Hoy, un buen amigo, un experto superviviente, me ha remitido un correo electrónico de esos que inundan los ordenadores y que expresan, de una manera muy clara, el profundo sentir de mucha gente. Él lo habrá recibido de algún amigo, y éste, a su vez, de otro, y este otro de otro más, y así hasta encontrar su génesis. Un mensaje en una cadena (de retrete), una forma de difundir ideas y sentimientos merecedora de atención. Literatura popular.
Yo, aprovechando que ya está escrito, lo voy a fusilar convenientemente y lo ofrezco para la lectura de quién quiera. Reza del siguiente modo:
“Hay autonomías en las que se está entregando, o se va a entregar, una factura informativa del coste que ha supuesto nuestra visita al médico, de la asistencia que recibamos en Urgencias, de la intervención quirúrgica que hemos sufrido o de cualquier gasto que ocasionemos por tener la desgracia de ponernos enfermos. Naturalmente, me estoy refiriendo a la sanidad pública.
Lo hacen, o lo van a hacer, con la sana intención de que tomemos conciencia de lo que cuesta atendernos, aunque seamos nosotros mismos, con nuestros impuestos y cotizaciones, los que pagamos la fiesta.
Propongo que:
Cada vez que el rey, el presidente del gobierno, el ministro de turno, el presidente de comunidad autónoma que corresponda, el diputado, el senador, el presidente de la diputación, el alcalde, etcétera, se suba a su coche oficial, se le entregue la factura.
Cuando visite centros de mayores o colegios, engalanados especialmente para su visita, que le entreguen la factura.
Cuando asista a la multitud de fiestas, recepciones, comilonas, que se organizan por cualquier cosa, que le entreguen la factura.
Cuando se suba en trenes o aviones para viajar en clase especial, que le entreguen la factura.
Todo ello, claro, con la única intención de que tomen conciencia de lo que nos cuesta a los ciudadanos mantener tantos cargos públicos.”
Bien. Poco disiento del contenido del texto. Únicamente, quizás, en el destinatario final de las facturas políticas. Preferiría que nos las diesen en mano a nosotros, que fueran publicitadas con la transparencia suficiente para que supiésemos, con más pelos que señales, quiénes, cómo y en qué se pulen tamaño dineral ajeno. Más que nada porque, si se las dan a ellos a buen seguro que en una trituradora de papel perecerían a la velocidad de la luz. El pirata ya conoce su botín. Lo que falta es que los galeotes, ya que remamos y remamos, también participemos de esa información. Y como de cornudos no nos vamos a librar, conocer cuánto nos cuesta la cama sería todo un detalle.
Un sitio donde reflejar lo que piensas. Te invito a que compartas conmigo tu libertad.
lunes, 19 de diciembre de 2011
viernes, 16 de diciembre de 2011
El Grinch Undargarín
Tan cerca de la Navidad estamos, que a uno sólo le apetece escribir sobre cualquier tema que trate sobre ella. Son días especiales, para los que nos gustan estas fiestas y sobre todo para los verdaderos protagonistas del evento, los niños. Ellos lucen sus villancicos en los colegios y esperan ansiosos los regalos que una adopción impuesta, la de Papá Noel, les deja en Nochebuena bajo el árbol o a los pies de la cama. No queda otra que evadirte de lo que te rodea y rendirte a la fuerza de la ilusión. Te pones frente al teclado del ordenador, sabes que toca una historia navideña, de amor, de solidaridad, alguna guirnalda con la que embellecer el abeto que compraste en los chinos, algún juego de luces para iluminar un belén en el que a San José le falta una pierna, los pastores se han comido la mula y el homenajeado Jesús se ha escapado para coser zapatillas de deporte en un taller clandestino. Qué bonito.
Inundado de alegría a pesar de saber que Melchor, Gaspar y Baltasar han abandonado el país, pues aquí ya no tienen nada que rascar, me rindo a la invasión americana y paso, sin entrar mucho en detalles, a contar a aquél que tenga un rato para leer, la hermosa historia del enemigo de Santa Claus, el Grinch. Este personaje egoísta y malvado aparece en la Navidad como contraposición al significado espiritual de la misma. Refleja el consumismo, la avaricia, la gula material. Cuantos más bienes tengas, más feliz serás. Todo para el bolsillo propio, a costa de lo que sea. Muy anglosajón el bicho, ¿verdad? Por estos apostólicos lares no tenemos nada de esto, qué va. Aquí, máximo el caganer, ese monigote que hace sus necesidades mientras observa cómo pasan los Reyes Magos camino del portal.
