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viernes, 25 de febrero de 2011

Nuevos tiempos, nuevos golpistas

No pretendo que a alguien le escueza lo escrito aquí. Las situaciones y las personas son muy distintas ahora a lo que eran en el año 1.981, pero muchos conceptos presentan una peligrosa afinidad y una similitud en el fondo y en algunas formas que invitan a pensar que quizás, haciendo un ejercicio imaginativo, nos hallemos hoy en día frente a unos nuevos golpistas que han usurpado nuestra soberanía y que controlan el desarrollo de nuestra vida.

Muy distintas son las maneras de las que se puede llevar a cabo un golpe de estado, no es necesario entrar pistola en mano en el Congreso y echar los tanques a la calle; el ejército español está demostrando presencia, profesionalidad, fidelidad y paciencia, mucha paciencia. Por este lado no van los tiros. Ellos no son los golpistas del presente ni del futuro, todo lo contrario. Son los garantes de nuestra pobre democracia.

Un golpe de estado puede ejecutarse tanto con rapidez y sorpresa, como también lenta y pausadamente, con un ladino avance continuo, devorando instituciones, impregnando la sociedad, creando necesidades y aborregando al pueblo. Hoy en día, y es una opinión, estamos sometidos a una dictadura que, lentamente y sin descanso, se ha apoderado de nuestro modo de vida, que nos conduce como títeres por donde su índice de beneficios marca, que nos maneja con capricho exprimiéndonos hasta obtener rentabilidad. Y cuando el flujo neto de caja que podemos aportar es negativo, cuando costamos más de lo que podemos producir, nos abandona y nos somete a la miseria.

Los cabecillas de este totalitarismo, de esta dictadura económica son un grupo salvaje, sin escrúpulos, gente que tiene un euro en el lugar del corazón y el mercado de deuda en la cabeza, que se perfuma con petróleo, que trafica con divisas, que tolera o promueve guerras según el nivel de ingresos, que consiente la sangre y la opresión y que maneja las voluntades y actitudes de todas las naciones.

Como solos no pueden, para ejecutar su dominio se sirven de lacayos de confianza, políticos de medio pelo que han asaltado los gobiernos, que han creado una casta impenetrable que participa rastreramente de la manipulación, prostituyéndose a cambio de seguridad y riqueza.

Si entendemos un golpe de estado como la usurpación de la soberanía mediante el uso de la fuerza, física o no, con la consiguiente pérdida de derechos; si entendemos un golpe de estado como el sometimiento de la ciudadanía a los designios de unos pocos, sin tener opción a intervenir y si entendemos un golpe de estado como el secuestro de las libertades, alguien con imaginación podría llegar a ver en nuestra situación actual rasgos, actuaciones, comportamientos, normas y directrices políticas, económicas y sociales similares, por no decir idénticas. En este momento de las cosas, tengo la seguridad, sé que no somos dueños de nuestro futuro, que aquéllos que nos controlan contra nuestra voluntad consideran que no valemos nada y que nada vale la pena hacer por muchos de nosotros, carne de hambre. Pero también estoy convencido de que algún día esto cambiará, de que lograremos recuperar la dignidad y la libertad. Y por ello debemos pelear.

