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lunes, 28 de febrero de 2011

Ir por ir

El presidente del Gobierno mantiene su previsión de viajar a Túnez el miércoles. Objetivo del viaje, respaldar el proceso de transición democrática del país. Loable misión la del Obama europeo. Y además, arriesgada, pues no se sabe bien quién le va a recibir, si le van a recibir y, lo más divertido de todo, si el que le reciba pintará algo en el país al día siguiente de haberle recibido. Al ritmo que marcan los acontecimientos de Túnez, el nuevo primer ministro Beyi Said Essebsi, sustituto del dimitido Mohamed Ghanuchi, igual dura menos de dos telediarios, o igual cumple las perspectivas del ejecutivo español, que piensa que alcanzará hasta mediados de julio, fecha prevista para las elecciones. Sea como sea, hay que ir aunque a pie de pista sólo aparezca una azafata con un cartel con su nombre.
Porque no nos engañemos, en política exterior seguimos con la máxima de que la foto es la foto, y no hay que perdérsela. Zapatero tiene que ser el primero en aparecer abanderando la democracia y la libertad y, en el fondo, le importa tres cuartos quién esté en el aeropuerto cuando él llegue, quién gobierne en el país y de qué país se trate. Aquí lo fundamental es que quede constancia de su liderazgo mundial, de su nivel interplanetario, de la magnitud de su misión entre los mortales antes de ascender en cuerpo y alma al reino de los cielos.
Dentro de mi ignorancia y teniendo en cuenta la mala leche que me produce cualquier cosa que haga Zapatero (he de reconocer que no estoy en condiciones anímicas de aguantarle ninguna tontería más), yo le sugeriría al Presidente del Gobierno que, ya que le ha entrado el gusanillo viajero y blande orgulloso la espada de la libertad, pasara de largo por Túnez y se dejara caer en Marruecos antes de que las cosas se líen serias en el país de Mohamed VI y el dictador comience a derramar la sangre de su pueblo. Al fin y al cabo, no estaría de más decirle al monarca alauita que cuando su gente despierte y le exija libertad y cuentas haría bien en controlarse, que tiene el gatillo fácil. Y de paso, que cuando se las vea muy negras (qué se las verá) que no intente escapar por Ceuta o Melilla, que por allí le tienen ganas.

martes, 7 de diciembre de 2010

Los dirigentes chinos y sus colegas

China y otros dieciocho países declinan asistir a la ceremonia de entrega del Nobel de la Paz. El resto de Estados, compañías de payasos todos según manifiestan desde el Gobierno de Pekín, piensan que el hecho de que le otorguen el galardón a un disidente encarcelado por luchar por la libertad está en la razón y en la justicia del premio. Claro que, tratándose de un criminal separatista, lo normal es que los obscenos y arrogantes integrantes del circo de la democracia estén de acuerdo con la decisión del jurado del Nobel, y no con la postura de los insignes ejemplos de los principios democráticos que han rechazado la invitación. Grandes exponentes de respeto a los derechos fundamentales, como Marruecos y su dictadura feudal, Irán, Vietnam, Sudán, Pakistán, Cuba, Kazajistán, Arabia Saudí o la Venezuela del showman Chávez. Liu Xiaobo, de 54 años, puede sentirse orgulloso de que ninguno de los representantes de los citados con anterioridad acudan a un homenaje a su persona (entre nosotros, lo cierto es que no pintan nada cuando de Paz y Libertad se habla). Además, "por diferentes razones" (poderoso caballero Don Dinero) a China y compañía también se unen Rusia, Colombia, Túnez, Serbia, Filipinas, Irak, Afganistán y Ucrania.
Visto como están las cosas en esto de la economía no sería de extrañar que con los pro-chinos se solidarizaran de aquí al viernes unos cuantos más a tenor de las amenazas veladas y no tan veladas de las autoridades de Pekín hacia los osados que osen apoyar al disidente. De momento, alrededor de cincuenta embajadas han confirmado su participación, aunque no se descartan bajas de última hora, por estrés o gripe, quién sabe.
Lo que sí que no está claro es quién recogerá el susodicho premio, ya que ya se han encargado las autoridades chinas de que no exista bicho viviente relacionado con la persona del premiado que pueda acercarse al evento. Ni los ruiseñores pueden abandonar el país; a nadie con cierta relevancia en nombre y apellidos le está permitido salir de su casa ni siquiera a por pan, no sea que pongan en peligro la seguridad del estado.
A mí, por lo que me concierne, me gusta pertenecer a los Tonetti, al igual que Mario Vargas Llosa, cuando afirma que China es aún una dictadura, o que el ex presidente checo Havel y Desmond Tutu que volvieron a pedir el domingo pasado su liberación en un artículo que rezaba tal que así: "El apoyo de China a regímenes abusivos y la fuerza brutal con que aplasta la disidencia dentro de sus propias fronteras demuestra que hace falta una reforma sustancial si China quiere ser vista como un verdadero líder entre la comunidad internacional".
Lo dicho, antes una peluca de colores y una nariz roja, que participar de la violencia, la agresión, la constante violación de derechos y libertades y demás prácticas totalitarias que realizan los dirigentes chinos y sus colegas de sangre y represión, como Mohamed VI, los Castro, Ahmadineyad, Nguyen Minh Trie, Omar Hassan al Bashir, o Nursultan Nazarbayev, representantes todos de lo que jamás debe llegar a convertirse un ser humano.

