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lunes, 28 de marzo de 2011

Bono, Rubalcaba, Zapatero y Suárez

José Bono se posiciona. Elige a Rubalcaba como sucesor y le promete amor incondicional cuando le dice: "Alfredo, siempre que lo hemos necesitado nos has apoyado. En esta tierra y en quien te habla vas a tener siempre el respaldo que necesites. Es de justicia". El príncipe está dispuesto a acceder al trono, ya que su rey agoniza. Pero como el muerto aún está vivo y coleando, que no es plan de enterrarle todavía, Bono le pega un capotazo cariñoso al que es hoy en día su jefe y presidente del Gobierno. Habla de él con cariño, como si ya no estuviese, como si el adiós deseado por todos menos por Botín y los grandes empresarios, se hubiese producido. Pronuncia su epitafio y le compara con Adolfo Suárez. Osada comparación, pues equipar lo dulce con lo amargo, mezclar chocolate con ricino sólo está al alcance de gente sin paladar, o con las papilas tan destruidas que no distinguen entre caviar y estiércol.
Dice Bono que “un hombre no es culpable de lo que le ocurre a un pueblo". Mentira es cuando el hombre en cuestión ha hecho y deshecho a su caprichoso antojo, y ha liquidado el progreso de un Estado con sus indecisiones y errores. Aunque hay que otorgar certeza (y torpeza) a la afirmación pues en la exculpación se reconoce que la destrucción no es sólo cosa de uno, que para acabar con todo se ha necesitado la inestimable colaboración de otros. Un grupo salvaje encabezado por aquél al que encumbra, su amigo Alfredo, y en el que, por qué no, tiene cabida su propia persona.
Termina su adulación insinuando que, José Luis Rodríguez Zapatero tal vez logre, al igual que Suárez, ser colocado "entre los grandes hombres". No cabe duda que el líder socialista pasará a la Historia; es más, ha entrado en ella como un elefante en una cacharrería. No cabe duda que tendrá su hueco, que ocupará un lugar destacado en ella. Y no cabe duda que méritos presenta para que se escriban páginas sobre él. Lo que si que es del todo improbable es que acompañe a los grandes estadistas. Más bien, todo lo contrario. Nunca ha habido y es difícil que lo haya un personaje tan nefasto para el país. Lo pinten como lo pinten. Nunca. Ahora, eso sí. Algo tendrá cuando los grandes capitales están con él; en toda ruina existen los que salen beneficiados, los que de la desgracia ajena hacen su negocio.
Vivimos gobernados por el absurdo; socialistas, sindicatos e intelectuales de la ceja confunden el bando y comparten mesa con bancos y grandes empresas. El parado, el trabajador, el mediano y pequeño empresario, el funcionario y el jubilado, a verlas venir y a apechugar con todo. Socialismo de bote o el mundo al revés.

jueves, 3 de febrero de 2011

José Luis al habla

Alfredo, recógelo bien todo, que no quede nada fuera de su sitio, que como algo no le guste nos cruje. ¿Has quedado con los de ayer? Vale. ¿Y vienen los otros? Mira que si me falla alguno, ésta no se va a creer lo del acuerdo y nos la lía…¿Cómo que no me preocupe? Mira lo que te digo, o nos la metemos en el bote o ya puedes preparar las maletas y salir pitando… Sí, de acuerdo, que ya has hablado con Nicolás y está dispuesto también a echarnos un cable, pero no te engañes, el pequeño dirá lo mismo que la alemana, así que no te fíes, asegúrate de que tienes todo controlado, que si suspendemos hoy no nos queda excusa. ¡Ah!, otra cosa, recuérdale a Manolo que él es el encargado de maquillar el asunto, que tiene que decir que no estamos pasando un examen, que es una cumbre entre grandes estadistas, a ver si cuela y no se tuerce el día, que con lo de los parados ya se nos fue al carajo lo del acuerdo... Por cierto, explícame una cosa, que no me he enterado mucho. Verás, me han llamado diciendo que eran de la embajada alemana y me han preguntado sobre quién iba a hacer de Serrano Suñer hoy, que ya que yo hacía de Francisco y Ángela de Adolfo, le faltaba el negociador para detener la invasión…Yo creo que alguien me ha gastado una broma, pues el único serrano que conozco es el de pata negra y de Francisco sólo me suena aquélla de “Latino” y nada más…¿Me oyes, Alfredo? ¿Se puede saber de qué te estás riendo? ¿Alfredo? ¿Alfredo? No te rías que me cabreo y ya sabes que cuando me cabreo aún atino menos de lo normal…¿Alfredo? Para ya de reír. ¿Has sido tú el que ha llamado? Mira que eres borde… Bueno, ya me explicarás de qué va después, cuando termine la inspección, que Ángela sólo se queda seis horas, y en seis horas como no me dé un cabezazo no me puede pasar nada malo. Te dejo. Voy a ver si me encajo la mandíbula, que toca sonrisa talentosa. Luego hablamos.

domingo, 30 de enero de 2011

Baronías y demás sandeces

Nunca he entendido lo de las baronías en el PSOE. Resulta que un partido socialista está dirigido por un grupo de personas a las que, o bien porque ellos así lo desean o bien por costumbre, se les reconoce y bautiza como nobles. Personas privilegiadas, cortesanos que gozan de unos privilegios estamentales que les otorga la posición, tan cerca de las alturas y del señor del castillo, como tan lejos del socialismo de base.
Estos barones en su mayoría son y/o ejercen como estómagos agradecidos que bien saben que de no ser por el aquél al que adulan, al que pelotean con miseria y sin vergüenza, no habría un hueco en la sociedad donde descansar su torpeza. Por eso tienen que lamer la mano de su jinete aunque éste les haya fustigado, limpiarle los zapatos a su capitán aunque lleven un recuerdo canino y besar el suelo por el que se arrastra el cadáver político.
José Blanco es la definición perfecta del personaje que intento definir. Pelota hasta el agotamiento, en deuda eterna con Zapatero, lo vende y lo venderá como si de un histórico en la democracia española estuviésemos hablando. Y parte de razón no le falta. Los libros le calificarán a él y a su banda, que quedarán para la posteridad como los peores gobernantes habidos, imposibles de imitar. Como cierto es que cada uno tiene un sitio en la vida, el de José Luis Rodríguez Zapatero es un trono de cerámica blanco con tapadera, y el del cobista, estar enrollado para lo que pueda necesitar su jefe.

