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De todas las expresiones, de todos los gestos que se produjeron en los ministros entrantes y salientes, yo me quedo con una imagen, con una instantánea en la que aparece en un primer plano un Moratinos emocionado, lagrimeando por su inesperada defenestración mientras que, detrás de él, Rubalcaba, el Carrero Blanco del zapaterismo, le observa con esa cara de malo maloso que Dios le ha dado, dibujando en ella un ”lo siento, que pena me das, pero que te den”.
El ex de exteriores todavía no se cree que le hayan dado una patada traidora: el peor ministro de la historia para nuestras relaciones internacionales, con una labor equiparable a la del desastroso Godoy, no concibe que el Presidente haya optado por prescindir de sus servicios. Él, procastrista, antisemita, antiamericano, antisaharaui y, por lo visto últimamente, también antiespañol acaba de perder la cartera de su vida, la que le permitía anteponer Gibraltar a la Guardia Civil, Marruecos a Melilla e, incluso, el Burdeos al Rioja quedándose más ancho que largo. No se lo esperaba, seguramente le habían prometido que seguiría en el cargo. Por eso, su sorpresa, su asombro y su llanto. Yo le deseo un buen viaje, suerte en lo que haga y que tenga la deferencia de no volver.
El otro protagonista de la foto, el triministro, se convierte, si ya no lo era, en el hombre fuerte del régimen, con acceso a todo y omnipresente en todas las escenas políticas. Si existiesen colecciones de cromos, como en el fútbol, sobre habituales del escaño, Alfredo Pérez Rubalcaba estaría en todas ocupando un lugar destacado. Fue delfín de Felipe González en la última etapa de éste, y ahora es el delfín de Zapatero y actor principal del fin del zapaterismo (no me he podido resistir al juego de palabras). Hay quien le ve como un político profesional, disciplinado y serio, capaz de congregar las simpatías de las distintas corrientes socialistas y otorgar de este modo alguna posibilidad de cara al 2012. En definitiva, el sucesor del hombre del talante sin talento. Otros consideran que es más de lo mismo, que lleva sobre su traje demasiadas manchas acopiadas a lo largo de su carrera. A mí, particularmente, lo único que me preocupa es el colosal poder que ha recaído sobre él y cómo va a manejarlo. Verán, es que yo soy, por principios y escaldadas varias, desconfiado, y no me apetece lo más mínimo tener que ir siempre con el carné de identidad en la boca
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jueves, 21 de octubre de 2010
sábado, 18 de septiembre de 2010
Muertos vivientes del PSOE
No aceptar la realidad, negarse a reconocer que uno se muere y morir matando, con el objetivo de dejarlo todo atado y bien atado. Ésta y no otra es la actitud de José Luis Rodríguez Zapatero en su deambular como cadáver político (en CIU lo definieron acertadamente así). En muchas comunidades autónomas y localidades de enjundia- Madrid, Canarias, Comunidad Valenciana, la ciudad de Alicante, etc.- los militantes socialistas ven como sus deseos de salir de la vergüenza y el descontento se torpedean desde las propias filas por aquéllos que, como bien ha dicho uno de los suyos, el ex ministro Antonio Asunción, andan más preocupados por el empleo que por otras cosas. Toda una colección de agradecidos dirigentes que deben su bienestar económico a su desahuciado jefe, y que les cuesta soltar la teta que tan bien les ha alimentado los últimos años. Las guerras interinas, que no internas, que han estallado en el PSOE son una muestra de el enfrentamiento ya claro entre los que buscan desesperadamente renovarse y recuperar principios e ideales, y los que encastrados en el poder se resisten a verse extirpados de sus cargos.
“A Zapatero le queda una misa. Pero no para de hacer la puñeta. Es como aquél que en vida había sido un canalla y que, incluso agonizando, con los últimos estertores, no paraba de dar por el saco”. Bien podría ser la introducción a una conversación entre dos militantes quemados del PSOE (real como la vida misma). Intenta colocar a sus fieles en gobiernos autonómicos y ayuntamientos, en agradecimiento por los servicios prestados (por ejemplo, Trinidad Jiménez, Corbacho, Moratinos). Y ya que el jefe se comporta así, los acomodados dirigentes de las agrupaciones socialistas pues también.
Menos mal que en algunos lugares no se conforman y las inquietudes resucitan plantando cara y expresando con nitidez que el problema es el muerto que se cree vivo y sus acólitos. Habrá sangre
“A Zapatero le queda una misa. Pero no para de hacer la puñeta. Es como aquél que en vida había sido un canalla y que, incluso agonizando, con los últimos estertores, no paraba de dar por el saco”. Bien podría ser la introducción a una conversación entre dos militantes quemados del PSOE (real como la vida misma). Intenta colocar a sus fieles en gobiernos autonómicos y ayuntamientos, en agradecimiento por los servicios prestados (por ejemplo, Trinidad Jiménez, Corbacho, Moratinos). Y ya que el jefe se comporta así, los acomodados dirigentes de las agrupaciones socialistas pues también.