lunes, 24 de enero de 2011

Sindicatos de verdad

Qué duda cabe sobre la opinión general que casi todos los españoles tenemos respecto de los sindicatos y en especial de sus representantes. El desprecio, ganado a pulso por la actuación desarrollada durante los últimos años, es el sentimiento más común. Viviendo a la sombra del poder político, aquéllos que cobran por defender al resto de los trabajadores han traicionado sistemáticamente principios y objetivos, pervirtiendo los motivos y la incuestionable necesidad de la existencia de las agrupaciones sindicales. Acomodo, pasividad, cuando no beneficio propio, han regido el comportamiento bastardo de muchos, que no todos, consiguiendo con este proceder que el ciudadano rechace de pleno cualquier cosa que provenga de los mal llamados defensores de los derechos de los trabajadores.
Un sindicato, como tal, no debe hacer política, debe interpretar las medidas y leyes que emanan del poder legislativo, valorando la oportunidad, la legalidad, la influencia en el trabajo, la justicia, los caracteres positivos y negativos de las normas, los abusos y la idoneidad de los reglamentos. Debe positivar los acuerdos y hacerlos lo más beneficiosos posibles, a corto, medio y largo plazo. Y para ello tiene que dialogar, negociar hasta el final, sin verse sometido a ideologías, intereses particulares o sobornos encubiertos. En los trabajadores reside su fuerza, y obrar a espaldas de ellos no es más que una perversa felonía. En el momento en el que un sindicato actúa en conveniencia con el poder político, del que obtiene beneficio, posición y riqueza, deja ya de tener en su ideario aquello por lo que nació, aquello por lo que debería pelear. Hoy en día, para desgracia de la sociedad española, los derroteros por los que se mueve la lucha sindical distan mucho de los fines que le son legítimos.
Creo que los sindicatos son básicos, su existencia imprescindible. Pero no los actuales, no éstos, o al menos no cómo funcionan, ni cómo se estructuran ni cómo dicen ejercer la representación de todos y cada uno de los trabajadores. No, así no. La regeneración democrática debe empezar en la base si deseamos que algún día alcance a los rectores políticos. Desde abajo lograremos, quizás, cambiar el sistema, humanizarlo, hacerlo, en definitiva, más justo. Demagogia de salón, o a lo mejor no.

domingo, 16 de enero de 2011

Aires de revolución, tiempos revueltos

¿Estamos tan cerca como parece del límite en el que el ser humano abandona la razón y se entrega a los sentimientos? ¿Puede que los representantes del sistema de jerarquías, de respetos debidos, hayan abusado tanto de la manipulación, de la mentira y del nepotismo que el rencor y el odio generado empieza a volverse contra ellos buscando la venganza, el ojo por ojo y diente por diente? ¿Ha llegado la era en la que la temible violencia soberana dominará las estructuras sociales y políticas y juzgará a los que considera culpables del sufrimiento propio, del desamparo, de la miseria, del hambre?
El norte de África y los países árabes buscan su libertad. Pueblos bajo el yugo de falsas democracias, de totalitarismos escondidos tras repúblicas de papel y monarquías autoritarias, comienzan a alzar su voz contra la opresión. Primero fueron los saharauis, piedras del desierto contra las pistolas al servicio de Mohamed VI, los que osaron reclamar sus derechos, olvidados ahora en pos de un acuerdo de pesca. Después los tunecinos, que no están dispuestos a deprimirse hasta la muerte, mientras la cobarde casta política continúa enriqueciéndose. Detrás, quizás, los argelinos, deseosos de conseguir la democracia y la libertad necesarias para poder luchar por su supervivencia. Y tras éstos, quién sabe si se producirá el anhelado efecto dominó, o la fuerza de los fusiles apagará cualquier intento por alcanzar la dignidad, ahogando en sangre las revoluciones que se presienten próximas.
Ocurra lo que ocurra, lo que es cierto es que la política como la entendemos hasta ahora, y en las manos de los políticos que la manejan en la actualidad, está provocando la destrucción del sistema. El gobernado ya no ve en el gobernante el instrumento que le debe conducir hacia el bienestar. Es su enemigo, el obstáculo que hay que superar para lograr el pan y el trabajo, el rival a abatir y a aniquilar si se quiere sobrevivir. El vaso de la paciencia derrama rabia, empapando de furia los corazones de hombres y mujeres antaño dóciles y asustados, pero hogaño valientes, decididos a conseguir recuperar libertades y derechos arrebatados por políticos corruptos de cuerpo y alma. Una revolución en el pensamiento que ha comenzado en el Magreb, se contagiará socialmente en todo el mundo árabe y, que nadie lo dude, llegará a Europa. Los pueblos contra aquéllos que controlan e imponen el sistema, contra los que crean la necesidad para beneficiarse de ella. Para bien o para mal, vienen tiempos revueltos.