Y es que, para qué importar bichos raros de los USA con los que amenazar unas fechas tan entrañables si aquí, en la muy tradicionalista España, ya contamos con elementos suficientes capaces de amargarle la fiesta a cualquiera. Y si no que se lo digan al primero de los españoles, al más alto representante del híbrido sistema monárquico-republicano que disfrutamos con júbilo y entusiasmo, a nuestro monarca, el rey Juan Carlos. En su propia casa, delante de sus egregias narices, un duende pecador, morador de un palacete en Pedralbes, se está cargando, en compañía de otro u otros, trescientos años de institución. Sociedades por aquí y por allá, mucho dinero con veloces piernas difícil de perseguir. Un entramado financiero para llevárselo calentito supuestamente montado por un Grinch patrio, alto, rubio, guapo y deportista. El yerno ideal. Ni Azaña hizo tanto por la república.
Fumando espero el discurso navideño del rey. Quiero saciar la curiosidad de ver cómo S.M., diestro de tronío, torea el morlaco. Cuando hable de la crisis, de la insostenible situación económica, de la miseria que asola muchos hogares, lagrimones de vergüenza deberían brotar de sus ojos hasta oxidarle las medallas. Pues no olvidemos que el Grinch Undargarín le ha fastidiado (por no decir jodido) estas navidades, las del año que viene y unas cuantas y muchas más, que ya veremos las consecuencias de todo esto. Lo que parecía y lo que parece.
Inundado de alegría a pesar de saber que Melchor, Gaspar y Baltasar han abandonado el país, pues aquí ya no tienen nada que rascar, me rindo a la invasión americana y paso, sin entrar mucho en detalles, a contar a aquél que tenga un rato para leer, la hermosa historia del enemigo de Santa Claus, el Grinch. Este personaje egoísta y malvado aparece en la Navidad como contraposición al significado espiritual de la misma. Refleja el consumismo, la avaricia, la gula material. Cuantos más bienes tengas, más feliz serás. Todo para el bolsillo propio, a costa de lo que sea. Muy anglosajón el bicho, ¿verdad? Por estos apostólicos lares no tenemos nada de esto, qué va. Aquí, máximo el caganer, ese monigote que hace sus necesidades mientras observa cómo pasan los Reyes Magos camino del portal.
Y es que, para qué importar bichos raros de los USA con los que amenazar unas fechas tan entrañables si aquí, en la muy tradicionalista España, ya contamos con elementos suficientes capaces de amargarle la fiesta a cualquiera. Y si no que se lo digan al primero de los españoles, al más alto representante del híbrido sistema monárquico-republicano que disfrutamos con júbilo y entusiasmo, a nuestro monarca, el rey Juan Carlos. En su propia casa, delante de sus egregias narices, un duende pecador, morador de un palacete en Pedralbes, se está cargando, en compañía de otro u otros, trescientos años de institución. Sociedades por aquí y por allá, mucho dinero con veloces piernas difícil de perseguir. Un entramado financiero para llevárselo calentito supuestamente montado por un Grinch patrio, alto, rubio, guapo y deportista. El yerno ideal. Ni Azaña hizo tanto por la república.
Fumando espero el discurso navideño del rey. Quiero saciar la curiosidad de ver cómo S.M., diestro de tronío, torea el morlaco. Cuando hable de la crisis, de la insostenible situación económica, de la miseria que asola muchos hogares, lagrimones de vergüenza deberían brotar de sus ojos hasta oxidarle las medallas. Pues no olvidemos que el Grinch Undargarín le ha fastidiado (por no decir jodido) estas navidades, las del año que viene y unas cuantas y muchas más, que ya veremos las consecuencias de todo esto. Lo que parecía y lo que parece.
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lunes, 12 de diciembre de 2011
El rey le enseña la salida.
Todo se pega en el país del donde dije digo, digo Diego. Hasta en los palatinos despachos las palabras rebotan en las paredes y vuelven torcidas. El sábado, de desvincular al duque de Palma de las actividades de la Casa Real, nada de nada. Lucubraciones malintencionadas de la canallesca. Qué malos son esos periodistas manipuladores y embusteros. O eso aseguraban los que de estas lides se encargan en Zarzuela. Hoy, por el lunes, dado el “comportamiento no ejemplar” de Iñaki Undargarín, campana y puerta. Coherencia áulica en su total esplendor. De un “todo es falso” se ha pasado en un mayestático chasquido a un “mejor que el yerno no aparezca por palacio, que se quede en los USA, que el ambiente no es el más propicio para que él luzca palmito. Por aquí, ni en pintura, que no está el horno para bollos de éstos, rellenitos los tengo, oiga.”
