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miércoles, 10 de agosto de 2011

Entre calada y calada, chorrada

Ya tardaba el sátrapa marroquí en tocarnos las narices. Según el portal GuiGuinBali, Mohamed VI, el amigo de nuestro rey, el hermano de todos los españoles, envía a otro perro de los suyos, su ministro de Cultura Bensalem Himmich, para reclamar una compensación económica por los ingresos que aportan las visitas a la Alhambra. Para el dictador alauita y sus lacayos, el origen musulmán y la hermandad entre ambos países son causas suficientes para justificar la demanda. Eso, y que Boabdil, el rey que rindió el último bastión musulmán a los Reyes Católicos, habría estado orgulloso de que españoles y sus descendientes compartieran este espacio. De película de Jaimito.
Mucho fuman el rey de Marruecos y sus acólitos. El planteamiento es para hacérselo mirar: una de dos, o se ha quedado pillado con tanta grifa y se le ha aparecido el espíritu del moro llorón, o como no sabe cómo fastidiarnos, se le ha ocurrido la chorrada ésta. Yo, que no es que adore al Duce del Magreb, pienso que su pueblo, obediente hasta hace bien poco, sabe lo que Mohamed VI les ha esquilmado, conoce la riqueza que el opresor tiene escondida por el mundo. Y éste, hiena ladina, recurre a lo manido y ataca a España en lo primero que le asalta las neuronas, ya que meterse con los vecinos es lo que más entretiene y dispersa a los suyos. “Mirad qué bueno soy, que le arranco al infiel español lo que nos robó hace siglos. Mirad, y echad también unas caladitas, qué rule, qué rule”.
Parece mentira, con lo entretenido que estaba el de Rabat, inventándose una constitución patética para aplacar lo que le pudieran montar aquéllos a los que reprime, y ahogando aún más si cabe en el silencio y el olvido al pueblo saharaui, que ahora sale y revuelve un patio que de por sí no es un remanso de paz. Como si no estuviéramos lo bastante mal como para que encima aparezca el tontito de siempre a darnos la brasa. Pues no será muy diplomático, pero a Mohamed VI habría que mandarle de una vez y por todas a hacer puñetas, que ya cansa el bobo con sus bobadas.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Sea breve. Un haiku, por favor.

Me atraen esos poemas llamados haiku. Con pocas palabras, muchas cosas claras. Yo, propenso a enrollarme, he descubierto en ellos una forma de expresarme sin gastar en demasía el teclado. Reconozco que cuesta horrores redactar uno, porque cuando te lanzas y son tantas las cosas a decir, ser breve y exacto es muy difícil. Lo más habitual es que escribas una solemne tontería.

Los que saben del asunto comentan que el truco está en elegir bien el tema y ajustar con precisión lo que pretendes comunicar en tres versos de cinco, siete y cinco sílabas. Ahí es nada. Me he puesto a pensar, y de momento se me han ocurrido, antes de aburrirme, unos cuantos. Ejerciendo de aficionado, y de los malos, aquí dejo una muestra. Por ejemplo, respecto a la ausencia de los señores diputados en las sesiones parlamentarias en las que se debaten temas tan importantes como los presupuestos, quedaría bien “Si no trabajas/¿por qué tienes que cobrar?/No te lo ganas”. Sobre el tema pensiones, “No llego vivo,/con los sesenta y siete/ no me jubilo”. Referente al jefe del ejecutivo español, al real, a Zapatero, “En el presente,/no está ni se le espera/ al presidente”. Y con Rubalcaba, gobernante in pectore, “Miedo produce/ el que con su posición/ todo conduce”. Aquí me detengo, porque éste último haiku casi me sirve de comodín, ya que se le podría aplicar a infinidad de personas y personajes, como Pepe Blanco, Leire Pajín y demás responsables de la debacle nacional. Y ya puestos, y manteniendo las distancias con los anteriores, también a los Castro, Mohamed VI, Mahmud Ahmadineyad y la restante colección de dictadores que asolan sus respectivas naciones ante la mirada, pasiva y cómplice en ocasiones, del resto de los estados.

Mirándolo bien, esto del haiku puede llegar a ser divertido, parecen mensajes con los que encabezar una manifestación. Lo que no tengo claro es si la rima debe ser asonante, consonante o mal sonante, o simplemente no rimar. Me da a mí que esto no es lo mío.