viernes, 14 de enero de 2011

El juego político de las sillas

Siempre había pensado que las listas de candidatos de los partidos políticos para las elecciones se confeccionaban siguiendo un criterio parecido a una fiesta infantil de cumpleaños de las de antaño, de aquéllas que se celebraban en casa, con merienda, tarta de galletas y juegos como la gallina ciega, las tinieblas (ojo con éste, que era para más mayorcitos, que había mucha mano suelta por ahí) y el corro de las sillas. El tema se organizaba fácil. El cumpleañero montaba el sarao, era la estrella y, como mesías del grupo, todo giraba a su antojo y se erigía triunfador en todos los juegos. En el asunto electoral, el funcionamiento también era idéntico. El jefe controlaba, imponía el orden y todos a tragar, que para eso era su casa y su fiesta.
Pero, por partes. Primero, ya que los invitados empalmaban colegio con sarao, a merendar, a zamparse lo que se ponía encima de la mesa. Y a fe mía que era bastante más sustancioso que lo que se paga ahora a precio de angula en un parque de bolas. La competencia entre las madres de los homenajeados resultaba más que interesante para el sector glotón del grupo. Igualito que en las reuniones previas de los partidos, esas en las que se posicionan los que no quieren quedarse fuera del negocio. Yo me lo monto de muerte, ínflate bien que es sólo un aperitivo de lo que te espera si continúas conmigo.
Una vez devorado el ágape y marraneado a gusto, los presentes comenzaban a jugar con lo que la imaginación producía. Gallinita ciega, uno con los ojos tapados y el resto a partirse el pecho mientras un inconsciente se dejaba los piños contra una pared. En las agrupaciones políticas, también había uno que servía de payaso con el que y del que reírse. Después del cachondeo y limpia la sangre, las tinieblas, ideales para establecer nuevas, oscuras y pícaras relaciones basadas en un falso anonimato. Clavadito a los acuerdos y promesas de los candidatos.
Y el mejor juego de todos. El dueño ponía la música, colocaba unas sillas en corro y la peña se mataba por sentarse en una, por no quedarse fuera, ya que siempre había menos asientos que participantes. Era lo más manipulado que ha existido en esto de pelearse por ganar en un entretenimiento. Por mucho que se metiera el culo, se empujase y se le hinchara la cara al de detrás de un codazo, el que quedaba eliminado, con sus humilladas posaderas en el suelo, era el que deseaba el del tocadiscos. Uno a uno iban cayendo hasta que sobrevivían de la batalla los que previamente había sido seleccionados por el capitán. Y cuando se colaba algún osado rápido y listo, en la siguiente ronda el leñazo que se metía era de botiquín. Clara es la similitud con la elaboración de las listas. Participar, participaban muchos. Pero el resultado final ya estaba escrito en las estrellas. Vamos, un timo de lo más democrático.
Ahora la cosa es distinta. Los tiempos cambian, y las celebraciones también. Según sea el partido político a considerar, te encuentras varias diferencias; en el PSOE, el dueño de la casa ya no pinta un pimiento y su mejor amigo es el que dirige el cotarro, pasando hasta la carne del coxis de él. O eso, o le montan una fiesta paralela con más chucherías, que los colegas ya están hartos de tonterías. Y para postre, el anfitrión caprichoso y cansino que ya no agrada ni a sus padres es el que ahora hace de gallina y se abre la cabeza entre el descojone popular, el que no se come ya una rosca ni con la luz apagada y también el que tiene más números de quedarse sin silla. Y si se agencia alguna, que cada vez hay menos, lo más probable es que ésta lleve un clavo del doce dedicado. Sin embargo, en el PP todavía se reúnen todos en torno al mismo (salvo honrosas excepciones) y el homenaje es solidario. Lo que ocurre es que en este caso, no hay posibilidad de jugar a las sillas. Son de director, con el nombre a la espalda. Y eso puede ser muy bueno y muy malo a la vez. El tiempo lo dirá. De IU y UPyD, ni hablo. Los primeros para muchas fiestas no están; son siempre los mismos, y se aburren un montón. Y a la buena de Rosa, que va recogiendo a los que no acuden a ninguna juerga, bien porque no les apetece o bien porque no les convidan, parece que le falta marcha. Y de los nacionalistas, lo acostumbrado, a su puñetero rollo, que les va muy bien así. Todo sin olvidarnos de unos impresentables que se quieren colar en el guateque y que reclaman invitación. A éstos, vergüenza, dignidad y respeto obligan a no darles ni agua.
El caso es que, por mucha fiesta que líen, al paso que van y con el ritmo que llevan unos y otros, se quedan todos sin tarta, pues ni galletas ni chocolate hay ya para repartir.