Y es que en esta tan monárquica España la gente está ya lo suficientemente mosca con lo que cuesta la realeza como para que desde la Casa Real se pudieran solapar estas supuestas vergüenzas. El rey se ha dado cuenta de que la institución que representa además de serlo, ha de parecerlo, y ha optado por rendir sus cuentas para que los de la plebe conozcamos en qué se gasta los cuartos que gentilmente le ingresamos. Hay miseria y hambre para repartir, y no se puede consentir que asome un solo billete que no tenga origen limpio. En consecuencia le han dicho claro, clarete, al duque que se las apañe. Qué sí, que la familia es la familia, pero como los trastos viejos, mejor cuanto más lejos. Y es que el tema está cogiendo velocidad. Si continúan avanzando los acontecimientos al ritmo actual, en el tradicional mensaje navideño nuestro monarca anunciará que ha solicitado una orden de alejamiento para que Undargarín no se arrime a menos de quinientos kilómetros de Madrid.
Mientras tanto, Mario Pascual Vives, abogado y único portavoz del duque de Palma, anda asegurando que su representado “está preocupado y apesadumbrado, y quizás también, por qué no decir, indignado” por las informaciones que están apareciendo y que le sitúan más cerca del delito que de la inmaculada honestidad que se le presupone. Además, el letrado asevera que, a día de hoy, el duque de Palma es un ciudadano como cualquiera de nosotros, y promete convocar a los medios antes del 22 de diciembre para explicar una serie de cosas. Aquí es donde, desde el más modesto vasallaje, servidor, que no traga con la aristocracia, introduce dos puntualizaciones, si se me permite tamaña osadía. La primera de ellas trata de sensaciones. Preocupación y pesadumbre vale, el duque debe tener toneladas de ambas. Pero la indignación no le corresponde por el momento a él, sino a los que asistimos entre expectantes y cabreados a tan ingrato espectáculo.
Y segunda. Opino, porque así lo creo, que si Iñaki Undargarín no fuera quién es, si en vez de un miembro ilustre de la realeza su condición fuera plebeya como la del que escribe y suscribe, tiempo haría que estaría entrando y saliendo del juzgado día sí y día también. Así que, con todo el respeto del mundo, de ciudadano común, un cuerno. Que de eso de que todos somos iguales, qué les voy a contar que no sea sabido. Siempre hay algunos que son más iguales que el resto de los mortales. Ajo y agua.
Y es que en esta tan monárquica España la gente está ya lo suficientemente mosca con lo que cuesta la realeza como para que desde la Casa Real se pudieran solapar estas supuestas vergüenzas. El rey se ha dado cuenta de que la institución que representa además de serlo, ha de parecerlo, y ha optado por rendir sus cuentas para que los de la plebe conozcamos en qué se gasta los cuartos que gentilmente le ingresamos. Hay miseria y hambre para repartir, y no se puede consentir que asome un solo billete que no tenga origen limpio. En consecuencia le han dicho claro, clarete, al duque que se las apañe. Qué sí, que la familia es la familia, pero como los trastos viejos, mejor cuanto más lejos. Y es que el tema está cogiendo velocidad. Si continúan avanzando los acontecimientos al ritmo actual, en el tradicional mensaje navideño nuestro monarca anunciará que ha solicitado una orden de alejamiento para que Undargarín no se arrime a menos de quinientos kilómetros de Madrid.
Mientras tanto, Mario Pascual Vives, abogado y único portavoz del duque de Palma, anda asegurando que su representado “está preocupado y apesadumbrado, y quizás también, por qué no decir, indignado” por las informaciones que están apareciendo y que le sitúan más cerca del delito que de la inmaculada honestidad que se le presupone. Además, el letrado asevera que, a día de hoy, el duque de Palma es un ciudadano como cualquiera de nosotros, y promete convocar a los medios antes del 22 de diciembre para explicar una serie de cosas. Aquí es donde, desde el más modesto vasallaje, servidor, que no traga con la aristocracia, introduce dos puntualizaciones, si se me permite tamaña osadía. La primera de ellas trata de sensaciones. Preocupación y pesadumbre vale, el duque debe tener toneladas de ambas. Pero la indignación no le corresponde por el momento a él, sino a los que asistimos entre expectantes y cabreados a tan ingrato espectáculo.
Y segunda. Opino, porque así lo creo, que si Iñaki Undargarín no fuera quién es, si en vez de un miembro ilustre de la realeza su condición fuera plebeya como la del que escribe y suscribe, tiempo haría que estaría entrando y saliendo del juzgado día sí y día también. Así que, con todo el respeto del mundo, de ciudadano común, un cuerno. Que de eso de que todos somos iguales, qué les voy a contar que no sea sabido. Siempre hay algunos que son más iguales que el resto de los mortales. Ajo y agua.