jueves, 2 de diciembre de 2010

Pararle los pies

El sátrapa sabe contra quién está jugando. Un gobierno débil, en deriva y acabado es una pieza fácil para el taimado Mohamed VI, que ha chantajeado desde un principio al ejecutivo español, amenazando con reconquistar Ceuta y Melilla. Arraso el Sahara Occidental y vosotros a callar u os monto un lío de narices. Miles de sicarios ahogarían ambas ciudades y acabarían por invadirlas. Así que ya sabéis, a ser buenos o las consecuencias serán terribles.
Se le permitieron el insulto y el desprecio, se le consintieron el abuso y el bloqueo, y no se le pararon los pies. Francia y EE UU son aliados muy potentes, y el Duce del Magreb lo ha sabido utilizar contra nuestro gobierno, solo en su pasividad y su cobardía. Ahora se le ve el plumero con aun mayor claridad: tras el Sahara están Ceuta y Melilla, el objetivo verdadero de la ofensiva conquistadora del dictador marroquí. El norte de África debe ser suyo, cueste lo que cueste.
La pregunta del millón es ¿y ahora qué? Zapatero I, el reformista, no tiene la capacidad ni la decisión apropiadas para hacer frente a crisis económica y mangoneo marroquí a la vez. En la primera hace el ridículo día tras día, y en la segunda ya se ha bajado tantas veces los pantalones, que sólo le queda enseñar la pistola. El monarca alauí no se va a detener, va a medir hasta dónde puede tensar la cuerda. Ha mostrado su fuerza exterminadora y represiva en El Aaiún, ha enseñado los dientes la hiena que se cree león. Y enfrente se ha encontrado con acémilas asustadas. No sé si sería acertado darle un toque, enseñarle las garras y dejarle claro que por aquí sabemos defender lo nuestro, nuestro territorio. De lo que sí que estoy seguro es de que recuperar unas lagrimas de orgullo y vergüenza no estaría nada, pero que nada mal.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Una periodista en peligro.

Éste es el concepto de libertad que gasta Mohamed VI, de transparencia en la información. Ana Romero, periodista de El Mundo en el Aaiún, destacada allí en virtud de un acuerdo entre los gobiernos de España y Marruecos, se encuentra bajo la protección de Mariano Collado, el depositario de los Bienes Culturales españoles en la capital del antiguo protectorado español. Ha tenido que acudir a cobijarse a la residencia de éste ante las advertencias del único representante del Gobierno español en la zona de que si sale a la calle para cumplir con su trabajo, que no es otro que el de informar con libertad, no podrá garantizar su integridad. La periodista teme por su seguridad, relata que la siguen a todos los lados y que le están presionando para que abandone y se marche. En una conversación telefónica con la cadena COPE ha manifestado: “Vine invitada por el Gobierno español y el de Marruecos y ahora se me está intentando echar con unas prácticas estalinistas. Marruecos quiere echarme de aquí, pero no quiere firmar una orden de expulsión".

El director de EL MUNDO, Pedro J. Ramírez, ha declarado en el programa “Así son las mañanas” de Ernesto Sáenz de Buruaga que apela “ al Gobierno español, a Rubalcaba, que se implicó personalmente en el acuerdo y a Trinidad Jiménez, a quien corresponde velar por la seguridad de los españoles en el extranjero, para que ejerzan su influencia y protejan la labor profesional de Ana Romero en El Aaiún, que todavía no ha concluido". A continuación ha expresado su preocupación al decir que "Ana corre un serio peligro en El Aaiún, un serio peligro físico. Mariano le ha asegurado que si ella abandona la residencia para ejercer el periodismo no podrá volver a ser admitida y protegida".

Todo esto viene a cuento de que Ana Romero está recabando con imparcialidad y objetividad datos sobre torturas y desapariciones de saharauis en la Cárcel Negra de la capital del Sahara Occidental. Hasta ciento treinta se encuentran allí recluidos, sometidos a todo tipo de vejaciones y maltratos físicos. Y esto no parece noticia del agrado de la dictadura marroquí. Como tampoco debió serlo el testimonio recogido el pasado sábado por la periodista de El Mundo en el que una mujer saharaui denunciaba haber sido violada por tres agentes de las fuerzas de seguridad de Marruecos el día después de que arrasaran el campamento de Gdeim Izik. Marruecos sólo quiere que se conozca su verdad, esa fábula manipulada en la que el invasor se convierte en víctima y el represaliado en verdugo. El gobierno español tiene la obligación de intervenir ya, con la dureza que requiere el asunto, y evitar que con Ana Romero se cometa vejación alguna. Otra forma de actuar además de irresponsable y cobarde sería participar como cómplice de lo que pudiese ocurrir. A ver si de una vez por todas hacen lo que tienen que hacer, que ya va tocando.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Proteger a un asesino.

Hosni Benslimane. Produce algo de temor escribir sobre el personaje en cuestión, visto lo que ha sido capaz, supuestamente (¡ejem!), de realizar en el oscuro ejercicio de su labor a las órdenes de Hasan II y de su hijo Mohamed VI. Todo apunta a que nos encontramos delante de un ejecutor, de un asesino institucionalizado, de un sanguinario y cruel criminal siempre fiel a los dictámenes de la monarquía alauí. Benslimane está imputado por la Audiencia Nacional por genocidio en los acontecimientos del Sahara de 1976 y Francia le reclama, le coloca en busca y captura en el espacio Schengen a raíz de su participación en el secuestro, torturas y asesinato de Ben Barka, cuyo cuerpo jamás ha sido encontrado; para atraparle, para que pague por sus delitos, existe una euroorden solicitando su detención y puesta a disposición de la justicia.

Que se sepa, España pertenece al espacio Schengen. Y, que se sepa, el general Benslimane se paseó impune por el territorio nacional el otro día sin que nadie le pusiera la mano encima. El ministerio de Interior permitió su entrada en el país (primera ilegalidad). Rubalcaba y aquéllos que le secundaron le ocultaron a la justicia francesa dentro de las dependencias de Interior (segunda ilegalidad). Y se le consintió salir de España, argumentando que “no está en los ordenadores” (tercera ilegalidad). Que cada uno interprete los hechos como le apetezca. Lo único cierto e irrefutable es que, dentro de la línea oficial de nuestro gobierno de apoyo incondicional a Marruecos, un supuesto genocida, un torturador, ha lucido su miserable existencia con la complicidad de los que, según manda la ley, tendrían que haberle detenido para que rindiese cuentas. Una traición más del gobierno Zapatero, de su delfín Rubalcaba y de todos los que callan ante la represión marroquí. Imperdonable.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

O se cambia o se desaparece.

