Como presidente vuestro que soy, os debo una explicación. Y esa explicación que os debo, os la voy a dar. Porque como presidente vuestro que soy, os debo una explicación. Y esa explicación os la voy a dar... Y así media hora, una o lo que haga falta. Siempre asesorado por Rubalcaba, que es como Manolo Morán con cien kilos menos. José Luis Rodríguez Zapatero, ejerciendo de Pepe Isbert (grande, grande y mil veces grande, el actorazo) congregaría a la masa a su balcón y con su habitual facilidad de palabra expondría los motivos por los cuales permitiría a los americanos del norte que montasen en Rota un pentágono, un hexágono o un dodecágono, lo que les apeteciera, faltaría más. Que para eso aquél que un buen día sufrió una repentina lumbalgia que le impidió levantarse al paso de la bandera de los USA, es ahora amigo, camarada, hermano, más que hermano de Barack Obama. Hay que agradar al presidente yanqui, pelotear rastreramente si se tercia, estrechar relaciones: cosa fácil dadas las afinidades de todo tipo existentes entre ambos dirigentes, tal y como expuso sabiamente en su día Leire Pajín. "Todas las puertas están abiertas para usted", “...el embajador de EE UU en España y el representante personal del presidente Obama no es otro embajador más sino alguien especial", no son más que declaraciones de amor fraternal, de inquebrantable amistad interplanetaria.
Los objetivos son loables; desde la súper base se lucharía contra el terrorismo, la piratería y el crimen organizado, y, ya de paso, se colaboraría con los ejércitos africanos. Con los de los países amigos, claro. Bueno es saber que cada año, los aviones militares estadounidenses efectúan 4.000 vuelos en España y que hasta 250 navíos atracan en los muelles de Rota. Así que, a pesar de irnos de Irak, y continuando encastrados en Afganistán (sigo sin saber qué pintamos allí, semper fidelis a los EE UU en su lucha contra lo que sea), les pondríamos casa, cama y cuartel, como buenos aliados.
Los Estados Unidos son los socios más naturales y lógicos con los que debe contar España. Eso es más que evidente. Lo que me choca, sin sorprenderme, es lo rápido que algunos cambian de opinión en este país. Dicen los papeles del Wikileaks que nuestro presidente se muestra entusiasmado, como el colega de Vicky el vikingo, con la idea de que Mr Marshall retorne a España. Muy socialista todo. Muy socialista.
Un sitio donde reflejar lo que piensas. Te invito a que compartas conmigo tu libertad.
miércoles, 8 de diciembre de 2010
martes, 7 de diciembre de 2010
Los dirigentes chinos y sus colegas
China y otros dieciocho países declinan asistir a la ceremonia de entrega del Nobel de la Paz. El resto de Estados, compañías de payasos todos según manifiestan desde el Gobierno de Pekín, piensan que el hecho de que le otorguen el galardón a un disidente encarcelado por luchar por la libertad está en la razón y en la justicia del premio. Claro que, tratándose de un criminal separatista, lo normal es que los obscenos y arrogantes integrantes del circo de la democracia estén de acuerdo con la decisión del jurado del Nobel, y no con la postura de los insignes ejemplos de los principios democráticos que han rechazado la invitación. Grandes exponentes de respeto a los derechos fundamentales, como Marruecos y su dictadura feudal, Irán, Vietnam, Sudán, Pakistán, Cuba, Kazajistán, Arabia Saudí o la Venezuela del showman Chávez. Liu Xiaobo, de 54 años, puede sentirse orgulloso de que ninguno de los representantes de los citados con anterioridad acudan a un homenaje a su persona (entre nosotros, lo cierto es que no pintan nada cuando de Paz y Libertad se habla). Además, "por diferentes razones" (poderoso caballero Don Dinero) a China y compañía también se unen Rusia, Colombia, Túnez, Serbia, Filipinas, Irak, Afganistán y Ucrania.