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jueves, 8 de diciembre de 2011
Limitando a Undargarín
Esto de la monarquía como que me pilla muy lejos. Muy complejo para alguien tan limitado de entendederas como yo. Tiene de todo la realeza, no hay labor que se escape, no hay campo sin cubrir. Hasta habrá un equipo de técnicos cualificados que se dediquen a repasar de diario las juntas de los baldosines del Palacio, no vaya a ser que un tropezón tiña de negro al país. Y es que, con el lío en el que se ha metido el Duque de Palma, va uno descubriendo cómo funcionan las cosas en la casa del Rey. Ahora, que parece que le están enseñando la puerta al yerno, antes de que se planten del juzgado a buscarle, he descubierto que existe una Unidad de Relaciones con los Medios de Comunicación en la Casa Real. Un nombre que no cabe en una nómina cristiana. ¿Dónde trabaja tu padre? En la URMCCR. Ni abreviado se puede escribir. Un curro brutal, supongo, ése de controlar la manada salvaje de periodistas que aporrean las puertas de La Zarzuela, ávidos de sangre azul. No sé si serán muchos en plantilla en la Unidad de Relaciones y tal y tal, pero “reventaicos” tienen que estar los pobres con la faena.
Resulta que ha saltado, malvada, la noticia de un maquiavélico plan para desvincular a las infantas Elena y Cristina, y al marido de ésta, como integrantes del núcleo de la Familia Real. Soltar neutrones, que sólo aportan masa, y librarse del único electrón que queda en la órbita desparramando arrobas de carga negativa. Un Iñaki Undargarín, sospechoso de llevarse hasta la publicidad de los buzones para venderla al peso, que ya no cae tan bien como antes, tan alto, tan guapo, tan deportista, tan majo el chico. Librarse del muchacho, que tiene números para tirarse una temporada en el hotel de los barrotes, y que la Familia Real se limite a los reyes, los príncipes y las hijas de éstos, Leonor y Sofía. Poco, pero bueno.
Y he aquí que ha reaccionado rápida y audazmente la Unirremecocarre lanzando un comunicado en el que lamenta profundamente haber contribuido a que algunos medios hayan recogido de forma equívoca o errónea este tema. Vamos, que de aligerar lastre, nada de nada. Son los que son y los que vengan por Real Decreto 2917/1981, de 27 de noviembre, por el que se establece el Registro Civil de la Familia Real. Nacimientos, matrimonios, defunciones y cualquier acto inscribible con arreglo a la legislación sobre Registro Civil, que afecten al rey de España, su augusta consorte, sus ascendientes de primer grado, sus descendientes y al príncipe heredero de la Corona. Jaime de Marichalar se divorció, y del libro desapareció. Él y sus trajes.
El caso es que desde Zarzuela quieren dejar claro que la disminución de las actividades de las infantas y del duque de Palma nada tiene que ver con el caso Palma Arena, el Instituto Noos y demás zarandajas sin fundamento que pululan por ahí. Contratitos de millones de euros por el “usted sí sabe quién soy yo”, fundas nórdicas rellenas de billetes de quinientos. Eso está muy feo, dónde vamos a parar tratando así a los grandes de España. Una turba de desalmados es lo que somos. Pobrecitos ellos, pesada es la carga de pertenecer a la realeza.
Concluyendo. Tal y como está el patio, y puestos a elegir (que no se me ofenda nadie), visto lo visto prefiero a los Reyes Magos, que sólo cuestan dinero una vez al año, traen cosas en vez de llevárselas, y que, desde que persiguieron la estrella hasta nuestros días, han sido siempre tres, ni uno más ni uno menos.
Resulta que ha saltado, malvada, la noticia de un maquiavélico plan para desvincular a las infantas Elena y Cristina, y al marido de ésta, como integrantes del núcleo de la Familia Real. Soltar neutrones, que sólo aportan masa, y librarse del único electrón que queda en la órbita desparramando arrobas de carga negativa. Un Iñaki Undargarín, sospechoso de llevarse hasta la publicidad de los buzones para venderla al peso, que ya no cae tan bien como antes, tan alto, tan guapo, tan deportista, tan majo el chico. Librarse del muchacho, que tiene números para tirarse una temporada en el hotel de los barrotes, y que la Familia Real se limite a los reyes, los príncipes y las hijas de éstos, Leonor y Sofía. Poco, pero bueno.
Y he aquí que ha reaccionado rápida y audazmente la Unirremecocarre lanzando un comunicado en el que lamenta profundamente haber contribuido a que algunos medios hayan recogido de forma equívoca o errónea este tema. Vamos, que de aligerar lastre, nada de nada. Son los que son y los que vengan por Real Decreto 2917/1981, de 27 de noviembre, por el que se establece el Registro Civil de la Familia Real. Nacimientos, matrimonios, defunciones y cualquier acto inscribible con arreglo a la legislación sobre Registro Civil, que afecten al rey de España, su augusta consorte, sus ascendientes de primer grado, sus descendientes y al príncipe heredero de la Corona. Jaime de Marichalar se divorció, y del libro desapareció. Él y sus trajes.