Que España necesita un cambio urgente no se le escapa a nadie, excepto a los que imperiosamente deben ser sustituidos. Ya no se trata de buscar culpables sino de encontrar soluciones y los que gobiernan han agotado su crédito hace tiempo. Nadie confía en la capacidad económica española, nadie se la juega por nuestra recuperación. En Europa, en el mundo, nuestra diplomacia hace el ridículo constantemente, se muestra débil, temerosa, cobarde y asustada, sin empaque. Ha perdido el norte, eligiendo para defender el país unos argumentos que nos sitúan de rodillas, en actitud penitente allá donde vamos. Y dependemos, para la recuperación interior, que crean en nosotros porque en caso contrario nos hundimos irremediablemente. Somos un país vulnerable, o al menos esa es nuestra imagen en el exterior.

Rubalcaba no estuvo patético, no. Su actitud fue vergonzosa por no proteger el derecho de los periodistas españoles a informar, por no manifestar la condena clara del gobierno español hacia la violenta represión en el Sahara y por no exigir claridad en la exposición de los hechos, aceptando sólo la versión oficial, única posible por el apagón informativo. Se bajó los pantalones ante Cherkaui, aceptó sin condicionantes su exposición y consumó una traición ideológica que remueve los cimientos del sentir socialista. Cualquiera puede venir, invadir nuestra integridad y marcharse premiado con la razón. En el Sahara se están conculcando los Derechos Humanos por parte de Marruecos, que se pasa a la ONU por el forro y que se ríe de España cuándo y cómo quiere, humillándonos en cada ocasión. Y Rubalcaba lo consiente, lo permite, se amedrenta y enseña su lado cobarde, cobarde y cobarde. Premio para él.
Entretanto, jugándonos la supervivencia en Europa, Elena Salgado se queda en España a votar algo que tiene ganado en lugar de ir a batirse el cobre, a demostrar que las cosas se están haciendo como se deben. Debieron alucinar al constatar la ausencia de la responsable económica del Gobierno. ¿La interpretación? Miedo al tirón de orejas, seguro, porque no creo que fuera porque vamos sobrados, ojalá.

Son las dos últimas muestras que califican a los que nos gobiernan. No nos merecemos estos políticos de medio pelo, pusilánimes y medrosos, caguetas sin la preparación, la disposición y el valor que requiere el representar a España. Sin olvidarse, cómo no, del jefe de todos, del que mete la mano por el culo y maneja sus muñecos, de José Luis Rodríguez Zapatero, que se esconde gallina tras sus quince portavoces y continúa en su firme propósito de destruir el país.

martes, 16 de noviembre de 2010

Mentiras y equivocaciones

Marcelino Iglesias ha mostrado un penoso y preocupante desconocimiento sobre el Sahara. Con la lección bien aprendida, repitiendo el discurso del gobierno y vendiendo la posición del mismo como acertada, el hombre fuerte del PSOE se equivocó lastimosamente tres veces sobre un dato que, hoy en día, conocemos todos los que asistimos entre la vergüenza y el enojo a los acontecimientos de El Aaiún. Lo mismo le daba el 73, que el 74. Y como no sabía por dónde salir del charco, con datar como década de los 70, solucionado. Total, qué importa. Los derechos humanos ultrajados, la brutalidad marroquí, las detenciones indiscriminadas, los desaparecidos, los muertos. Nada tiene valor si lo comparamos con los “intereses españoles”.
La mentira acompaña gemela a la postura del ejecutivo. Desde la ministra, a la que llaman mentirosa a la cara, pasando por el presidente, que envía al despedido Moratinos a ver lo que puede arreglar por ahí, y terminando con cualquiera de los demás “portavoces”. Ninguno dice lo que sabe ni reconoce lo que sabía. Y lo más peligroso, ninguno manifiesta lo que a buen seguro sabe que va a ocurrir. Marruecos exterminará la voluntad de un pueblo y eliminará a todos aquellos que se opongan a su deseo. España y los españoles somos, quizás, los únicos aliados reales con los que cuentan los represaliados. Los intereses de las grandes potencias están con Mohamed VI, y le van a consentir (de facto, ya le están consintiendo) cualquier barbaridad. Si fallamos nosotros, nadie les quedará. Por eso es aún más grave la traición de los que nos gobiernan hacia la que antaño era una de sus banderas. Miedo me da que le den mayor credibilidad al reportaje manipulado del gobierno marroquí que a las contadas informaciones que se reciben desde el territorio ocupado; son ruedas de molino con las que el Duce del Magreb quiere que el mundo comulgue. Y son las únicas ruedas que hay, porque el apagón informativo oculta cualquier verdad distinta de la falacia oficial.
Mientras tanto, mientras que en el Sahara continúa la depuración, continúa la persecución étnica, en Madrid, el ministro de Interior de Marruecos viene a darnos un tirón de orejas y ponernos a parir a todos los que nos oponemos a su plan genocida. Y nuestros representantes agacharán la cabeza y se tragarán todo lo que les den. Igual es que aquí manda también Mohamed VI…

lunes, 15 de noviembre de 2010

La dictadura y sus colonos

Dice el ministro de Comunicación y portavoz del Gobierno marroquí, Khalid Naciri “conviene citar el comportamiento escandaloso del corresponsal del periódico español ABC en Marruecos, que se permitió calificar nuestro país de dictadura y los marroquíes de colonos” Al hilo de esto, sería también conveniente decirle al representante de Mohamed VI que ahora, en este preciso instante en el que alguien lee libremente estas líneas, los ciudadanos marroquíes de los territorios ocupados del Sahara asaltan viviendas y comercios de saharauis en grupos de unos cincuenta "valientes", comandados por una pareja de miembros de las fuerza de seguridad. Estos esforzados entran impunemente donde se les antoja, destruyen lo que les apetece y, ejercen su cobarde violencia contra gente asustada y desprotegida. Agreden, golpean e, incluso, violan a destajo, para secuestrar después a presuntos activistas, conducirles a las comisarías donde ya con los medios adecuados, continuar con las torturas. Claro es que toda esta información es falsa, es fruto de periodistas que buscan con la manipulación entorpecer las relaciones entre España y Marruecos.