Visto como están las cosas en esto de la economía no sería de extrañar que con los pro-chinos se solidarizaran de aquí al viernes unos cuantos más a tenor de las amenazas veladas y no tan veladas de las autoridades de Pekín hacia los osados que osen apoyar al disidente. De momento, alrededor de cincuenta embajadas han confirmado su participación, aunque no se descartan bajas de última hora, por estrés o gripe, quién sabe.
Lo que sí que no está claro es quién recogerá el susodicho premio, ya que ya se han encargado las autoridades chinas de que no exista bicho viviente relacionado con la persona del premiado que pueda acercarse al evento. Ni los ruiseñores pueden abandonar el país; a nadie con cierta relevancia en nombre y apellidos le está permitido salir de su casa ni siquiera a por pan, no sea que pongan en peligro la seguridad del estado.
A mí, por lo que me concierne, me gusta pertenecer a los Tonetti, al igual que Mario Vargas Llosa, cuando afirma que China es aún una dictadura, o que el ex presidente checo Havel y Desmond Tutu que volvieron a pedir el domingo pasado su liberación en un artículo que rezaba tal que así: "El apoyo de China a regímenes abusivos y la fuerza brutal con que aplasta la disidencia dentro de sus propias fronteras demuestra que hace falta una reforma sustancial si China quiere ser vista como un verdadero líder entre la comunidad internacional".
Lo dicho, antes una peluca de colores y una nariz roja, que participar de la violencia, la agresión, la constante violación de derechos y libertades y demás prácticas totalitarias que realizan los dirigentes chinos y sus colegas de sangre y represión, como Mohamed VI, los Castro, Ahmadineyad, Nguyen Minh Trie, Omar Hassan al Bashir, o Nursultan Nazarbayev, representantes todos de lo que jamás debe llegar a convertirse un ser humano.
Visto como están las cosas en esto de la economía no sería de extrañar que con los pro-chinos se solidarizaran de aquí al viernes unos cuantos más a tenor de las amenazas veladas y no tan veladas de las autoridades de Pekín hacia los osados que osen apoyar al disidente. De momento, alrededor de cincuenta embajadas han confirmado su participación, aunque no se descartan bajas de última hora, por estrés o gripe, quién sabe.
Lo que sí que no está claro es quién recogerá el susodicho premio, ya que ya se han encargado las autoridades chinas de que no exista bicho viviente relacionado con la persona del premiado que pueda acercarse al evento. Ni los ruiseñores pueden abandonar el país; a nadie con cierta relevancia en nombre y apellidos le está permitido salir de su casa ni siquiera a por pan, no sea que pongan en peligro la seguridad del estado.
A mí, por lo que me concierne, me gusta pertenecer a los Tonetti, al igual que Mario Vargas Llosa, cuando afirma que China es aún una dictadura, o que el ex presidente checo Havel y Desmond Tutu que volvieron a pedir el domingo pasado su liberación en un artículo que rezaba tal que así: "El apoyo de China a regímenes abusivos y la fuerza brutal con que aplasta la disidencia dentro de sus propias fronteras demuestra que hace falta una reforma sustancial si China quiere ser vista como un verdadero líder entre la comunidad internacional".
Lo dicho, antes una peluca de colores y una nariz roja, que participar de la violencia, la agresión, la constante violación de derechos y libertades y demás prácticas totalitarias que realizan los dirigentes chinos y sus colegas de sangre y represión, como Mohamed VI, los Castro, Ahmadineyad, Nguyen Minh Trie, Omar Hassan al Bashir, o Nursultan Nazarbayev, representantes todos de lo que jamás debe llegar a convertirse un ser humano.
