Parece que media hora no da para mucho en política internacional. Y menos cuando aquellos que tienen que conversar y debatir o no quieren o no saben, o ambas cosas a la vez. España tiene un problema grave con la actitud del dictador de Marruecos con respecto a la soberanía de Ceuta y Melilla. Tras el chuleo y el chantaje al que nos ha sometido Mohamed VI, el presidente del gobierno español se reúne con él a hablar del tiempo y salir guapo y hermoso en una foto. Porque esta es la sensación que da.
Se pasa por alto el tema de Melilla: el rey alauí se hace el sordo y Zapatero, más pendiente de la imagen que del fondo, no insiste no sea que el señor feudal mande otra vez a sus lacayos y se invente un nuevo asedio. Mejor le pasamos el muerto a los ministros de exteriores, que se apañen. Nosotros, a lo nuestro. Inmigración y energías renovables, que queda muy bien de cara a la galería. Todo con un buen rollo increíble, para que se note la excelente relación que existe, basada en la colaboración, el entendimiento y la sinceridad. Sobre todo, la sinceridad.
Todo el encuentro es una broma de mal gusto, un acto inútil en el que, en palabras del presidente del gobierno, la foto es lo importante. Una pose, un apretón de manos hipócrita con el que va a acabar robándote la cartera, una sonrisa para la prensa y una pérdida de tiempo. De Melilla y la extorsión, lo justo, un susurro inofensivo. Y del Sahara y su gente, de sus refugiados y represaliados, ni una mísera palabra. Es mejor abandonarles, dejarles a su suerte, traicionar las pocas esperanzas de libertad que les quedan. La cosa esta tan negra que como el nuevo convenio de pesca del 2011 no sea positivo para los intereses españoles, acabaremos recurriendo al canibalismo económico. En resumen, que el Duce del Magreb sabe que puede seguir haciendo lo que noblemente le brote de sus realezas. Lo sabe y disfruta con ello. ¡Qué pequeños somos!
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jueves, 23 de septiembre de 2010
Media hora con Mohamed VI
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Con esa carita de ángel que dan ganas de arrancarle los mofletes a latigazos, nuestro indigne estadista ha estado grande, colosal, homérico. Sabias son las palabras que han brotado de sus labios como caricias de enamorado. "Bastante sensato, lógico y justo sería pedirle un esfuerzo a las entidades financieras". Pero por favor y sin prisas, no se nos cabreen y nos líen otra, que sería ya la definitiva. Luego, un par de euros voluntarios en los billetes de avión, igual que se demanda la voluntad en el metro. Y, para postre, que muy bien, que peleemos todos juntos contra la pobreza, pero que ahora me pillas sin cambio, vuelve el año que viene y ya veremos, que me han venido los recibos y este mes voy muy justo. Éste es mi presidente y me representa allí donde va a suplicar ayuda.
Si me quedaran ganas me partiría la caja, pues lo de este hombre, de penoso se ha convertido en un espectáculo sublime, humor de alta escuela. Si no fuera porque España es un país destruido y sin perspectivas claras de recuperación, diría que desde Groucho Marx no ha hollado la tierra cómico de tal magnitud. Lo que ocurre es que verlo ahí, luciendo un palmito patético y mostrándose como un gran político, me saca lagrimones de quintal. Medio de llorar de pena, medio de reírme con ganas de las buenas, me está dejando seco. La verdad es que el cuerpo no acompaña pues las fuerzas y la voluntad flaquean por igual, pero aún así vale la pena el esfuerzo de escucharle mentir. Pues es falso lo que dice, desde la primera mayúscula de su discurso hasta el punto y final.
Lo que no percibe nuestro presidente, y debe ser el único en esto, es que nadie le cree: la diplomacia obliga a atender al jefe del gobierno pero creo que ni los traductores se han molestado con su discurso. Vende grandeza cuando en realidad somos tan pequeños, nos ha convertido en tan miserables, que obtendría más mendigando de rodillas o con una hucha del domund que actuando como un Quijote de vodevil barato.
Puestos a pedir, y vista la humillación constante a la que nos somete, yo rogaría peregrinando de rodillas sobre adoquín y abriéndome las carnes con un cilicio que alguien de los suyos, alguno de los que le continúan dorando la píldora a pesar de los pesares, se compadezca de un país avergonzado y le diga, aunque sea en voz baja, que pare ya, que abandone la política y se dedique a otra cosa menos perjudicial para nuestra salud.
Si me quedaran ganas me partiría la caja, pues lo de este hombre, de penoso se ha convertido en un espectáculo sublime, humor de alta escuela. Si no fuera porque España es un país destruido y sin perspectivas claras de recuperación, diría que desde Groucho Marx no ha hollado la tierra cómico de tal magnitud. Lo que ocurre es que verlo ahí, luciendo un palmito patético y mostrándose como un gran político, me saca lagrimones de quintal. Medio de llorar de pena, medio de reírme con ganas de las buenas, me está dejando seco. La verdad es que el cuerpo no acompaña pues las fuerzas y la voluntad flaquean por igual, pero aún así vale la pena el esfuerzo de escucharle mentir. Pues es falso lo que dice, desde la primera mayúscula de su discurso hasta el punto y final.
Lo que no percibe nuestro presidente, y debe ser el único en esto, es que nadie le cree: la diplomacia obliga a atender al jefe del gobierno pero creo que ni los traductores se han molestado con su discurso. Vende grandeza cuando en realidad somos tan pequeños, nos ha convertido en tan miserables, que obtendría más mendigando de rodillas o con una hucha del domund que actuando como un Quijote de vodevil barato.
Puestos a pedir, y vista la humillación constante a la que nos somete, yo rogaría peregrinando de rodillas sobre adoquín y abriéndome las carnes con un cilicio que alguien de los suyos, alguno de los que le continúan dorando la píldora a pesar de los pesares, se compadezca de un país avergonzado y le diga, aunque sea en voz baja, que pare ya, que abandone la política y se dedique a otra cosa menos perjudicial para nuestra salud.
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