Este comportamiento es propio de regímenes totalitarios, de dictaduras asesinas y represoras que se sirven de sus escuadras para ejercer el control. Y el que se rige por esta forma de actuar es un elemento más del engranaje de un sistema en el que la libertad y los derechos humanos se olvidan en beneficio de los intereses criminales de los opresores. Y aquéllos que imponen el miedo son los que después se apropiarán de lo que no les pertenece, colonizando tierra ajena.

En consecuencia, bien por Luis de Vega, corresponsal de ABC. Marruecos es una dictadura, y los marroquíes que están invadiendo el Sahara unos colonos. Le pese a quién le pese.

En un aparte tenemos, cómo no, las acertadas declaraciones de nuestra Ministra de Exteriores. Trinidad Jiménez pregunta si acaso lo que se pretende al denunciar los hechos y al reprochar la pasividad del gobierno español es que no exista interlocución con el país vecino. Sería bueno que alguien le dijera que hablar, hay que hablar, pues en la palabra está la solución. Pero que no hable siempre el mismo, que una voz alta no es un insulto y que los derechos humanos están por encima de los fosfatos. España debe intervenir o seremos todos responsables de un genocidio. Como no se consigue nada es estándose quietos.

De ministros marroquíes y demás lindezas

En idéntica línea que los servicios de propaganda nazis de Goebbels o la oscuridad en los manejos de Heydrich, Mohamed VI envía a sus peones. Primero el ministro de Comunicación y portavoz del Gobierno marroquí, Khalid Naciri, manifiesta que los medios españoles han caído en una deriva "racista y odiosa" hacia Marruecos. Ni más ni menos. Atrás queda el aire fresco que invadió el país vecino tras la muerte de Hassan II, permitiéndose cierta libertad. Ahora, el régimen feudal cierra las bocas de los periodistas locales e intenta con notable éxito controlar y fiscalizar cualquier noticia relacionada con la situación en el Sahara ocupado. Para ello, para seguir ocultando su crueldad, acusa a los medios españoles de racismo y de falsear la verdad al informar sobre los sucesos.

El títere de Mohamed VI habla de los enfoques parciales y subjetivos que desde España se hace de “su” Sahara (y dale con que es suyo). Sin costarse un pelo, dice asistir a procedimientos falaces, técnicas innobles, manipulaciones y montajes inmundos. Vamos, que las agencias de noticias, la prensa escrita, la radio, la televisión, todos han elaborado un maquiavélico plan de desprestigio y acoso del país del norte de África. Informar sobre las salvajadas de las fuerzas de seguridad y ciudadanos marroquíes ahora se llama mentir. Se ceba en la labor del corresponsal de ABC por atreverse a definir, correctamente a mi entender, a Marruecos como una dictadura y a los marroquíes como colonos. Ataca a todo lo que no puede controlar el brazo propagandístico del monarca alauí, como a los periodistas de El País y de la Cadena Ser. "Estamos ante un llamamiento al odio y una incitación a la violencia. Se trata de una grave manipulación de la opinión pública española, con el fin de exacerbar sus sentimientos contra Marruecos, para remontar contra él, en una auténtica deriva odiosa y racista". El violento se ofrece como víctima, el que golpea, viola y destruye habla de odio, el que no permite la libertad en la comunicación habla de manipulación, el que lanza sus camorristas contra Melilla y Ceuta habla de excitar sentimientos. Y nadie le manda callar, nadie le dice a la cara que miente con miseria y alevosía.

Acto después, el Fassi, primer ministro de Marruecos, quizás creyendo que los delirios de Mohamed VI y su sueño de control sobre el Norte de África alcanzan también a España, manda callar a Mariano Rajoy, amenazando al gobierno sibilinamente de exponer al peligro las relaciones entre ambos estados. Y en su línea habitual, insulta también a simpatizantes populares como si de de soldados coloniales se tratasen, y a la prensa española como organizadora del desaguisado. Será verdad que los Tercios de Flandes han invadido el Sahara portando papel, lápiz, cámaras y móviles, todas ellas armas de destrucción masiva al servicio de Mariano I el conquistador.

Las palabras del ministro marroquí se pueden enmarcar dentro del surrealismo y el embuste sistemático que brota desde los poderes políticos de Marruecos. Todo dentro de la misma estrategia utilizada en su día por desaparecidos regímenes totalitaristas. Además, ¿de qué relaciones habla? ¿De las que consienten pasivamente los abusos? ¿De aquéllas que llevan unos años mostrando la vergüenza de su debilidad, permitiendo que Marruecos nos pase por encima donde y cuando quiere? Ese tipo de relaciones no interesan.

El opresor, el invasor, el exterminador habla y habla con impunidad. Y así va a seguir expeliendo sus mentiras hasta que no se le diga ¡basta!