jueves, 13 de enero de 2011

El empujoncito político

Según el PSOE, el compromiso asumido por Xoán Cornide, gerente del partido, con Pablo Prada, presidente de la constructora Extraco SA, no es más que un regate que hizo el político con el objetivo de quitarse de encima al constructor. La historia, publicada por El Mundo es como sigue. En un correo electrónico, el señor Prada solicitó al señor Cornide un empujón para la concesión de un contrato en Asturias a la vez que presión política por otra obra en Cáceres. Una hora después, la respuesta de este último fue, literalmente, ésta: “Estaré atento a ambas cosas. La de Asturias la empujaré con ayuda asturiana que suena mejor al parecer”.

El PSOE califica como una mera imprudencia estas palabras, jamás como una ilegalidad; son para el partido “expresiones coloquiales entre dos personas que se conocen” que sólo demuestran que el gerente intentó “despejar” la petición de ayuda de forma “cortés y educada”. Y se apoya para esto en que Extraco no consiguió ninguno de los dos contratos. Quiere decirse que si la constructora hubiera accedido a alguna de las obras, ya tendríamos el pollo montado, porque nadie hubiera dudado de la manipulación.

Esto es una coña marinera más, una broma de mal gusto que define a la perfección el funcionamiento de la clase política gobernante. El tráfico salvaje de influencias y favores, el amiguismo entre el que tiene el acceso al poder y el que desea obtener beneficios de forma irregular es una de las causas más importantes del desastre económico. Y el problema no radica en que el político influya o no en contrataciones. La cuestión es que la oportunidad por parte de éste de hacerlo es más que real. Si existe el que, valiéndose de su amistad o de un simple conocimiento, puede solicitar estas “ayudas” del que, por su posición, tiene capacidad de decidir es porque también tenemos al sinvergüenza de turno capaz y dispuesto a ser solícito a cambio de quién sabe qué. Porque no hay que engañarse, este tipo de corrupción en la política se presenta siempre con dos caras; no está sólo el diablo tentando a Eva, también ésta se deja querer, se lo pone fácil.

Con esto no pretendo juzgar al gerente del PSOE. No soy nadie para hacerlo y, además, el hombre lo único que a lo mejor ha cometido son dos torpezas que provienen de la soberbia y la estupidez. Una, el haber dado pie a que se produjese la solicitud y la otra el haber respondido a la misma con cortesía, en vez de con un váyase usted a hacer puñetas, que no está la cosa para estos temas. Ahora bien, tal y como está montado el sistema, intervenir y presionar para que los colegas se forren parece que va inherente al cargo. No es de extrañar que los españoles consideremos a los políticos como uno de los tres mayores problemas con los que tiene que lidiar nuestra sociedad.

martes, 11 de enero de 2011

¡Temblad malditos, que el final se acerca!

No hay que negarle al hombre el arte que aún le queda para enfrentarse a un micrófono y narrar su particular visión de la realidad. Se planta, hincha su ego y comienza su espectacular oratoria. En su penúltimo oráculo Zapatero establece como seguro el cumplimiento del objetivo de déficit del 9,3% marcado para el 2010, del mismo modo que su reducción hasta el 2011 la califica en un alarde de optimismo como incuestionable. Son palabras del profeta mayor del reino de las nuevas dos Españas (la que fuma y la que no), augurios mágicos que, por nuestro bien, esperemos no pasen a engrosar la colosal lista de predicciones erróneas y mentiras burdas con los que el excelso nigromante acostumbra a inundar nuestras vidas. Y en su línea, luciendo el rostro de las buenas ocasiones, avisa Merlín que el Gobierno que él encabeza con sabiduría corregirá cualquier desviación que se produzca en la consolidación fiscal en cuanto sea mínimamente detectada. Para echarse a temblar. Debe ser que el hecho de que la prima de riesgo española, que se mide con el diferencial del bono a diez años y el alemán del mismo plazo, permanezca estable en 270 puntos básicos es la señal de que vamos por el camino correcto, por el de las baldosas amarillas.

