Hay que tener cuidado con los compañeros de viaje. Cuando te embarcas en una aventura y se cuelan en ella impresentables gorrones de lo público, además de convertirte en una marioneta puede que estés ejerciendo de tonto de la baba. ¿Por qué te lo digo? Verás. Con un ejemplo me vas a entender más que de sobras.
El sábado 25 de febrero en Alicante hubo una manifestación en contra de los recortes en los servicios públicos. Por si no lo sabías, en la Comunidad Valenciana un decreto criminal se ha sumado al del Gobierno Central. Si con una taza no había bastante, dos tazas para que te atragantes. Un particular hachazo a la Educación, a la Sanidad y a todo lo que controla una autonomía, una más, que está asomando sus vergüenzas allá donde se amontonan las quiebras absolutas. El caso es que unas 70.000 personas salieron a la calle para, sin quemar contenedores de basura ni romper escaparates ni liarse a pedradas con la policía, expresar su dolor y su indignación.
La casta política, sola o en sociedad con el resto de despreciables manipuladores y especuladores, ha elegido el camino de la destrucción de lo público como solución para tapar su torpeza, su indecencia, su corrupto proceder y su ineptitud. No asume responsabilidades, conserva, sino incrementa, su salario y se ofrece como salvador el transgresor que cercena sin pudor tus derechos. Está al mando de la nave el mismo descerebrado que la ha estrellado, el brahmán político que te ha arruinado mientras engordaba su hacienda. Y piensa, lerdo él, que aniquilando lo de todos, vencerá a la bestia que ha creado. Craso y muy estúpido el error.
Pero vayamos al tajo. La manifestación partió de la estación de la RENFE para, tras circular por tres avenidas, finalizar en la emblemática y hermosa Explanada de España. Hete aquí que a dos manzanas del inicio se ubica el palacio de la Diputación Provincial de Alicante. Y precisamente allí, en una de las calles que perpendicularmente desemboca en la primera avenida del recorrido reivindicativo, fue donde estratégicamente se colocó el enemigo para saludar al ciudadano protestón.
Una pancarta. Tras ella, cargos políticos del PSOE, diputados provinciales con una dedicación exclusiva de muchos euros (aproximadamente, la misma cantidad que de manifestantes), ex alcaldes algunos que han dejado a sus ciudades y pueblos en la cola de Cáritas. Con nombres y apellidos. Allí plantados, luciéndose inocentes y solidarios. Compañeros, somos de los vuestros. Para vomitar. Aquellos que les reconocieron, tras sobreponerse a la sorpresa inicial, se detuvieron frente a ellos y les preguntaron; “¿Qué hacéis aquí? ¿Y cuánto cobráis vosotros? ¿A quién pretendéis engañar?”
No sigo, pues no merecen más atención. La moraleja de todo esto es la siguiente. Acabar con los servicios públicos es aniquilar el Estado. Y contra ello hay que luchar, sí o sí. Pero en esta batalla conviene seleccionar a quién quieres a tu lado. De igual forma que peleas contra el que te está masacrando, no debes permitir que en tus heridas entre la ponzoña embustera, pues la infección desvirtuaría tu objetivo y terminaría contigo. No me vale que se posicionen junto a mí los capitanes del ejército enemigo. Para andar este camino, las alforjas las pongo yo, el asno también y ni mi tiempo ni mis viandas las voy a compartir con ninguno de éstos. Además, y es opinión y consejo, sería muy recomendable depositarles en la primera papelera que encontrásemos. Es lo que pienso. Es lo que hay.
Un sitio donde reflejar lo que piensas. Te invito a que compartas conmigo tu libertad.
Mostrando entradas con la etiqueta la dipu. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta la dipu. Mostrar todas las entradas
jueves, 1 de marzo de 2012
viernes, 22 de julio de 2011
En Alicante, ¿Camps pierde y Ripoll gana?
El partido popular en la provincia de Alicante, desde la dimisión de Camps, se encuentra en una situación peculiar. Si antes de que el ex presidente de la Generalitat renunciara no estaba la cosa como para fuegos artificiales, más bien para algún tiro que otro, ahora que desaparece de primera línea el líder del movimiento que destronó a Ripoll apartándole de la Diputación, cañonazos pueden llegar a sentirse sin agudizar en demasía el oído.
