No dudo de que ha sido una estrategia diseñada por Zapatero y Alfredo Pérez Rubalcaba. Por un lado la Abogacía y la Fiscalía impugnan las listas de Bildu ante el Supremo, escenificando una postura que respeta el acuerdo con el PP en materia de terrorismo, aunque supone una amenaza de ruptura con el PNV. Pero está todo previsto.
No dudo de que ha sido una estrategia diseñada por Zapatero y Alfredo Pérez Rubalcaba. Por un lado la Abogacía y la Fiscalía impugnan las listas de Bildu ante el Supremo, escenificando una postura que respeta el acuerdo con el PP en materia de terrorismo, aunque supone una amenaza de ruptura con el PNV. Pero está todo previsto.
Los tribunales ilegalizan la marca de la izquierda radical y el PSOE se cubre las espaldas en su compromiso con la formación conservadora. Después, sabedores de que Bildu va a recurrir ante el Constitucional la decisión del Supremo, es ahí donde, gracias al control que tienen, pueden deshacer el entuerto creado con los socios de legislatura. ¿Cómo? Muestran públicamente su compromiso de respetar las decisiones judiciales, la del Supremo y la del Constitucional, reclamando serenidad para que los tribunales decidan sin presiones. Mientras, Zapatero le hace un guiño a Urkullu, con aquello de que “dé un margen de confianza a la decisión del TC”, pues sabe cuál va a ser el resultado. Con todo atado y bien atado, el visto bueno a las listas de Bildu se produce y permite al gobierno socialista recuperar el apoyo necesario para terminar la legislatura, a la vez que se la mete doblada al partido popular.
Dos poderes y medio, una justicia politizada, cuya independencia respecto a los que gobiernan es nula, la misma que tiene un recién nacido con su madre. Pero esta justicia es la que hay y así la tenemos que aceptar, aunque nos pese y no podamos algunos comprender cómo se autoriza que los que atentan contra la vida, la libertad y la democracia participen en el juego que precisamente quieren destruir. No debemos olvidar que, al margen de concepciones morales, tan criminal es el que ejecuta un delito como aquél que lo defiende, justifica y protege
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viernes, 6 de mayo de 2011
martes, 26 de octubre de 2010
El insólito juego del PSOE
Yo no entiendo mucho de estrategias políticas. Como todos sólo soy capaz de ver las torpezas, quizás porque éstas destacan sobre los aciertos. Verán. Mi abuelo me decía que el que da no tiene para después, que hay que ser generoso siempre, pero empezando por guardar lo que tanto cuesta conseguir. El hombre, sabio por la edad y por la vida, también me aleccionaba cuando insistía en que sólo los tontos muy tontos se hacen daño a sí mismos, lastiman sus ideas y derrumban sus logros.
Hete aquí que uno intenta comprender el juego político del PSOE. Por un lado, el silencioso distanciamiento de Zapatero (ya veremos hasta dónde le aguanta la soberbia), que cede los galones a un Rubalcaba todopoderoso y omnipresente, al que nada escapa de su control y que parece destinado a suceder al Presidente, el principal problema que tiene la formación socialista en sus deseos electorales (de gobernar, mejor ni hablar, total, ¿para qué?). Hasta aquí, lógico: eliminado el escollo, relegado el del talante, muchas simpatías volverán al redil. A partir de este punto, el asunto se torna turbio, incomprensible.
Se ha optado por entregar Cataluña a los nacionalistas. Los mensajes de Montilla y compañía, tirándose piedras a su propio tejado, son como mínimo sorprendentes y están llenos de contradicciones y reproches hacia su propia gestión. Allá ellos, pero se van a meter una leche de campeonato de la que muy difícil será que consigan recuperarse.
Se le regala Euskadi al PNV. Aquí la traición es bíblica. Patxi López debe estar alucinando. Sus propios compañeros (lo de compañeros es un decir) le han apuñalado, menospreciándole y ninguneándole. Desde Madrid se pacta con los nacionalistas vascos dándoles un poder que las urnas no les otorgaron. Todo el trabajo duro realizado por el PSE se va al traste: en las próximas elecciones los votos se irán para el que más ha conseguido del Gobierno Central, así que ya se puede ir despidiendo del cargo. Es chocante ver cómo el lehendakari recibe más apoyo de los populares del terreno que de los socialistas nacionales. Esperemos, por el bien de toda la sociedad española, que en la negociación o no negociación con los asesinos de ETA que está llevando o no a cabo el gobierno se tengan en consideración los acuerdos entre PSE y PP. Esto último, además de todo un detalle, sería lo único que suavizaría la felonía realizada desde Ferraz.
