Mostrando entradas con la etiqueta Montilla. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Montilla. Mostrar todas las entradas

jueves, 2 de febrero de 2012

Los Monti Phyton

Mario Monti, Primer Ministro italiano y responsable de la cartera de Economía del país transalpino, asegura que tener un trabajo fijo es algo monótono y se argumenta para decirlo en la belleza de cambiar de trabajo y aceptar los desafíos. Además, en pleno cólico mental, el insigne economista emplaza a los jóvenes a acostumbrarse a no tener un trabajo fijo para toda la vida y se descuelga, como quien no quiere la cosa, con la amenaza velada de permitir el despido sin causa justificada. Berlusconi, su predecesor en el cargo, refocilábase gustosamente y sin pudor en encuentros orgiásticos y festivales varios. A éste por lo menos se le veía venir de lejos.
Ahora bien, Súper Mario parece el primo hermano de Belcebú. Al profesor Monti los italianos deben de temer como si de la peste se tratase. Les va a dejar mirando al palomo. Hasta este punto, y en el sálvese quien pueda en el que nos movemos, como que a nosotros nos tendría que traer sin cuidado lo que diga este señor. Pero ahí nos va a doler; discípulos tiene e imitadores le van a salir por esta España. Un tiro en la rodilla es menos doloroso que la doctrina económica que se va a aplicar en Italia.
Habla de alternar los trabajos y avisa con el despido a capricho un sujeto forrado hasta las cejas. Este caballero, que ha cobrado hasta de la Coca-cola mientras percibía unos ingresos fijos por su condición de docente e incluso rector universitario, advierte a su juventud de que la llevan clara, de que se tiene que someter al sistema, a la dictadura del mercado, a la ineptitud del político de turno y a la corrupción del okupa electo del sistema. Mario Monti, que se colocó en la alta política, si es que eso existe, en 1994 y que desde entonces no se ha sacado el pezón de la boca, avisa a su país de que va a hacer tabla rasa y cortar por donde le salga de las gónadas.
Tenemos enfrente al nuevo nazi económico, al decapitador, al doberman que no suelta su presa hasta que la ha descuartizado. Vamos, un gestor al que el pulso no le tiembla si de hacer sangre se trata. Es el modelo de político que, con las espaldas cubiertas y el sueldo seguro, decide atacar la crisis que él, junto con otros, ha provocado. Y lo más peligroso, y aquí es donde entramos los españoles, es que diseña el camino que deben seguir el resto de los brahmanes públicos que han secuestrado nuestro futuro mientras se entretienen prostituyendo nuestro presente.
Miedo me da que el resto de doctos dirigentes se adhiera incondicionalmente a los postulados del Primer Ministro de Italia. Y más miedo me da que monten una cumbre, se pongan de acuerdo y constituyan un nuevo grupo trágico-cómico con el que proporcionarnos de todo menos risa. Los Monti Phyton.