sábado, 13 de noviembre de 2010

Todos juntos por la libertad del Sahara

Tengo una buena amiga, una de las de verdad, un persona de las que pase el tiempo que pase siempre forma parte del corazón y de la razón propios. Ella, mujer inteligente y cabal, desde hace tiempo tiene a su otro hijo en el territorio ocupado del Sahara. Ha peleado, pelea ahora y peleará hasta el final por Brahim, que así se llama esa parte de ella. Quiero que me perdone por usar su ejemplo en un momento como éste porque invado su vida, pero me parece que es un vehículo idóneo para expresar lo que siento.
María, que así se llama este increíble ser humano, está llorando desde que comenzó el extermino saharaui. Son lágrimas de dolor, saladas muestras de sufrimiento y desesperación por el temor que le provoca el saber que su niño está en peligro, por tener la seguridad de que los asesinos a las órdenes del dictador Mohamed VI no van a desfallecer hasta que aniquilen al pueblo saharaui. Pero ella es valiente y decidida. Aun herida en lo más profundo no se ha estado quieta en su casa esperando acontecimientos. Transformando su miedo en rabia, se ha movilizado, protesta, eleva la voz y argumenta su lucha: o se detiene la ofensiva criminal elaborada por el Duce del Magreb, o Brahim, como tantos otros, desaparecerá. Plantea no descansar en la reivindicación, sonar tan fuerte que los sordos que gobiernan tengan que actuar. Confía en que acorralando a nuestros políticos y exponiendo la vergüenza de su pasividad, algo se pueda salvar. Y lo va a intentar, porque ése es su deseo y su deber, y porque si no lo hiciese no sería justa. Porque esta justicia moral, la que de verdad importa, es la que exige que todos, absolutamente todos, gritemos juntos, entreguemos parte de nosotros en demostrar al exterminador Mohamed VI que no le vamos a consentir que cometa el genocidio que ha iniciado.
Hay que manifestarse de sol a sol, no descansar en la demanda de libertad. Pelear con y por los que abandonamos miserablemente en 1975. Sólo de esta forma nuestro gobierno se verá obligado a presionar a Marruecos, a tocarle el bolsillo al “ladrón de Rabat” (eso es lo único que le importa al megalómano dictador) forzándole de esta manera a desistir en la desigual guerra genocida que está llevando a cabo. Pero no debemos olvidar una cosa: Marruecos quiere el conflicto, Marruecos quiere que el saharaui le tire piedras, Marruecos quiere que el Sahara se levante en armas. Lo quiere para poder justificar lo que ya ha empezado a cometer, los salvajes crímenes que esconde a los ojos del mundo. Por eso hay que andar con pies de plomo, porque el taimado Mohamed VI está esperando con sus garras para matar.
Debemos luchar junto a las asociaciones, olvidando banderas políticas y creencias religiosas, dejando al margen otras consideraciones ajenas al Sahara. Debemos pelear junto a María y Brahim, que noten que no están solos, porque nuestra condición de sentir y querer como seres humanos nos obliga. No hay otra: todos juntos por la libertad del Sahara.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Una historia de El Aaiún

Herido como estoy por la represión marroquí sobre el territorio ocupado del Sahara, estos días devoro toda la información relativa al intento de exterminio que por parte de las fuerzas de seguridad de Marruecos y las huestes de violentos colonos dirigidos por Mohamed VI se está llevando a cabo contra el pueblo saharaui. Y tal día como el viernes 12 me tropiezo en El Mundo con un reportaje sobre los sufrimientos de una familia, con una entrevista en la que un hombre asustado, avergonzado y enojado narra cómo él y los suyos fueron torturados, vejados y, en algunos casos, violados.

Cuenta la víctima que, hallándose escondido con toda su familia en un chalé, se personaron en ella un elevado número de represores ataviados con vaqueros y pasamontañas que les condujeron al desierto, les tumbaron en el suelo y les cosieron a patadas y golpes, llegando a introducir sus porras por el ano de alguno de los hombres, para después cebarse en la violación de las mujeres del grupo. Cuenta la víctima que un sobrino suyo de tres años fue atado con una cuerda a un vehículo y arrastrado durante una larga distancia. Cuenta la víctima que los ancianos también gozaron de este exquisito trato. Cuenta la víctima que desconoce el paradero de hermanos suyos, prisioneros de los que abusaron de ellos. Y cuenta la víctima que él tiene la nacionalidad española, que trabaja para una empresa española, que nunca ha sido activista… El reportaje, estremecedor por sí solo, viene acompañado de una fotografía en la que aparecen dos niños de muy corta edad siendo atendidos de las sangrantes heridas de sus cabezas. Letra e imagen son desgarradoras.

¿Qué credibilidad tiene lo manifestado? La que uno quiera darle. Yo sí que doy por ciertas las palabras, pues de ellas se desprenden humillación, miedo y desesperación. Además, ésta es una información de las pocas que han conseguido atravesar el muro marroquí; si el país vecino esconde los hechos, es porque tiene motivos para hacerlo. Para mí, aquí tenemos, en consecuencia, una muestra de la crueldad y del salvaje comportamiento de los elementos opresores, una demostración más de la voluntad exterminadora de Mohamed VI. Marruecos no permite la entrada de medios de comunicación extranjeros porque tiene que tapar la vergüenza de su actitud asesina y ocultar las pruebas de la elaborada y meditada matanza que ha iniciado. Hay que detener el genocidio antes de que sea demasiado tarde.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Portavocías asesinas

Las últimas demostraciones de descoordinación entre ministros, de irresponsabilidad y desconocimiento al fin y al cabo, definen a las claras el funcionamiento desquiciado y desquiciante del gobierno español. La situación requiere personas que mediten sus manifestaciones, gente que domine aquello sobre lo que opina porque lo que ellos digan tiene el peso político inherente al cargo que ostentan. Vamos, que no están de tapas en un bar tomando unas cañas ni con los amigos compartiendo sobremesa y tertulia. El donde dije digo, digo Diego podría tener un pase en los días de vino y rosas. Ahora hay que ser más serios.

Las aseveraciones de Valeriano Gómez sobre la ayuda de 426 euros y la posterior rectificación por parte de Elena Salgado son una mala broma en comparación con las manifestaciones de Ramón Jáuregui. El ministro de Presidencia no puede equivocarse al otorgar la soberanía sobre el Sahara a Marruecos, justificando así el bloqueo marroquí a prensa y periodistas, y quedarse tan ancho. Vale que Trinidad Jiménez enseguida, viendo la metedura de pata, ha enmendado rauda el error del compañero: “España no reconoce la soberanía de Marruecos sobre el Sahara, la constata” Ahí estamos, devanándose los sesos desde Quito. ¡Por Dios, si ése es el problema, señora ministra, ése es el problema!... Todo el mundo está constatando cómo Marruecos ejerce su soberanía, con la fuerza de las armas.

Pero es que después de la matización de la titular de Exteriores, el señor Jáuregui demuestra un desconocimiento preocupante sobre el asunto cuando, al intentar explicarse a sí mismo, manifiesta que es Marruecos quien posee la administración del territorio. Vamos a ver. España no ha reconocido jamás la soberanía del país vecino sobre el territorio: lo único en ese sentido es el escrito en el que Zapatero refleja que es la ley marroquí la que se aplica en el Sahara Occidental, un documento elaborado tras el caso de Aminatu Haidar para que el rey “amigo” no se enfadara. Pero sólo eso, que no es poco. Además, que se sepa, la ONU considera al Sahara territorio ocupado y el Tribunal de La Haya dictaminó que ni Marruecos tiene autoridad sobre la zona, ni en 1975, cuando abandonamos la colonia, se la transfirió España.