jueves, 2 de diciembre de 2010

Pararle los pies

El sátrapa sabe contra quién está jugando. Un gobierno débil, en deriva y acabado es una pieza fácil para el taimado Mohamed VI, que ha chantajeado desde un principio al ejecutivo español, amenazando con reconquistar Ceuta y Melilla. Arraso el Sahara Occidental y vosotros a callar u os monto un lío de narices. Miles de sicarios ahogarían ambas ciudades y acabarían por invadirlas. Así que ya sabéis, a ser buenos o las consecuencias serán terribles.
Se le permitieron el insulto y el desprecio, se le consintieron el abuso y el bloqueo, y no se le pararon los pies. Francia y EE UU son aliados muy potentes, y el Duce del Magreb lo ha sabido utilizar contra nuestro gobierno, solo en su pasividad y su cobardía. Ahora se le ve el plumero con aun mayor claridad: tras el Sahara están Ceuta y Melilla, el objetivo verdadero de la ofensiva conquistadora del dictador marroquí. El norte de África debe ser suyo, cueste lo que cueste.
La pregunta del millón es ¿y ahora qué? Zapatero I, el reformista, no tiene la capacidad ni la decisión apropiadas para hacer frente a crisis económica y mangoneo marroquí a la vez. En la primera hace el ridículo día tras día, y en la segunda ya se ha bajado tantas veces los pantalones, que sólo le queda enseñar la pistola. El monarca alauí no se va a detener, va a medir hasta dónde puede tensar la cuerda. Ha mostrado su fuerza exterminadora y represiva en El Aaiún, ha enseñado los dientes la hiena que se cree león. Y enfrente se ha encontrado con acémilas asustadas. No sé si sería acertado darle un toque, enseñarle las garras y dejarle claro que por aquí sabemos defender lo nuestro, nuestro territorio. De lo que sí que estoy seguro es de que recuperar unas lagrimas de orgullo y vergüenza no estaría nada, pero que nada mal.

lunes, 15 de noviembre de 2010

La dictadura y sus colonos

Dice el ministro de Comunicación y portavoz del Gobierno marroquí, Khalid Naciri “conviene citar el comportamiento escandaloso del corresponsal del periódico español ABC en Marruecos, que se permitió calificar nuestro país de dictadura y los marroquíes de colonos” Al hilo de esto, sería también conveniente decirle al representante de Mohamed VI que ahora, en este preciso instante en el que alguien lee libremente estas líneas, los ciudadanos marroquíes de los territorios ocupados del Sahara asaltan viviendas y comercios de saharauis en grupos de unos cincuenta "valientes", comandados por una pareja de miembros de las fuerza de seguridad. Estos esforzados entran impunemente donde se les antoja, destruyen lo que les apetece y, ejercen su cobarde violencia contra gente asustada y desprotegida. Agreden, golpean e, incluso, violan a destajo, para secuestrar después a presuntos activistas, conducirles a las comisarías donde ya con los medios adecuados, continuar con las torturas. Claro es que toda esta información es falsa, es fruto de periodistas que buscan con la manipulación entorpecer las relaciones entre España y Marruecos.

Este comportamiento es propio de regímenes totalitarios, de dictaduras asesinas y represoras que se sirven de sus escuadras para ejercer el control. Y el que se rige por esta forma de actuar es un elemento más del engranaje de un sistema en el que la libertad y los derechos humanos se olvidan en beneficio de los intereses criminales de los opresores. Y aquéllos que imponen el miedo son los que después se apropiarán de lo que no les pertenece, colonizando tierra ajena.

En consecuencia, bien por Luis de Vega, corresponsal de ABC. Marruecos es una dictadura, y los marroquíes que están invadiendo el Sahara unos colonos. Le pese a quién le pese.

En un aparte tenemos, cómo no, las acertadas declaraciones de nuestra Ministra de Exteriores. Trinidad Jiménez pregunta si acaso lo que se pretende al denunciar los hechos y al reprochar la pasividad del gobierno español es que no exista interlocución con el país vecino. Sería bueno que alguien le dijera que hablar, hay que hablar, pues en la palabra está la solución. Pero que no hable siempre el mismo, que una voz alta no es un insulto y que los derechos humanos están por encima de los fosfatos. España debe intervenir o seremos todos responsables de un genocidio. Como no se consigue nada es estándose quietos.

sábado, 13 de noviembre de 2010

Todos juntos por la libertad del Sahara

Tengo una buena amiga, una de las de verdad, un persona de las que pase el tiempo que pase siempre forma parte del corazón y de la razón propios. Ella, mujer inteligente y cabal, desde hace tiempo tiene a su otro hijo en el territorio ocupado del Sahara. Ha peleado, pelea ahora y peleará hasta el final por Brahim, que así se llama esa parte de ella. Quiero que me perdone por usar su ejemplo en un momento como éste porque invado su vida, pero me parece que es un vehículo idóneo para expresar lo que siento.
María, que así se llama este increíble ser humano, está llorando desde que comenzó el extermino saharaui. Son lágrimas de dolor, saladas muestras de sufrimiento y desesperación por el temor que le provoca el saber que su niño está en peligro, por tener la seguridad de que los asesinos a las órdenes del dictador Mohamed VI no van a desfallecer hasta que aniquilen al pueblo saharaui. Pero ella es valiente y decidida. Aun herida en lo más profundo no se ha estado quieta en su casa esperando acontecimientos. Transformando su miedo en rabia, se ha movilizado, protesta, eleva la voz y argumenta su lucha: o se detiene la ofensiva criminal elaborada por el Duce del Magreb, o Brahim, como tantos otros, desaparecerá. Plantea no descansar en la reivindicación, sonar tan fuerte que los sordos que gobiernan tengan que actuar. Confía en que acorralando a nuestros políticos y exponiendo la vergüenza de su pasividad, algo se pueda salvar. Y lo va a intentar, porque ése es su deseo y su deber, y porque si no lo hiciese no sería justa. Porque esta justicia moral, la que de verdad importa, es la que exige que todos, absolutamente todos, gritemos juntos, entreguemos parte de nosotros en demostrar al exterminador Mohamed VI que no le vamos a consentir que cometa el genocidio que ha iniciado.
Hay que manifestarse de sol a sol, no descansar en la demanda de libertad. Pelear con y por los que abandonamos miserablemente en 1975. Sólo de esta forma nuestro gobierno se verá obligado a presionar a Marruecos, a tocarle el bolsillo al “ladrón de Rabat” (eso es lo único que le importa al megalómano dictador) forzándole de esta manera a desistir en la desigual guerra genocida que está llevando a cabo. Pero no debemos olvidar una cosa: Marruecos quiere el conflicto, Marruecos quiere que el saharaui le tire piedras, Marruecos quiere que el Sahara se levante en armas. Lo quiere para poder justificar lo que ya ha empezado a cometer, los salvajes crímenes que esconde a los ojos del mundo. Por eso hay que andar con pies de plomo, porque el taimado Mohamed VI está esperando con sus garras para matar.
Debemos luchar junto a las asociaciones, olvidando banderas políticas y creencias religiosas, dejando al margen otras consideraciones ajenas al Sahara. Debemos pelear junto a María y Brahim, que noten que no están solos, porque nuestra condición de sentir y querer como seres humanos nos obliga. No hay otra: todos juntos por la libertad del Sahara.