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lunes, 6 de diciembre de 2010
Un día constitucional
Para mí es un día muy importante. Bueno, para mí y para muchos. El 6 de diciembre es especial, los españoles eligieron una madre para todo lo que ha venido después. España decidió huir de un sistema coercitivo y embarcarse en una etapa de respeto a un tronco legal del que vástagos, más o menos imperfectos, han permitido que hoy se pueda expresar con libertad lo que uno siente o piensa. A mí me cogió con once años, jugando con los airgam boy y más pendiente de terminar una colección de cromos de fútbol imposible que de considerar el cambio radical que se iba a producir. Estaba yo para eso, para darme cuenta de que después de que los españoles con edad para ello aprobaran la Carta Magna, el mundo se abriría para los que empezábamos a bebernos la vida. Y doy fe de que nos lo comimos entero, que nos emborrachamos convenientemente con todo lo que nos otorgó la suerte de ser jóvenes cuando nada estaba descubierto, y que exprimimos los empujones de libertad que nos ofreció la maravillosa década de los ochenta hasta dejarla seca.
Ahora, aquéllos que somos cuarentones nos hemos convertido en actores principales y espectadores privilegiados del descalabro del sistema con el que aprendimos a vivir. Hemos colaborado a que nuestra Constitución, coja y llena de agujeros, se mantenga como base fundamental sobre la que regir nuestras vidas. Pero, al paso que vamos, seremos los que tendremos que destruirla para regenerar una estructura que sólo nos trae pobreza y miseria.
En el siglo del Laberinto español, aquél en el que los españoles se debatían entre luchas carlistas, golpes de estado, asonadas populares y constituciones varias, y alternaban gobiernos progresistas con moderados, siempre al servicio de una monarquía mediocre y en depresión, la estabilidad social, política y económica era una quimera imposible, en manos de políticos manipulados y manipuladores. Hoy en día, con una monarquía respetada por la amplia mayoría, la actual clase política en el gobierno, sostenida por los grandes intereses económicos, se ha convertido también en el elemento exterminador de la Ley, en el enemigo de la libertad, en el principal obstáculo para el progreso.
Yo creo en la Constitución como instrumento fundamental con el que lograr el equilibrio social y la estabilidad económica. En lo que no confío es en los que más cerca están de ella, recelo de los que tienen el poder otorgado de extraerle el jugo necesario, porque no me parecen ni capaces ni leales a la causa. A pesar de ellos, el día seis de diciembre sigue siendo un día importante. Diría más; tenemos lo que tenemos, bueno o malo, y somos lo que somos merced a la decisión que se tomó en el 78. Bendita Constitución, que necesita unos parches que la revitalicen y le devuelvan energía y vigor.
Ahora, aquéllos que somos cuarentones nos hemos convertido en actores principales y espectadores privilegiados del descalabro del sistema con el que aprendimos a vivir. Hemos colaborado a que nuestra Constitución, coja y llena de agujeros, se mantenga como base fundamental sobre la que regir nuestras vidas. Pero, al paso que vamos, seremos los que tendremos que destruirla para regenerar una estructura que sólo nos trae pobreza y miseria.
En el siglo del Laberinto español, aquél en el que los españoles se debatían entre luchas carlistas, golpes de estado, asonadas populares y constituciones varias, y alternaban gobiernos progresistas con moderados, siempre al servicio de una monarquía mediocre y en depresión, la estabilidad social, política y económica era una quimera imposible, en manos de políticos manipulados y manipuladores. Hoy en día, con una monarquía respetada por la amplia mayoría, la actual clase política en el gobierno, sostenida por los grandes intereses económicos, se ha convertido también en el elemento exterminador de la Ley, en el enemigo de la libertad, en el principal obstáculo para el progreso.
Yo creo en la Constitución como instrumento fundamental con el que lograr el equilibrio social y la estabilidad económica. En lo que no confío es en los que más cerca están de ella, recelo de los que tienen el poder otorgado de extraerle el jugo necesario, porque no me parecen ni capaces ni leales a la causa. A pesar de ellos, el día seis de diciembre sigue siendo un día importante. Diría más; tenemos lo que tenemos, bueno o malo, y somos lo que somos merced a la decisión que se tomó en el 78. Bendita Constitución, que necesita unos parches que la revitalicen y le devuelvan energía y vigor.
sábado, 4 de diciembre de 2010
¿Y quién paga esto ahora?