Siguiendo con la función, Blanco ha proclamado que nunca conoció un socialista mejor. Y 2500 han aplaudido como locos esta mentira, este nuevo insulto a los socialistas de verdad. Después, Chaves, Griñán, Antich, Alarte, todos con su discurso, sin percatarse de que éstos parecían cartas de despedida póstuma, paladas de tierra sobre un ataúd, lágrimas de cocodrilos de plástico, las palmaditas de ánimo en la espalda del condenado, el último serpenteo a los pies del amo.
Dos perlas a destacar. De matrícula es la frase “El mejor piloto es Zapatero”, gloriosa fábula de Óscar López, de Castilla y León, en la que ha colocado a su amo al frente del mejor Fórmula 1 de la política. Para partirse el pecho durante tres días. Y de cum laude "Si no hubiésemos actuado con responsabilidad estaríamos dirigiendo al PSOE a una derrota segura y alejando la posibilidad de gobernar por muchos años" (¿en serio no ve el leñazo que se van a meter?). Ésta es del inefable, del inigualable, del Godoy de Zapatero, José Blanco, genio entre los genios y pelota hasta provocar nauseas.

jueves, 27 de enero de 2011

Zapatero y el paro juvenil

Otra ración de sabiduría. El presidente del Gobierno afirmó el miércoles que el paro juvenil es el principal problema social y económico que tiene España, y dijo que "no va a ser fácil" reducirlo (ni el juvenil ni ninguno). Juega con las palabras para acusar al maestro armero, actuando de cronista malo de la realidad como se le antoja.

En las ocasiones en las que jarrea a mares y nos coge la tormenta en medio de un descampado, para él luce un sol de espléndido. Y en otras, cuando estamos empapados hasta las cejas y la verdad le apabulla, como el niño travieso y cobarde que no tiene escapatoria, reconoce la evidencia que antes negaba.

Pero incluso en éstas, sin argumentos, se apoya en el "drama estructural" de la economía española que nos lleva "siempre" a duplicar la tasa de desempleo en relación con Europa. Cualquier cosa menos reconocer la ingente cantidad de errores cometidos y las constantes torpezas perpetradas por él y los que le han rodeado, responsables a partes iguales del desastre.

En otro alarde de conocimiento José Luis Rodríguez Zapatero dice que podemos salir de ésta, que somos capaces de superar la crisis. Qué no lo dude. Pero con él de capitán y con la tripulación que le acompaña, ni de casualidad. No es un problema ya de voluntad, que nadie la niega; estamos hablando de incompetencia, de incapacidad.

La lógica, la razón, y el más primario instinto de supervivencia deberían forzar el desenlace de los acontecimientos. Eso sí, por cauces democráticos, que no creo que sea necesario llegar a explosiones populares como la de 1868 en la que, hartos del desgobierno, la corrupción y el caos económico, al grito de “¡Viva España con honra!” los españoles dijeron “¡Basta!”( no quita que no hayan ganas de liarla). Todas las posibilidades que podamos tener de salvarnos de la ruina total comienzan en el mismo punto. O él o nosotros.

lunes, 27 de diciembre de 2010

Todo sigue igual

Dos días de desconexión absoluta, desde el discurso del rey hasta el domingo por la tarde, sin saber nada de nada de política, políticos, y demás bebedizos tóxicos culpables de la úlcera económica que arrasa el país. Soñaba, estúpido de mí, que tras la Nochebuena y la Navidad el espíritu de la Paz y el amor, de la armonía y la solidaridad se hubiera apoderado por la fuerza de la razón del gobierno del Estado, y que el sentido común hubiera invadido, arrasador, la conciencia del sumo rector patrio. Ilusionarse, fantasear con que existe un futuro mejor que el penoso presente, imaginar una España regida por la lógica y el conocimiento, es sólo codicia, anhelo vano y fútil, una ficción igual que la del señor de rojo ése, que se bebe la leche y se come las galletas que le dejan los niños, y que trae un montón de regalos por la cara.

Me conecto con la realidad, con una acidez del siete, y se me revuelve el estómago al ver que todo sigue exacto, tal y como estaba antes del alegato anti crisis de nuestro monarca. Nada ha variado. El mismo lobo feroz, con sus hambrientos lobeznos a cuestas, arremetiendo contra la casa de los cabritillos, enseñándoles la patita blanca por debajo de la puerta, después de limarse las uñas, y diciéndoles aquello de que “soy vuestra mamá, que me he dejado las llaves dentro, que no me voy, que era broma, que me lo pienso y me quedo, que como en casa en ningún lado, que me abráis de una vez, que fuera hace un frío del carajo y si no me dejáis entrar quién os va a hacer de comer y a lavaros la ropita, quién os va a llevar de la mano al colegio y quién os va a enseñar a ser cabritos de provecho el día de mañana”. Y si ya tenía a dos convencidos cuando aún sus garras eran negras y sus zarpas afiladas, ahora que va de mártir un tercero se une a su fiesta y le facilita el acceso franco a la casa.

Está todo perdido, porque este depredador y sus secuaces se van a comer a todos menos a uno que se ha olido el percal desde el principio y abandonó el hogar hace tiempo, esperando que alguno más le acompañase, y a otra que, desde dentro del reloj de pared, se camufla como buenamente puede. Mariano y Rosa. Dos que están condenados a entenderse si quieren pararles los pies al carnicero que devora inmisericorde presente y devenir de España.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Sea breve. Un haiku, por favor.