En política, cuando se generan corrientes y compromisos que secundan y apoyan en todo las directrices de un jefe, una vez éste pierde su posición, estos movimientos no tienen razón de ser. En Alicante, el campismo triunfó y aplastó al ripollismo, retirando a sus seguidores las cuotas de poder que disfrutaban. En el momento actual, ni Camps ni Ripoll son cabeza de cartel dentro del PP. Parece ser que los dos han sido derrotados. Pero hay un pequeño matiz que provoca interpretar de forma bien distinta la situación de ambos. Mientras uno ha dimitido de todos los cargos, el otro aún mantiene la presidencia provincial. Es decir, no está muerto, todavía respira y puede llegar a recuperar el control. ¿Resucita entonces el enfrentamiento entre los populares alicantinos?
Este problema no afecta a Valencia y Castellón. Allí todos van unidos bajo la protección de la gaviota. Pero en Alicante no es así, por mucho que se quiera vender lo contrario. De todos es sabido que en el PP provincial la amenaza de una escisión es más que real. Defendiendo la bandera del alicantinismo puede surgir una formación política que se enfrente a los dos grandes en las próximas elecciones, y que agruparía sectores defraudados del PSOE y muchos afines al predecesor de Luisa Pastor en la Diputación. Gente con nombre, relevantes personajes públicos que estarían dispuestos a una batalla contra socialistas y populares al estilo asturiano de Cascos. Y no está claro quiénes vencerían la confrontación.
Camps ha dimitido para allanarle el camino a Rajoy, pero con su retirada ha llenado de baches el camino de los campistas. Los compañeros del partido aplastados por ellos no se van a quedar quietos, a buen seguro. Dos sugestivas opciones se abren. O intentar tomar al asalto el castillo y reconquistar el terreno perdido, o crear una nueva formación que rompa el enquistado bipartidismo dominante. Y saben que son muchos los alicantinos que piensan, con o sin razón, que si con Camps la provincia iba a quedarse en el vagón de cola, con Fabra, que es de Castellón, igual nos dejan abandonados en el andén. Es en este granero donde se pueden recoger buenos resultados para un nuevo partido con José Joaquín Ripoll al frente. No se puede negar esta evidencia.
Resumiendo, uno tiene la sensación de que Ripoll, derrotado en las últimas batallas, aún puede ganar la guerra. Hoy mismo, uno de sus fieles, que los tiene y no son ni dos ni tres, me ha enviado un mensaje que reza tal que así. “¿Y los campistas? Verás como alguno le niega más de tres veces antes de que acabe el mes y vuelve al redil” Hay que ver cómo está el patio.
En política, cuando se generan corrientes y compromisos que secundan y apoyan en todo las directrices de un jefe, una vez éste pierde su posición, estos movimientos no tienen razón de ser. En Alicante, el campismo triunfó y aplastó al ripollismo, retirando a sus seguidores las cuotas de poder que disfrutaban. En el momento actual, ni Camps ni Ripoll son cabeza de cartel dentro del PP. Parece ser que los dos han sido derrotados. Pero hay un pequeño matiz que provoca interpretar de forma bien distinta la situación de ambos. Mientras uno ha dimitido de todos los cargos, el otro aún mantiene la presidencia provincial. Es decir, no está muerto, todavía respira y puede llegar a recuperar el control. ¿Resucita entonces el enfrentamiento entre los populares alicantinos?
Este problema no afecta a Valencia y Castellón. Allí todos van unidos bajo la protección de la gaviota. Pero en Alicante no es así, por mucho que se quiera vender lo contrario. De todos es sabido que en el PP provincial la amenaza de una escisión es más que real. Defendiendo la bandera del alicantinismo puede surgir una formación política que se enfrente a los dos grandes en las próximas elecciones, y que agruparía sectores defraudados del PSOE y muchos afines al predecesor de Luisa Pastor en la Diputación. Gente con nombre, relevantes personajes públicos que estarían dispuestos a una batalla contra socialistas y populares al estilo asturiano de Cascos. Y no está claro quiénes vencerían la confrontación.
Camps ha dimitido para allanarle el camino a Rajoy, pero con su retirada ha llenado de baches el camino de los campistas. Los compañeros del partido aplastados por ellos no se van a quedar quietos, a buen seguro. Dos sugestivas opciones se abren. O intentar tomar al asalto el castillo y reconquistar el terreno perdido, o crear una nueva formación que rompa el enquistado bipartidismo dominante. Y saben que son muchos los alicantinos que piensan, con o sin razón, que si con Camps la provincia iba a quedarse en el vagón de cola, con Fabra, que es de Castellón, igual nos dejan abandonados en el andén. Es en este granero donde se pueden recoger buenos resultados para un nuevo partido con José Joaquín Ripoll al frente. No se puede negar esta evidencia.
