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martes, 8 de febrero de 2011

Nobleza baturra

Siglo XIX. Se tambalean los cimientos del Antiguo Régimen. Las clases populares reclaman lo que les pertenece y arremeten contra la nobleza. Progresistas, demócratas y republicanos alzan la voz y se enfrentan a los moderados. Es el laberinto español, los españoles se odian y se matan entre ellos, sumergidos en crisis de subsistencias, hambrunas, un continuo caos político, golpes militares, motines populares, revueltas campesinas, asaltos a conventos y fincas, odio y represión de un lado y del otro. La nobleza, siempre con el Borbón. La monarquía, medrando con el noble y conspirando con el sublevado con tal de mantener su posición. La iglesia, defendiendo su terreno y protegiendo su riqueza. El pueblo, peleando por sobrevivir. Y el ejército, gobernando. Un siglo convulso, atroz, en el que las dos Españas iniciaron su andadura por caminos distintos que siempre se encontrarían con las armas y el rencor en las manos. Es nuestra historia, y hay que respetarla. El rey era el rey, un duque era un duque y un obispo, además de hablar con Dios, mandaba más que él. El trabajador comenzaba a conocer sus derechos y los buscaba, el campesino reclamaba la tierra que laboraba como suya, y la política mantenía siempre a los mismos actores con casacas de distinto color, según soplara el viento. El laberinto español, un lío del que todavía no nos hemos librado.

Dicen que la historia es cíclica, que los episodios se suceden similares, que todo se repite. Me resisto a creerlo, pero los detalles invitan a sospechar de que algo de cierto puede haber en ello. Miren, por ir al grano. A mí, que a día de hoy saquemos lo rancio y nombremos marqués como quién compra pan, me parece un retorno al pasado, costumbres propias de una sociedad anclada en la tradición y que maquilla su agonía con tonterías como ésta. Y puestos a cargar sobre los títulos nobiliarios, sandez suprema es que cargos políticos se enorgullezcan y luzcan el nombre de barón, cuando en sus ideas era lo primero a exterminar. Y siguiendo con lo absurdo, oro parece, plátano es, estos detalles bananeros sólo indican que hemos tocado fondo, y que éste luce negro de sucio.

Me gusta la seriedad cuando de temas que me afectan se trata. Es por ello que me toca mucho las narices tanto marquesado, tanto barón socialista, tanto noble en política y tanto bobo en el poder. Batasuna, que es ETA y no otra cosa, nos va a torear con el beneplácito de la Ley. Zapatero se acomoda el cuerpo según le apetece, niega, aprueba, concede y viste como el monarca que paseaba desnudo creyéndose vestido de gala, con el capricho del que no sabe si vela o duerme. A Cataluña le quita, a Cataluña le da, y, con el mayor respeto, se la sopla el resto del país.

Resumiendo, por no aburrir. Entre marqueses, barones, Zapateros y bufonadas, el tiempo se pierde y el país se hunde, con la premura que manden gabachos y teutones y al ritmo que marca la banda de titiriteros que nos gobierna. Con San Valentín encima, sólo puedo y quiero mandar un abrazo para todos los nobles de sangre, los nobles de lata, los vecinos del norte, los políticos trapisonda, al abuelo Cebolleta, a la rana Gustavo y demás muñecos de trapo que desde arriba nos observan y se ríen de nosotros. Un abrazo muy fuerte, de oso, de los que aprietan y ahogan

lunes, 10 de enero de 2011

Trampa

Por muchas vueltas que le des, el comunicado de ETA no es más que un nuevo chantaje. En él se intuye que dicen que dejan de matar mientras el Estado pase por el aro y se ajuste a sus condiciones. Sin la territorialidad y la autodeterminación, no hay nada que tratar. Primero eso, y ya se verá si pongo o no más bombas, si me acerco cobarde y te disparo en la nuca. Pero no se recoge en ningún momento el abandono definitivo de las armas ni el sometimiento a la acción de la justicia. Pretende ETA que toda la sangre derramada tenga un coste nulo para sus asesinos. Y, haciendo gala de su cinismo habitual, realiza un llamamiento a España y Francia para que renuncie para siempre a las medidas represivas; el verdugo se viste de víctima, pero no suelta el hacha.