Me atraen esos poemas llamados haiku. Con pocas palabras, muchas cosas claras. Yo, propenso a enrollarme, he descubierto en ellos una forma de expresarme sin gastar en demasía el teclado. Reconozco que cuesta horrores redactar uno, porque cuando te lanzas y son tantas las cosas a decir, ser breve y exacto es muy difícil. Lo más habitual es que escribas una solemne tontería.

Los que saben del asunto comentan que el truco está en elegir bien el tema y ajustar con precisión lo que pretendes comunicar en tres versos de cinco, siete y cinco sílabas. Ahí es nada. Me he puesto a pensar, y de momento se me han ocurrido, antes de aburrirme, unos cuantos. Ejerciendo de aficionado, y de los malos, aquí dejo una muestra. Por ejemplo, respecto a la ausencia de los señores diputados en las sesiones parlamentarias en las que se debaten temas tan importantes como los presupuestos, quedaría bien “Si no trabajas/¿por qué tienes que cobrar?/No te lo ganas”. Sobre el tema pensiones, “No llego vivo,/con los sesenta y siete/ no me jubilo”. Referente al jefe del ejecutivo español, al real, a Zapatero, “En el presente,/no está ni se le espera/ al presidente”. Y con Rubalcaba, gobernante in pectore, “Miedo produce/ el que con su posición/ todo conduce”. Aquí me detengo, porque éste último haiku casi me sirve de comodín, ya que se le podría aplicar a infinidad de personas y personajes, como Pepe Blanco, Leire Pajín y demás responsables de la debacle nacional. Y ya puestos, y manteniendo las distancias con los anteriores, también a los Castro, Mohamed VI, Mahmud Ahmadineyad y la restante colección de dictadores que asolan sus respectivas naciones ante la mirada, pasiva y cómplice en ocasiones, del resto de los estados.

Mirándolo bien, esto del haiku puede llegar a ser divertido, parecen mensajes con los que encabezar una manifestación. Lo que no tengo claro es si la rima debe ser asonante, consonante o mal sonante, o simplemente no rimar. Me da a mí que esto no es lo mío.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Wikileaks y zapatero: Bienvenido Mr Marshall

Como presidente vuestro que soy, os debo una explicación. Y esa explicación que os debo, os la voy a dar. Porque como presidente vuestro que soy, os debo una explicación. Y esa explicación os la voy a dar... Y así media hora, una o lo que haga falta. Siempre asesorado por Rubalcaba, que es como Manolo Morán con cien kilos menos. José Luis Rodríguez Zapatero, ejerciendo de Pepe Isbert (grande, grande y mil veces grande, el actorazo) congregaría a la masa a su balcón y con su habitual facilidad de palabra expondría los motivos por los cuales permitiría a los americanos del norte que montasen en Rota un pentágono, un hexágono o un dodecágono, lo que les apeteciera, faltaría más. Que para eso aquél que un buen día sufrió una repentina lumbalgia que le impidió levantarse al paso de la bandera de los USA, es ahora amigo, camarada, hermano, más que hermano de Barack Obama. Hay que agradar al presidente yanqui, pelotear rastreramente si se tercia, estrechar relaciones: cosa fácil dadas las afinidades de todo tipo existentes entre ambos dirigentes, tal y como expuso sabiamente en su día Leire Pajín. "Todas las puertas están abiertas para usted", “...el embajador de EE UU en España y el representante personal del presidente Obama no es otro embajador más sino alguien especial", no son más que declaraciones de amor fraternal, de inquebrantable amistad interplanetaria.
Los objetivos son loables; desde la súper base se lucharía contra el terrorismo, la piratería y el crimen organizado, y, ya de paso, se colaboraría con los ejércitos africanos. Con los de los países amigos, claro. Bueno es saber que cada año, los aviones militares estadounidenses efectúan 4.000 vuelos en España y que hasta 250 navíos atracan en los muelles de Rota. Así que, a pesar de irnos de Irak, y continuando encastrados en Afganistán (sigo sin saber qué pintamos allí, semper fidelis a los EE UU en su lucha contra lo que sea), les pondríamos casa, cama y cuartel, como buenos aliados.
Los Estados Unidos son los socios más naturales y lógicos con los que debe contar España. Eso es más que evidente. Lo que me choca, sin sorprenderme, es lo rápido que algunos cambian de opinión en este país. Dicen los papeles del Wikileaks que nuestro presidente se muestra entusiasmado, como el colega de Vicky el vikingo, con la idea de que Mr Marshall retorne a España. Muy socialista todo. Muy socialista.

viernes, 26 de noviembre de 2010

O él o nosotros

No me llega la camisa al cuello. Y no es por haber engordado, no, que lo de comer con opulencia no está a mi alcance. Estoy asustado por lo cerca que estamos del abismo. El discurso de “España sale de la crisis, hay brotes verdes, el final está cerca, no hay problemas que no podamos solucionar, somos solventes, estamos en la champions de la economía, etc.” ha cambiado. Ahora hay que temblar, pues se acerca el leñazo salvo misericordia de los mercados. Y éstos han decidido castigarnos.

El Gobierno ha enterrado su sonrisa burlona. Zapatero prometió no hacer más reformas, pero no le va a quedar más remedio. Otra mentira de alguien que sólo genera recelo, dentro y, lo que es peor, fuera. Nadie cree en él y eso le erige como el principal escollo que tenemos para superar la crisis. España tiene capacidad, pues los españoles la tenemos. Sin embargo, el hecho de que al frente del país se sitúe un cadáver político del que no se fían ni sus propias manos nos convierte en los siguientes en hundirnos, los próximos en reclamar auxilio.