Resumiendo, uno tiene la sensación de que Ripoll, derrotado en las últimas batallas, aún puede ganar la guerra. Hoy mismo, uno de sus fieles, que los tiene y no son ni dos ni tres, me ha enviado un mensaje que reza tal que así. “¿Y los campistas? Verás como alguno le niega más de tres veces antes de que acabe el mes y vuelve al redil” Hay que ver cómo está el patio.
Etiquetas:
Camps,
Camps dimision,
diputacion de alicante,
la dipu,
Ripoll
martes, 29 de marzo de 2011
Suprimir las diputaciones
Se acercan las elecciones autonómicas y, como hay que rascar un cinco por ciento para participar en el reparto, algunas formaciones políticas llevarán como panacea para la crisis la eliminación de las diputaciones provinciales. Alguna estupidez hay que decir para engañar al respetable. Y lo más fácil es vender que las diputaciones sólo generan gastos y no sirven para nada más que para colocar a los que no tienen otro sitio donde descansar sus vergüenzas, ¿verdad? Mejor entregar el control absoluto a los organismos autonómicos, que ellos gestionen los recursos con su maestría habitual. Y, ya que estamos, de un plumazo cepillarse a esa banda de funcionarios y contratados ociosos y vagos que no dan un palo al agua. La recuperación económica del país con un visto y no visto.
No hay nada más nocivo para el equilibrio de un sistema democrático que la ignorancia y el oportunismo, sobre todo cuando ambos defectos adornan y caracterizan al político o política de turno. Aquellos que desean la destrucción de las diputaciones, además de realizar un discurso demagógico y burdo, desconocen el trabajo y la labor que desarrollan las mismas. Yo sí lo conozco, y por eso lo describo y lo escribo.
Cuando se habla de fusionar pequeños municipios para dotarles de mayor consistencia y operatividad, para defenderles ante períodos de crisis, para que consigan sobrevivir con dignidad, para que sus gastos se reduzcan, estamos hablando de unas figuras unificadoras que ya existen, y que no son otras que las diputaciones. En ellas estas pequeñas poblaciones encuentran el foro donde expresar sus necesidades y deseos, en ellas las comarcas tienen el instrumento imprescindible para revitalizar extensas zonas que mantienen intereses comunes, en ellas las voces de municipios olvidados se escuchan y se atienden. Gracias a las diputaciones se levantan centros deportivos y sociales, se crean, acondicionan y mejoran vías de comunicación, se solucionan problemas de abastecimiento de agua potable o de canalización de residuales, se fomenta el deporte local y provincial, defendiendo y promocionando los autóctonos que, sin este apoyo, habrían desaparecido olvidados en la memoria de los mayores, se protege e incentiva la cultura propia, se realiza una impresionante labor en el cuidado de ancianos y niños y enfermos, y se gestionan centros de tratamiento especial. Todo esto y mucho más se tramita, se resuelve y se ejecuta a través de las diputaciones con la mayor inmediatez que permite el sistema: cualquier sugerencia, queja o protesta es atendida por profesionales cualificados sin el maldito vuelva usted mañana. Si alguien conoce alguna otra administración que ofrezca algo parecido, que lo diga y yo callaré.
En nuestro mal parido sistema, otorgar el poder absoluto a las distintas capitales autonómicas, centralizando gestión, decisión y actuación, supondría la desolación y muerte de pueblos y zonas enteras que sólo existirían, y a lo mejor ni eso, en vísperas de elecciones. Las provincias perderían su identidad con la desaparición de las diputaciones, más cercanas, más eficientes y útiles que las autonomías.
Además, la evidencia demuestra que la calidad en la administración no se encuentra en el Senado (retiro dorado de políticos sobrantes) ni en los entes autonómicos, los auténticos agujeros negros por donde el sistema se desangra. La calidad está en las diputaciones, la sirven en bandeja de plata sus trabajadores.