El caso es que desde Zarzuela quieren dejar claro que la disminución de las actividades de las infantas y del duque de Palma nada tiene que ver con el caso Palma Arena, el Instituto Noos y demás zarandajas sin fundamento que pululan por ahí. Contratitos de millones de euros por el “usted sí sabe quién soy yo”, fundas nórdicas rellenas de billetes de quinientos. Eso está muy feo, dónde vamos a parar tratando así a los grandes de España. Una turba de desalmados es lo que somos. Pobrecitos ellos, pesada es la carga de pertenecer a la realeza.
Concluyendo. Tal y como está el patio, y puestos a elegir (que no se me ofenda nadie), visto lo visto prefiero a los Reyes Magos, que sólo cuestan dinero una vez al año, traen cosas en vez de llevárselas, y que, desde que persiguieron la estrella hasta nuestros días, han sido siempre tres, ni uno más ni uno menos.
viernes, 2 de diciembre de 2011
Feliz Navidad, de momento.
Navidades chungas se avecinan. Para la mayoría. Para esa ingente masa de bobos que mantenemos el sistema, que buscamos con desesperación sustento y bienestar. Trabajar y trabajar, si hay suerte y tienes trabajo. Y si encima cobras algo razonable, ya ni te digo. Una orgía. Te puedes permitir el lujo de comer en condiciones, de vestirte con cierta apariencia, aunque la camisa tenga más años que la Universidad de Salamanca. Incluso darte caprichos esporádicos en forma de cañita con los amigos. Un privilegio a disfrutar, qué puñetas, que no todo va a ser penar y penar en este valle de lágrimas.
Y en esas estamos el grueso de la población. Más impuestos, menos sueldos, ajustémonos que hay que cumplir, un sacrificio como Estado que nos saque del pozo. Marcialmente, que hay que empujar en el mismo sentido. Qué bonito. España unida ante la crisis. Lloro de emoción.
Claro que, como en todos los sitios, siempre está el golfo que se sale de la cola y hace la guerra por su parte. Eso sí, los tiros los pega usando munición robada. ¿De quién hablo? No es tan difícil suponer. Del socio honorario de la casta, logia, raza, estirpe, secta, banda,…Llamémoslo como nos apetezca. Personaje, electo o no, al que le importa un carajo el sufrimiento ajeno mientras su talega continúe sumando cuartos. Como por ejemplo esos concejalillos de Vilassar de Mar (Barcelona) que, con lo que está jarreando, se suben el sueldo un 30% por la cara, argumentando que cobran menos de lo que deberían. Ahí están ellos, mas chulos que un ocho, vacilándole al personal. Ellos, que son el problema, no la solución.
Llegas a pensar que nada cambia. Y que nada cambiará si siguen insultándonos sin que reaccionemos. Te coges un Boletín Oficial de la provincia que quieras, te lees los sueldos que estos sujetos ponen y se ponen, y la sangre se torna ácido sulfúrico. El diablo te posee. Que venga el Tío de la vara a deslomarles.
Pero es Navidad. Tiempo de paz y amor. Tiempo de buenas voluntades, generosidad y solidaridad. Tiempo de alegría. Tiempo de sonrisas y villancicos. Brindaremos con agua del grifo, untaremos el pan con mantequilla sin sal y lo cubriremos espléndidamente con una suculenta rodaja de mortadela. Nos besaremos con cariño y fruición. Qué no falte de nada, que son fiestas. Ánimo, tropa de paganos. Olvidemos a aquéllos que nos han arruinado, a los que nos roban con alevosía, a los que especulan con nuestras vidas, a los que se comen el pastel y no nos dejan ni chupar una cucharilla. Dividendos, acciones, bolsa aquí y bolsa allá, cabréate, cabréate. Vende lo que tienes, transforma tus muebles en pan y fiambre y mezcla el yeso de las paredes con agua si quieres leche con calcio. Otros se comerán esos manjares que ni sabes que existen. Otros se beberán esos caldos que cuestan más que tu casa. Otros lucirán ufanos esa bastarda hermosura que tan gustosos subvencionamos. Qué lejos están de nosotros, que no podemos echarles el guante. Por ahora.