martes, 9 de noviembre de 2010

Vergüenza

Esto va ser breve. Cuando se escribe se pretende ser lo más objetivo posible, no dejarse llevar por afectos y emociones. Pero ahora éstos son los que guían lo que quiero decir. Por eso, porque se trata de algo personal, cuanto mas conciso, mejor. Siento rabia, indignación y sobre todo una vergüenza inmensa que me desarma, que me deja sin argumentos. Tengo que asistir desde casa al espectáculo cruel e inhumano que nos están ofreciendo las huestes de Mohamed VI en su labor de exterminio del pueblo saharaui, y no puedo hacer nada. Tengo que observar atónito la manipulación grosera, obscena y burda que de la información hacen los medios oficiales del país opresor, y no puedo hacer nada. Tengo que tragarme, como todos, la pasividad de la comunidad internacional, cómplice silencioso en el elaborado genocidio que ha programado el dictador alauí, y no puedo hacer nada. Y lo peor de todo, tengo que ver como nuestro gobierno aparta la cara, mira de perfil y se esconde temeroso y cobarde, y no puedo hacer nada.

Por todo eso, por saber que los que pueden actuar en mi nombre se lavan las manos, que anteponen intereses políticos a vidas, que no asumen su responsabilidad moral y que muestran una más que preocupante incapacidad, es mejor dar por terminada la exposición antes de perder formas y educación. Eso sí. Una cosa más. Ahora es un buen momento para que aquéllos que deben me hagan sentir orgulloso de ser español. Pero dudo mucho que quieran hacerlo y/o que sepan cómo.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Represión marroquí

Las fuerzas de seguridad marroquíes han atacado el campamento saharaui del Aaiún. La más moderna tecnología armamentística, soldados bien entrenados y preparados para el combate, contra latas vacías de agua y alimentos, alguna piedra que otra y un ejército compuesto en su mayoría por mujeres y niños. Dado que el dictador alauita no permite la presencia de observadores en la zona desde hace algún tiempo y visto como impide cualquier información que no pase por su filtro, una vez sus esbirros hayan arrasado con todo y quemado tiendas y enseres, ya se encargarán de depositar restos de armas y otros elementos con los que continuar con su mentira y justificar la acción. Lo definirá como un ataque preventivo, ante el claro peligro que suponían los más de veinte mil refugiados que, armados hasta los dientes con cuchillos de cocina y tirachinas, amenazaban con desestabilizar su estado totalitario. O bien lo calificará como un acto humanitario, para protegerles de la furia descontrolada de la población de Marruecos, dispuesta a lincharles a la menor ocasión. Basura y manipulación.

La maniobra es muy clara. Antes de iniciar el contacto con los independentistas saharauis Mohamed VI expone sus intenciones y marca con hierro al rojo la que va a ser su postura: o se hace lo que manda, o extermina cualquier oposición. Sin más, sin que nadie le tosa. Utilizará la fuerza cuándo, cómo y dónde le apetezca. ¡Cuánto será su poder para que las naciones democráticas no se atrevan a ponerle en su sitio! No lo entiendo. Vamos a asistir a la destrucción de un pueblo sin mover un dedo, más pendientes de los fosfatos, la sardina, el jurel y la caballa, que de la vida y deseos de una nación aplastada por la bota militar de la represión.

Creo que es una absoluta pérdida de tiempo cualquier intento por parte de los saharauis de alcanzar un mínimo entendimiento con Marruecos mientras no exista una clara condena internacional contra el régimen feudal. Hasta que todos los países democráticos no expongan al Duce del Magreb su determinación de no consentir más agresiones y abusos, cada día que pase el fin de todo un pueblo estará más cercano; un genocidio consentido que nos cubrirá de vergüenza a todos.