Claro está que la culpa es del PP, antipatriotas, ácratas desestabilizadores que han llevado a la ruina al estado, terroristas económicos, los únicos culpables de que en este país existan cinco millones de parados, de que el diferencial de deuda sea el más alto de la historia, de que nadie confíe en la capacidad de reacción española, del ridículo en política exterior y, sobre todo, de que en España la mayoría seamos cada día más pobres, mientras que sólo algunos favorecidos son cada día más ricos. Política social que se llama.

Claro como el agua. El responsable absoluto de nuestra ruina y de lo que queda por venir no es otro que José Luis Rodríguez Zapatero. Y al que no le guste, allá él con su ceguera. En el mismo instante en que desaparezca de la vida pública, España empezará a recuperarse. Y no hay otra. O él o nosostros.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Rodríguez Cebolleta en Seúl

Desde el respeto y la admiración hacia aquellas personas que han tenido la fortuna de cumplir los ochenta y la mala suerte de que les haya ocurrido en esta miserable época, voy a contar la última aventura de un hombre del que cuentan que un día fue alguien ágil y lúcido, pero al que las circunstancias, la vida y la mala cabeza convirtieron en un grano molesto. Un relato corto o un sarcasmo largo con el que llenar un minuto.
José Luis Rodríguez ejerce de estadista con la misma soltura con la que un octogenario dependiente narra sus andanzas amorosas. Todo es imaginación, fantasía, un cúmulo de deseos y sueños imposibles de alcanzar pero que el protagonista de la disertación transforma en realidades idílicas y maravillosas. Se sienta delante de un micro y, a partir de ese momento, no conoce a nadie. Sale en la tele, le escuchan por la radio y no paran de hacerle fotos, que al fin y al cabo es lo que más le importa. Todo le conduce al éxtasis, alcanza un orgasmo (él los recuerda así). Y piensa “ésta es la mía”. Y comienza la aventura. No uno ni dos, muchos, muchos, hasta un millón de eco-empleos sin sacarla, que está como un toro, y sin pastillitas azules, que no le hacen falta. Se siente avasallador, irresistible, cree que se lleva al huerto lo que le apetece. Y una vez termina con su fábula, busca a quién arrimarse para continuar con el palique. Siempre encuentra a algún despistado que no ha sabido o no ha podido escaquearse y lo engancha con su oratoria, y le suelta el rollo durante un rato, con conversaciones absurdas. Entonces viene otro al rescate del abducido por su épica narrativa pero él, el presidente Rodríguez, lo captura también en su red. Las historias del abuelo Cebolleta, que no hay dios que se las trague, vuelan en todas las direcciones…Pero la fiesta se acaba, toca a su fin, cada mochuelo a su olivo. Cuando el respetable ya ha desaparecido, Rodríguez coge el taca-taca y, piano, piano, vuelve al geriátrico dónde sus cuidadores Elena y Alfredo le dan la medicación y le mandan a descansar, que ya no está para según que trotes. Pero él ha sido feliz, el pobre…

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Mar Caballero y la ambigüedad del Presidente

Política con mayúsculas. Eso es lo que realizó el martes toda una mujer, con clase y educación, manejando la verdad y estableciendo consignas claras e indiscutibles en forma y contenido. Sin estridencias, sin alterarse, Mar Caballero, hija de Tomás Caballero, asesinado por los cobardes que ahora venden su comportamiento “democrático”, le dijo las verdades del barquero al Presidente del Gobierno de una forma sencilla pero contundente.

La senadora de UPN le planteó que "se están produciendo toda una serie de declaraciones y desmentidos con motivo de los intentos de Batasuna de volver a las instituciones democráticas que han hecho saltar las alarmas en muchos ciudadanos que temen que el Gobierno, en su prisa por acabar con ETA, pueda volver a cometer errores pasados".

Zapatero, serio, muy serio, se sumergió de nuevo en la duda al aclarar primero para oscurecer después una polémica iniciada por sus declaraciones y las posteriores de Blanco. Matiza lo dicho, pero incide de nuevo en el error al dejar libre para la interpretación el posible acceso de Batasuna o ETA, que lo mismo son y lo mismo representan, a las instituciones democráticas. “A pesar de que hemos oído cosas de Batasuna que, todos reconoceremos, no se oían habitualmente, no sirve, no vale. ¿Que puede tener consecuencias? Puede tenerlas"

Es un mensaje ambiguo, una luz para la izquierda abertzale en su intento de sentar a los violentos en los ayuntamientos e instituciones. La vía para acabar con ETA está abierta hace mucho tiempo y no es otra que la detención de sus miembros y su sometimiento a la actuación de la justicia. Esto y no otra cosa es lo que debería haber aseverado el presidente para disipar cualquier duda sobre la posición del Gobierno en la lucha contra el terrorismo. Medias palabras, interrogantes, preguntas retóricas, son elementos del lenguaje propios de otros escenarios más lúdicos y aplicables a otros asuntos mas nimios. Cuando se habla de asesinatos y de aquellos sujetos que los promueven, justifican, defienden y ejecutan hay que ser tajante, demoledor, inflexible, es imperativo ofrecer a la sociedad una postura seria y firme. No se puede ceder un ápice ante los criminales. Manifestar algo distinto, posicionarse entre dos aguas, es una traición a las víctimas, un atentado contra la democracia. Así lo creo, así lo siento y así lo escribo.