La primera reacción por parte del PSOE, bien. Marcelino Iglesias reconoce que el alto el fuego es una noticia importante que se tiene que confirmar con hechos y sin condiciones. Si él ha leído lo mismo que yo, las condiciones están ahí, de la mano de los terroristas. Así que, prisionero como debe ser de sus palabras, a ver si estamos todos a la altura de los acontecimientos y desde el Gobierno se les responde con contundencia. O rendición absoluta, o nada de nada, que la muerte no prescribe. Todo lo que no sea así, es una mentira que añadir, una nueva trampa. Aunque alguno diga que más vale esto que nada.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Las razones de Eguiguren

Algo raro pasa en todo esto. No es lógico que un político con la experiencia de Eguiguren se hunda en un lodazal tan profundo sin que exista una explicación razonable. Reconocer que compadrea con terroristas en busca y captura, jactándose de su relación con ellos como el que presume pomposamente de coche nuevo, y alardeando de mantener un trato cuando menos amistoso, conociendo paraderos, idas y venidas de asesinos en busca y captura por la justicia española, es, además de una aberración moral y un insulto hacia las víctimas, una colaboración con banda armada que le debe de costar muy caro si las autoridades pertinentes así lo deciden.

Esta pérdida de conciencia y de humanidad que ha asaltado al presidente del PSE, persona ya de por sí bastante especial, tiene que haber sido motivada por fuerzas mayores, debe responder o bien a una estrategia política compleja del PSOE respecto de ETA, o bien a un problema de carácter mental, como algunos medios de comunicación han sugerido, o bien a un oscuro traspaso de simpatías.

Si nos encontrásemos ante la primera suposición, cabría pensar que en la misma maniobra se podría encuadrar la entrevista de Felipe González en El País, que data de septiembre pero que ve la luz, curiosamente, en noviembre. Todo iría encaminado a justificar una negociación blanda con ETA, un pacto con concesiones que rompería los acuerdos que en materia de terrorismo mantienen las formaciones democráticas: el objetivo de Zapatero de colgarse las medallas a cualquier precio se convertiría en realidad, aun a costa de sacrificar algunas fichas de peso. No sería de extrañar que el ex presidente se prestase a este juego, pues en otros más complicados ha participado activamente, tal y como él mismo reconoce.

Ahora bien, si es un desequilibrio mental el que origina la peligrosa actitud de Jesús Eguiguren, médicos hay que se encargan de curar este tipo de locuras. Para mitigar de alguna manera el daño que está haciendo a los que han sufrido las acciones criminales de ETA Eguiguren debería someterse al tratamiento oportuno, y desvincularse momentáneamente de la actividad pública. Pero sus palabras desprenden siempre un tufo de vanidad, un aroma de certeza y seguridad que difícilmente se encontrarían en un enfermo mental, salvo que nos hallásemos ante el mayor megalómano de la historia. Vacilón, vacilón, más chulo que nadie, vamos.

También está la tercera vía, la peor, el paso a la oscuridad, aquélla que coloca al personaje en el bando de los asesinos conscientemente, con pleno dominio de sus facultades mentales y desmarcándose voluntariamente de la lucha democrática del estado para aliarse con los que pretenden destruirlo. Deseo que no sea ésta última la causa de la sinrazón. Aunque las otras dos tampoco son atractivas en exceso.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Nelson Cubillas, Otegi y Eguiguren

Hombre de paz, negociador incansable, siempre bajo el dictado de la ley y ajustado al límite a los preceptos democráticos, hábil en el uso de la palabra y apelando razón y diplomacia en todas sus actuaciones, Arturo Nelson Cubillas Mandela (apellidos en orden alfabético, como debe ser) se postula como liberador de los oprimidos, victorioso líder de la lucha contra los crímenes del Estado fascista español. Sin duda, y por méritos harto probados, la democracia y la libertad del pueblo vasco pasa indefectiblemente por sus astutas y sabias manos. Sin él, futuro premio Nobel de la Paz, la vida carece de sentido, no existen ni luz ni esperanza en el devenir político del mundo conocido.

Devenir al que por cierto se agarra su colega Armando Mohandas Karamchand Gandhi Otegi (si me lío en el orden de los apellidos, ruego me perdonen) para pedir su liberación de los sangrientos calabozos españoles. Tenemos aquí, según afirma el presidente del PSE-EE, Jesús Eguiguren (que digo yo, que será también socio de los anteriores, o al menos lo parece), un hombre que "quiere la paz", que sería "mejor que estuviera fuera y haciendo política". Y si entre reunión y reunión se escapa un tiro y muere alguien, no pasa nada, son daños colaterales perfectamente aceptables por nuestro imperfecto Estado de Derecho.

Como dijo aquél, ¡manda huevos! Si ya es penoso soportar la absurda existencia del asesino Cubillas, protegido por el bolivariano y polifacético Chávez (igual te canta un bolero que te entrena unos cuantos terroristas) además de pagarle el sustento al preso Otegi, tener que oír, que no escuchar, las sandeces que manifiestan las dos aves de corral no tiene nombre. El uno comparándose con Mandela, y el otro demandando su liberación en base a los acontecimientos, continúan con su burla hacia la sociedad española. Habrá que aplicar aquello de “a palabras necias, oídos sordos”, por mucho que nos cueste, y no darles más bola. Seríamos más felices.