La Diputación de Alicante es un ejemplo claro de lo que afirmo. Hogar Provincial, Centro Doctor Esquerdo y Salud Mental, las Agencias Comarcales, las Brigadas de Carreteras, el Archivo General, Formación, El Instituto Juan Gil Albert, Juventud y Mujer, El Museo Arqueológico, el Mubag, la Oficina Técnica, el Palacio Provincial, el Servicio de Prevención, Tucumán 8, Tucumán 10 y la Oficina de Proyectos. Centros de Diputación donde el trabajo es real y efectivo, donde administración es sinónimo de producción. Pero esto, por lo que se ve, no es importante.
Los políticos de mercadillo buscan en la desaparición de las diputaciones un argumento fácil con el que arrastrar votos y así obtener su cuota de poder, su propio beneficio. Políticos sin ideas ni proyectos que destruirían su casa y su familia si ello les proporcionase escaños. Políticos que se rigen por el Todo por la pasta. Políticos. Punto
No hay nada más nocivo para el equilibrio de un sistema democrático que la ignorancia y el oportunismo, sobre todo cuando ambos defectos adornan y caracterizan al político o política de turno. Aquellos que desean la destrucción de las diputaciones, además de realizar un discurso demagógico y burdo, desconocen el trabajo y la labor que desarrollan las mismas. Yo sí lo conozco, y por eso lo describo y lo escribo.
Cuando se habla de fusionar pequeños municipios para dotarles de mayor consistencia y operatividad, para defenderles ante períodos de crisis, para que consigan sobrevivir con dignidad, para que sus gastos se reduzcan, estamos hablando de unas figuras unificadoras que ya existen, y que no son otras que las diputaciones. En ellas estas pequeñas poblaciones encuentran el foro donde expresar sus necesidades y deseos, en ellas las comarcas tienen el instrumento imprescindible para revitalizar extensas zonas que mantienen intereses comunes, en ellas las voces de municipios olvidados se escuchan y se atienden. Gracias a las diputaciones se levantan centros deportivos y sociales, se crean, acondicionan y mejoran vías de comunicación, se solucionan problemas de abastecimiento de agua potable o de canalización de residuales, se fomenta el deporte local y provincial, defendiendo y promocionando los autóctonos que, sin este apoyo, habrían desaparecido olvidados en la memoria de los mayores, se protege e incentiva la cultura propia, se realiza una impresionante labor en el cuidado de ancianos y niños y enfermos, y se gestionan centros de tratamiento especial. Todo esto y mucho más se tramita, se resuelve y se ejecuta a través de las diputaciones con la mayor inmediatez que permite el sistema: cualquier sugerencia, queja o protesta es atendida por profesionales cualificados sin el maldito vuelva usted mañana. Si alguien conoce alguna otra administración que ofrezca algo parecido, que lo diga y yo callaré.
En nuestro mal parido sistema, otorgar el poder absoluto a las distintas capitales autonómicas, centralizando gestión, decisión y actuación, supondría la desolación y muerte de pueblos y zonas enteras que sólo existirían, y a lo mejor ni eso, en vísperas de elecciones. Las provincias perderían su identidad con la desaparición de las diputaciones, más cercanas, más eficientes y útiles que las autonomías.
Además, la evidencia demuestra que la calidad en la administración no se encuentra en el Senado (retiro dorado de políticos sobrantes) ni en los entes autonómicos, los auténticos agujeros negros por donde el sistema se desangra. La calidad está en las diputaciones, la sirven en bandeja de plata sus trabajadores.
La Diputación de Alicante es un ejemplo claro de lo que afirmo. Hogar Provincial, Centro Doctor Esquerdo y Salud Mental, las Agencias Comarcales, las Brigadas de Carreteras, el Archivo General, Formación, El Instituto Juan Gil Albert, Juventud y Mujer, El Museo Arqueológico, el Mubag, la Oficina Técnica, el Palacio Provincial, el Servicio de Prevención, Tucumán 8, Tucumán 10 y la Oficina de Proyectos. Centros de Diputación donde el trabajo es real y efectivo, donde administración es sinónimo de producción. Pero esto, por lo que se ve, no es importante.
Los políticos de mercadillo buscan en la desaparición de las diputaciones un argumento fácil con el que arrastrar votos y así obtener su cuota de poder, su propio beneficio. Políticos sin ideas ni proyectos que destruirían su casa y su familia si ello les proporcionase escaños. Políticos que se rigen por el Todo por la pasta. Políticos. Punto
Suscribirse a:
Entradas (Atom)