Así que, como todos los años, en estas fechas tan maravillosas quiero expresar mi más sincero anhelo de felicidad y prosperidad para todos. Bueno, para casi todos. A esta ralea de sinvergüenzas y ladrones sólo me nace decirles, desde mi más profundo convencimiento, que corran lo más rápido que puedan, que algún día les pillaremos y pagarán por lo que hacen y deshacen. No se librarán, no. Al resto, a los que como yo con sobrevivir se dan por satisfechos, mi corazón les desea suerte, trabajo y salud. En el orden que prefieran. Feliz Navidad, aunque suene a cachondeo. De lo del Año Nuevo, mejor ni hablar. Miedo le tengo.
Y en esas estamos el grueso de la población. Más impuestos, menos sueldos, ajustémonos que hay que cumplir, un sacrificio como Estado que nos saque del pozo. Marcialmente, que hay que empujar en el mismo sentido. Qué bonito. España unida ante la crisis. Lloro de emoción.
Claro que, como en todos los sitios, siempre está el golfo que se sale de la cola y hace la guerra por su parte. Eso sí, los tiros los pega usando munición robada. ¿De quién hablo? No es tan difícil suponer. Del socio honorario de la casta, logia, raza, estirpe, secta, banda,…Llamémoslo como nos apetezca. Personaje, electo o no, al que le importa un carajo el sufrimiento ajeno mientras su talega continúe sumando cuartos. Como por ejemplo esos concejalillos de Vilassar de Mar (Barcelona) que, con lo que está jarreando, se suben el sueldo un 30% por la cara, argumentando que cobran menos de lo que deberían. Ahí están ellos, mas chulos que un ocho, vacilándole al personal. Ellos, que son el problema, no la solución.
Llegas a pensar que nada cambia. Y que nada cambiará si siguen insultándonos sin que reaccionemos. Te coges un Boletín Oficial de la provincia que quieras, te lees los sueldos que estos sujetos ponen y se ponen, y la sangre se torna ácido sulfúrico. El diablo te posee. Que venga el Tío de la vara a deslomarles.
Pero es Navidad. Tiempo de paz y amor. Tiempo de buenas voluntades, generosidad y solidaridad. Tiempo de alegría. Tiempo de sonrisas y villancicos. Brindaremos con agua del grifo, untaremos el pan con mantequilla sin sal y lo cubriremos espléndidamente con una suculenta rodaja de mortadela. Nos besaremos con cariño y fruición. Qué no falte de nada, que son fiestas. Ánimo, tropa de paganos. Olvidemos a aquéllos que nos han arruinado, a los que nos roban con alevosía, a los que especulan con nuestras vidas, a los que se comen el pastel y no nos dejan ni chupar una cucharilla. Dividendos, acciones, bolsa aquí y bolsa allá, cabréate, cabréate. Vende lo que tienes, transforma tus muebles en pan y fiambre y mezcla el yeso de las paredes con agua si quieres leche con calcio. Otros se comerán esos manjares que ni sabes que existen. Otros se beberán esos caldos que cuestan más que tu casa. Otros lucirán ufanos esa bastarda hermosura que tan gustosos subvencionamos. Qué lejos están de nosotros, que no podemos echarles el guante. Por ahora.
Así que, como todos los años, en estas fechas tan maravillosas quiero expresar mi más sincero anhelo de felicidad y prosperidad para todos. Bueno, para casi todos. A esta ralea de sinvergüenzas y ladrones sólo me nace decirles, desde mi más profundo convencimiento, que corran lo más rápido que puedan, que algún día les pillaremos y pagarán por lo que hacen y deshacen. No se librarán, no. Al resto, a los que como yo con sobrevivir se dan por satisfechos, mi corazón les desea suerte, trabajo y salud. En el orden que prefieran. Feliz Navidad, aunque suene a cachondeo. De lo del Año Nuevo, mejor ni hablar. Miedo le tengo.
lunes, 28 de noviembre de 2011
La mejor dieta del mundo
Quiero ponerme a dieta. Es más, lo necesito. He probado muchas, casi todas las habidas y por haber. Desde la de la alcachofa hasta la del pan y el pollo (ésta menos de lo que uno hubiera deseado pues es asaz entretenida). Últimamente estoy sacando un doctorado en la de la cremallera en la boca, y no por el acoso implacable del colesterol y los triglicéridos, no. La puñetera crisis, que me trae de cabeza, qué os voy a contar que no sepáis ya. El caso es que ninguna de estas dietas acaba de convencerme, porque en todas, menos la del ave de corral, sufro el hambre hasta que se me nublan los sentidos. Lucecitas de colores he llegado a ver.
Pero, bendita providencia, he encontrado una que es maravillosa. Te hinchas a comer y a beber de lo bueno lo mejor y de lo mejor lo superior. Sin límite ni en la calidad, ni en la cantidad ni en el precio. La leche en bote. Y no debe ser tan difícil hacerla, que son muchos los que la gozan a tope. Se llama la dieta del político. Sencilla, cómoda y rápida. Y encima no requiere sacrificio propio alguno (ajenos, los que te puedas imaginar). Presentada la bicoca, ahora paso a detallarla, para el que se quiera apuntar.