sábado, 6 de noviembre de 2010

De esos polvos, estos lodos

No es aplicable el refrán al cien por cien si atendemos al significado puro de la expresión. Cosas pequeñas traen consecuencias no deseables; ésta es la interpretación más común del dicho. Pero los desplantes, las provocaciones, los insultos y los atropellos sufridos por la diplomacia y ciudadanos españoles, no se pueden clasificar como nimiedades o simples banalidades. El problema es que el Gobierno de España así lo ha considerado los últimos años, consintiendo los abusos provenientes de un bolivariano dictador y de un señor feudal alauí. Todo lo que ocurre ahora con Venezuela y Marruecos es una herencia de la errónea y errática actitud del ejecutivo de Zapatero y el ex Moratinos, y su permisividad e, incluso, protección a los regímenes totalitaristas de ambos estados. Esta es la verdad, y no otra. Tal ha sido la debilidad manifestada, tanto se ha tolerado, que estos dos jefes de Estado, listos, astutos y ladinos manipuladores, han encontrado en España un saco perfecto en el que arrojar sus escombros y así entretener a su población. La jugada es ideal: se inventan un enemigo externo, desvían su porquería, engañan a sus paisanos y, nada, a seguir con el mangoneo. Lo único positivo en nuestras amistosas relaciones fue el memorable “¿Por qué no te callas?” con el que nuestro monarca obsequió al maleducado dictador.
Sabedores de que el rival no contesta aunque le retuerzan los riñones, ambos atacan. Cierto es que uno se esconde menos que el otro, que a don Hugo le encanta chupar cámara, mientras que Mohamed VI, taimado el hombre, prefiere mover los hilos desde uno de sus lujosos palacios. Pero los dos coinciden en lanzarse como hienas. Menos mal que, quizás por vergüenza, se ha plantado cara a los improperios e insultos provenientes de Venezuela. Nunca es tarde para reaccionar. Ahora lo que vendría de muerte sería que Trinidad Jiménez por un lado se empollara más el tema y se enterara de que en el país sudamericano sí que hay presos políticos, y que, por otro lado, en un necesario acto de valentía, advirtiese al Duce del Magreb de que ya no se van a tolerar más agresiones, de que se responderá con toda la firmeza posible a los actos contra españoles, intereses españoles y ciudades españolas.
En fin, volviendo al refrán y tomándome la licencia de modernizarlo un poco, los lodos que ahora cubren las relaciones internacionales de España con Venezuela y Marruecos, vienen de los polvos, polvazos a pelo que Chávez y Mohamed VI nos han estado pegando con el beneplácito de un gobierno pasivo y consentidor. Ya se lo han dicho, pero no está mal repetírselo a Zapatero y los suyos: España y los españoles necesitan un Gobierno que les defienda. En verdad, sería todo un detalle por su parte.

domingo, 31 de octubre de 2010

No se le ha hecho tarde a Mohamed VI

Ya tardaba Mohamed VI en inventarse una historia con la que desviar la atención sobre el asesinato de Nayem Elgarhi, ejecutado por los esbirros armados de la dictadura marroquí. La agenda oficial y las televisiones de Marruecos lanzan la noticia de la muerte de un menor musulmán a manos de la Guardia Civil en los incidentes de Melilla.

Le han puesto nombre, Younes y la agencia nacional, controlada directamente por el Rey, ha redactado el cuento: un pelotazo de goma disparado a bocajarro por un malvado Guardia Civil, ha acabado con la vida de un joven que protestaba contra la ocupación de la ciudad. Lo curioso es que cuando lo traducen al castellano, la pelota de goma se transforma en una bala. El caso es dar carnaza a los ciudadanos de Marruecos y así tapar con fango el asesinato de un adolescente saharaui a manos de la policía del régimen feudal. Dado que no hay cadáver, ni desaparición, ni denuncia, dado que no hay muerto ni rastro del mismo, las huestes del Duce del Magreb se inventan hasta la desaparición del cuerpo, trasladado a un lugar desconocido por la Guardia Civil con el objetivo de hacerlo desaparecer.

Toda esta basura informativa y toda esta manipulación de medios, conducen a la misma conclusión: Marruecos quiere igualar Melilla con el Sahara, establecer un paralelismo entre los dos territorios, en un intento claro de amortiguar lo que se le viene encima tras el crimen de Nayem Elgarhi y las protestas saharauis, las más fuertes desde 1975. En la ciudad autónoma, desde el martes se venían produciendo disturbios radicados en la protesta de jóvenes de origen marroquí en desacuerdo con los planes de empleo. Dichos acontecimientos fueron ampliamente cubiertos por los medios de comunicación del país vecino. Un chollete bueno para disimular la vergüenza y, posiblemente, organizado por los mismos mafiosos que la liaron en verano, bajo la batuta del dictador Mohamed VI. Y qué mejor para dar consistencia a la función que inventarse un muerto y la posterior desaparición de sus restos. De película de las malas.

Pero ahí no acaba el cachondeo. Los medios de comunicación marroquíes aseguran que Melilla se encuentra prácticamente en estado de sitio y que a los periodistas de Marruecos se les hostiga y acosa, en una violación clara de la libertad de prensa. Vamos, igualito que los periodistas españoles que intentan en vano viajar al Sahara para informar del estado de los acontecimientos y que se encuentran con la prohibición de la monarquía alauí.