Es nuestro presidente hasta que desde los socios del exterior le tiren a la calle ya que desde dentro no podemos (gracias, PNV), y como tal deberíamos confiar en él. Pero experiencias pasadas aconsejan cubrirse bien dado el nivel de acierto y la fiabilidad mostrada. Uno, pesimista quizás, realista seguro, piensa que ahora sí que se va a desplomar el cielo sobre nuestras cabezas, nos va a tragar la tierra y sólo la cuerda del rescate europeo nos sacará de la fosa. Después del fado (dos semanitas les quedan a los vecinos) vendrán las sevillanas. Entonces, el delfín Rubalcaba asumirá el control todavía más si cabe, será la alternativa al cadáver político. Eso sí, siempre y cuando el ex Felipe González no decidiese su vuelta al ruedo, ya que se piensa mejor valorado que todos los demás y “la memoria caprichosa” de los españoles olvidaría las “barbaridades” cometidas (esto es tal y como lo cuento, así se lo ha dicho y tan ancho se ha quedado).

Cada día, cada hora, cada minuto, cada segundo que pasa confirma que el juego de estos políticos consiste exclusivamente en garantizarse el sueldo, actuando con la patente de corso que otorga el poder a sabiendas que nada les puede ocurrir. Intocables malhechores parecen, a la altura de la mafia y la FIFA (esto tampoco es mío, es de Antonio Asunción, exministro defenestrado del PSOE por no comulgar con las democráticas directrices internas del partido). El asunto es que, tal y como se dice por mi tierra, Zapatero está listo de papeles, mal enterrado, pero lo que viene detrás, entre nosotros, acongoja. Vamos, que es acojonante pero de malo.

domingo, 9 de enero de 2011

La auténtica y genuina generación ni ni

Hace un año que escribí el artículo. Un año ha transcurrido, y todo sigue igual, ni nada ni nadie ha cambiado. Peor aún, arriba continúan ejecutando los mismos ni-nis su implacable labor de desolación, dirigiéndonos a todos por un camino sin retorno hacia el desastre y la ruina total. Sí, los que nos acaban de colocar los séptimos en la lista de estados más que sospechosos en cuanto a la solvencia, políticos que ni saben, ni quieren saber, que ni sirven y ni tienen preparación para el cometido por el que cobran lo que cobran, que ni valen para salvaguardar los intereses del país y ni ganas que tienen de ello. Así, dado que la vigencia de lo escrito es aún mayor, lo he vuelto a redactar sin variarle una coma. Una cosa sólo: insisto en el final, pues creo que si lo consiguiéramos todos juntos, si nos librásemos de este cáncer, lograríamos volver a respirar.
Estamos en manos de una auténtica y genuina generación Ni-ni. No me refiero a los jóvenes que no tienen ni oficio ni beneficio y exprimen la supervivencia de sus progenitores.
Tampoco hablo de los universitarios que, al acabar su formación, no encuentran ni un empleo digno ni una mísera oportunidad para demostrar sus cualidades, ni de los que no poseen ni perspectivas ni posibilidades de progreso en sus trabajos, por no hablar de los parados que no vislumbran ni presente ni futuro para ellos y los suyos.
De igual forma, no sería justo bautizar de esta forma a los pensionistas que no pueden ni opinar ni hacer nada para evitar el desastre que se les avecina, ni al españolito medio que ya no consigue ni llegar a fin de mes ni tiene medios para pelear por ello.
Los verdaderos Ni-ni que nos conducen a la pobreza son grupos corporativistas que no tienen ni escrúpulos ni vergüenza. Al frente de ellos se sitúa una casta política que ni sabe lo que es trabajar en pos del bien común ni ganas que tiene de saberlo. Criaturas malditas sin corazón ni conocimiento que ni pueden ni quieren mejorar la vida de los demás. Vampiros que sólo se protegen a sí mismos con sueldos y jubilaciones ultrajantes, mostrando un rostro en el que no aparece ni la cordura ni la decencia.
Junto a ellos, fundidos, encontramos a los asesores y demás parásitos millonarios que ni trabajan ni cumplen con los cometidos que justifican su innecesaria existencia. Si completamos la lista con los especuladores, algunos banqueros desalmados y ciertos explotadores de lo ajeno que ni humanidad ni solidaridad muestran en su comportamiento, tenemos completa la generación Ni-ni que no nos deja ni vivir ni pelear por nuestra supervivencia.
No deberíamos permitir ni que nos derrotaran ni que nos humillaran todos los días. Hay que quitárselos de encima.