En conclusión: regalan dos territorios, uno por ineptitud y otro por conveniencia, golpeándose a sí mismos. Mientras, sacan los mastines sin bozal para ejercer de oposición de la oposición, en lugar de trabajar en lo suyo, que no es otra cosa que crear empleo. Se enrocan en actitudes insoportables (la postura procastrista del gobierno es amoral y absurda) y dedican su energía al marketing, a lavar una imagen sucia y emponzoñada que tiene imposible solución de mejora. Pierden lo poco que les queda y se aferran a la disolución de la banda terrorista como único argumento. Ojalá sea así, ojalá los asesinos se rindan pero sin condiciones, sin cesiones. Les felicitaremos. Nos felicitaremos todos. Pero de lo demás, ¿qué?
Lo dicho. No sé a qué juega el Gobierno. Me gustaría decir que tampoco me importa, pero no es así, ya que por desgracia ellos son los que mandan. Y lo hacen muy mal, por cierto.
Hete aquí que uno intenta comprender el juego político del PSOE. Por un lado, el silencioso distanciamiento de Zapatero (ya veremos hasta dónde le aguanta la soberbia), que cede los galones a un Rubalcaba todopoderoso y omnipresente, al que nada escapa de su control y que parece destinado a suceder al Presidente, el principal problema que tiene la formación socialista en sus deseos electorales (de gobernar, mejor ni hablar, total, ¿para qué?). Hasta aquí, lógico: eliminado el escollo, relegado el del talante, muchas simpatías volverán al redil. A partir de este punto, el asunto se torna turbio, incomprensible.
Se ha optado por entregar Cataluña a los nacionalistas. Los mensajes de Montilla y compañía, tirándose piedras a su propio tejado, son como mínimo sorprendentes y están llenos de contradicciones y reproches hacia su propia gestión. Allá ellos, pero se van a meter una leche de campeonato de la que muy difícil será que consigan recuperarse.
Se le regala Euskadi al PNV. Aquí la traición es bíblica. Patxi López debe estar alucinando. Sus propios compañeros (lo de compañeros es un decir) le han apuñalado, menospreciándole y ninguneándole. Desde Madrid se pacta con los nacionalistas vascos dándoles un poder que las urnas no les otorgaron. Todo el trabajo duro realizado por el PSE se va al traste: en las próximas elecciones los votos se irán para el que más ha conseguido del Gobierno Central, así que ya se puede ir despidiendo del cargo. Es chocante ver cómo el lehendakari recibe más apoyo de los populares del terreno que de los socialistas nacionales. Esperemos, por el bien de toda la sociedad española, que en la negociación o no negociación con los asesinos de ETA que está llevando o no a cabo el gobierno se tengan en consideración los acuerdos entre PSE y PP. Esto último, además de todo un detalle, sería lo único que suavizaría la felonía realizada desde Ferraz.
En conclusión: regalan dos territorios, uno por ineptitud y otro por conveniencia, golpeándose a sí mismos. Mientras, sacan los mastines sin bozal para ejercer de oposición de la oposición, en lugar de trabajar en lo suyo, que no es otra cosa que crear empleo. Se enrocan en actitudes insoportables (la postura procastrista del gobierno es amoral y absurda) y dedican su energía al marketing, a lavar una imagen sucia y emponzoñada que tiene imposible solución de mejora. Pierden lo poco que les queda y se aferran a la disolución de la banda terrorista como único argumento. Ojalá sea así, ojalá los asesinos se rindan pero sin condiciones, sin cesiones. Les felicitaremos. Nos felicitaremos todos. Pero de lo demás, ¿qué?
Lo dicho. No sé a qué juega el Gobierno. Me gustaría decir que tampoco me importa, pero no es así, ya que por desgracia ellos son los que mandan. Y lo hacen muy mal, por cierto.
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