¿Por qué nadie de exteriores le dice al dictador que ya está bien de estupideces, que se deje de manipular la realidad y que finalice de una vez por todas con la represión que ejerce sobre el Sahara? ¿Por qué nadie del Gobierno le deja claro al señor feudal que Ceuta y Melilla son españolas, que se vaya olvidando de ellas? ¿Por qué nadie le exige respeto al Duce del Magreb y le pone en su sitio? Salvo que, a nivel internacional, Marruecos sea ya más importante que España, y su sitio esté por encima del nuestro. Visto cómo le permiten actuar, puede que sea así…

viernes, 29 de octubre de 2010

El Sahara se muere

No es más que asombro, estupor y rabia. Sentimientos todos provocados por el señor feudal alauita y por aquéllos que consienten su actitud opresora. La tolerancia internacional con los desmanes institucionales de Marruecos es indignante. La represión ejercida sobre los saharauis, el trato violento y salvaje que reciben de parte de las fuerzas de seguridad del país opresor, la castración sistemática de las libertades fundamentales, la meditada opacidad informativa en los asuntos relacionados con el Sahara y el confinamiento forzado y forzoso de los que demandan la soberanía sobre su tierra y destino son argumentos suficientes para que se produjese una reacción de condena y presión sobre el Estado de Marruecos. Si le añadimos a estos condicionantes el asesinato cruel e injustificado del menor Elgarhi Nayem Foidal, ejecutado a tiros por la policía de la dictadura, tenemos los mimbres necesarios para que la diplomacia internacional tome cartas en el asunto de una vez por todas y exija a Mohamed VI la pronta solución que el problema del Sahara requiere para su supervivencia. Porque sin duda estamos ante su muerte salvo remedio inmediato.
Dicho esto, y conociendo cómo las gasta el monarca “amigo”, me temo que no tardaremos en asistir a una nueva maniobra de distracción sobre las ciudades de Ceuta y Melilla. Algo inventará el Duce del Magreb para que las miradas políticas del mundo vuelvan cobardemente la cabeza y se dirijan hacia España. Ahí tiene un hueso muy duro Trinidad Jiménez. A ver cómo responde.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Media hora con Mohamed VI

Parece que media hora no da para mucho en política internacional. Y menos cuando aquellos que tienen que conversar y debatir o no quieren o no saben, o ambas cosas a la vez. España tiene un problema grave con la actitud del dictador de Marruecos con respecto a la soberanía de Ceuta y Melilla. Tras el chuleo y el chantaje al que nos ha sometido Mohamed VI, el presidente del gobierno español se reúne con él a hablar del tiempo y salir guapo y hermoso en una foto. Porque esta es la sensación que da.

Se pasa por alto el tema de Melilla: el rey alauí se hace el sordo y Zapatero, más pendiente de la imagen que del fondo, no insiste no sea que el señor feudal mande otra vez a sus lacayos y se invente un nuevo asedio. Mejor le pasamos el muerto a los ministros de exteriores, que se apañen. Nosotros, a lo nuestro. Inmigración y energías renovables, que queda muy bien de cara a la galería. Todo con un buen rollo increíble, para que se note la excelente relación que existe, basada en la colaboración, el entendimiento y la sinceridad. Sobre todo, la sinceridad.

Todo el encuentro es una broma de mal gusto, un acto inútil en el que, en palabras del presidente del gobierno, la foto es lo importante. Una pose, un apretón de manos hipócrita con el que va a acabar robándote la cartera, una sonrisa para la prensa y una pérdida de tiempo. De Melilla y la extorsión, lo justo, un susurro inofensivo. Y del Sahara y su gente, de sus refugiados y represaliados, ni una mísera palabra. Es mejor abandonarles, dejarles a su suerte, traicionar las pocas esperanzas de libertad que les quedan. La cosa esta tan negra que como el nuevo convenio de pesca del 2011 no sea positivo para los intereses españoles, acabaremos recurriendo al canibalismo económico. En resumen, que el Duce del Magreb sabe que puede seguir haciendo lo que noblemente le brote de sus realezas. Lo sabe y disfruta con ello. ¡Qué pequeños somos!

Las provocaciones del Duce del Magreb

Es un paso más. En el anterior chantaje cometido por Marruecos contra la ciudad española de Melilla, el dictador alauí se valió de una tropilla de camorristas y alborotadores. Mafiosos de película cutre, bocazas y chillones impresentables, que obedeciendo siempre instrucciones del que todo lo sabe y todo lo manda en Marruecos, y contando con la complicidad de las fuerzas de seguridad propias, nos montaron un lío asediando territorio nacional. Todo apaciguado y tranquilizado con una media bajada de pantalones de nuestra diplomacia.

Ahora, el Duce del Magreb saca a la luz una nueva arma y lanza a su primer ministro, otra marioneta más, para que, a título “personal”, exprese su parecer sobre lo que él considera una provocación. Manda huevos, como diría aquél. Tiene delito que la visita de un español, llámese Mariano Rajoy o Juan López, a cualquier parte de nuestro territorio nacional, sea Melilla, Ceuta, Cádiz, Santiago o Teruel, tenga que ser aprobada por un país extranjero. Pero bueno, el rey de los fosfatos actúa así y así se lo permitimos, por lo que se ve.