jueves, 28 de octubre de 2010

Rico, rico, rico

Cuando tiene razón, hay que dársela. Y ahora está en posesión de ella, no miente cuando afirma que “hoy en España somos más ricos que con Aznar” Lo que le ha faltado especificar al Presidente del Gobierno es quiénes son más ricos. La ministra Leire Pajín es una. La legión de políticos de medio pelo y asesores que sustentan y apoyan el desaguisado económico también han engordado su hacienda. Algún que otro cargo público se une solidariamente al grupo de afortunados (andaluces, valencianos, catalanes, baleares, un no parar de voluntarios en esto de forrarse). Por no contar los que, dichosos ellos, ya tenían dinero antes y, ahora, que la necesidad aprieta, han salido beneficiados con la puñetera crisis.
¡Pues claro que somos más ricos, hombre! Lo que ocurre es que los malvados y quiquillosos españoles no queremos entender al insigne y glorioso José Luis Rodríguez Zapatero. ¿Qué en Cáritas han pasado de 400.000 a 800.000 los que acuden en busca de auxilio? Esos no cuentan, que le están echando morro a la situación. ¿Qué uno de cada cinco de los hogares (en algunos sitios es uno de tres) está bajo los umbrales de la pobreza? Nada, no pasa nada. Mucha economía sumergida, mucho dinero negro que no se declara, que somos unos pillos. ¿Qué hay cinco millones de parados? La gente no quiere trabajar, perros más que perros…
Hablemos en serio. Lo de este hombre es de consulta médica. Mentir es decir o manifestar lo contrario de lo que se sabe, cree o piensa, fingiendo, mudando o disfrazando una cosa, haciendo que por señas exteriores parezca otra. Y hacerlo de forma repetitiva es un problema patológico que hoy puede resolverse con la terapia adecuada. Esta conducta se llama mitomanía
Los psiquiatras definen al mitómano como aquél que utiliza la mentira como conducta de vida, falseando la verdad respecto de hechos, cosas y personas con el objeto de hacer daño. Establecen tres tipos de personalidad donde se asienta esta conducta: la psicótica (relacionada con los delirios), la perversa (la mentira como instrumento para falsearlo todo) y la neurótica (la mentira para llamar su atención).
Con todo esto no pretendo decir que Zapatero sea un psicópata o un neurótico. Me inclino más por el lado del mitómano perverso. Sea como sea, lo aconsejable para él y, por ende, para todos nosotros mientras esté en el poder, sería que acudiese al especialista, y que cambiase de medicación. Que igual lo suyo aún tiene remedio. O igual no.

jueves, 21 de octubre de 2010

El escorpión Zapatero y la rana Urkullu

¿Conocen la fábula? Un escorpión quiere atravesar un arroyo y le pide ayuda a una rana. Ésta, recelosa ante el temible aguijón y sabedora del carácter que gasta el bicho en cuestión no quiere acceder a sus deseos. El alacrán le insiste, le dice que no tiene nada que temer, que él sabrá recompensar al batracio por el servicio prestado, que le protegerá, que será un amigo agradecido. “Es un acuerdo entre tú y yo que nos favorecerá a ambos”, le comenta. “Bien, lo haré”, piensa la rana. “Si me pica mientras cruzamos, él se ahogará, muriendo también. Así que no hay peligro. Además, con su apoyo ganaré en seguridad y respeto, nadie se meterá conmigo, seré por fin alguien”. Dirigiéndose al escorpión le dice que se suba sobre ella, que le ayudará. Dicho y hecho. Rana y escorpión avanzan por el río, luchando contra la fuerza de una corriente fuerte y peligrosa, provocada por un prolongado período de lluvias torrenciales. Agotada, la rana alcanza la orilla opuesta, el agua no les arrastrará. En ese momento, justo en ese instante siente cómo el mortal aguijón se hinca inmisericorde en su carne, inyectando su veneno mortal.

“¿Por qué me haces esto? Teníamos un acuerdo. Yo te ayudaba y tú me proporcionabas seguridad y poder”, gime moribunda la rana. El escorpión esgrimiendo una maliciosa sonrisa, contesta: “No he podido evitarlo. Es mi carácter”

¿A qué santo viene el cuento? Zapatero ha pactado con Urkullu, le ha ofrecido el oro y el moro a cambio de su inestimable ayuda. Mucho de lo acordado no se conoce, no es un trato tan transparente como el hecho por el presidente con Coalición Canaria. Los nacionalistas vascos cruzarán el río llevando en volandas el proyecto socialista. Pero, cuando lleguen a la otra orilla, si llegan y no se ahogan antes por el peso de la carga, que no esperen que Zapatero cumpla con lo prometido. Les clavará hasta el fondo el rejón, el dardo de su traición, seguro. Y les responderá lo mismo que el escorpión del relato. “Es una cuestión de carácter”.

miércoles, 20 de octubre de 2010

El dios del humor

La humanidad necesita reír. El ser humano, incapaz en la mayoría de los casos de generar alegrías propias, busca desde siempre apoyarse en el buen hacer y en el mejor actuar de cómicos y humoristas, seres maravillosos que consiguen que el ánimo se fortalezca, que los problemas se olviden, aunque sea sólo por un instante, dejando paso a un estado de felicidad y conformidad básico y fundamental para vivir. El mérito de los que dedican su existencia a provocar la sonrisa, la risa y la carcajada es enorme, colosal. Muchos hay que lo intentan, peleando por alcanzar un nivel excelso, y muy pocos lo logran con solvencia.

En Francia se disfruta con Patrice Thibaud, los ingleses gozan con Rowan Atkinson y su Mr. Bean, personaje al que muy gustoso matarías si tuvieses oportunidad. En EEUU, Will Ferrer es el más valorado, y en Argentina, el piojo y el Bruno, o bien Olmedo cuentan con un aprecio mayoritario. Mientras, los mejicanos debaten entre el inmortal Cantinflas, Tin Tan o Chespirito. No debemos olvidar a los Hermanos Marx o al gran Buster Keaton, por la globalización de su humor.