viernes, 7 de enero de 2011

Vamos de rebajas

A mí esto de las rebajas como que no me gusta. No niego que algún chollo se encuentra la gente por ahí, y que ciertamente ropa y complementos están bastante más asequibles para la adquisición por parte del respetable. Lo que pasa es que a mí me pilla siempre sin un euro, pelado como el trasero de un mono, y para comprar hacen falta cuartos. En fiestas me gasto lo que no tengo y algo más, y cuando llegan estas fechas con sobrevivir hasta el día veinte casi que me doy con un canto en los dientes. Además, no entiendo de dónde sale la pasta, con la que está cayendo. Será que aún se ahorra, cosa que yo no puedo hacer ya que para guardar tiene que sobrar, y eso en mí como que va a ser que no.
El caso es que, aun no gustándome, me las tengo que tragar todos los años y en sus dos significados: en el directo, puro y duro, y en el opuesto, más pétreo si cabe. Y el corriente, el 2011 recién estrenado, trae descuentos asombrosos a la vez que crueles subidas. Me voy a explicar. Me han rebajado mi poder adquisitivo, mi capacidad de reacción, mi confianza en el sistema (poca o muy poca), mi fe en los rectores públicos (ésta ya es nula, no existe, kaput), mis posibilidades de progreso, mi cuadro de libertades, mi margen de supervivencia y parte de mis derechos. Mientras, por el otro lado, me han subido, y es sólo el comienzo de lo que va a venir, luz, gas, carburantes y demás cosas sin importancia. Pienso con malicia, y casi seguro que acierto, que no es casualidad que se despiste al personal con las rebajas en un mes tan alcista como enero. Estás sin blanca, pero mira que barato te lo pongo para que te olvides de los clavos que te estoy metiendo. Compra, no seas tonto, que mientras gastas no piensas en lo imposible que te estoy poniendo la vida.
Visto lo visto, y como los reyes no me han traído liquidez, y yo para rebajas no tengo el bolsillo, voy a hacer como el paisano y voy a llamar a Zarzuela para que me pasen con otro rey que no es ni Melchor, ni Gaspar ni Baltasar, a ver si me abre una línea de crédito con la que meterle mano a un LCD de metro y medio de eslora o un sillón de relax, que ni falta que me hacen, pero que quedarían de muerte en mi salón. Y si el hombre no puede, que son muchos en casa y el presupuesto no da para más, pues nada, con el vale de descuento del Carrefour me agencio una docena de calzoncillos, que seguro que me van a venir muy bien en el presente año. Por cierto, ésta sí que es una compra útil y altamente recomendable, porque no duden en ningún momento que cagarnos encima, lo vamos a hacer todos, sin distinción, con lo que nos están cocinando. Que la fiesta sólo ha hecho más que comenzar.

