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lunes, 2 de mayo de 2011

Harto de clásicos

A ver si termina el martes, el Barcelona se cepilla al Madrid o el Madrid se carga al equipo catalán, que me importa un bledo, de verdad. Tengo ganas de que pase esta cruz, esta guerra que sólo sirve para atentar contra los sentidos (agilipollarnos). Y es que tengo a mi hijo de cinco años entre cabreado y triste. Fácil de explicar. Merengón como es, por un lado se indigna ante la lamentable y exagerada representación de dolor que exhiben algunos jugadores del Barcelona, que parece que les disparan francotiradores desde las torres de iluminación. Porque tiros deben ser, tal y como se retuercen de dolor. Y por otro lado, hay que verle la cara a Tomasete cuando se habla de lo torpe y mal que está jugando su equipo del alma. Sin consuelo está el pobre, lo bueno que es Messi y lo que falla Cristiano en las ocasiones importantes.
Yo, encima, le aumento su pesar al no esconder el asco total que me están produciendo ambos equipos, que para mí como si desaparecen los dos. Que no se me enfade nadie, pero esto de los sentimientos en el fútbol es muy particular, y yo el corazón lo entregué desde que recuerdo al Hércules. Y, verán, este fin de semana, los de la capital y los catalanes me han hecho una jodienda de marca mundial. Así que estoy de estrellitas de Belén, actores sin vergüenza, chulos malcarados, filósofos insoportables, soberbios impresentables y demás componentes de esta farándula hasta las narices. Ya le he dicho a mi hijo que se olvide de clásicos en casa, que ya me dan arcadas.
Para postre, lo que es la casualidad de las cosas, que no se nos escape lo bien que le ha venido a algunos que yo me sé la retahíla de enfrentamientos futbolísticos. Mira por dónde se han encontrado con unos días en los que nadie habla ni del paro, ni de la debacle política, social y económica, ni de lo inútiles que son. De muerte, no hay mal que por bien no venga. Como lo de Bin Laden. Los americanos se lo cargan en el momento más oportuno posible, cuando peor cantan las cosas en los USA para Obama. Premio para los dueños del mundo libre, que por fin han eliminado al hijo de mil padres éste. Lo que no alcanzo a comprender, tonto que debo ser, es por qué han tirado el cuerpo al mar, por qué se han deshecho del cadáver, con lo que les va a ellos el espectáculo…

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Wikileaks y zapatero: Bienvenido Mr Marshall

Como presidente vuestro que soy, os debo una explicación. Y esa explicación que os debo, os la voy a dar. Porque como presidente vuestro que soy, os debo una explicación. Y esa explicación os la voy a dar... Y así media hora, una o lo que haga falta. Siempre asesorado por Rubalcaba, que es como Manolo Morán con cien kilos menos. José Luis Rodríguez Zapatero, ejerciendo de Pepe Isbert (grande, grande y mil veces grande, el actorazo) congregaría a la masa a su balcón y con su habitual facilidad de palabra expondría los motivos por los cuales permitiría a los americanos del norte que montasen en Rota un pentágono, un hexágono o un dodecágono, lo que les apeteciera, faltaría más. Que para eso aquél que un buen día sufrió una repentina lumbalgia que le impidió levantarse al paso de la bandera de los USA, es ahora amigo, camarada, hermano, más que hermano de Barack Obama. Hay que agradar al presidente yanqui, pelotear rastreramente si se tercia, estrechar relaciones: cosa fácil dadas las afinidades de todo tipo existentes entre ambos dirigentes, tal y como expuso sabiamente en su día Leire Pajín. "Todas las puertas están abiertas para usted", “...el embajador de EE UU en España y el representante personal del presidente Obama no es otro embajador más sino alguien especial", no son más que declaraciones de amor fraternal, de inquebrantable amistad interplanetaria.
Los objetivos son loables; desde la súper base se lucharía contra el terrorismo, la piratería y el crimen organizado, y, ya de paso, se colaboraría con los ejércitos africanos. Con los de los países amigos, claro. Bueno es saber que cada año, los aviones militares estadounidenses efectúan 4.000 vuelos en España y que hasta 250 navíos atracan en los muelles de Rota. Así que, a pesar de irnos de Irak, y continuando encastrados en Afganistán (sigo sin saber qué pintamos allí, semper fidelis a los EE UU en su lucha contra lo que sea), les pondríamos casa, cama y cuartel, como buenos aliados.
Los Estados Unidos son los socios más naturales y lógicos con los que debe contar España. Eso es más que evidente. Lo que me choca, sin sorprenderme, es lo rápido que algunos cambian de opinión en este país. Dicen los papeles del Wikileaks que nuestro presidente se muestra entusiasmado, como el colega de Vicky el vikingo, con la idea de que Mr Marshall retorne a España. Muy socialista todo. Muy socialista.