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jueves, 21 de julio de 2011

La generación ni-ni-ni y la reforma de las pensiones.

Otro que nos toma por tontos. Otro miembro de la Generación ni-ni-ni (ni formación, ni aptitud, ni ganas) que se ríe en nuestras narices. El ministro de Trabajo e Inmigración, Valeriano Gómez, niega que la reforma de las pensiones suponga un recorte social a los trabajadores y argumenta que cuando esté plenamente implantada éstas serán mucho mayores que las de 2011. Qué alegría, qué alboroto, otro perrito piloto.
Vamos, que para el bueno de Valeriano la reforma es un chollo del carajo y no un retroceso de los derechos de los trabajadores, como dicen el resto de los grupos políticos. Nada, se elevan de 15 a 25 el número de años con los que se calcula la pensión y salvo que lleves 38 años y medio cotizados no te podrás jubilar antes de los 67. Es que me meo. Ni los funcionarios alcanzan la cifra, tal y como están dejando el patio los ni-ni-ni (repito, ni formación, ni aptitud, ni ganas). Así que, para poder cobrar algo mínimamente digno, con gotero y sonda hasta que reviente la carótida o un ictus te deje seco. Además, un detallito sin importancia, hombre; digo yo que para cotizar habrá que trabajar (menos si te dedicas a diputado y tal, que ahí no reza igual que para el resto).Y para trabajar alguien tendrá que crear empleo, ¿no? Pues bueno, pues eso.
Mira que al principio el hombre parecía otra cosa, pero no, qué va, es igual al resto, un mentiroso manipulador que ni sabe, ni puede y ni quiere decir una puñetera verdad. Lo dicho al principio. Un integrante más de la auténtica Generación ni-ni-ni que gobierna el Estado. Una banda de incapaces que ni está preparado para el cometido que desempeña, ni sirve para realizarlo y ni tan siquiera se plantea el esfuerzo (insisto, ni formación, ni aptitud, ni ganas).
Concluyendo, que entre gobierno y sindicatos amigos nos la han clavado hasta el corvejón. Y no conforme con ello, los ni-ni-ni se cachondean y continúan tomándonos el pelo. Es este el punto en el que, o bien te ciscas en su vida, o bien guardas las formas, agachas la cabeza y te conformas. Que cada uno elija. Yo opto por lo primero. Ciscarme. Me quedo más a gusto. Prueben y verán lo que relaja, prueben…

martes, 12 de abril de 2011

Lo que ellos piensan

Hoy he mantenido una conversación con un chaval de bachillerato, un buen tipo, sincero y claro. Miguelón me espetaba diciéndome que todos los de mi generación somos iguales, que vamos con la misma canción. Yo le he mirado y le he contestado lo que pensaba. Le he dicho que no valen una mierda, que no tienen sangre, que no les importa nada en la vida salvo lo que pueda divertirles, que con esa actitud carecen de futuro. Él se ha reído con ganas y me ha preguntado sobre quién es el culpable de eso, quién es el responsable de que su generación haya decidido dejarse dominar sin luchar. Hinchado de razones me inquiría sobre qué podían conseguir si se rebelaban, si optaban por decir basta. Me ha mirado y me ha preguntado qué lograría yo si me levantara contra los que adulteran la democracia, qué es lo que busco. Y me ha retado a que, si tanto criticamos y tanto nos enojamos, iniciemos nosotros el cambio que la sociedad necesita.

¿Qué le podía contestar? Le he reconocido que uno no se lanza a una revolución por cobardía, por el miedo a que lo que arrastra, a que los hijos sufran. Es entonces cuando le he dado la solución. Tienen que ser ellos, los hijos, los que nos arranquen del conformismo, los que reclamen el derecho a la igualdad de oportunidades, los que exijan el reparto justo de la riqueza, los que se opongan al manipulador, al corrupto y al embustero expulsándoles del control, los que acosen y derriben al especulador. En ese instante, cuando los acobardados veamos que ellos no temen sufrir, nosotros reaccionaremos y caminaremos a su lado.

Hasta ese momento seguiremos escondidos detrás de ellos, usándoles como escudo y excusa con la que justificar nuestra indignidad. Necesitamos que enciendan la mecha y quizás estallaremos. O quizás sólo seamos pólvora mojada, quizás ya nos hayamos rendido.

domingo, 9 de enero de 2011

La auténtica y genuina generación ni ni

Hace un año que escribí el artículo. Un año ha transcurrido, y todo sigue igual, ni nada ni nadie ha cambiado. Peor aún, arriba continúan ejecutando los mismos ni-nis su implacable labor de desolación, dirigiéndonos a todos por un camino sin retorno hacia el desastre y la ruina total. Sí, los que nos acaban de colocar los séptimos en la lista de estados más que sospechosos en cuanto a la solvencia, políticos que ni saben, ni quieren saber, que ni sirven y ni tienen preparación para el cometido por el que cobran lo que cobran, que ni valen para salvaguardar los intereses del país y ni ganas que tienen de ello. Así, dado que la vigencia de lo escrito es aún mayor, lo he vuelto a redactar sin variarle una coma. Una cosa sólo: insisto en el final, pues creo que si lo consiguiéramos todos juntos, si nos librásemos de este cáncer, lograríamos volver a respirar.
Estamos en manos de una auténtica y genuina generación Ni-ni. No me refiero a los jóvenes que no tienen ni oficio ni beneficio y exprimen la supervivencia de sus progenitores.
Tampoco hablo de los universitarios que, al acabar su formación, no encuentran ni un empleo digno ni una mísera oportunidad para demostrar sus cualidades, ni de los que no poseen ni perspectivas ni posibilidades de progreso en sus trabajos, por no hablar de los parados que no vislumbran ni presente ni futuro para ellos y los suyos.
De igual forma, no sería justo bautizar de esta forma a los pensionistas que no pueden ni opinar ni hacer nada para evitar el desastre que se les avecina, ni al españolito medio que ya no consigue ni llegar a fin de mes ni tiene medios para pelear por ello.
Los verdaderos Ni-ni que nos conducen a la pobreza son grupos corporativistas que no tienen ni escrúpulos ni vergüenza. Al frente de ellos se sitúa una casta política que ni sabe lo que es trabajar en pos del bien común ni ganas que tiene de saberlo. Criaturas malditas sin corazón ni conocimiento que ni pueden ni quieren mejorar la vida de los demás. Vampiros que sólo se protegen a sí mismos con sueldos y jubilaciones ultrajantes, mostrando un rostro en el que no aparece ni la cordura ni la decencia.
Junto a ellos, fundidos, encontramos a los asesores y demás parásitos millonarios que ni trabajan ni cumplen con los cometidos que justifican su innecesaria existencia. Si completamos la lista con los especuladores, algunos banqueros desalmados y ciertos explotadores de lo ajeno que ni humanidad ni solidaridad muestran en su comportamiento, tenemos completa la generación Ni-ni que no nos deja ni vivir ni pelear por nuestra supervivencia.
No deberíamos permitir ni que nos derrotaran ni que nos humillaran todos los días. Hay que quitárselos de encima.