Menos mal que en algunos lugares no se conforman y las inquietudes resucitan plantando cara y expresando con nitidez que el problema es el muerto que se cree vivo y sus acólitos. Habrá sangre
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No somos nadie
No valemos ni un real: sólo servimos para dóciles y aborregados consumidores de política basura, con los derechos en manos de manipuladores. Obedecer a lo que te digan. Ver, oír y callar. Ver lo justo, oír lo que ellos quieran y callar siempre. Nada de ideas, pues defenderlas suele crear problemas y te van a dejar más solo que la una: si te metes en un lío en el nombre de la libertad y la justicia, apáñatelas como puedas, que con ellos, aunque ésa sea su obligación, no puedes contar.
Debo ser imbécil pues no veo la diferencia conceptual entre ser un cooperante, que lucha por sus ideales de libertad, igualdad y solidaridad, o ser un activista pro saharaui que pelea por lo mismo. Gente que se sacrifica por mejorar el mundo y acabar con la explotación y la miseria. Españoles que exportan sus principios democráticos y que trabajan contra la opresión económica, política y social. Es el mismo concepto, una batalla común con distintas armas.
Entonces, si desde el Gobierno se combate contra secuestros y se paga si es necesario, ¿por qué no se actúa con idéntica decisión cuando de abusos y agresiones se trata? ¿Es, quizás, por temor al rey feudal Mohamed VI? ¿Tanto valen su pesca y sus fosfatos como para permitir que nos escupa con desprecio a capricho? ¿Es, como parece, que el Sahara y su pueblo le importan tres cuartas al gobierno español? ¿O, simplemente, Moratinos y su jefe son tan torpes, ineptos y cobardes como aparentan?
No me siento representado por los dos, pero la conciencia democrática me obliga. Me avergüenza que la imagen exterior de mi país (tan mío como de cualquiera) la encarnen los actuales ministro de exteriores y presidente. Me duele que se rían de ellos allá por donde van, pues, para mi desgracia, también lo hacen de mí. ¿Hasta cuándo?
Debo ser imbécil pues no veo la diferencia conceptual entre ser un cooperante, que lucha por sus ideales de libertad, igualdad y solidaridad, o ser un activista pro saharaui que pelea por lo mismo. Gente que se sacrifica por mejorar el mundo y acabar con la explotación y la miseria. Españoles que exportan sus principios democráticos y que trabajan contra la opresión económica, política y social. Es el mismo concepto, una batalla común con distintas armas.
Entonces, si desde el Gobierno se combate contra secuestros y se paga si es necesario, ¿por qué no se actúa con idéntica decisión cuando de abusos y agresiones se trata? ¿Es, quizás, por temor al rey feudal Mohamed VI? ¿Tanto valen su pesca y sus fosfatos como para permitir que nos escupa con desprecio a capricho? ¿Es, como parece, que el Sahara y su pueblo le importan tres cuartas al gobierno español? ¿O, simplemente, Moratinos y su jefe son tan torpes, ineptos y cobardes como aparentan?
No me siento representado por los dos, pero la conciencia democrática me obliga. Me avergüenza que la imagen exterior de mi país (tan mío como de cualquiera) la encarnen los actuales ministro de exteriores y presidente. Me duele que se rían de ellos allá por donde van, pues, para mi desgracia, también lo hacen de mí. ¿Hasta cuándo?
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sábado, 21 de agosto de 2010
Estaba tomando cañas, leré
¡Hombre! ¡Si está por ahí! ¡Está vivo! Yo lo hacía de retiro espiritual en un convento, sin radio ni televisión, sin móvil y mucho menos conexión a internet. Con una modesta túnica, cuidando un jardín y compartiendo rezos y frugales viandas con pacientes y contemplativos monjes. Un bucólico descanso en su azarosa y ajetreada vida. Una separación del cruel mundo que le había llevado a no enterarse de la movida con Marruecos.
Pero, ¡oh, sorpresa! Al más puro estilo de diplomático inglés de película de espías, desde el silencio, con arte y sabiduría, ha sido él y sólo él el gran político que ha terminado con la crisis (¿qué crisis?). Dando órdenes aquí y allá, moviéndose astuto por la vereda de la negociación, de un plumazo ha arreglado un problemilla sin importancia que pasaba casualmente por Melilla.” Ir por ir, pues va a ser que no, ¿verdad? ¿Para qué molestarse por un bloqueillo de nada, por cuatro o cinco dando voces? Si es que, además no entiendo lo que dicen…”
No es serio. Nos vuelven a tomar por tontos por enésima vez. Deben pensar que los españoles somos, y perdón por la expresión, gilipollas. Ministros de vodevil barato, sueldos malgastados en malos profesionales que encima se cachondean de nosotros. Esta semana, primero con Blanco y sus reflexiones, y ahora con Moratinos, perdido en combate, que asoma la cabeza cuando no hay tiros. Menuda caterva.
