Decir amigo es decir mucho. Los amigos, en la mayoría de las ocasiones, te elijen a ti y en otras, las menos, los escoges tú. Son pocos, selectos y especiales: están a tu lado siempre que los necesitas, no te traicionan ni te fallan nunca y saben cuándo deben apoyarte y arroparte. Un amigo jamás se aprovecha de tu debilidad para su propio beneficio personal o económico, no conspira contra ti o tus intereses y te defiende incluso cuando la razón no está de tu lado. Abres los ojos, y lo tienes a tu lado: no hace falta llamarle, pues sabes que puedes contar con él en los momentos complicados, y su presencia, física o espiritual, te reconforta, aliviándote de tensiones y problemas. La amistad es sagrada, y no entiende de mentiras y engaños.
Nuestro Rey Juan Carlos y Mohamed VI son amigos. Al menos, eso es lo que se asegura. Porque visto el comportamiento del dictador de Marruecos, más bien parece lo contrario. Se aprovecha de su relación con nuestro monarca para actuar alevosamente, valiéndose de artificios y embustes. Busca provocar y así generar un conflicto que podría acarrear graves consecuencias. Taimado, ladino y felón, el Rey de las Rocas despliega su astucia e intriga para desestabilizar territorio español. El Rey Juan Carlos le pregunta dónde va, él disimula, dice no tener nada que ver, pero continúa con su traición.
No soy nadie para aconsejar, pero me atrevería a decirle a S.M. que amigos como éste, mejor ni verlos ni tenerlos, ni tan siquiera en el infierno. Mohamed VI es un multimillonario peligroso y caprichoso, un opresor insaciable, un dictador duro e inmisericorde que nos la ha clavado muchas veces. Si de verdad existe una buena relación entre las dos casa reales, párele los pies y póngale en su sitio, que la cosa se nos puede escapar de las manos.
Un sitio donde reflejar lo que piensas. Te invito a que compartas conmigo tu libertad.
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sábado, 21 de agosto de 2010
Melilla aún es España
Melilla se encuentra sometida al bloqueo por parte de grupos organizados que, con la excusa de responder ante supuestas acciones racistas y violentas contra ciudadanos marroquís, han establecido el control mafioso y criminal de las fronteras. No entra pescado, marisco, fruta y verduras, además de otras mercaderías, y amenazan con impedir también el suministro de cemento y ladrillos e incluso detener y paralizar el paso de trabajadores. Son camorristas, hampones que se han adueñado de los pasos fronterizos con el beneplácito y la total permisividad de las fuerzas de seguridad de Marruecos, y con la segura bendición y astuta dirección del dictador del Magreb.
Dos cosas cabe decir como mínimo. Una primera es cuestionarse dónde está el límite de lo que se le puede permitir que haga un país extranjero contra una ciudad que a día de hoy es española, con todos los derechos que nuestra democracia otorga a su territorio nacional. Es decir, hasta dónde la diplomacia va a tragar con un bloqueo contra un pedazo de España por parte de una monarquía feudal, dónde está el punto en el que la acción debe sustituir a la palabra. El rey Juan Carlos ya ha hablado con el Duce marroquí, ya ha dado el paso lógico y oportuno. Pero la situación continúa y, según amenazan, continuará al menos en agosto.
La segunda tiene que ver con la inteligencia y el sentido común de los españoles. Todo este montaje, orquestado sin duda por Mohamed VI (en Marruecos no respira una cabra sin el permiso del Rey, así son las cosas), busca provocarnos, que respondamos violentos, y así de este modo encontrar excusas perfectas para iniciar un conflicto muy grave. No debemos caer en la trampa del ladino dictador, tenemos que ser tolerantes y correctos hasta donde podamos. Pero, eso sí, jamás consentir que atenten contra nuestra integridad. El bloqueo y las amenazas deben terminar de inmediato. Sí o sí.
Dos cosas cabe decir como mínimo. Una primera es cuestionarse dónde está el límite de lo que se le puede permitir que haga un país extranjero contra una ciudad que a día de hoy es española, con todos los derechos que nuestra democracia otorga a su territorio nacional. Es decir, hasta dónde la diplomacia va a tragar con un bloqueo contra un pedazo de España por parte de una monarquía feudal, dónde está el punto en el que la acción debe sustituir a la palabra. El rey Juan Carlos ya ha hablado con el Duce marroquí, ya ha dado el paso lógico y oportuno. Pero la situación continúa y, según amenazan, continuará al menos en agosto.
La segunda tiene que ver con la inteligencia y el sentido común de los españoles. Todo este montaje, orquestado sin duda por Mohamed VI (en Marruecos no respira una cabra sin el permiso del Rey, así son las cosas), busca provocarnos, que respondamos violentos, y así de este modo encontrar excusas perfectas para iniciar un conflicto muy grave. No debemos caer en la trampa del ladino dictador, tenemos que ser tolerantes y correctos hasta donde podamos. Pero, eso sí, jamás consentir que atenten contra nuestra integridad. El bloqueo y las amenazas deben terminar de inmediato. Sí o sí.
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