Da la sensación de que cualquier cosa vale con tal de no condenar el abuso y la violencia, con tal de no posicionarse contra la opresión y con tal de no paralizar el plan de extermino saharaui que está llevando a cabo Mohamed VI.

De las últimas muestras del guirigay dominante en el ejecutivo español, ésta es quizás la más grave…

martes, 9 de noviembre de 2010

Vergüenza

Esto va ser breve. Cuando se escribe se pretende ser lo más objetivo posible, no dejarse llevar por afectos y emociones. Pero ahora éstos son los que guían lo que quiero decir. Por eso, porque se trata de algo personal, cuanto mas conciso, mejor. Siento rabia, indignación y sobre todo una vergüenza inmensa que me desarma, que me deja sin argumentos. Tengo que asistir desde casa al espectáculo cruel e inhumano que nos están ofreciendo las huestes de Mohamed VI en su labor de exterminio del pueblo saharaui, y no puedo hacer nada. Tengo que observar atónito la manipulación grosera, obscena y burda que de la información hacen los medios oficiales del país opresor, y no puedo hacer nada. Tengo que tragarme, como todos, la pasividad de la comunidad internacional, cómplice silencioso en el elaborado genocidio que ha programado el dictador alauí, y no puedo hacer nada. Y lo peor de todo, tengo que ver como nuestro gobierno aparta la cara, mira de perfil y se esconde temeroso y cobarde, y no puedo hacer nada.

Por todo eso, por saber que los que pueden actuar en mi nombre se lavan las manos, que anteponen intereses políticos a vidas, que no asumen su responsabilidad moral y que muestran una más que preocupante incapacidad, es mejor dar por terminada la exposición antes de perder formas y educación. Eso sí. Una cosa más. Ahora es un buen momento para que aquéllos que deben me hagan sentir orgulloso de ser español. Pero dudo mucho que quieran hacerlo y/o que sepan cómo.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Represión marroquí

Las fuerzas de seguridad marroquíes han atacado el campamento saharaui del Aaiún. La más moderna tecnología armamentística, soldados bien entrenados y preparados para el combate, contra latas vacías de agua y alimentos, alguna piedra que otra y un ejército compuesto en su mayoría por mujeres y niños. Dado que el dictador alauita no permite la presencia de observadores en la zona desde hace algún tiempo y visto como impide cualquier información que no pase por su filtro, una vez sus esbirros hayan arrasado con todo y quemado tiendas y enseres, ya se encargarán de depositar restos de armas y otros elementos con los que continuar con su mentira y justificar la acción. Lo definirá como un ataque preventivo, ante el claro peligro que suponían los más de veinte mil refugiados que, armados hasta los dientes con cuchillos de cocina y tirachinas, amenazaban con desestabilizar su estado totalitario. O bien lo calificará como un acto humanitario, para protegerles de la furia descontrolada de la población de Marruecos, dispuesta a lincharles a la menor ocasión. Basura y manipulación.

La maniobra es muy clara. Antes de iniciar el contacto con los independentistas saharauis Mohamed VI expone sus intenciones y marca con hierro al rojo la que va a ser su postura: o se hace lo que manda, o extermina cualquier oposición. Sin más, sin que nadie le tosa. Utilizará la fuerza cuándo, cómo y dónde le apetezca. ¡Cuánto será su poder para que las naciones democráticas no se atrevan a ponerle en su sitio! No lo entiendo. Vamos a asistir a la destrucción de un pueblo sin mover un dedo, más pendientes de los fosfatos, la sardina, el jurel y la caballa, que de la vida y deseos de una nación aplastada por la bota militar de la represión.

Creo que es una absoluta pérdida de tiempo cualquier intento por parte de los saharauis de alcanzar un mínimo entendimiento con Marruecos mientras no exista una clara condena internacional contra el régimen feudal. Hasta que todos los países democráticos no expongan al Duce del Magreb su determinación de no consentir más agresiones y abusos, cada día que pase el fin de todo un pueblo estará más cercano; un genocidio consentido que nos cubrirá de vergüenza a todos.

sábado, 6 de noviembre de 2010

De esos polvos, estos lodos

No es aplicable el refrán al cien por cien si atendemos al significado puro de la expresión. Cosas pequeñas traen consecuencias no deseables; ésta es la interpretación más común del dicho. Pero los desplantes, las provocaciones, los insultos y los atropellos sufridos por la diplomacia y ciudadanos españoles, no se pueden clasificar como nimiedades o simples banalidades. El problema es que el Gobierno de España así lo ha considerado los últimos años, consintiendo los abusos provenientes de un bolivariano dictador y de un señor feudal alauí. Todo lo que ocurre ahora con Venezuela y Marruecos es una herencia de la errónea y errática actitud del ejecutivo de Zapatero y el ex Moratinos, y su permisividad e, incluso, protección a los regímenes totalitaristas de ambos estados. Esta es la verdad, y no otra. Tal ha sido la debilidad manifestada, tanto se ha tolerado, que estos dos jefes de Estado, listos, astutos y ladinos manipuladores, han encontrado en España un saco perfecto en el que arrojar sus escombros y así entretener a su población. La jugada es ideal: se inventan un enemigo externo, desvían su porquería, engañan a sus paisanos y, nada, a seguir con el mangoneo. Lo único positivo en nuestras amistosas relaciones fue el memorable “¿Por qué no te callas?” con el que nuestro monarca obsequió al maleducado dictador.
Sabedores de que el rival no contesta aunque le retuerzan los riñones, ambos atacan. Cierto es que uno se esconde menos que el otro, que a don Hugo le encanta chupar cámara, mientras que Mohamed VI, taimado el hombre, prefiere mover los hilos desde uno de sus lujosos palacios. Pero los dos coinciden en lanzarse como hienas. Menos mal que, quizás por vergüenza, se ha plantado cara a los improperios e insultos provenientes de Venezuela. Nunca es tarde para reaccionar. Ahora lo que vendría de muerte sería que Trinidad Jiménez por un lado se empollara más el tema y se enterara de que en el país sudamericano sí que hay presos políticos, y que, por otro lado, en un necesario acto de valentía, advirtiese al Duce del Magreb de que ya no se van a tolerar más agresiones, de que se responderá con toda la firmeza posible a los actos contra españoles, intereses españoles y ciudades españolas.
En fin, volviendo al refrán y tomándome la licencia de modernizarlo un poco, los lodos que ahora cubren las relaciones internacionales de España con Venezuela y Marruecos, vienen de los polvos, polvazos a pelo que Chávez y Mohamed VI nos han estado pegando con el beneplácito de un gobierno pasivo y consentidor. Ya se lo han dicho, pero no está mal repetírselo a Zapatero y los suyos: España y los españoles necesitan un Gobierno que les defienda. En verdad, sería todo un detalle por su parte.