Consiste en lo siguiente. Te apuntas a un partido, haces méritos y si suena la flauta y sales electo, por ejemplo, a concejal, que no es necesario ser presidente del Gobierno, te pones a dieta. Al sueldo que ya cobras por tu trabajo (ojo al dato éste del trabajo) le añades un complemento mensual rico, rico que bien puede alcanzar, sin exagerar ni un pelo, un 50% de lo que ya te pagan los afortunados ciudadanos a los que representas. Unos plenillos de diez minutos por aquí, unas reuniones de quince por allá, que no hay que matarse, y dieta al canto. Todo repartido semanalmente para no agobiarse, y a vivir que son dos días. Eso sí, cómo no, siempre en horario de trabajo (otra vez el dato), que no se trata de reventarse a hacer minutos, que no horas, extras.
Hay que tomarse esta dieta así, a coña, pues si te la tomas en serio y se te cruzan los cables, igual la lías y no es plan de terminar vegetando en la cárcel. Sin ir más lejos, hoy, por ayer, he pasado un rato la mar de divertido leyendo lo que cobran alcaldes y concejales por asistencia a reuniones del Área Metropolitana de Barcelona, un organismo fundado el pasado julio tras la fusión de tres entes sectoriales y en cuyo Gobierno funciona un cuatripartito —CiU, PSC, ERC e ICV—, con participación también de la oposición (PP). Un total de 800.779 euros anuales que sirven para retribuir la asistencia de 90 responsables políticos a las distintas sesiones. Ajuste y austeridad.
Y digo yo. Si estos buenos señores ya cobran por un trabajo (de nuevo el dato), ¿no forman parte de éste todas estas comisiones, sesiones, reuniones, plenos o como quieran bautizar lo que hagan? ¿Por qué hay que abonárselas a parte? ¿Es un atraco o yo me lo imagino?
Lo dicho. Yo también quiero seguir esta dieta. Nutre, engorda y da esplendor. Mandan. Huevos (sigo dudando si se puede decir huevos).
Pero, bendita providencia, he encontrado una que es maravillosa. Te hinchas a comer y a beber de lo bueno lo mejor y de lo mejor lo superior. Sin límite ni en la calidad, ni en la cantidad ni en el precio. La leche en bote. Y no debe ser tan difícil hacerla, que son muchos los que la gozan a tope. Se llama la dieta del político. Sencilla, cómoda y rápida. Y encima no requiere sacrificio propio alguno (ajenos, los que te puedas imaginar). Presentada la bicoca, ahora paso a detallarla, para el que se quiera apuntar.
Consiste en lo siguiente. Te apuntas a un partido, haces méritos y si suena la flauta y sales electo, por ejemplo, a concejal, que no es necesario ser presidente del Gobierno, te pones a dieta. Al sueldo que ya cobras por tu trabajo (ojo al dato éste del trabajo) le añades un complemento mensual rico, rico que bien puede alcanzar, sin exagerar ni un pelo, un 50% de lo que ya te pagan los afortunados ciudadanos a los que representas. Unos plenillos de diez minutos por aquí, unas reuniones de quince por allá, que no hay que matarse, y dieta al canto. Todo repartido semanalmente para no agobiarse, y a vivir que son dos días. Eso sí, cómo no, siempre en horario de trabajo (otra vez el dato), que no se trata de reventarse a hacer minutos, que no horas, extras.
Hay que tomarse esta dieta así, a coña, pues si te la tomas en serio y se te cruzan los cables, igual la lías y no es plan de terminar vegetando en la cárcel. Sin ir más lejos, hoy, por ayer, he pasado un rato la mar de divertido leyendo lo que cobran alcaldes y concejales por asistencia a reuniones del Área Metropolitana de Barcelona, un organismo fundado el pasado julio tras la fusión de tres entes sectoriales y en cuyo Gobierno funciona un cuatripartito —CiU, PSC, ERC e ICV—, con participación también de la oposición (PP). Un total de 800.779 euros anuales que sirven para retribuir la asistencia de 90 responsables políticos a las distintas sesiones. Ajuste y austeridad.
Y digo yo. Si estos buenos señores ya cobran por un trabajo (de nuevo el dato), ¿no forman parte de éste todas estas comisiones, sesiones, reuniones, plenos o como quieran bautizar lo que hagan? ¿Por qué hay que abonárselas a parte? ¿Es un atraco o yo me lo imagino?
Lo dicho. Yo también quiero seguir esta dieta. Nutre, engorda y da esplendor. Mandan. Huevos (sigo dudando si se puede decir huevos).
domingo, 20 de noviembre de 2011
Cobarde hasta el final.