La jugada hay que interpretarla. Mohamed VI escala un peldaño más en sus deseos de conquista sobre Ceuta y Melilla mostrando su malestar a través de un político de alto nivel, y deja para sus títeres el resto de sus artimañas y amenazas. Y ahí es donde está la única provocación de todo este asunto. El dictador millonario nos advierte, a través de sus bobos, que continuarán los asedios sobre Melilla, que en la zona manda él. Coloca las dos ciudades españolas en el punto de mira de Al Qaeda. Y, para postre, se permite insultar con sus ofensivos carteles y su vertedero de la historia a Aznar, Rajoy e Imbroda, este último elegido democráticamente por los melillenses para ser su presidente. Claro que a Mohamed VI la democracia le suena a chino. Ni conoce el concepto ni le interesa conocerlo (preguntemos a los saharauis).

El fin de esta historia el señor feudal de Marruecos ya lo tiene previsto. Para que no se salga con la suya, más nos vale que ejército y fuerzas de seguridad estén en alerta, que esto empieza a olor a chamusquina. Porque de los políticos, pusilánimes y débiles, poco parece que se puede esperar.

sábado, 18 de septiembre de 2010

No somos nadie

No valemos ni un real: sólo servimos para dóciles y aborregados consumidores de política basura, con los derechos en manos de manipuladores. Obedecer a lo que te digan. Ver, oír y callar. Ver lo justo, oír lo que ellos quieran y callar siempre. Nada de ideas, pues defenderlas suele crear problemas y te van a dejar más solo que la una: si te metes en un lío en el nombre de la libertad y la justicia, apáñatelas como puedas, que con ellos, aunque ésa sea su obligación, no puedes contar.
Debo ser imbécil pues no veo la diferencia conceptual entre ser un cooperante, que lucha por sus ideales de libertad, igualdad y solidaridad, o ser un activista pro saharaui que pelea por lo mismo. Gente que se sacrifica por mejorar el mundo y acabar con la explotación y la miseria. Españoles que exportan sus principios democráticos y que trabajan contra la opresión económica, política y social. Es el mismo concepto, una batalla común con distintas armas.
Entonces, si desde el Gobierno se combate contra secuestros y se paga si es necesario, ¿por qué no se actúa con idéntica decisión cuando de abusos y agresiones se trata? ¿Es, quizás, por temor al rey feudal Mohamed VI? ¿Tanto valen su pesca y sus fosfatos como para permitir que nos escupa con desprecio a capricho? ¿Es, como parece, que el Sahara y su pueblo le importan tres cuartas al gobierno español? ¿O, simplemente, Moratinos y su jefe son tan torpes, ineptos y cobardes como aparentan?
No me siento representado por los dos, pero la conciencia democrática me obliga. Me avergüenza que la imagen exterior de mi país (tan mío como de cualquiera) la encarnen los actuales ministro de exteriores y presidente. Me duele que se rían de ellos allá por donde van, pues, para mi desgracia, también lo hacen de mí. ¿Hasta cuándo?

Españoles por el mundo: Marruecos

Indefensión. Esa es la situación en la que cualquier ciudadano español se encuentra en Marruecos. Llegar a esta conclusión no se hace gratuitamente: la diplomacia española en lo concerniente al país “amigo” no está a la altura obligada. Somos los enemigos de Mohamed Vi y de sus fieles perros de presa con uniforme policial. El rey alauí conoce la debilidad de nuestro gobierno: nos tanteó en Melilla y vio que nuestra reacción se ajustaba a la de un ejecutivo cobarde y sin fuerza. Consiguió que sus camorristas triunfasen sobre los derechos de una ciudad española mientras que nuestro ministro agotaba sus vacaciones en Francia.
Tiene al gobierno socialista donde quiere: el dictador no desea intromisiones en su labor de exterminio del Sahara, y se va a aprovechar de la blanda y pasiva actitud de España para lograr su objetivo de controlar el territorio antaño colonia española y hogaño bajo la represión y el dominio autoritario de Marruecos. Pesca y fosfatos pesan mucho a nivel internacional, por lo visto.
No sé por qué el gobierno Zapatero teme tanto a Mohamed VI. No sé cómo el poder del Duce del Magreb ha conseguido poner el pie encima de España. No sé hasta cuándo se va a consentir la continua burla y menosprecio que hace de los españoles. Y no sé qué pintan Moratinos en exteriores y Zapatero en la presidencia del Estado si son incapaces el uno y el otro de defender los derechos de España y los españoles dentro y fuera del territorio nacional. Si ya es grave de por sí la cobardía cuando ésta se manifiesta en las cúpulas del gobierno, más grave es recrearse en ella, echarle las culpas al aire y no solucionar con firmeza y decisión los problemas, negando incluso la existencia de los mismos. Nos siguen tomando por tontos.