Pero lo verdaderamente triste en este circo es la actitud del señor Eguiguren y sus declaraciones respecto a la bondad del mártir Otegi. Dudo mucho que los socialistas vascos estén contentos con el que tienen al frente del partido. Y si lo están, si apoyan su comportamiento, si piensan igual que él, es que aplauden el retorno de los criminales a las instituciones públicas. Confiemos en que fuerzas de seguridad y justicia prosigan con la tarea y no desfallezcan, porque al menor síntoma de debilidad aparecerán políticos sin humanidad ni escrúpulos como éste que les pisarán.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Mar Caballero y la ambigüedad del Presidente

Política con mayúsculas. Eso es lo que realizó el martes toda una mujer, con clase y educación, manejando la verdad y estableciendo consignas claras e indiscutibles en forma y contenido. Sin estridencias, sin alterarse, Mar Caballero, hija de Tomás Caballero, asesinado por los cobardes que ahora venden su comportamiento “democrático”, le dijo las verdades del barquero al Presidente del Gobierno de una forma sencilla pero contundente.

La senadora de UPN le planteó que "se están produciendo toda una serie de declaraciones y desmentidos con motivo de los intentos de Batasuna de volver a las instituciones democráticas que han hecho saltar las alarmas en muchos ciudadanos que temen que el Gobierno, en su prisa por acabar con ETA, pueda volver a cometer errores pasados".

Zapatero, serio, muy serio, se sumergió de nuevo en la duda al aclarar primero para oscurecer después una polémica iniciada por sus declaraciones y las posteriores de Blanco. Matiza lo dicho, pero incide de nuevo en el error al dejar libre para la interpretación el posible acceso de Batasuna o ETA, que lo mismo son y lo mismo representan, a las instituciones democráticas. “A pesar de que hemos oído cosas de Batasuna que, todos reconoceremos, no se oían habitualmente, no sirve, no vale. ¿Que puede tener consecuencias? Puede tenerlas"

Es un mensaje ambiguo, una luz para la izquierda abertzale en su intento de sentar a los violentos en los ayuntamientos e instituciones. La vía para acabar con ETA está abierta hace mucho tiempo y no es otra que la detención de sus miembros y su sometimiento a la actuación de la justicia. Esto y no otra cosa es lo que debería haber aseverado el presidente para disipar cualquier duda sobre la posición del Gobierno en la lucha contra el terrorismo. Medias palabras, interrogantes, preguntas retóricas, son elementos del lenguaje propios de otros escenarios más lúdicos y aplicables a otros asuntos mas nimios. Cuando se habla de asesinatos y de aquellos sujetos que los promueven, justifican, defienden y ejecutan hay que ser tajante, demoledor, inflexible, es imperativo ofrecer a la sociedad una postura seria y firme. No se puede ceder un ápice ante los criminales. Manifestar algo distinto, posicionarse entre dos aguas, es una traición a las víctimas, un atentado contra la democracia. Así lo creo, así lo siento y así lo escribo.

viernes, 29 de octubre de 2010

Es una trampa

No me fío. En otras ocasiones ya han seguido los mismos pasos, se han movido dentro de idénticos márgenes en el procedimiento. Y el final ha sido también exacto, gemelo: el asesinato, la cobarde ejecución. Nuestro gobierno ya ha sufrido la traición de la banda criminal: accedió a una tregua trampa que permitió a los homicidas rearmarse y reestructurarse, recuperar algo de vida. Ahora, ETA es una organización mafiosa acosada, está arrinconada por las fuerzas de seguridad, perseguida como una alimaña. Necesita tiempo, un espacio para respirar, y busca con la mentira y la traición reconquistar el terreno político al que justicia y democracia le impiden llegar. Conoce la debilidad del Gobierno, sabe que éste necesita crédito, un argumento con el que recobrar lo perdido con su nefasta gestión económica y social, y le ha lanzado el cebo. Es una trampa, un cepo en el que no se debe caer. Hay mucha muerte detrás, hay demasiadas víctimas, se ha derramada tanta sangre que otra cosa que no sea la rendición incondicional, la desarticulación total y el sometimiento a la justicia sería, como mínimo doloroso. ETA tiene que desaparecer, pero no a cualquier precio

