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viernes, 10 de agosto de 2012

Los amigos del BCE

El Banco Central Europeo. Voy a jugar a contenerme, pues si no lo hago estas líneas no verán la luz. El Banco Central Europeo. BCE. Banda Creada para y por Especuladores. Insisten los capos de esta familia mafiosa en la necesidad de aplicar más reformas estructurales y fiscales y para tal fin sugieren un paquete de medidas urgentes, encaminadas todas ellas a reducir los costes laborales y los márgenes de beneficio excesivos. Ahí es nada.




La primera, sabrosona. Reducir el salario mínimo. Aún más. Sueldos africanos con impuestos europeos para los bárbaros del sur. Qué los españoles se maten por la propina, qué España se convierta en un caribe miserable en el Mediterráneo, lleno de mano de obra barata, un país de sirvientes, meretrices y chaperos a la orden del rico del norte. En algún sitio tienen que desfogarse nuestros amigos de la Unión. Sangría, balconing y sexo fácil y barato para todos, qué no les falte de nada, qué no, qué no. Y dando las gracias.




La segunda. Relajar las leyes de protección laboral. Con la de traductores en nómina que tienen éstos, y todavía no deben de haberles pasado una copia en condiciones de la Reforma Laboral, ese fantástico paradigma de los derechos de los trabajadores que posibilita el despido por cualquier causa. Los políticos patrios la parieron y la niña les salió tonta, no se crea empleo ni de casualidad. Todo lo contrario, cada vez son más los que acaban en la puñetera calle, con una mano delante y la otra detrás.




La tercera. Permitir la negociación salarial a nivel de empresa. Me paso por el forro los acuerdos y los convenios, esto vas a cobrar y si no te apaña, coge la puerta que hay cola esperando. Una circunstancia que ya se produce, ahora vas y la multiplicas por cien. A las plantaciones, a recolectar algodón a cambio de un chamizo, pan y agua.




La cuarta. Abolir la interrelación entre salarios e inflación. Qué más da que suban los precios, tú recibirás lo mismo o menos. ¿Qué no tienes para comer todos los días? Alterna, los pares sí, los impares a chupar los escaparates de las pastelerías. Eres ganado y tu final es el matadero, piel para hacer zapatos y huesos para caldo.




La quinta. Privatizaciones. Dinero llama a dinero. Los pobres, por un lado, y los que manejan los billetes, en sus castillos controlando todos los aspectos de la vida y la muerte. Derechos sociales que se llaman. Educación y Sanidad.




La sexta. Reformar el sistema judicial y regulatorio para hacerlo más favorable a los negocios. Sin comentarios. Apesta. Más legislación que proteja al ladrón.




No sigo. Hay más, pero por no hacer este lamento muy largo, termino con las conclusiones de estos hijos de la gran Europa. Dicen que el paro aumenta porque los sueldos no bajan. Evidente. Y es que ganamos mucho y encima lo invertimos mal. ¿A quién se le ocurre comer, pagar la luz, las hipotecas, el agua, vestir a los hijos o, simplemente, respirar? No nos merecemos disfrutar de tanta bonanza, somos escoria, ¿no?




Eso piensan de nosotros los del Banco Central Europeo y los poderosos de la Unión Europea. Entonces, digo yo, ¿por qué continuamos en un sitio donde no nos quieren? ¿Por qué no nos vamos dando un portazo y arrastramos al resto hacia nuestra miseria? ¿Por qué seguimos mendigando? Vamos a morir, sí o sí. Elijamos pues cómo. Hagámoslo matando, diversión para todos, que la sangre que se derrame no sea sólo nuestra.




jueves, 17 de noviembre de 2011

Y no vuelvas.