A ver si lo cuento bien. Currante de mediana edad, con un miserable sueldo de risa que apenas cubre hipoteca, recibos y comida y dos hijos pequeños que le comen por los pies. Se sobrevive de milagro en la casa, penando más que disfrutando, y este año, con el rollo de que el mayor hizo la comunión, en un momento de irresponsable euforia promete, sin poder, que toda la familia, los cuatro, se van a Eurodisney. El despiporre. Los niños locos de ilusión, y los padres a sumar y restar para ver de dónde sale la aventura. Ahorrar no se puede, siempre surge un quítame por algún sitio. Así que, a morir al banco, a ampliar el crédito o a rascar prestado. Se busca la oferta más económica, la más asequible, viaja hoy y paga en seis meses, un tres por cuatro, los niños gratis el avión, desayuno sólo y ya comeremos lo que sea. A muerte.
Ya es la fecha. Un puente glorioso, las maletas preparadas y al aeropuerto. Los chiquillos nerviosos ante la posibilidad de conocer al ratón macrosómico y su colega el pato puñetero, y los adultos pensando en el presupuesto para comidas y cenas, además de en el frío que se ha desatado feroz en París. Hora de embarcar. Todos al avión... Se supone. Porque va a ser que no. Suspendido el vuelo. Gente que cobra diez veces lo del viajero puteado (¿se puede decir puteado?) decide dejarles en tierra. El estrés les lleva locos. El estrés y también que les quitan prebendas casi feudales. Así que, los señoritos se ponen de huelga sin avisar y joden (¿se puede decir joden?) a todo bicho viviente, ocasionando la ruina de más de uno y destruyendo derechos, ilusiones y economía de pequeños y de los insignificantes trabajadores que sólo pretendían evadirse unos días de la realidad ¡Y sin considerar el daño colosal infringido a la imagen de un país que no anda por sus mejores momentos!
Privilegiados que han chantajeado al país, y que deben de pagar por ello. La defensa de los propios intereses es legítima para cualquier colectivo, pero hay formas de actuar que son de obligado respeto si se desea ser un elemento más en la estructura social. Los derechos dejan de ser tales cuando impiden el ejercicio de los de los demás. Los controladores han abusado de su privilegiada condición y han cometido un delito contra la sociedad a la que en teoría pertenecen. Tienen que asumir su culpa y cumplir con el castigo que la justicia imponga. Sin más.
Ya es la fecha. Un puente glorioso, las maletas preparadas y al aeropuerto. Los chiquillos nerviosos ante la posibilidad de conocer al ratón macrosómico y su colega el pato puñetero, y los adultos pensando en el presupuesto para comidas y cenas, además de en el frío que se ha desatado feroz en París. Hora de embarcar. Todos al avión... Se supone. Porque va a ser que no. Suspendido el vuelo. Gente que cobra diez veces lo del viajero puteado (¿se puede decir puteado?) decide dejarles en tierra. El estrés les lleva locos. El estrés y también que les quitan prebendas casi feudales. Así que, los señoritos se ponen de huelga sin avisar y joden (¿se puede decir joden?) a todo bicho viviente, ocasionando la ruina de más de uno y destruyendo derechos, ilusiones y economía de pequeños y de los insignificantes trabajadores que sólo pretendían evadirse unos días de la realidad ¡Y sin considerar el daño colosal infringido a la imagen de un país que no anda por sus mejores momentos!
Privilegiados que han chantajeado al país, y que deben de pagar por ello. La defensa de los propios intereses es legítima para cualquier colectivo, pero hay formas de actuar que son de obligado respeto si se desea ser un elemento más en la estructura social. Los derechos dejan de ser tales cuando impiden el ejercicio de los de los demás. Los controladores han abusado de su privilegiada condición y han cometido un delito contra la sociedad a la que en teoría pertenecen. Tienen que asumir su culpa y cumplir con el castigo que la justicia imponga. Sin más.