sábado, 21 de agosto de 2010

La defensa de Melilla

Ver como página Web

Ni tanto ni tan calvo. Ni empezar una cruzada contra el infiel agareno que osa, alfanje en mano, atentar contra la España una, grande y libre, ni esperar a que pase el tiempo, las cosas se suavicen y el “lo haces tú, no, mejor que vayas tú, que te van a hacer más caso, bueno iré mañana sin falta”. Ni lo uno ni lo otro. Melilla se merece seriedad y rapidez, cosas que desde Gobierno y Oposición no se muestran
Esteban González Pons llama a las armas mientras Moratinos está desaparecido en combate: parece Armada, que ni estaba ni se le esperaba. Todo en manos de Rubalcaba que tiene como misión amargarle el cumpleaños al pobre de Mohamed VI. Este demócrata monarca a lo mejor esperaba como regalo la entrega de la ciudad en una bandeja, como si se tratara de la cabeza de Juan el Bautista. Igual le da una pataleta y rompe los vidrios de alguno de sus palacios cuando vea que no, que Melilla no se rinde (ha sonado a Alcázar de Toledo). Porque, supongo, que Melilla y Ceuta son innegociables sobre cualquier mesa, y eso es lo que el Ministro del Interior va a comunicar con firmeza, ¿no? Otra posición nos llevaría por el camino de una traición con mayúsculas.
El problema no está en la veintena de mafiosos chantajistas que bloquen la ciudad. Lo preocupante es la actitud permisiva de las fuerzas de seguridad de Marruecos hacia estos sujetos: esta forma de no actuar invita a pensar que el que mueve los hilos no es otro que el señor feudal del Reino alauí. Y es a él a quien nuestro gobierno, lento y cansino, debe dirigir sus planteamientos diplomáticos y usar la palabra hasta que se llegue al entendimiento o se agote. Y si esto último ocurriese, si Mohamed VI continuase con su extorsión, sería momento de otras cosas. Hasta entonces, confiemos, aunque nos cueste, en una pronta solución.

Todo por la pesca

No creo que nadie dude sobre quién dirige el bloqueo a Melilla. Los chantajistas que aparecen en los medios berreando sus mentiras no son más que simples marionetas en manos de Mohamed VI. El objetivo de sus reivindicaciones es muy claro: amenazar, y sólo amenazar, con capturar Ceuta y Melilla para someterla a la dictadura del Reino de Marruecos. Piensa peregrinamente el monarca alauí que se va a reír de España de igual forma que lo hizo cuando se firmó, allá por el 2006, un tratado de pesca que le permite hacer y deshacer lo que le viene en gana, saltándose a la torera los acuerdos de la ONU y apropiándose de un territorio que no le pertenece, como el Sahara. Todo con el consentimiento de una Unión Europea que juega en dos partidas distintas: por un lado reclama la soberanía para el pueblo saharaui y en otra mesa se deja timar por los fosfatos y la pesca marroquí.
El 21 de agosto Mohamed VI celebra su cumpleaños y le gusta que le agasajen, que su pueblo le adore, sentirse como un gran califa. Por eso ha sacado sus títeres a actuar: el pueblo marroquí se olvida de su miseria, cierra los ojos ante la opulencia de su rey, y se hincha de nacionalismo. Una manera como otra cualquiera de desviar la atención. Convendría recordarle que Ceuta y Melilla son españolas desde antes de la constitución de un Reino en la zona, allá por el XVII. Y que, aunque los socios de la Unión nos dejen solos en esto, España no va a ceder ante esta rastrera extorsión. Los políticos patrios deberían, si aún quieren mantener la poca dignidad que les queda, encaminar su posición en esta dirección. Que le quede claro al del cumpleaños que Ceuta y Melilla no se tocan, son sagradas, y que no van a formar parte de ningún acuerdo en el que aparezcan como alternativa a la sardina, el jurel y la caballa. Que aquí está el fondo real de todo. El convenio de pesca vence en el 2011 y hay que sacar la mayor tajada posible, ¿verdad?

Amigos como éste...

Decir amigo es decir mucho. Los amigos, en la mayoría de las ocasiones, te elijen a ti y en otras, las menos, los escoges tú. Son pocos, selectos y especiales: están a tu lado siempre que los necesitas, no te traicionan ni te fallan nunca y saben cuándo deben apoyarte y arroparte. Un amigo jamás se aprovecha de tu debilidad para su propio beneficio personal o económico, no conspira contra ti o tus intereses y te defiende incluso cuando la razón no está de tu lado. Abres los ojos, y lo tienes a tu lado: no hace falta llamarle, pues sabes que puedes contar con él en los momentos complicados, y su presencia, física o espiritual, te reconforta, aliviándote de tensiones y problemas. La amistad es sagrada, y no entiende de mentiras y engaños.
Nuestro Rey Juan Carlos y Mohamed VI son amigos. Al menos, eso es lo que se asegura. Porque visto el comportamiento del dictador de Marruecos, más bien parece lo contrario. Se aprovecha de su relación con nuestro monarca para actuar alevosamente, valiéndose de artificios y embustes. Busca provocar y así generar un conflicto que podría acarrear graves consecuencias. Taimado, ladino y felón, el Rey de las Rocas despliega su astucia e intriga para desestabilizar territorio español. El Rey Juan Carlos le pregunta dónde va, él disimula, dice no tener nada que ver, pero continúa con su traición.
No soy nadie para aconsejar, pero me atrevería a decirle a S.M. que amigos como éste, mejor ni verlos ni tenerlos, ni tan siquiera en el infierno. Mohamed VI es un multimillonario peligroso y caprichoso, un opresor insaciable, un dictador duro e inmisericorde que nos la ha clavado muchas veces. Si de verdad existe una buena relación entre las dos casa reales, párele los pies y póngale en su sitio, que la cosa se nos puede escapar de las manos.

