proyecto en sus diez años junto a Zapatero, y vinculando su capacidad a la misma demostrada por el Presidente del Gobierno. Buen aval se ha buscado. Si piensa hacer las cosas igual que el jefe, en el supuesto supuestísimo que gane, primero a Tomás Gómez y después a Esperanza, que la divina providencia cuide de los madrileños, pues irían más que servidos. No sé quién le asesora, pero es recomendable, si de veras desea hacer carrera, que no se pegue mucho a Don José Luis. ¿Qué por qué lo digo? Aparte del leñazo que se le viene encima, la traición y la ineptitud no son cualidades que precisamente busque un votante en aquél que le vaya a representar. Y de eso, el líder socialista anda muy sobrado. Tiene sobre su conciencia, si sabe lo qué es eso, la responsabilidad sobre la ruina social y económica de casi todo el país. Sólo se libran de la miseria los miembros de la casta política, del partido que sea que lo mismo da, y sus colegas y asociados.
Claro que igual piensa que estaría muy feo que ella no elevara a los altares a Zapatero, ya que ha colaborado estrechamente con él en crear el desaguisado. Son muchos años codo con codo destruyendo España. Y eso une. Por eso quizás haya optado por declararse pública y notoriamente tonta y no renegar del maligno, en vez de que le acusen de alta felonía hacia el mejor dirigente político desde Abraham. Me da la sensación de que se lo está poniendo a huevo a su rival (confiando siempre en la inteligencia de los militantes socialistas madrileños).

sábado, 21 de agosto de 2010

¡Qué viene, qué viene!

Ya está ahí cerca, inexorable, castigador, duro y, en ocasiones, irremontable. Septiembre es un mes canalla para los bolsillos y un azote para la moral. Empieza el curso, los libros cuestan un riñón y parte del hígado, hace falta ropa y calzado para los niños y se incrementan los recibos. Todo después de un verano en el que nos hemos quedado más limpios de lo habitual, pues teníamos menos cartera para afrontarlo. Encima, si tienes la suerte de trabajar y recién te incorporas, es inevitable sentirse egoístamente deprimido (actitud injusta, pues muchos que están en el paro desearían ponerse en tu sitio).
Se habla de la cuesta de enero, pero si comparamos con septiembre, no es más que un repecho que te haces en un paseo. Y sobre todo este septiembre que promete ser crítico. La soga política y económica que nos ahoga va a dar un giro más alrededor de nuestro cuello y nos va a dejar inconscientes a buen seguro. El panorama no es halagüeño. Muchos contratos de temporada finalizan y el brote verde se va a secar de nuevo. Los músicos de la banda política desafinan que es un horror y los sindicatos andan gloriosamente revolucionados (ya era hora): la movida del final del mes amenaza con ser de las gordas.
No será un buen mes para ser feliz, para disfrutar. Tocará pelear, insistir en la lucha y radicalizarse. Tocará decirle al sordo que manda que ya está bien. Lo que es menester es que nos escuche de una vez por todas.

domingo, 2 de mayo de 2010

El espejo griego

El plan de rescate griego será efectivo si los empleados públicos y jubilados sacrifican su vida e ingresos en pos del beneficio común, mientras el resto de la población asume, junto a estos, una brutal subida de impuestos. En definitiva, pobreza para casi todos. Así, la mala gestión y el comportamiento torpe e irresponsable de los políticos helenos, será corregido con la miseria y el hundimiento de los ciudadanos. Como siempre, la ineptitud y la mala fe de los dirigentes encuentran su remedio en el suicidio económico de los más débiles. Porque a los poderosos, todo esto les viene bien; el que tiene, seguirá teniendo lo suyo, y comprará a precio de saldo lo que los demás se vean en la obligación de vender para sobrevivir.
Haríamos bien en observar detenidamente la evolución de los acontecimientos. No creo que los griegos vayan a aceptar pacíficamente el pago que se les exige. La ruptura social va a ser de tal magnitud que el concepto de revolución popular puede adueñarse de las calles. No olvidemos que éstas surgieron, en tiempos pasados, como respuesta a situaciones similares en el germen a la actual; incapacidad en los poderes públicos, distanciamiento entre las clases sociales, desempleo y hambruna son los elementos necesarios para provocar sangrientas y salvajes revueltas.
El error sería considerar a España inmune al desastre. Cuando un barco empieza a hundirse, son las ratas con sus movimientos las que avisan. La banca, principal responsable del caos, se cubre los riñones sin cortarse un pelo (lo de la jubilación de Botín es grande, muy grande); los políticos protegen su estatus, sabedores de lo que les espera como bajen a la arena y se enfrenten con la ciudadanía; y los sindicatos están en un estado de hibernación propio de un enfermo terminal. Miremos a los griegos y echémonos a temblar.