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Huelga salvaje de controladores
viernes, 3 de diciembre de 2010
Descontroladores
¿De verdad saben la que han liado? ¿Son conscientes del quebranto económico que han provocado? Han perdido cualquier razón que pudieran tener en sus reivindicaciones sometiendo al país a un chantaje y perjudicando gravísimamente a miles de personas, desde taxistas hasta empresarios hoteleros, pasando por el vendedor de periódicos, la cajera del súper y por el que toca el piano por las tardes en la cafetería del paseo. Han hecho daño, mucho daño: España acentúa su imagen de estado bananero.
Son trabajadores salarialmente privilegiados que creen defender en lógica sus derechos, pero que no pueden bajo ningún concepto crear este desastre por no aceptar como computables bajas y descansos, privilegios con los que el trabajo real se cobra como extraordinario y se paga como efectuado el no realizado. No se discute su preparación ni su cualificación, lo que se discute es su falta de vergüenza, su descaro y la perversidad de su posición, ya preparada con anterioridad (que la movida no es espontánea).
Con su incalificable actitud van a conseguir sólo tres cosas: en un primer lugar, que se tenga que militarizar el espacio aéreo (impensable en un estado democrático). En segundo lugar, que todo el mundo esté de acuerdo en la posición tomada por el Gobierno, cosa harto complicada tal y como van las cosas en España. Y, en último lugar, que muchos van a perder el trabajo y pueden dar con los huesos en la cárcel.
Otra cosa es el fondo político del asunto, si la situación se ha tratado con la rapidez y la anticipación debida, si detrás de todo está un incumplimiento de acuerdos previos y si todo lo ocurrido se debe a la acostumbrada improvisación del ejecutivo Zapatero. Eso vendrá después. Ahora el problema es distinto y colosal. La ruina ocasionada se suma a la ya instalada, y va a generar que aquéllos que en un futuro lejano pensaban venir a España a dejarse su dinero, se lo planteen y prefieran irse a cualquier otro destino que le ofrezca más fiabilidad.
El ejército les va a obligar a cumplir con su trabajo y la justicia les va a obligar a responder por los daños causados. Y yo lo veo justo. Justo y necesario. Cualquier lucha por los derechos propios en democracia es lícita, pero hay que guardar formas y respetar libertades y derechos ajenos. No son maneras de actuar.
Son trabajadores salarialmente privilegiados que creen defender en lógica sus derechos, pero que no pueden bajo ningún concepto crear este desastre por no aceptar como computables bajas y descansos, privilegios con los que el trabajo real se cobra como extraordinario y se paga como efectuado el no realizado. No se discute su preparación ni su cualificación, lo que se discute es su falta de vergüenza, su descaro y la perversidad de su posición, ya preparada con anterioridad (que la movida no es espontánea).
Con su incalificable actitud van a conseguir sólo tres cosas: en un primer lugar, que se tenga que militarizar el espacio aéreo (impensable en un estado democrático). En segundo lugar, que todo el mundo esté de acuerdo en la posición tomada por el Gobierno, cosa harto complicada tal y como van las cosas en España. Y, en último lugar, que muchos van a perder el trabajo y pueden dar con los huesos en la cárcel.
Otra cosa es el fondo político del asunto, si la situación se ha tratado con la rapidez y la anticipación debida, si detrás de todo está un incumplimiento de acuerdos previos y si todo lo ocurrido se debe a la acostumbrada improvisación del ejecutivo Zapatero. Eso vendrá después. Ahora el problema es distinto y colosal. La ruina ocasionada se suma a la ya instalada, y va a generar que aquéllos que en un futuro lejano pensaban venir a España a dejarse su dinero, se lo planteen y prefieran irse a cualquier otro destino que le ofrezca más fiabilidad.