El batacazo del PSOE se refleja en la aparición de Rubalcaba tras confirmar los datos que el suelo de Almunia estaba en un primer piso y que a él le han instalado en el sótano los españoles. Son casi 5 millones de votos menos los recogidos con respecto al 2008. Y ahí estaba solo, más solo que la una el candidato socialista, únicamente acompañado en un segundo plano por Elena Valenciano. Nadie más dando la cara para enfrentar la debacle. ¿Quién tendría que haber estado a su lado? Pues el que nunca ha aparecido cuándo y dónde tenía la obligación de aparecer.
José Luis Rodríguez Zapatero. No salió el interplanetario para asumir su responsabilidad. Ni para eso sirve el megalómano y soberbio ex presidente. Se puede pensar que la guerra no iba con él, ya que Rubalcaba se lo había sacudido de la ropa como la peste que es. Entonces, ¿para qué hablar? Se puede pensar que los problemas que ahora se generan dentro de su partido se dirimirán en otros foros, que no era momento como secretario general del PSOE de asumir su parte de este desplome histórico. Entonces, ¿para qué hablar? Se puede pensar que Zapatero esta noche se ha cobrado la venganza de lo que Rubalcaba ha hecho con él desde abril, marginación electoral incluida. Que se coma el marrón Alfredo ya que le dio la patada. Entonces, ¿para qué hablar? Hasta aquí puede tener un pase la actitud del okupa de la Moncloa.
Pero no asomar su cara y felicitar públicamente al nuevo presidente del Gobierno es la última muestra, por el momento, de su cobarde comportamiento, de esa forma de proceder tan torpe, lerda y absurda, que ha colaborado en gran medida en arrastrar al país a la situación actual. El peor presidente de la historia de España es, además y también, tal y como ha demostrado en la noche del 20 N, el más cobarde. Nadie le echará de menos, pues nadie necesita que un demente, pusilánime y egocéntrico político de cuatro reales lleve las riendas de su vida.
Se pira el señor Rodríguez no sin dejar bien colocados a los suyos, a los Blanco, Pajín y demás santa compaña. Gente que por sus méritos y preparación no habrían alcanzado jamás, en ninguna organización basada en el sentido común, el poder que han tenido y que aún tienen. Gente que con el tiempo ya se encargarán los de su partido de ponerles en la calle. El se va y nosotros nos hemos extirpado un tumor maligno, que nadie lo dude. Lo que lamento es tener que pagarle una pensión vitalicia a un sujeto que ha cubierto con miseria gran parte de lo que me rodea. Cada céntimo me lo arrancan del alma.
José Luis Rodríguez Zapatero. No salió el interplanetario para asumir su responsabilidad. Ni para eso sirve el megalómano y soberbio ex presidente. Se puede pensar que la guerra no iba con él, ya que Rubalcaba se lo había sacudido de la ropa como la peste que es. Entonces, ¿para qué hablar? Se puede pensar que los problemas que ahora se generan dentro de su partido se dirimirán en otros foros, que no era momento como secretario general del PSOE de asumir su parte de este desplome histórico. Entonces, ¿para qué hablar? Se puede pensar que Zapatero esta noche se ha cobrado la venganza de lo que Rubalcaba ha hecho con él desde abril, marginación electoral incluida. Que se coma el marrón Alfredo ya que le dio la patada. Entonces, ¿para qué hablar? Hasta aquí puede tener un pase la actitud del okupa de la Moncloa.
Pero no asomar su cara y felicitar públicamente al nuevo presidente del Gobierno es la última muestra, por el momento, de su cobarde comportamiento, de esa forma de proceder tan torpe, lerda y absurda, que ha colaborado en gran medida en arrastrar al país a la situación actual. El peor presidente de la historia de España es, además y también, tal y como ha demostrado en la noche del 20 N, el más cobarde. Nadie le echará de menos, pues nadie necesita que un demente, pusilánime y egocéntrico político de cuatro reales lleve las riendas de su vida.
Se pira el señor Rodríguez no sin dejar bien colocados a los suyos, a los Blanco, Pajín y demás santa compaña. Gente que por sus méritos y preparación no habrían alcanzado jamás, en ninguna organización basada en el sentido común, el poder que han tenido y que aún tienen. Gente que con el tiempo ya se encargarán los de su partido de ponerles en la calle. El se va y nosotros nos hemos extirpado un tumor maligno, que nadie lo dude. Lo que lamento es tener que pagarle una pensión vitalicia a un sujeto que ha cubierto con miseria gran parte de lo que me rodea. Cada céntimo me lo arrancan del alma.
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Resultados 20n.batacazo psoe
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