A ver si alguien me lo puede decir, qué no hay manera de averiguarlo. Y eso que llevo tiempo demandándolo, casi suplicándolo. Necesito saber qué medicación toma nuestro líder interplanetario. En concreto, cuáles son esas pastillitas de colores que traga a docenas, o qué brote verde consume el hombre. Y digo que lo necesito porque, en este momento, las diez y media de la noche del jueves noche 17 de noviembre de este puñetero año, me vendría de vicio un pelotazo de ese mágico bálsamo de Fierabrás para ver la vida de un color distinto al negro, que con un gris marengo me conformo. Esa pócima en botella, los comprimidos o la hierba liada que le permite abrir de par en par esos ojitos de ciervo asesino que Dios le ha dado y obsequiar al respetable una monodosis desmedida de ese mixto de soberbia y torpeza que le acompañará, supongo, hasta el horno crematorio.
Mientras la prima nos funde a leches y nos tumba en el suelo, mientras Salgado estira el cuello y tranquiliza lo mismo que bañarse con un cocodrilo, mientras un buen cacho de España piensa que, aunque sea más triste robar que pedir, le va a tocar juntarse con el vecino, cascarse unos pantis en las respectivas cabezas y atracar por parejas una entidad bancaria con tal de meter comida en casa (cualquiera menos la CAM, que ahí peligran hasta los profesionales del hurto), el ilustre José Luis desenvaina su enmohecida espada, infla su pecho tuberculoso y, Santiago y cierra España, “ande” vais Consejo Europeo y Banco Central Europeo, que tropezáis con hidalgos españoles dispuestos a defender honra y patria ante los desmanes. Ay torito, mi torito bravo.
Orgullo nacional. Igual que el típico vacileta que presume de hombría y reta a distancia mientras corre acojonado huyendo del que es más valiente que él y ya le ha crujido las costillas. A buenas horas plantas cara, Rodríguez. Cuando ya, entre lo que has regalado y lo que nos han limpiado gracias a ti, queda lo justo en la caja para pagarte, gustosos, un billete sólo de ida que te lleve a un destino sin retorno.
Y es que, Rodríguez, y perdón por el tuteo, que yo aguanto tu puteo, antes, cuando podías y tenías para protegernos no lo hiciste. Y ahora, a minuto y medio de que te perdamos de vista hablas de la soberanía que tú nos has arrebatado, de que aquí mande Europa y no esos dos o tres gobiernos que nos están salvando el culo. Te muestras enérgico, firme el ademán y prietas las nalgas, que cualquiera te confundiría con Felipe II. Temblando están, Rodríguez. Temblando. Pero no de miedo, sino por la pérdida de sales al deshidratarse de tanto mearse de la risa.
Y es que es menino el colocón. España resiste y resistirá. Tu cara me suena. Maquillaje, peluca, y a arrancarse por Gloria Gaynor con un I will survive castizo y molón. Tienes delito, Rodríguez. Nos vas a dejar en ridículo hasta el último minuto. Me imagino a la astuta Merkel, máscara de hockey y humeante motosierra en mano, acercándose al coche que intentas arrancar y golpeando con suavidad el cristal a la vez que te pregunta, la muy puñetera, “¿dónde vas, criaturica, con ese trasto?” Me lo imagino y me echo a llorar de pena. No es “pa” menos.

lunes, 21 de febrero de 2011

Trichet el Grande

Adoro a este hombre. Papá Noel a su lado es un andrajoso patán. Debe de saber un montón pues sobre él recaen muchas decisiones, y sus opiniones generan norma. Trichet, Jean Claude, asegura que subir los salarios sería la última tontería que hay que hacer, y se basa en que los países como Alemania, que mejor los han controlado, son los que más éxito tienen en la reducción de paro. Según parece, los teutones crean empleo hasta en tiempos de crisis.

De la inflación, pues nada, que sí, que puede repuntar, pero que sería sólo un chichón, aunque no descarta un alza en el futuro. Y de lo suyo, de si sigue o no al frente del Banco Central Europeo, prefiere no hablar, está muy tranquilo el personaje.

Yo no sé por dónde coger al tal Jean Claude (si sé por dónde le agarraría, para que supiera lo que es pasarlas canutas). No sé si tiene o no razón en lo que afirma, no sé si lo más recomendable es continuar perdiendo poder adquisitivo, volvernos cada día que pasa más pobres, mientras unos pocos se enriquecen insultantemente. Es posible que la salida a la crisis pase por ahí, por rozar la miseria. Lo que sí que tengo por seguro es que él y los que le rodean, junto al resto de la casta política son los culpables de que yo, los que me rodean y el resto de la clase popular camine con una soga al cuello. Ellos nos han puesto la correa, nos han atado a la ruina y nos han conducido a la crisis. Y siguen ahí, mandando, aconsejando, legislando, provocando todas las penas que estamos sufriendo, y las que quedan por venir. Son malos profesionales, ineptos gestores a los que deberíamos tirar a la puñetera calle ya, con una mano delante y otra detrás, y después exigirles responsabilidades. Pero la cobardía y el temor a perder lo poco que tenemos nos tienen paralizados. Cuando los desechos de nuestra vida desaparezcan del todo, despertaremos. Seguro. Y el Sr. Trichet y su banda bien pueden desaparecer lejos, muy lejos.