martes, 26 de octubre de 2010

El insólito juego del PSOE

Yo no entiendo mucho de estrategias políticas. Como todos sólo soy capaz de ver las torpezas, quizás porque éstas destacan sobre los aciertos. Verán. Mi abuelo me decía que el que da no tiene para después, que hay que ser generoso siempre, pero empezando por guardar lo que tanto cuesta conseguir. El hombre, sabio por la edad y por la vida, también me aleccionaba cuando insistía en que sólo los tontos muy tontos se hacen daño a sí mismos, lastiman sus ideas y derrumban sus logros.
Hete aquí que uno intenta comprender el juego político del PSOE. Por un lado, el silencioso distanciamiento de Zapatero (ya veremos hasta dónde le aguanta la soberbia), que cede los galones a un Rubalcaba todopoderoso y omnipresente, al que nada escapa de su control y que parece destinado a suceder al Presidente, el principal problema que tiene la formación socialista en sus deseos electorales (de gobernar, mejor ni hablar, total, ¿para qué?). Hasta aquí, lógico: eliminado el escollo, relegado el del talante, muchas simpatías volverán al redil. A partir de este punto, el asunto se torna turbio, incomprensible.
Se ha optado por entregar Cataluña a los nacionalistas. Los mensajes de Montilla y compañía, tirándose piedras a su propio tejado, son como mínimo sorprendentes y están llenos de contradicciones y reproches hacia su propia gestión. Allá ellos, pero se van a meter una leche de campeonato de la que muy difícil será que consigan recuperarse.
Se le regala Euskadi al PNV. Aquí la traición es bíblica. Patxi López debe estar alucinando. Sus propios compañeros (lo de compañeros es un decir) le han apuñalado, menospreciándole y ninguneándole. Desde Madrid se pacta con los nacionalistas vascos dándoles un poder que las urnas no les otorgaron. Todo el trabajo duro realizado por el PSE se va al traste: en las próximas elecciones los votos se irán para el que más ha conseguido del Gobierno Central, así que ya se puede ir despidiendo del cargo. Es chocante ver cómo el lehendakari recibe más apoyo de los populares del terreno que de los socialistas nacionales. Esperemos, por el bien de toda la sociedad española, que en la negociación o no negociación con los asesinos de ETA que está llevando o no a cabo el gobierno se tengan en consideración los acuerdos entre PSE y PP. Esto último, además de todo un detalle, sería lo único que suavizaría la felonía realizada desde Ferraz.
En conclusión: regalan dos territorios, uno por ineptitud y otro por conveniencia, golpeándose a sí mismos. Mientras, sacan los mastines sin bozal para ejercer de oposición de la oposición, en lugar de trabajar en lo suyo, que no es otra cosa que crear empleo. Se enrocan en actitudes insoportables (la postura procastrista del gobierno es amoral y absurda) y dedican su energía al marketing, a lavar una imagen sucia y emponzoñada que tiene imposible solución de mejora. Pierden lo poco que les queda y se aferran a la disolución de la banda terrorista como único argumento. Ojalá sea así, ojalá los asesinos se rindan pero sin condiciones, sin cesiones. Les felicitaremos. Nos felicitaremos todos. Pero de lo demás, ¿qué?
Lo dicho. No sé a qué juega el Gobierno. Me gustaría decir que tampoco me importa, pero no es así, ya que por desgracia ellos son los que mandan. Y lo hacen muy mal, por cierto.

miércoles, 28 de julio de 2010

Vacaciones para políticos

Tengo ganas de que lleguen las vacaciones. No las mías, no. Las de ellos, las de los y las primeras figuras de la política española. Estoy harto de encontrarme Zapateros, Marianos y Montillas hasta en los tazones de gazpacho andaluz (uno de los tres es cordobés, adivina adivinanza). Veo el estatuto catalán incluso en las farolas, pegado con cinta adhesiva y con unas tiras recortadas con el teléfono del Molt Honorable: es un tema que de importante se ha vuelto cansino y agotador. Está en manos de la divina providencia, entendiendo como tal, y con permiso de Dios, la capacidad suprema de nuestro presidente del gobierno de hacer lo que le sale de los propios, pasándose por el forro de los mismos sentencias y otras zarandajas. En resumen, que hará lo que le apetezca o más convenga para sus fines electorales. Total, igual piensa que para lo que le queda en el convento, pues a hacérselo dentro.

Se me revuelven las tripas cada vez que Soraya, Pepín, González Pons o Leire abren la boca para divertirnos con su sagaz e irónica oratoria. Necesito perderlos de vista, olvidarme de su existencia, aunque sea por una temporada corta. Sé que a la vuelta los encontraré ahí, aleccionándome en el arte de la manipulación y enseñándome como montárselo bien sin pegar un palo al agua. Librarse de su compañía por un tiempecito se promete reconfortante y tranquilizador; si no están por ahí, no pueden meter la pata. El que no hace algo no se equivoca.

Para terminar por el momento, otorgar la atención merecida a Cándido Méndez y Fernández Toxo. Dos personajes perdidos en combate, que se suponían desaparecidos en la espesura cuando en realidad estaban tumbados a la bartola, y que ahora, al oír los tiros y percibir que alguno les podía alcanzar, han salido de su suite y se han puesto las pilas. Dos que jamás de los jamases deberían haber estado de vacaciones tanto tiempo. Dos que tienen mucho trabajo atrasado por recuperar. Dos que no han cumplido.