Indefensión. Esa es la situación en la que cualquier ciudadano español se encuentra en Marruecos. Llegar a esta conclusión no se hace gratuitamente: la diplomacia española en lo concerniente al país “amigo” no está a la altura obligada. Somos los enemigos de Mohamed Vi y de sus fieles perros de presa con uniforme policial. El rey alauí conoce la debilidad de nuestro gobierno: nos tanteó en Melilla y vio que nuestra reacción se ajustaba a la de un ejecutivo cobarde y sin fuerza. Consiguió que sus camorristas triunfasen sobre los derechos de una ciudad española mientras que nuestro ministro agotaba sus vacaciones en Francia.
Tiene al gobierno socialista donde quiere: el dictador no desea intromisiones en su labor de exterminio del Sahara, y se va a aprovechar de la blanda y pasiva actitud de España para lograr su objetivo de controlar el territorio antaño colonia española y hogaño bajo la represión y el dominio autoritario de Marruecos. Pesca y fosfatos pesan mucho a nivel internacional, por lo visto.
No sé por qué el gobierno Zapatero teme tanto a Mohamed VI. No sé cómo el poder del Duce del Magreb ha conseguido poner el pie encima de España. No sé hasta cuándo se va a consentir la continua burla y menosprecio que hace de los españoles. Y no sé qué pintan Moratinos en exteriores y Zapatero en la presidencia del Estado si son incapaces el uno y el otro de defender los derechos de España y los españoles dentro y fuera del territorio nacional. Si ya es grave de por sí la cobardía cuando ésta se manifiesta en las cúpulas del gobierno, más grave es recrearse en ella, echarle las culpas al aire y no solucionar con firmeza y decisión los problemas, negando incluso la existencia de los mismos. Nos siguen tomando por tontos.
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sábado, 18 de septiembre de 2010
sábado, 21 de agosto de 2010
Melilla aún es España
Melilla se encuentra sometida al bloqueo por parte de grupos organizados que, con la excusa de responder ante supuestas acciones racistas y violentas contra ciudadanos marroquís, han establecido el control mafioso y criminal de las fronteras. No entra pescado, marisco, fruta y verduras, además de otras mercaderías, y amenazan con impedir también el suministro de cemento y ladrillos e incluso detener y paralizar el paso de trabajadores. Son camorristas, hampones que se han adueñado de los pasos fronterizos con el beneplácito y la total permisividad de las fuerzas de seguridad de Marruecos, y con la segura bendición y astuta dirección del dictador del Magreb.
Dos cosas cabe decir como mínimo. Una primera es cuestionarse dónde está el límite de lo que se le puede permitir que haga un país extranjero contra una ciudad que a día de hoy es española, con todos los derechos que nuestra democracia otorga a su territorio nacional. Es decir, hasta dónde la diplomacia va a tragar con un bloqueo contra un pedazo de España por parte de una monarquía feudal, dónde está el punto en el que la acción debe sustituir a la palabra. El rey Juan Carlos ya ha hablado con el Duce marroquí, ya ha dado el paso lógico y oportuno. Pero la situación continúa y, según amenazan, continuará al menos en agosto.
La segunda tiene que ver con la inteligencia y el sentido común de los españoles. Todo este montaje, orquestado sin duda por Mohamed VI (en Marruecos no respira una cabra sin el permiso del Rey, así son las cosas), busca provocarnos, que respondamos violentos, y así de este modo encontrar excusas perfectas para iniciar un conflicto muy grave. No debemos caer en la trampa del ladino dictador, tenemos que ser tolerantes y correctos hasta donde podamos. Pero, eso sí, jamás consentir que atenten contra nuestra integridad. El bloqueo y las amenazas deben terminar de inmediato. Sí o sí.