viernes, 5 de noviembre de 2010

Trinidad Jiménez: la primera en la frente

Trinidad Jiménez recibió a su homólogo marroquí, Taieb Fassi Fihri, con una notable satisfacción. Las relaciones con Marruecos no son buenas, ni mucho menos. Desde hace diez meses el país vecino no cuenta con un embajador en Madrid, situación que provoca una relación diplomática en ocasiones inviable. A esto hay que añadir varios factores; las tensiones orquestadas por el monarca alauí contra las ciudades de Melilla y Ceuta que han debilitado al máximo el ya de por sí endeble equilibrio entre ambos estados; las actitudes represoras de sus fuerzas de seguridad con el pueblo saharaui que incumplen cualquier tratado sobre derechos humanos; el veto descarado e injustificado a la libre información sobre todo lo relacionado con el Sahara, que lo único que busca es proporcionar la opacidad básica que permite sostener el dominio opresor que sufre el otrora territorio colonial; y la manipulación perversa en los medios de comunicación magrebíes, controlados por Mohamed VI, que mienten y mienten sin descanso, son condicionantes suficientes para asegurar que en este momento, España y Marruecos están más cerca de la confrontación que del entendimiento.

La nueva Ministra de Exteriores desplegó su simpatía y hospitalidad, en espera de reabrir un diálogo inexistente en los últimos tiempos, pero se tropezó con la verdadera intención del ministro marroquí, el auténtico objetivo de su visita: arremeter contra prensa y periodistas españoles, acusándoles de falta de objetividad y nula profesionalidad, expresando que las informaciones que se recogen sobre el Sahara son dictadas por deseos y no por la realidad, y avisando que nada va a cambiar en el trato. En el territorio saharaui manda Marruecos y nadie más, pasándose por el forro tratados y convenios internacionales, a la ONU, a la Unión Europea, a los periodistas extranjeros e, incluso, cualquier sugerencia que pudiera facilitar el imperativo diálogo entre saharauis y la monarquía absolutista.

Ante la verborrea del títere del Duce del Magreb y sus amenazas veladas, Trinidad Jiménez sólo pudo, o sólo supo, fruncir el ceño y cambiar la sonrisa por la seriedad y la adustez en el gesto. Tuvo que tragar con lo que expelía su colega y no reaccionó quizás como debiera ante los ataques verbales de Taieb Fassi Fihri hacia los medios de comunicación españoles, mostrando una fragilidad preocupante cuando consintió que el ministro marroquí no desmintiera la falsa y maquiavélica noticia del asesinato de un joven musulmán a manos de la Guardia Civil.

La corrección se impuso a una tajante y merecida respuesta, la diplomacia, mal entendida para mí, triunfó sobre el ya más que justificado puñetazo en la mesa que debe propinar el gobierno español. En la primera oportunidad en la que Trinidad tenía que haber mostrado fuerza, la situación le anuló. Mala cosa para un país que necesita como el agua reestablecer su imagen y recuperar su lugar en el mundo. Blanda, muy blanda ha estado nuestra ministra.

domingo, 31 de octubre de 2010

No se le ha hecho tarde a Mohamed VI

Ya tardaba Mohamed VI en inventarse una historia con la que desviar la atención sobre el asesinato de Nayem Elgarhi, ejecutado por los esbirros armados de la dictadura marroquí. La agenda oficial y las televisiones de Marruecos lanzan la noticia de la muerte de un menor musulmán a manos de la Guardia Civil en los incidentes de Melilla.

Le han puesto nombre, Younes y la agencia nacional, controlada directamente por el Rey, ha redactado el cuento: un pelotazo de goma disparado a bocajarro por un malvado Guardia Civil, ha acabado con la vida de un joven que protestaba contra la ocupación de la ciudad. Lo curioso es que cuando lo traducen al castellano, la pelota de goma se transforma en una bala. El caso es dar carnaza a los ciudadanos de Marruecos y así tapar con fango el asesinato de un adolescente saharaui a manos de la policía del régimen feudal. Dado que no hay cadáver, ni desaparición, ni denuncia, dado que no hay muerto ni rastro del mismo, las huestes del Duce del Magreb se inventan hasta la desaparición del cuerpo, trasladado a un lugar desconocido por la Guardia Civil con el objetivo de hacerlo desaparecer.

Toda esta basura informativa y toda esta manipulación de medios, conducen a la misma conclusión: Marruecos quiere igualar Melilla con el Sahara, establecer un paralelismo entre los dos territorios, en un intento claro de amortiguar lo que se le viene encima tras el crimen de Nayem Elgarhi y las protestas saharauis, las más fuertes desde 1975. En la ciudad autónoma, desde el martes se venían produciendo disturbios radicados en la protesta de jóvenes de origen marroquí en desacuerdo con los planes de empleo. Dichos acontecimientos fueron ampliamente cubiertos por los medios de comunicación del país vecino. Un chollete bueno para disimular la vergüenza y, posiblemente, organizado por los mismos mafiosos que la liaron en verano, bajo la batuta del dictador Mohamed VI. Y qué mejor para dar consistencia a la función que inventarse un muerto y la posterior desaparición de sus restos. De película de las malas.