Pero, ¡oh, sorpresa! Al más puro estilo de diplomático inglés de película de espías, desde el silencio, con arte y sabiduría, ha sido él y sólo él el gran político que ha terminado con la crisis (¿qué crisis?). Dando órdenes aquí y allá, moviéndose astuto por la vereda de la negociación, de un plumazo ha arreglado un problemilla sin importancia que pasaba casualmente por Melilla.” Ir por ir, pues va a ser que no, ¿verdad? ¿Para qué molestarse por un bloqueillo de nada, por cuatro o cinco dando voces? Si es que, además no entiendo lo que dicen…”
No es serio. Nos vuelven a tomar por tontos por enésima vez. Deben pensar que los españoles somos, y perdón por la expresión, gilipollas. Ministros de vodevil barato, sueldos malgastados en malos profesionales que encima se cachondean de nosotros. Esta semana, primero con Blanco y sus reflexiones, y ahora con Moratinos, perdido en combate, que asoma la cabeza cuando no hay tiros. Menuda caterva.
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La defensa de Melilla
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Ni tanto ni tan calvo. Ni empezar una cruzada contra el infiel agareno que osa, alfanje en mano, atentar contra la España una, grande y libre, ni esperar a que pase el tiempo, las cosas se suavicen y el “lo haces tú, no, mejor que vayas tú, que te van a hacer más caso, bueno iré mañana sin falta”. Ni lo uno ni lo otro. Melilla se merece seriedad y rapidez, cosas que desde Gobierno y Oposición no se muestran
Esteban González Pons llama a las armas mientras Moratinos está desaparecido en combate: parece Armada, que ni estaba ni se le esperaba. Todo en manos de Rubalcaba que tiene como misión amargarle el cumpleaños al pobre de Mohamed VI. Este demócrata monarca a lo mejor esperaba como regalo la entrega de la ciudad en una bandeja, como si se tratara de la cabeza de Juan el Bautista. Igual le da una pataleta y rompe los vidrios de alguno de sus palacios cuando vea que no, que Melilla no se rinde (ha sonado a Alcázar de Toledo). Porque, supongo, que Melilla y Ceuta son innegociables sobre cualquier mesa, y eso es lo que el Ministro del Interior va a comunicar con firmeza, ¿no? Otra posición nos llevaría por el camino de una traición con mayúsculas.
El problema no está en la veintena de mafiosos chantajistas que bloquen la ciudad. Lo preocupante es la actitud permisiva de las fuerzas de seguridad de Marruecos hacia estos sujetos: esta forma de no actuar invita a pensar que el que mueve los hilos no es otro que el señor feudal del Reino alauí. Y es a él a quien nuestro gobierno, lento y cansino, debe dirigir sus planteamientos diplomáticos y usar la palabra hasta que se llegue al entendimiento o se agote. Y si esto último ocurriese, si Mohamed VI continuase con su extorsión, sería momento de otras cosas. Hasta entonces, confiemos, aunque nos cueste, en una pronta solución.
Ni tanto ni tan calvo. Ni empezar una cruzada contra el infiel agareno que osa, alfanje en mano, atentar contra la España una, grande y libre, ni esperar a que pase el tiempo, las cosas se suavicen y el “lo haces tú, no, mejor que vayas tú, que te van a hacer más caso, bueno iré mañana sin falta”. Ni lo uno ni lo otro. Melilla se merece seriedad y rapidez, cosas que desde Gobierno y Oposición no se muestran
Esteban González Pons llama a las armas mientras Moratinos está desaparecido en combate: parece Armada, que ni estaba ni se le esperaba. Todo en manos de Rubalcaba que tiene como misión amargarle el cumpleaños al pobre de Mohamed VI. Este demócrata monarca a lo mejor esperaba como regalo la entrega de la ciudad en una bandeja, como si se tratara de la cabeza de Juan el Bautista. Igual le da una pataleta y rompe los vidrios de alguno de sus palacios cuando vea que no, que Melilla no se rinde (ha sonado a Alcázar de Toledo). Porque, supongo, que Melilla y Ceuta son innegociables sobre cualquier mesa, y eso es lo que el Ministro del Interior va a comunicar con firmeza, ¿no? Otra posición nos llevaría por el camino de una traición con mayúsculas.
El problema no está en la veintena de mafiosos chantajistas que bloquen la ciudad. Lo preocupante es la actitud permisiva de las fuerzas de seguridad de Marruecos hacia estos sujetos: esta forma de no actuar invita a pensar que el que mueve los hilos no es otro que el señor feudal del Reino alauí. Y es a él a quien nuestro gobierno, lento y cansino, debe dirigir sus planteamientos diplomáticos y usar la palabra hasta que se llegue al entendimiento o se agote. Y si esto último ocurriese, si Mohamed VI continuase con su extorsión, sería momento de otras cosas. Hasta entonces, confiemos, aunque nos cueste, en una pronta solución.
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