Aquí, en España, tampoco andamos cortos en el tema. Grandes genios como Gila o Eugenio, el chocante y fabuloso Chiquito de la Calzada o los chistes de Arévalo nos han amenizado la existencia durante mucho tiempo. Hoy en día, Buenafuente, Berto y una gran legión de espléndidos monologuistas han tomado el relevo. Pero ninguno, repito, ninguno alcanzará jamás el nivel, la magnitud interpretativa, la capacidad en los gestos y en la palabra del nuevo rey de reyes de la comedia. Hilarantes sus manifestaciones, asombrosas sus improvisaciones, únicas sus actuaciones: José Luis Rodríguez Zapatero demuestra minuto tras minuto, hora tras hora, día tras día que no hay nadie en el mundo capaz de superarle. Es uno y trino, es el dios indiscutible del absurdo, el emperador de la burla y la chanza: la ironía es su marca y la mordacidad su instrumento favorito. Yo es que me parto la caja cada vez que le veo o le oigo, de veras que no consigo evitarlo. Lo último, lo de los 20 ó 25 años de crecimiento económico tiene que pasar a la historia. Es único, homérico, invencible. De verdad de la buena.

martes, 5 de octubre de 2010

Pongamos que hablo de Madrid

Es lo que toca. Y, además, apetece. Tomás Gómez le ha ganado a Rodríguez Zapatero la batalla de Madrid. Dicho así, parece que tiros y cañonazos hayan protagonizado este enfrentamiento primario. Y, quizás la realidad esté cerca de esta apreciación. Gómez es un grano doloroso que a pesar de ser atacado por todos los lados desde el aparato gobernante, y bombardeado por presiones, descalificaciones y menosprecios de variados colores, ha logrado plantarle cara a su dominante jefe, y democráticamente enseñarle la puerta por donde salir escopetado si se palma con nitidez en las elecciones catalanas. Jefe al que, además de encontrase saturado en demasía por efervescencias sociales y económicas externas, también le empieza a doler el cuerpo: alguien de dentro no le baila las gracias, osa oponerse a sus directrices y sale victorioso en el reto. El partido que controlaban entre él y sus pretorianos se ha quebrado en la capital, se ha partido en dos grupos incompatibles, con grandes diferencias entre ambos, por mucho que digan unos y otros. Para colmo, los capitanes socialistas, viendo cómo en Madrid Gómez y los suyos se han cepillado al candidato oficial, empiezan, y si no deberían empezar, a moverse inquietos en sus cargos, no les suceda algo similar en sus dominios. Si se presta atención a sus actuales susurros y algún que otro quejido, es fácil percatarse de que prefieren liquidar a un líder quemado antes de que el incendio les afecte. Es posible que el final del gobierno de Zapatero sea endógeno, que los suyos opten por abrirle una salida digna, si pueden. Ya que el presidente ha decidido soportar todos los palos y aguantar impertérrito y altanero los fracasos que le agobian y, por desgracia para los españoles, le agobiarán, la única esperanza de que el desgobierno actual desaparezca, dando opción a que le sustituya un grupo más capacitado, menos inepto, descansa en las voluntades de los que mandan en los intestinos del PSOE.
Esta es la interpretación lógica, tan evidente que parece preparada y estudiada, antinatural. Si se me permite, me desmarco de ella. Zapatero ya se sabe muerto y enterrado hace tiempo, y es consciente de que en su derrota arrastraría al PSOE generándole un daño irreparable. Destruiría el socialismo como concepto y como colectivo humano, apartándole casi definitivamente del poder. Ante esta tesitura, crea una figura nueva capaz de recuperar lo dormido, de mantener ilusiones y provocar esperanza, mientras por el otro camino se cubre los riñones con una representante de más de lo mismo. Gana siempre, pues ejerce de banca y jugador.
Soy escéptico en el asunto: creo que todo sigue un guión ya escrito, que no es más que un apaño, una jugada de alta política que busca el inmovilismo en las riendas. No me creo nada, nada, nada de lo que viene del Gobierno y desde la presidencia del mismo, aunque dudo que sean tan inteligentes como para maquinar esto. En verdad, es un lío en el que los que salen beneficiados son los que sienten en socialista, que pueden evitar que su partido se desintegre

jueves, 23 de septiembre de 2010

Prisioneros del lenguaje

No hay cárcel más cruel que la construida por las propias palabras. Lo que dices, lo que defiendes y amparas en tu alegato, aquello que predicas se puede convertir, por obra y gracia del espíritu de la razón, que de santo tiene poco, en el presidio donde cautivo pagar por las equivocaciones. En un mundo donde la información es un apoyo y un arma, en donde el control sobre la comunicación y sus medios es un elemento imprescindible en la lucha por el poder, aquel que desea ostentar el bastón de mando, aunque sea de su comunidad de vecinos, debe cuidar con esmero su discurso, medir con precisión lo que declara, expresa, anuncia o manifiesta. Si no se aplica en esta labor, el leñazo a recibir puede ser imponente, mortal de necesidad. Todo lo que haga o diga, tarde o temprano pasará su factura, pues está registrado.

¿A qué viene este rollo? Fácil. La aristocracia política, bien local, provincial, regional, autonómica, nacional o mundial (si olvido algún campo ruego me disculpen) esta plagada de fenómenos que no poseen ni decencia ni vergüenza (los auténticos ni-nis) que consideran que a la condición de electo va unida con pegamento de contacto una patente de corso para poder recitar sandeces, sin meditar siquiera las consecuencias. No deseo que se piense que me gusta insultar gratuitamente porque es lo que se lleva, blasfemar contra todo lo que apeste a política. Pero, verán, entre la alopecia propia de la edad que se va teniendo y la de veces que uno se lleva las manos a la cabeza por lo que lee o escucha, de aquí a tres días no hay loción capilar que me arregle el desastre. Además de en la ruina, me están dejando calvo.

Y si no, que alguien con más luces que yo, que no será difícil de encontrar, me explique cómo todo un presidente de un país que tiene abierto un frente muy complicado sobre la soberanía de un territorio con otro Estado, puede soltarse un “la foto es lo importante” en un encuentro internacional con el dirigente rival y, lo que es más grande, quedarse tan ancho. O cómo el presidente de una diputación sospechoso de ilegalidades muy oscuras se puede despachar con un “el que esté libre de pecado que tire la primera piedra”, expresión pringosa que define con precisión lo que pensamos casi todos de los políticos patrios. O el no muy lejano en el tiempo “no hay quien me mueva” del presidente de una autonomía, imputado por la justicia, que con esta aseveración desprecia el poder soberano de los españoles ante las urnas. O los “subiremos los impuestos a las rentas más altas”, “no están previstos más recortes”, “estamos saliendo de la crisis”, etc. expelidos por el mismo que dijo lo de la foto el otro día en Nueva York.

