Ay, ay, ay, que me da a mí que el Mesías Rubalcaba se está haciendo un lío guapo con esto de cargarse las Diputaciones. Ahora, en vez de la estructura actual, el candidato socialista propone que consejos de alcaldes las sustituyan. Eso sí, configurados sin una estructura política (no entiendo esto, ¿no son políticos los alcaldes?), y sin duplicidades (esto tampoco, ¿dejarán de ser alcaldes?), suprimiendo los diputados existentes, y pasando las competencias a las Comunidades Autónomas. Vamos, que propone dar más faena a unas administraciones que se están pensando, y mucho, en devolver parte de la que tienen al Gran Hermano, al Estado.
"Buscamos simplicidad, evitar duplicidades y ahorro en gasto público", ha explicado don Alfredo, para proseguir con que todas las competencias que ahora tienen las diputaciones, tienen que volver a las Comunidades Autónomas, porque ya ejercen esas mismas competencias (aquí muestra un muy peligroso desconocimiento sobre el asunto). Es que no hay por dónde coger este engendro.
En confianza, señor Rubalcaba. Si es muy fácil, hombre, si ya le ha dicho Gallardón horas antes, que hay que dejar la institución tal y como está a nivel funcional y administrativo, que lo que sobran son los políticos y sus colegas. Pero no, erre que erre, una vez en faena, mejor pasar de suprimir las diputaciones a inventarse un que sí, pero que no, que no lo tengo claro pero que, como ya me he metido en el barco, a ver cómo salgo sin cagarla mucho, joder que follón, que no sé por dónde escaparme, que queda muy bien eso de decir que elimino cargos públicos pero dejo en la calle y sin empleo a unos miles de empleados, pero no pasa nada, de todas formas tampoco me iban a votar, así que, mientras a mí no se me termine el chollo, pues eso, un consejo de alcaldes, que suena nuevo y distinto, aunque es lo mismo que ahora, pero con otro nombre, que no se den cuenta, a ver si cuela, que no me puedo volver hacia atrás, que si reculo pues mira, otro ridículo más, Pepinho dónde estás, no te escondas, que no veas la que hemos liado, que Griñán dice que para ti y para tu tía, y Chaves aún anda descojonándose, que lo de la duplicidad no basta, que como le demos más competencias a las CC AA, son capaces de disolverse, madre mía, Pepinho, que lío, invéntate otra cosa, que ésta no se la cree nadie, que hasta los de CIU se están partiendo el pecho…
En resumen, una nueva muestra de capacidad e iniciativa. Esto ya cansa, y mucho. No es una sospecha, no, estoy seguro de que en el PSOE hay más de uno que piensa que somos todos gilipollas. Más de uno y más de dos.
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lunes, 22 de agosto de 2011
Menos mal que alguno piensa antes de hablar.
No es lo mismo, no. Mientras Rubalcaba y su equipo de pregoneros vocea la eliminación de las diputaciones, ahora que el PSOE sólo controla una quinta parte de ellas (que todo hay que decirlo), Alberto Ruiz-Gallardón se declara partidario de reformarlas para que sean sólo estructuras administrativas de gestión sin componentes políticos y bajo la supervisión de los ayuntamientos. En una entrevista en Onda Cero, el alcalde de Madrid ha manifestado que no se trata de suprimir las instituciones provinciales, pero sí su componente político, conformándolas como estructuras administrativas de gestión que no generen una duplicidad de cargos públicos. Pensando en voz alta, ha explicado que la desaparición de las diputaciones no perjudicaría a las grandes ciudades pero sí a los pequeños municipios de España, que no tienen capacidad para gestionar muchos de los servicios públicos municipales.
Insisto, no es lo mismo. Una cosa es promover su destrucción y otra bien distinta abogar porque las diputaciones desarrollen sin mangoneos las funciones administrativas y de gestión que justifican sobradamente su existencia. Son 15 millones de personas, que no es coña, las que dependen y mucho de las mismas.
¿Qué son caras? Y tanto. Los políticos y todo lo que llevan adherido a la chepa son los que hacen que las diputaciones conlleven un coste tan elevado. Entonces, la solución es fácil. Borras de su presupuesto los euros que levantan los cargos públicos y sus asesores (el lastre inútil, ignominioso y ultrajante impuesto por la casta política), y dejas que los funcionarios trabajen con libertad y sin presiones en aquello para lo que están cualificados. Convendría tener presente que mientras unos salen de las urnas e invaden el poder durante cuatro años, salvo patada en el trasero y/o rendición, los empleados públicos han tenido que estudiar y ganar una oposición, cosa que cualquiera podrá entender que labor sencilla no es. Muchos son los que, título universitario bajo el brazo, no superan ni el primer examen. Esto es así.
Por tanto, y dentro de la dinámica política de cargarse las diputaciones, una voz coherente ha hablado con mucha claridad. No sobra la institución, sobra el inquilino que la usurpa. Lo que le ha faltado decir al señor Gallardón (¿un olvido lo tiene cualquiera?) es que lo mismo es aplicable y debe ser aplicado al Senado, algunos ministerios de muy dudosa utilidad, a las Comunidades Autónomas (ríanse del Big Bang) y la inmensa mayoría, sino todos, los ayuntamientos.
Así que, si me lo permiten, y si no también, qué no es necesaria el beneplácito para expresarse con libertad, una pregunta a los señores Rubalcaba, Blanco, Jaúregui y la Santa Compaña socialista; ¿por qué no piensan un poco antes de lanzarse en picado? Será que de donde no hay, no se puede sacar. Será.
Insisto, no es lo mismo. Una cosa es promover su destrucción y otra bien distinta abogar porque las diputaciones desarrollen sin mangoneos las funciones administrativas y de gestión que justifican sobradamente su existencia. Son 15 millones de personas, que no es coña, las que dependen y mucho de las mismas.
¿Qué son caras? Y tanto. Los políticos y todo lo que llevan adherido a la chepa son los que hacen que las diputaciones conlleven un coste tan elevado. Entonces, la solución es fácil. Borras de su presupuesto los euros que levantan los cargos públicos y sus asesores (el lastre inútil, ignominioso y ultrajante impuesto por la casta política), y dejas que los funcionarios trabajen con libertad y sin presiones en aquello para lo que están cualificados. Convendría tener presente que mientras unos salen de las urnas e invaden el poder durante cuatro años, salvo patada en el trasero y/o rendición, los empleados públicos han tenido que estudiar y ganar una oposición, cosa que cualquiera podrá entender que labor sencilla no es. Muchos son los que, título universitario bajo el brazo, no superan ni el primer examen. Esto es así.
Por tanto, y dentro de la dinámica política de cargarse las diputaciones, una voz coherente ha hablado con mucha claridad. No sobra la institución, sobra el inquilino que la usurpa. Lo que le ha faltado decir al señor Gallardón (¿un olvido lo tiene cualquiera?) es que lo mismo es aplicable y debe ser aplicado al Senado, algunos ministerios de muy dudosa utilidad, a las Comunidades Autónomas (ríanse del Big Bang) y la inmensa mayoría, sino todos, los ayuntamientos.
Así que, si me lo permiten, y si no también, qué no es necesaria el beneplácito para expresarse con libertad, una pregunta a los señores Rubalcaba, Blanco, Jaúregui y la Santa Compaña socialista; ¿por qué no piensan un poco antes de lanzarse en picado? Será que de donde no hay, no se puede sacar. Será.
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