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martes, 30 de noviembre de 2010

Alemania, Francia, España, cigarras, hormigas y el Capitán Tan

Un poco de literatura barata. Hete aquí que se era una infame colección de cigarras que se daba la gran vida, puliéndose todo como si el mundo se acabase a los diez minutos. Fiesta, alegría, derroche, derroche y derroche. ¿La saca llena? A vaciarla. Cerebro poco, pero música y jolgorio a quintales. Cigarra por aquí, cigarra por allá, todos fundiéndose lo suyo y lo de los demás, incluso lo de algunas hormigas que, poco, pero guardaban algún cuarto, a recaudo de aprovechados, gorrones y parásitos. Vivir al día, que el invierno quedaba lejos, muy lejos. ¿Qué hay de lo mío? Hinchamos el precio, lo reventamos y que apechuguen los pringados. Hasta algunas currantes se contagiaron del ambiente festivo y no colmaron sus reservas como era costumbre y obligación.
El tiempo pasó, el verano acabó, empezaron los vientos y los fríos y las puñeteras cigarras se helaron. Ellas y toda su comunidad, sin mantas, sin comida, sin abrigo, sin techo, sin vergüenza, sinvergüenzas. ¿Qué remedio quedaba? Mendigar a las pocas hormigas que, viendo el temporal, tenían en su poder lo único comestible que existía. Las cigarras palmaban en tropel, una tras otra muertas de hambre, heladas hasta las canillas. Dicen que llegaron a recurrir al canibalismo más atroz; te como y con tu fémur me hago un mondadientes. O tú o yo. El más fuerte se queda, el débil desaparece.
La cosa estaba tan mal que, aquéllas hormigas que habían sido más previsoras, se hicieron con el poder y, viendo el panorama y atisbando beneficio, optaron por no dejar fenecer a las antaño cantarinas y ahora suplicantes cigarras. Os ayudamos, pero pasáis por el aro. Nosotras ordenamos, mandamos y dirigimos porque vosotros, desdichados y desgraciados insectos, no valéis nada más que para el servicio humilde, para el vasallaje. Esto es lo que hay. De rodillas o a morir.
Grecia, Irlanda, Portugal, España, Italia, cigarras, cigarronas. Cada una con lo suyo. En nuestro caso, penoso y lamentable como el de los demás, la culpa es de todos, no nos libramos ni uno. ¿Por qué? Porque hemos consentido que el Capitán Tan y su banda de ineptos nos condujesen contentos y felices por el sendero de la ruina. Dinero para todos, ladrillos a quinientos, solares a diez mil, viajes a crédito, coches de trinca y la banca soltando y soltando. Una banca que se sabe ganadora, pase lo que pase, rien ne va plus, jamás pierde. Perdemos nosotros. Un país en bancarrota, con cinco millones de parados y los que vendrán. Así que, hermanos, a elegir: alemanes y franceses nos pueden dar de comer, pero hay que besarles las suelas de los zapatos. Lo otro suena a hambre. Eso sí, conocimiento, por favor. Hagamos lo que hagamos, una cosita: cepillémonos a la banda que nos gobierna y pongamos a otros más inteligentes, que seguro que los hay.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Viene la gripe irlandesa.

Y para ésta las medicinas con las que contamos no están resultando, bien por la escasa o nula efectividad de las mismas, bien porque el facultativo de turno no es capaz de diagnosticar el mal y acertar con el remedio. El virus económico acecha amenazante a una España débil, con las defensas bajas y sin anticuerpos. El vecino irlandés ha caído y los próximos parece ser que seremos nosotros, salvo milagro.
Está claro que no somos Irlanda, que nuestra situación no es la misma. Pero pienso yo que quizás la enfermedad que se va a cernir sobre los españoles es distinta a la que ha exigido el rescate irlandés. La marca España está en mínimos históricos. Nadie cree en nuestra capacidad para establecer reformas reales que ofrezcan resultados tangibles a corto y largo plazo. Los mercados no confían en el Estado español y nuestro diferencial de deuda sube sin remedio. El ejecutivo se ve incapaz de crear empleo, las medidas adoptadas y las pendientes de asumir no muestran la suficiencia requerida y los socios de la Unión ven peligrar toda la estabilidad de la zona euro. España no vende más que desconfianza y recelo, nadie quiere compartir mesa con aquél que, además de robar los cubiertos, no tiene para pagar su comanda.
La economía española ya está enferma, casi terminal, y esto no es ser pesimista, es ver la realidad. De acuerdo con que la crisis es mundial, que afecta a todos los estados, y que los hay peor que nosotros (estos ya tienen la mortaja lista). Dado el sistema en el que se mueven los estados, se depende del exterior para fortalecer lo doméstico. Y en nuestro caso, los que se tienen que fiar de nosotros no están por la labor.
Soluciones hay seguro, duras, muy duras. Pero todas arrancan, a mi entender, en el mismo punto: el gobierno español debe retirarse, dimitir y convocar elecciones. Luego, la evolución de nuestra economía dirá si los sustitutos están más capacitados o no, o simplemente generan mayor confianza a los mercados. Yo lo tengo muy claro. Nadie en este país lo puede hacer peor que el ejecutivo actual y su presidente. Nadie.

sábado, 21 de agosto de 2010

Melilla aún es España

Melilla se encuentra sometida al bloqueo por parte de grupos organizados que, con la excusa de responder ante supuestas acciones racistas y violentas contra ciudadanos marroquís, han establecido el control mafioso y criminal de las fronteras. No entra pescado, marisco, fruta y verduras, además de otras mercaderías, y amenazan con impedir también el suministro de cemento y ladrillos e incluso detener y paralizar el paso de trabajadores. Son camorristas, hampones que se han adueñado de los pasos fronterizos con el beneplácito y la total permisividad de las fuerzas de seguridad de Marruecos, y con la segura bendición y astuta dirección del dictador del Magreb.
Dos cosas cabe decir como mínimo. Una primera es cuestionarse dónde está el límite de lo que se le puede permitir que haga un país extranjero contra una ciudad que a día de hoy es española, con todos los derechos que nuestra democracia otorga a su territorio nacional. Es decir, hasta dónde la diplomacia va a tragar con un bloqueo contra un pedazo de España por parte de una monarquía feudal, dónde está el punto en el que la acción debe sustituir a la palabra. El rey Juan Carlos ya ha hablado con el Duce marroquí, ya ha dado el paso lógico y oportuno. Pero la situación continúa y, según amenazan, continuará al menos en agosto.
La segunda tiene que ver con la inteligencia y el sentido común de los españoles. Todo este montaje, orquestado sin duda por Mohamed VI (en Marruecos no respira una cabra sin el permiso del Rey, así son las cosas), busca provocarnos, que respondamos violentos, y así de este modo encontrar excusas perfectas para iniciar un conflicto muy grave. No debemos caer en la trampa del ladino dictador, tenemos que ser tolerantes y correctos hasta donde podamos. Pero, eso sí, jamás consentir que atenten contra nuestra integridad. El bloqueo y las amenazas deben terminar de inmediato. Sí o sí.