No nos basta con aguantar sus desgobiernos, pagarles el sueldo, cotizar para sus dorados retiros, penar por sus continuos errores, pasar fatiga, miseria y hambre por su culpa, soportar sus desprecios y subvencionar su inutilidad, que encima hay que comerse las chorradas que sus mercedes vomitan (he mirado en el diccionario la definición de gilipollez y se ajusta con exactitud, como una segunda piel, a lo que pretendía decir, pero quedaba grosero). Sigo pensando que no nos merecemos esto.

Media hora con Mohamed VI

Parece que media hora no da para mucho en política internacional. Y menos cuando aquellos que tienen que conversar y debatir o no quieren o no saben, o ambas cosas a la vez. España tiene un problema grave con la actitud del dictador de Marruecos con respecto a la soberanía de Ceuta y Melilla. Tras el chuleo y el chantaje al que nos ha sometido Mohamed VI, el presidente del gobierno español se reúne con él a hablar del tiempo y salir guapo y hermoso en una foto. Porque esta es la sensación que da.

Se pasa por alto el tema de Melilla: el rey alauí se hace el sordo y Zapatero, más pendiente de la imagen que del fondo, no insiste no sea que el señor feudal mande otra vez a sus lacayos y se invente un nuevo asedio. Mejor le pasamos el muerto a los ministros de exteriores, que se apañen. Nosotros, a lo nuestro. Inmigración y energías renovables, que queda muy bien de cara a la galería. Todo con un buen rollo increíble, para que se note la excelente relación que existe, basada en la colaboración, el entendimiento y la sinceridad. Sobre todo, la sinceridad.

Todo el encuentro es una broma de mal gusto, un acto inútil en el que, en palabras del presidente del gobierno, la foto es lo importante. Una pose, un apretón de manos hipócrita con el que va a acabar robándote la cartera, una sonrisa para la prensa y una pérdida de tiempo. De Melilla y la extorsión, lo justo, un susurro inofensivo. Y del Sahara y su gente, de sus refugiados y represaliados, ni una mísera palabra. Es mejor abandonarles, dejarles a su suerte, traicionar las pocas esperanzas de libertad que les quedan. La cosa esta tan negra que como el nuevo convenio de pesca del 2011 no sea positivo para los intereses españoles, acabaremos recurriendo al canibalismo económico. En resumen, que el Duce del Magreb sabe que puede seguir haciendo lo que noblemente le brote de sus realezas. Lo sabe y disfruta con ello. ¡Qué pequeños somos!

Zapatero en Nueva York

Con esa carita de ángel que dan ganas de arrancarle los mofletes a latigazos, nuestro indigne estadista ha estado grande, colosal, homérico. Sabias son las palabras que han brotado de sus labios como caricias de enamorado. "Bastante sensato, lógico y justo sería pedirle un esfuerzo a las entidades financieras". Pero por favor y sin prisas, no se nos cabreen y nos líen otra, que sería ya la definitiva. Luego, un par de euros voluntarios en los billetes de avión, igual que se demanda la voluntad en el metro. Y, para postre, que muy bien, que peleemos todos juntos contra la pobreza, pero que ahora me pillas sin cambio, vuelve el año que viene y ya veremos, que me han venido los recibos y este mes voy muy justo. Éste es mi presidente y me representa allí donde va a suplicar ayuda.
Si me quedaran ganas me partiría la caja, pues lo de este hombre, de penoso se ha convertido en un espectáculo sublime, humor de alta escuela. Si no fuera porque España es un país destruido y sin perspectivas claras de recuperación, diría que desde Groucho Marx no ha hollado la tierra cómico de tal magnitud. Lo que ocurre es que verlo ahí, luciendo un palmito patético y mostrándose como un gran político, me saca lagrimones de quintal. Medio de llorar de pena, medio de reírme con ganas de las buenas, me está dejando seco. La verdad es que el cuerpo no acompaña pues las fuerzas y la voluntad flaquean por igual, pero aún así vale la pena el esfuerzo de escucharle mentir. Pues es falso lo que dice, desde la primera mayúscula de su discurso hasta el punto y final.
Lo que no percibe nuestro presidente, y debe ser el único en esto, es que nadie le cree: la diplomacia obliga a atender al jefe del gobierno pero creo que ni los traductores se han molestado con su discurso. Vende grandeza cuando en realidad somos tan pequeños, nos ha convertido en tan miserables, que obtendría más mendigando de rodillas o con una hucha del domund que actuando como un Quijote de vodevil barato.
Puestos a pedir, y vista la humillación constante a la que nos somete, yo rogaría peregrinando de rodillas sobre adoquín y abriéndome las carnes con un cilicio que alguien de los suyos, alguno de los que le continúan dorando la píldora a pesar de los pesares, se compadezca de un país avergonzado y le diga, aunque sea en voz baja, que pare ya, que abandone la política y se dedique a otra cosa menos perjudicial para nuestra salud.