El ejército les va a obligar a cumplir con su trabajo y la justicia les va a obligar a responder por los daños causados. Y yo lo veo justo. Justo y necesario. Cualquier lucha por los derechos propios en democracia es lícita, pero hay que guardar formas y respetar libertades y derechos ajenos. No son maneras de actuar.
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Huelga salvaje de los controladores aéreos
jueves, 2 de diciembre de 2010
Pararle los pies
El sátrapa sabe contra quién está jugando. Un gobierno débil, en deriva y acabado es una pieza fácil para el taimado Mohamed VI, que ha chantajeado desde un principio al ejecutivo español, amenazando con reconquistar Ceuta y Melilla. Arraso el Sahara Occidental y vosotros a callar u os monto un lío de narices. Miles de sicarios ahogarían ambas ciudades y acabarían por invadirlas. Así que ya sabéis, a ser buenos o las consecuencias serán terribles.
Se le permitieron el insulto y el desprecio, se le consintieron el abuso y el bloqueo, y no se le pararon los pies. Francia y EE UU son aliados muy potentes, y el Duce del Magreb lo ha sabido utilizar contra nuestro gobierno, solo en su pasividad y su cobardía. Ahora se le ve el plumero con aun mayor claridad: tras el Sahara están Ceuta y Melilla, el objetivo verdadero de la ofensiva conquistadora del dictador marroquí. El norte de África debe ser suyo, cueste lo que cueste.
La pregunta del millón es ¿y ahora qué? Zapatero I, el reformista, no tiene la capacidad ni la decisión apropiadas para hacer frente a crisis económica y mangoneo marroquí a la vez. En la primera hace el ridículo día tras día, y en la segunda ya se ha bajado tantas veces los pantalones, que sólo le queda enseñar la pistola. El monarca alauí no se va a detener, va a medir hasta dónde puede tensar la cuerda. Ha mostrado su fuerza exterminadora y represiva en El Aaiún, ha enseñado los dientes la hiena que se cree león. Y enfrente se ha encontrado con acémilas asustadas. No sé si sería acertado darle un toque, enseñarle las garras y dejarle claro que por aquí sabemos defender lo nuestro, nuestro territorio. De lo que sí que estoy seguro es de que recuperar unas lagrimas de orgullo y vergüenza no estaría nada, pero que nada mal.
Se le permitieron el insulto y el desprecio, se le consintieron el abuso y el bloqueo, y no se le pararon los pies. Francia y EE UU son aliados muy potentes, y el Duce del Magreb lo ha sabido utilizar contra nuestro gobierno, solo en su pasividad y su cobardía. Ahora se le ve el plumero con aun mayor claridad: tras el Sahara están Ceuta y Melilla, el objetivo verdadero de la ofensiva conquistadora del dictador marroquí. El norte de África debe ser suyo, cueste lo que cueste.
La pregunta del millón es ¿y ahora qué? Zapatero I, el reformista, no tiene la capacidad ni la decisión apropiadas para hacer frente a crisis económica y mangoneo marroquí a la vez. En la primera hace el ridículo día tras día, y en la segunda ya se ha bajado tantas veces los pantalones, que sólo le queda enseñar la pistola. El monarca alauí no se va a detener, va a medir hasta dónde puede tensar la cuerda. Ha mostrado su fuerza exterminadora y represiva en El Aaiún, ha enseñado los dientes la hiena que se cree león. Y enfrente se ha encontrado con acémilas asustadas. No sé si sería acertado darle un toque, enseñarle las garras y dejarle claro que por aquí sabemos defender lo nuestro, nuestro territorio. De lo que sí que estoy seguro es de que recuperar unas lagrimas de orgullo y vergüenza no estaría nada, pero que nada mal.
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¿Por qué no?
