Mostrando entradas con la etiqueta haiku. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta haiku. Mostrar todas las entradas

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Sea breve. Un haiku, por favor.

Me atraen esos poemas llamados haiku. Con pocas palabras, muchas cosas claras. Yo, propenso a enrollarme, he descubierto en ellos una forma de expresarme sin gastar en demasía el teclado. Reconozco que cuesta horrores redactar uno, porque cuando te lanzas y son tantas las cosas a decir, ser breve y exacto es muy difícil. Lo más habitual es que escribas una solemne tontería.

Los que saben del asunto comentan que el truco está en elegir bien el tema y ajustar con precisión lo que pretendes comunicar en tres versos de cinco, siete y cinco sílabas. Ahí es nada. Me he puesto a pensar, y de momento se me han ocurrido, antes de aburrirme, unos cuantos. Ejerciendo de aficionado, y de los malos, aquí dejo una muestra. Por ejemplo, respecto a la ausencia de los señores diputados en las sesiones parlamentarias en las que se debaten temas tan importantes como los presupuestos, quedaría bien “Si no trabajas/¿por qué tienes que cobrar?/No te lo ganas”. Sobre el tema pensiones, “No llego vivo,/con los sesenta y siete/ no me jubilo”. Referente al jefe del ejecutivo español, al real, a Zapatero, “En el presente,/no está ni se le espera/ al presidente”. Y con Rubalcaba, gobernante in pectore, “Miedo produce/ el que con su posición/ todo conduce”. Aquí me detengo, porque éste último haiku casi me sirve de comodín, ya que se le podría aplicar a infinidad de personas y personajes, como Pepe Blanco, Leire Pajín y demás responsables de la debacle nacional. Y ya puestos, y manteniendo las distancias con los anteriores, también a los Castro, Mohamed VI, Mahmud Ahmadineyad y la restante colección de dictadores que asolan sus respectivas naciones ante la mirada, pasiva y cómplice en ocasiones, del resto de los estados.

Mirándolo bien, esto del haiku puede llegar a ser divertido, parecen mensajes con los que encabezar una manifestación. Lo que no tengo claro es si la rima debe ser asonante, consonante o mal sonante, o simplemente no rimar. Me da a mí que esto no es lo mío.