Melilla aún es España

Melilla se encuentra sometida al bloqueo por parte de grupos organizados que, con la excusa de responder ante supuestas acciones racistas y violentas contra ciudadanos marroquís, han establecido el control mafioso y criminal de las fronteras. No entra pescado, marisco, fruta y verduras, además de otras mercaderías, y amenazan con impedir también el suministro de cemento y ladrillos e incluso detener y paralizar el paso de trabajadores. Son camorristas, hampones que se han adueñado de los pasos fronterizos con el beneplácito y la total permisividad de las fuerzas de seguridad de Marruecos, y con la segura bendición y astuta dirección del dictador del Magreb.
Dos cosas cabe decir como mínimo. Una primera es cuestionarse dónde está el límite de lo que se le puede permitir que haga un país extranjero contra una ciudad que a día de hoy es española, con todos los derechos que nuestra democracia otorga a su territorio nacional. Es decir, hasta dónde la diplomacia va a tragar con un bloqueo contra un pedazo de España por parte de una monarquía feudal, dónde está el punto en el que la acción debe sustituir a la palabra. El rey Juan Carlos ya ha hablado con el Duce marroquí, ya ha dado el paso lógico y oportuno. Pero la situación continúa y, según amenazan, continuará al menos en agosto.
La segunda tiene que ver con la inteligencia y el sentido común de los españoles. Todo este montaje, orquestado sin duda por Mohamed VI (en Marruecos no respira una cabra sin el permiso del Rey, así son las cosas), busca provocarnos, que respondamos violentos, y así de este modo encontrar excusas perfectas para iniciar un conflicto muy grave. No debemos caer en la trampa del ladino dictador, tenemos que ser tolerantes y correctos hasta donde podamos. Pero, eso sí, jamás consentir que atenten contra nuestra integridad. El bloqueo y las amenazas deben terminar de inmediato. Sí o sí.

A vueltas con Mohamed VI

Mucho se mueve Mohamed VI: algo pretende el inteligente y taimado rey de Marruecos. Igual de listo que de millonario, cosa curiosa viendo la miseria que golpea a sus súbditos, a los que lanza por mar en pateras y por tierra en los bajos de los vehículos sin importarles su suerte. Tacha de racista a las fuerzas de seguridad españolas en Melilla: quizás quiere provocar una guerra santa y expulsar al infiel español de sus tierras. Como mínimo, calienta el ambiente para ello.
Desprende un hedor nauseabundo la infame y rastrera acusación sobre el abandono de ocho subsaharianos a su suerte. Él, el Rey de las Rocas, que tiene dominado a sangre y represión el Sahara habla de maltratos hacia seres humanos. Es ilógico que haya que respetar sus palabras en vez de juzgar sus acciones: mientras atormenta y destruye a los saharauis su pueblo lucha por una supervivencia que él y varias generaciones más de su dinastía tienen garantizada sólo con la calderilla que esconde fuera de su país. La herencia de su padre se valoró en tres veces el PIB de Marruecos, y él ha sabido multiplicarla con su control absoluto sobre los fosfatos. No respeta la dignidad de los hombres y menos su libertad. Y el que no respeta, no es merecedor de respeto.
Nuestro monarca ha hablado con él: no quiere tensiones fronterizas, pretende evitar el enfrentamiento. Buen intento de nuestro Rey. Pero inútil a buen seguro. Me da la sensación de que lo otra parte está más por la labor contraria: busca pelea y la está provocando. En España diplomáticos hay: a ver si sale alguno y para en seco a Mohamed VI, porque nos la quiere liar. Y Melilla y Ceuta no son el islote Perejil.

El Sahara no tiene solución - DIARIO YA

Está condenado. El Sahara deseado por los saharauis quedará totalmente destruido por la intransigencia marroquí a pesar de contar con el respaldo de la ONU. Si hacemos caso a las declaraciones de Christopher Ross, el enviado por las Naciones Unidas para tratar el tema del Sahara, cualquier acercamiento es prácticamente imposible. Las conversaciones de paz están en punto muerto, estancadas por la negativa constante de Marruecos de debatir el refrendo propuesto por el Frente Polisario. Ross insiste en la necesidad de que ambas partes se sienten y manifiesten una clara voluntad política de iniciar negociaciones. Pero tropieza, sobre todo, con la actitud de Marruecos que no accede ni tan siquiera a explorar los planteamientos saharauis. De continuar así, para el enviado de la ONU existen pocas razones para convocar nuevas reuniones.
En resumen, lo expuesto por Ross no es más que un grito desesperado solicitando ayuda. Califica la situación de los refugiados como cruel, e insiste en la continua violación de los derechos humanos por parte de un Marruecos que no está dispuesto a perder el control sobre el territorio.
Mohamed VI no acepta un sonido distinto al de su voz, no negocia; ordena y manda, y todo el mundo obedece. Él ofrece como única vía su propuesta de autonomía, rechazando cualquier otra. O lo suyo o nada. Y para lograr su objetivo utilizará las medidas de presión que considere oportunas, tanto a nivel interno como externo. Bien podría ser que la extorsión a la que se ha sometido a Melilla sea un arma que el Duce del Magreb ha utilizado para conseguir el apoyo de España, mostrando a nuestra diplomacia la debilidad de la ciudad. O haces lo que yo te diga, o mira la que te puedo liar. Todo un ejemplo de comportamiento democrático.