Dos cosas cabe decir como mínimo. Una primera es cuestionarse dónde está el límite de lo que se le puede permitir que haga un país extranjero contra una ciudad que a día de hoy es española, con todos los derechos que nuestra democracia otorga a su territorio nacional. Es decir, hasta dónde la diplomacia va a tragar con un bloqueo contra un pedazo de España por parte de una monarquía feudal, dónde está el punto en el que la acción debe sustituir a la palabra. El rey Juan Carlos ya ha hablado con el Duce marroquí, ya ha dado el paso lógico y oportuno. Pero la situación continúa y, según amenazan, continuará al menos en agosto.
La segunda tiene que ver con la inteligencia y el sentido común de los españoles. Todo este montaje, orquestado sin duda por Mohamed VI (en Marruecos no respira una cabra sin el permiso del Rey, así son las cosas), busca provocarnos, que respondamos violentos, y así de este modo encontrar excusas perfectas para iniciar un conflicto muy grave. No debemos caer en la trampa del ladino dictador, tenemos que ser tolerantes y correctos hasta donde podamos. Pero, eso sí, jamás consentir que atenten contra nuestra integridad. El bloqueo y las amenazas deben terminar de inmediato. Sí o sí.
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A vueltas con Mohamed VI
Mucho se mueve Mohamed VI: algo pretende el inteligente y taimado rey de Marruecos. Igual de listo que de millonario, cosa curiosa viendo la miseria que golpea a sus súbditos, a los que lanza por mar en pateras y por tierra en los bajos de los vehículos sin importarles su suerte. Tacha de racista a las fuerzas de seguridad españolas en Melilla: quizás quiere provocar una guerra santa y expulsar al infiel español de sus tierras. Como mínimo, calienta el ambiente para ello.
Desprende un hedor nauseabundo la infame y rastrera acusación sobre el abandono de ocho subsaharianos a su suerte. Él, el Rey de las Rocas, que tiene dominado a sangre y represión el Sahara habla de maltratos hacia seres humanos. Es ilógico que haya que respetar sus palabras en vez de juzgar sus acciones: mientras atormenta y destruye a los saharauis su pueblo lucha por una supervivencia que él y varias generaciones más de su dinastía tienen garantizada sólo con la calderilla que esconde fuera de su país. La herencia de su padre se valoró en tres veces el PIB de Marruecos, y él ha sabido multiplicarla con su control absoluto sobre los fosfatos. No respeta la dignidad de los hombres y menos su libertad. Y el que no respeta, no es merecedor de respeto.
Nuestro monarca ha hablado con él: no quiere tensiones fronterizas, pretende evitar el enfrentamiento. Buen intento de nuestro Rey. Pero inútil a buen seguro. Me da la sensación de que lo otra parte está más por la labor contraria: busca pelea y la está provocando. En España diplomáticos hay: a ver si sale alguno y para en seco a Mohamed VI, porque nos la quiere liar. Y Melilla y Ceuta no son el islote Perejil.
Desprende un hedor nauseabundo la infame y rastrera acusación sobre el abandono de ocho subsaharianos a su suerte. Él, el Rey de las Rocas, que tiene dominado a sangre y represión el Sahara habla de maltratos hacia seres humanos. Es ilógico que haya que respetar sus palabras en vez de juzgar sus acciones: mientras atormenta y destruye a los saharauis su pueblo lucha por una supervivencia que él y varias generaciones más de su dinastía tienen garantizada sólo con la calderilla que esconde fuera de su país. La herencia de su padre se valoró en tres veces el PIB de Marruecos, y él ha sabido multiplicarla con su control absoluto sobre los fosfatos. No respeta la dignidad de los hombres y menos su libertad. Y el que no respeta, no es merecedor de respeto.
Nuestro monarca ha hablado con él: no quiere tensiones fronterizas, pretende evitar el enfrentamiento. Buen intento de nuestro Rey. Pero inútil a buen seguro. Me da la sensación de que lo otra parte está más por la labor contraria: busca pelea y la está provocando. En España diplomáticos hay: a ver si sale alguno y para en seco a Mohamed VI, porque nos la quiere liar. Y Melilla y Ceuta no son el islote Perejil.
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