martes, 26 de octubre de 2010

El insólito juego del PSOE

Yo no entiendo mucho de estrategias políticas. Como todos sólo soy capaz de ver las torpezas, quizás porque éstas destacan sobre los aciertos. Verán. Mi abuelo me decía que el que da no tiene para después, que hay que ser generoso siempre, pero empezando por guardar lo que tanto cuesta conseguir. El hombre, sabio por la edad y por la vida, también me aleccionaba cuando insistía en que sólo los tontos muy tontos se hacen daño a sí mismos, lastiman sus ideas y derrumban sus logros.
Hete aquí que uno intenta comprender el juego político del PSOE. Por un lado, el silencioso distanciamiento de Zapatero (ya veremos hasta dónde le aguanta la soberbia), que cede los galones a un Rubalcaba todopoderoso y omnipresente, al que nada escapa de su control y que parece destinado a suceder al Presidente, el principal problema que tiene la formación socialista en sus deseos electorales (de gobernar, mejor ni hablar, total, ¿para qué?). Hasta aquí, lógico: eliminado el escollo, relegado el del talante, muchas simpatías volverán al redil. A partir de este punto, el asunto se torna turbio, incomprensible.
Se ha optado por entregar Cataluña a los nacionalistas. Los mensajes de Montilla y compañía, tirándose piedras a su propio tejado, son como mínimo sorprendentes y están llenos de contradicciones y reproches hacia su propia gestión. Allá ellos, pero se van a meter una leche de campeonato de la que muy difícil será que consigan recuperarse.
Se le regala Euskadi al PNV. Aquí la traición es bíblica. Patxi López debe estar alucinando. Sus propios compañeros (lo de compañeros es un decir) le han apuñalado, menospreciándole y ninguneándole. Desde Madrid se pacta con los nacionalistas vascos dándoles un poder que las urnas no les otorgaron. Todo el trabajo duro realizado por el PSE se va al traste: en las próximas elecciones los votos se irán para el que más ha conseguido del Gobierno Central, así que ya se puede ir despidiendo del cargo. Es chocante ver cómo el lehendakari recibe más apoyo de los populares del terreno que de los socialistas nacionales. Esperemos, por el bien de toda la sociedad española, que en la negociación o no negociación con los asesinos de ETA que está llevando o no a cabo el gobierno se tengan en consideración los acuerdos entre PSE y PP. Esto último, además de todo un detalle, sería lo único que suavizaría la felonía realizada desde Ferraz.
En conclusión: regalan dos territorios, uno por ineptitud y otro por conveniencia, golpeándose a sí mismos. Mientras, sacan los mastines sin bozal para ejercer de oposición de la oposición, en lugar de trabajar en lo suyo, que no es otra cosa que crear empleo. Se enrocan en actitudes insoportables (la postura procastrista del gobierno es amoral y absurda) y dedican su energía al marketing, a lavar una imagen sucia y emponzoñada que tiene imposible solución de mejora. Pierden lo poco que les queda y se aferran a la disolución de la banda terrorista como único argumento. Ojalá sea así, ojalá los asesinos se rindan pero sin condiciones, sin cesiones. Les felicitaremos. Nos felicitaremos todos. Pero de lo demás, ¿qué?
Lo dicho. No sé a qué juega el Gobierno. Me gustaría decir que tampoco me importa, pero no es así, ya que por desgracia ellos son los que mandan. Y lo hacen muy mal, por cierto.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Rendición

No hay otra solución. ETA debe abandonar la lucha y entregar las armas. Cualquier propuesta fuera de ésta no puede ser aceptada por la sociedad española ni por las fuerzas políticas. Si en tu casa hay un pirómano descerebrado jugando con cerillas en el salón que te ha agujereado el sofá y quemado la alfombra varias veces, tú no te limitas a decirle que no las encienda, que el fuego es peligroso y puede provocar un desastre. Le quitas las cerillas, le reprendes y castigas y, si puedes, le tiras a patadas. No se te ocurre perdonarle y dejarle otra vez con los fósforos en la mano, sólo con la promesa del no lo volveré a hacer.
Si ETA quiere la paz, el camino lo tiene claro. Renunciar a la violencia, entregar sus explosivos y sus armas, desmantelar su organización y ponerse a disposición de las autoridades para responder por sus crímenes. Lo anunciado ahora no es más que una maniobra de cara a las elecciones, legitimar su violencia ubicando sus peones en los ayuntamientos. ¿Tregua? Otra mentira para recomponerse y recobrar parte de su fuerza, otro embuste más en su dilatada historia de engaños y traiciones a la democracia. ¿No realizar acciones ofensivas? En su locura, la banda terrorista jamás ha definido sus atentados como ofensivos: siempre, después de matar cobardemente, ha justificado sus actos como respuesta a agresiones fascistas del Estado, los ha definido como legítimas defensas de los derechos de un pueblo del que asumen la representación utilizando terror y muerte como argumentos.
De momento, el Gobierno ha respondido con firmeza. Sabe que en esto no está solo, que todos empujamos en la misma dirección, siempre y cuando no acepte el enredo y mantenga la postura de la rendición como única vía tangible. Si se conforma con este “algo es algo”, la sangre salvajemente derramada por las acciones terroristas se le volverá en contra. Sólo existe un mensaje para el que mata: ríndete y paga por lo que has hecho.