jueves, 6 de enero de 2011

La quimera del oro

El otro día me reí a gusto con la genial película de Chaplin “La quimera del oro”, especialmente con las secuencias en las que el hombrecillo y Big Jim se comen una bota después de hervirla convenientemente. Ver a Charlot saboreando el cordón y repelando los clavos de la suela, mientras el compañero de fatigas se come a bocados la puntera de la misma, es a mi modesto entender una de las escenas maestras en esto del cine. Los ojos hundidos en ojeras de hambre, la expresión de satisfacción de uno y de resignación del otro ante el banquete, y los gestos soberbios del grandísimo actor del bombín y el bastón, reflejan con una maravillosa perfección la actitud del ser humano ante una situación límite. Imaginación y conformidad.
Lo que ocurre es que tras las risas y el placer de la representación de Chaplin, me quedé un rato pensando, sólo un rato, y la imagen hilarante y cachonda se tornó en triste, en cruel y triste realidad. Sensible como estoy ante la miseria que nos ataca y contra la que ya no me quedan más armas que la voluntad y las palabras, me imaginé a mí mismo en el lugar de Charles Chaplin y a ti que estás leyendo esto sentado al otro lado de la mesa, desesperado por echarte algo a la boca para comer, lo que sea, incluso una bota cocida. Los dos compartiendo piel, goma y clavos, elevándolos a la categoría de manjares. Y conformándonos con ello, dando por bueno el acceso a la comida y por exquisito el plato.
Quién sabe hasta qué punto la situación que te comento puede llegar a producirse, si no es que ya está ocurriendo. Porque, con una gran congoja, te cuento. A día de hoy nos estamos comiendo, tú y yo, lo que nos queda por pulir, y recurrimos en ciertos momentos a lo que sea con tal de sobrevivir. Y si disponemos de una bota para zamparnos, aún damos gracias por ello y nos hurgamos entre los dientes con los clavos. ¿Y sabes por qué? Porque nos han convencido de que no hay otra, de que tenemos que criar ojeras y agradecer lo que nos otorguen en su desgraciada generosidad los miserables que han transformado nuestra casa en una ruinosa cabaña que se cae a pedazos. Ahí, sentados los dos y saboreando con ansia la basura que nos han colocado, mientras esperamos el oro prometido. Quizás tú y yo deberíamos salir de caza y probar a ver si así cambiaba nuestra suerte. No sé como lo verás, pero cuando se nos acaben las botas nos tendremos que comer los unos a los otros. Demasiado metafórico, ¿verdad? Tú, que estás conmigo en el lío, ¿qué piensas? ¿Quieres continuar alimentándote de suelas mientras otros se ceban? Algo tendremos que acabar haciendo tú y yo, juntos.

domingo, 2 de enero de 2011

Senado, caro y peligrosamente inútil

Digo yo que tampoco sería muy difícil que se entendieran entre ellos, sin necesidad de traductores. Pero parece que no. En la política de baratillo que se hace en el país, conviene más proteger el idioma en el mensaje que el contenido del mismo. Lo mismo da que lo que se diga sea no sirva para nada, que sea más basura de la acostumbrada o no conduzca a ningún sitio. Lo importante es que el vehículo sea el propio, que el lenguaje se imponga al contenido. Cueste lo que cueste, que traduzcan lo que yo diga, pues es mi derecho. Y tiene razón el incomprendido; en su derecho está el expresarse en su lengua y en su derecho está el que se pongan los medios para ser escuchado, no sólo oído. Y ese derecho nos va a costar a los españoles 12.000 euros por sesión. Es igual, como sobra, a gastar, que no pasa nada. Teniendo en cuenta que los miembros del senado únicamente conocen su idioma, ya que provienen de selvas inexploradas o han estado de misiones los últimos veinte años, totalmente aislados del mundo, y que pedirles a los mismos que se esfuercen un poco en entenderse, que con ganas y agudizando los sentidos no iba a ser tan complicado, buscar lógica es dar de comer margaritas a los cerdos, por lo que no nos queda otra que sacrificarnos nosotros para que ellos y sus 400 auriculares hinchen su soberbia y dejen reposar su impresentable y caprichosa actitud sobre escaños que no merecen.
Que no discuto el derecho a la libertad de expresión y a la comunicación en el idioma que cada uno considere. Eso es un derecho, y como tal no se puede ni plantear su legitimidad. Lo que digo es que el horno no está para estas chorradas, que hay cosas más importantes que hacer, y que, hasta que pase el temporal, se pueden realizar todas en castellano, que no salen sarpullidos por hablarlo, que lo de que se trata de es comprenderse los unos a los otros, aunque haya que esforzarse un poco, que no les va a costar tanto pensar, de verdad. Miren ustedes, señoras y señores senadores. Si ahora mismo en este país hay algún organismo prescindible, por lo caro e inútil del mismo, no es otro que el Senado. Y con comportamientos como éste, lo único que consiguen ustedes es que cada vez esté más claro que para lo que hacen, mejor en sus respectivas casas, que saldrían más baratos. En lugar de buscar traductores para sus propuestas y soluciones, deberían dedicar su energía a localizar las mismas, porque llevan una temporada en la que cobran lo que cobran por cero o nada. Y lo que no es efectivo y productivo, sobra. Ergo, ya me dirán qué hacemos. Claro, que esto es sólo una opinión.