Pero ahí no acaba el cachondeo. Los medios de comunicación marroquíes aseguran que Melilla se encuentra prácticamente en estado de sitio y que a los periodistas de Marruecos se les hostiga y acosa, en una violación clara de la libertad de prensa. Vamos, igualito que los periodistas españoles que intentan en vano viajar al Sahara para informar del estado de los acontecimientos y que se encuentran con la prohibición de la monarquía alauí.

¿Por qué nadie de exteriores le dice al dictador que ya está bien de estupideces, que se deje de manipular la realidad y que finalice de una vez por todas con la represión que ejerce sobre el Sahara? ¿Por qué nadie del Gobierno le deja claro al señor feudal que Ceuta y Melilla son españolas, que se vaya olvidando de ellas? ¿Por qué nadie le exige respeto al Duce del Magreb y le pone en su sitio? Salvo que, a nivel internacional, Marruecos sea ya más importante que España, y su sitio esté por encima del nuestro. Visto cómo le permiten actuar, puede que sea así…

viernes, 29 de octubre de 2010

El Sahara se muere

No es más que asombro, estupor y rabia. Sentimientos todos provocados por el señor feudal alauita y por aquéllos que consienten su actitud opresora. La tolerancia internacional con los desmanes institucionales de Marruecos es indignante. La represión ejercida sobre los saharauis, el trato violento y salvaje que reciben de parte de las fuerzas de seguridad del país opresor, la castración sistemática de las libertades fundamentales, la meditada opacidad informativa en los asuntos relacionados con el Sahara y el confinamiento forzado y forzoso de los que demandan la soberanía sobre su tierra y destino son argumentos suficientes para que se produjese una reacción de condena y presión sobre el Estado de Marruecos. Si le añadimos a estos condicionantes el asesinato cruel e injustificado del menor Elgarhi Nayem Foidal, ejecutado a tiros por la policía de la dictadura, tenemos los mimbres necesarios para que la diplomacia internacional tome cartas en el asunto de una vez por todas y exija a Mohamed VI la pronta solución que el problema del Sahara requiere para su supervivencia. Porque sin duda estamos ante su muerte salvo remedio inmediato.
Dicho esto, y conociendo cómo las gasta el monarca “amigo”, me temo que no tardaremos en asistir a una nueva maniobra de distracción sobre las ciudades de Ceuta y Melilla. Algo inventará el Duce del Magreb para que las miradas políticas del mundo vuelvan cobardemente la cabeza y se dirijan hacia España. Ahí tiene un hueso muy duro Trinidad Jiménez. A ver cómo responde.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Politica exterior

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España ha iniciado una ofensiva internacional para fortalecer su posición en el mundo, vender lo que pueda y sacar inversiones con las que intentar revitalizar su débil posición económica. El Presidente del Gobierno ha girado visita a China y Japón. Siempre pidiendo confianza y dibujando una España fuerte y capaz, en crecimiento y con solvencia. Está bien. Hay que obtener dinero de donde sea, y parece que en las dos grandes potencias orientales puede hallarse la inyección económica que el país necesita. Ahora falta que por aquellas tierras se crean lo que dice Zapatero y se fíen de su aptitud y capacidad para cumplir lo comprometido y lo ofertado. Tontos no son, pero igual pican.
Lo que no puedo comprender es qué pintan Leire Pajín, Elena Valenciano y unos cuantos más en Cuba. Igual es que hay orden de proteger y justificar los regímenes dictatoriales, y por eso se cierran filas en torno a Fidel y Raúl (o se defiende antes a Marruecos y su “democracia” que a ciudadanos españoles). Quizás se trata de un desarrollo bastardo del concepto de solidaridad con países oprimidos ( los apoyos deberían otorgarse a los dominados y no al opresor). O, simplemente, es una orejada más de nuestra política exterior.
El tema es el de siempre. Para no saltarse la norma, la lógica y el absurdo se funden de nuevo en los comportamientos y acciones del gobierno español. Mientras que por un lado se actúa con corrección, por otros, léase Marruecos y Cuba, seguimos haciendo el ridículo. De donde no hay, poco se puede sacar.

Españoles por el mundo: Marruecos

Indefensión. Esa es la situación en la que cualquier ciudadano español se encuentra en Marruecos. Llegar a esta conclusión no se hace gratuitamente: la diplomacia española en lo concerniente al país “amigo” no está a la altura obligada. Somos los enemigos de Mohamed Vi y de sus fieles perros de presa con uniforme policial. El rey alauí conoce la debilidad de nuestro gobierno: nos tanteó en Melilla y vio que nuestra reacción se ajustaba a la de un ejecutivo cobarde y sin fuerza. Consiguió que sus camorristas triunfasen sobre los derechos de una ciudad española mientras que nuestro ministro agotaba sus vacaciones en Francia.
Tiene al gobierno socialista donde quiere: el dictador no desea intromisiones en su labor de exterminio del Sahara, y se va a aprovechar de la blanda y pasiva actitud de España para lograr su objetivo de controlar el territorio antaño colonia española y hogaño bajo la represión y el dominio autoritario de Marruecos. Pesca y fosfatos pesan mucho a nivel internacional, por lo visto.
No sé por qué el gobierno Zapatero teme tanto a Mohamed VI. No sé cómo el poder del Duce del Magreb ha conseguido poner el pie encima de España. No sé hasta cuándo se va a consentir la continua burla y menosprecio que hace de los españoles. Y no sé qué pintan Moratinos en exteriores y Zapatero en la presidencia del Estado si son incapaces el uno y el otro de defender los derechos de España y los españoles dentro y fuera del territorio nacional. Si ya es grave de por sí la cobardía cuando ésta se manifiesta en las cúpulas del gobierno, más grave es recrearse en ella, echarle las culpas al aire y no solucionar con firmeza y decisión los problemas, negando incluso la existencia de los mismos. Nos siguen tomando por tontos.