La única salida de Zapatero

Zapatero debe de dimitir por muchas razones, y llevarse con él a aquéllos que le han respaldado y protegido durante los últimos años. Un país no se destruye por acciones puntuales: la acumulación de errores propiciada por una nefasta gestión de los recursos y una pésima dirección política, la errática y en muchas ocasiones absurda dirección económica, la lentitud e ineptitud a la hora de atajar los problemas, los despilfarros a cuenta de la caja del estado, la ubicación en los cargos de alta responsabilidad de políticos sin formación ni capacidad, el excesivo, ilógico e injustificable gasto público, la pasividad y permisividad de los rectores sindicales, la nula aportación de las fuerzas políticas de la oposición, la falta de credibilidad del mercado español, el debilitamiento irreversible de muchos factores fundamentales para el desarrollo, etc. Todos son elementos que han necesitado tiempo para producirse, que han precisado de la colaboración de los que, con nuestros votos, alcanzaron el poder.
Ellos, los miembros de la casta política. Ellos, asentados en la incompetencia. Ellos, que han consentido y promovido nuestra ruina. Ellos, desde gobierno y oposición, son culpables y deben marcharse y dejar de manipularnos. Con el jefe a la cabeza, con el soberbio e incapaz José Luis Rodríguez Zapatero al frente, tendrían que dimitir y dejarnos a los españoles la opción de intentar elegir nuevos rectores. Insisto, nuevos. Porque si las caras y los nombres se repiten incidiríamos en nuestra equivocación. No podemos consentir que sean los mismos. Los mismos que no han respetado las promesas que les llevaron al poder, los mismos que no han sabido o no han querido guiar las riendas del país, los mismos que han abusado de su posición buscando exclusivamente el beneficio propio, los mismos que han traicionado voluntades y principios para perpetuarse en el cargo, los mismos que han hundido miserablemente las economías familiares situando la clase media en los umbrales de la miseria, los mismos que nos mienten, nos manipulan y nos roban, los mismos que han generado desesperación y paro. Políticos de medio pelo, malos profesionales.
Zapatero debe dimitir si conoce el significado de las palabras responsabilidad, honradez y vergüenza. No porque ni izquierda ni derecha confíen en él, no porque haya situado a España en los niveles más bajos de competitividad que se recuerdan, no porque haya perdido el control económico del país, fiscalizado ahora por los socios de la Unión, no porque nadie nos respete a nivel internacional, no porque haya destruido mejoras sociales que tanto habían costado conseguir, no porque haya traicionado ideas y principios, no porque los sindicatos, antes pasivos, hayan decidido plantarle cara. No. Debe dimitir porque esa es la única manera de que la esperanza vuelva, porque no hay otro camino para lograr la recuperación que librarse de los obstáculos, y él es el principal, porque ya no tiene capacidad de colaborar con los españoles en la recuperación, y mucho menos guiar la misma, porque ya no le quieren ni los suyos, porque va a acabar con todo y con todos, porque no hay otro remedio, porque ya no sirve. En resumen, porque está muerto, porque es un cadáver político que apesta y está pudriendo aquello que toca.

sábado, 18 de septiembre de 2010

La estrategia de Trinidad Jiménez

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Las estrategias políticas son, en ocasiones, de lo más sorprendentes. Ya inmersa en la lucha por la candidatura socialista a la Comunidad de Madrid, Trinidad Jiménez se presenta basando la fuerza de su proyecto en sus diez años junto a Zapatero, y vinculando su capacidad a la misma demostrada por el Presidente del Gobierno. Buen aval se ha buscado. Si piensa hacer las cosas igual que el jefe, en el supuesto supuestísimo que gane, primero a Tomás Gómez y después a Esperanza, que la divina providencia cuide de los madrileños, pues irían más que servidos. No sé quién le asesora, pero es recomendable, si de veras desea hacer carrera, que no se pegue mucho a Don José Luis. ¿Qué por qué lo digo? Aparte del leñazo que se le viene encima, la traición y la ineptitud no son cualidades que precisamente busque un votante en aquél que le vaya a representar. Y de eso, el líder socialista anda muy sobrado. Tiene sobre su conciencia, si sabe lo qué es eso, la responsabilidad sobre la ruina social y económica de casi todo el país. Sólo se libran de la miseria los miembros de la casta política, del partido que sea que lo mismo da, y sus colegas y asociados.
Claro que igual piensa que estaría muy feo que ella no elevara a los altares a Zapatero, ya que ha colaborado estrechamente con él en crear el desaguisado. Son muchos años codo con codo destruyendo España. Y eso une. Por eso quizás haya optado por declararse pública y notoriamente tonta y no renegar del maligno, en vez de que le acusen de alta felonía hacia el mejor dirigente político desde Abraham. Me da la sensación de que se lo está poniendo a huevo a su rival (confiando siempre en la inteligencia de los militantes socialistas madrileños).

Zapatero, Miguelín y la expo

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Genial. José Luis Rodríguez Zapatero ha estado sembrado al comparar España con un bebé robotizado de más de seis metros de altura, ojos azules y rubito como un querubín. Miguelín se llama el interfecto, obra de Isabel Coixet: se trata de un coloso en pañales que representa a nuestro país en la expo de Shanghái.
Claro está que la equiparación entre el estado español y el muñeco en cuestión no va por derroteros físicos: es un cotejo entre el tamaño del androide y el futuro económico de España. Intentando quedar como Quevedo el Presidente, sin pretenderlo, ha definido a la perfección el panorama que nos espera: seremos niños pequeños, indefensos aunque mastodónticos. Necesitaremos comer mucho para poder sobrevivir, pero no sabremos ni podremos hacerlo solos. Totalmente dependientes, sin capacidad para decidir ni conocimiento, llorones y cagones, a los que nos tendrán que llevar con trapos por no controlar las deposiciones y enseñar a andar sin tropezar. No se nos dejará solos, pues a buen seguro nos lastimaríamos o romperíamos lo que encontrásemos en nuestro rededor. Siempre de la mano de un mayor y obligados a obedecer. Vamos, lo que se entiende por partir de cero.
Por una vez Zapatero ha comunicado arte con sus palabras, ha embellecido un discurso que desde el “no os fallaré” había perdido encanto y chispa (¿qué marca de pastillas consumirá este hombre?). Todo un lujo. Lo que ocurre es que él lo ha dicho con otro sentido, y aquí se puede interpretar de muchas maneras. Ésta es la mía, yo lo veo así, como más próxima a la realidad que la intención con la que el presidente del gobierno se manifestó.