Un buen amigo que sabe lo quemado que ando con el gobierno del innombrable y lo atónito que me quedo cuando el mago saca conejos de chisteras vacías, me ha enviado uno de esos correos plagados de soluciones a la crisis. Lo he leído porque leo todo lo que cae cerca de mis ojos y también porque todo lo que se refiere a la búsqueda de un bálsamo sanador para la ruina que llevamos encima me parece, como poco, interesante.
A grandes rasgos, lo que manifiesta el autor del mismo supondría, según sus cálculos, un ahorro de más de 45.000 millones de euros, cantidad suficiente como para darle tres pases de pecho a la crisis. Vamos allá con lo expuesto. Por un lado, propone eliminar el Senado, una cámara de relleno inútil y absurda, un garaje para políticos de vuelta de todo que en algún sitio han de poner el huevo. Por aquí, 3.500 millones menos de gasto. En segundo lugar, fuera finiquitos y pensiones vitalicias para los padres de la patria. A currar hasta el final como todos y, con el cómputo de meses que se aplica al resto de los mortales, se calcula lo que toca y punto.
Siguiendo en su argumentación, el escritor considera más que oportuno revisar con lupa los sueldos que se otorgan alcaldes y concejales de pueblos varios, y meterles un machetazo. Hay que cambiar el concepto de política como chollo donde llevárselo calentito, y no sería un mal lugar por el que empezar. Y, ya que estamos, al que pillen con las manos en la saca pública, quitarle hasta el calcio de los huesos para que pague por lo usurpado.
En el capítulo de gastos sin sentido y sin justificación, se detiene en el exceso de vehículos oficiales, todos de alta gama e insultante precio, en el abuso descontrolado de las tarjetas VISA que circulan como cucarachas entre manos derrochadoras y, como no podría ser de otra manera, en el lacerante, vergonzoso y ultrajante número de asesores y parásitos de seis mil euros al mes que, como una plaga, devoran las administraciones, desempeñando cometidos para los que ya hay funcionarios con la preparación más que suficiente y necesaria.
En la línea de inutilidades destaca también el elevado gasto que genera nuestra diplomacia, superior en cuantía y notablemente inferior en capacidad y calidad a la de Alemania y Reino Unido. A todo este cocido, le añade una rebaja del 30 % de las partidas 4, 6 y 7 de los Presupuestos Generales del Estado (transferencias a sindicatos, partidos políticos, colegas y fundaciones varias) y se encuentra con que no haría falta recortar 6.000 millones en inversión pública ni tocar los sueldos de los funcionarios y, ni mucho menos, congelar las pensiones.
Bueno. Sonar, suena bien, como ideas no están mal, son incluso sabrosos y apetecibles sopapos en los morros de la clase política dirigente. El problema, querido amigo, es que quiénes tienen que valorarlas son los mismos a los que dejaría en cueros su aplicación. Pero, lo dicho, si te lo piensas y sumas, resulta que no son para nada una memez. Una utopía, sí. Pero no una memez.
A grandes rasgos, lo que manifiesta el autor del mismo supondría, según sus cálculos, un ahorro de más de 45.000 millones de euros, cantidad suficiente como para darle tres pases de pecho a la crisis. Vamos allá con lo expuesto. Por un lado, propone eliminar el Senado, una cámara de relleno inútil y absurda, un garaje para políticos de vuelta de todo que en algún sitio han de poner el huevo. Por aquí, 3.500 millones menos de gasto. En segundo lugar, fuera finiquitos y pensiones vitalicias para los padres de la patria. A currar hasta el final como todos y, con el cómputo de meses que se aplica al resto de los mortales, se calcula lo que toca y punto.
Siguiendo en su argumentación, el escritor considera más que oportuno revisar con lupa los sueldos que se otorgan alcaldes y concejales de pueblos varios, y meterles un machetazo. Hay que cambiar el concepto de política como chollo donde llevárselo calentito, y no sería un mal lugar por el que empezar. Y, ya que estamos, al que pillen con las manos en la saca pública, quitarle hasta el calcio de los huesos para que pague por lo usurpado.
En el capítulo de gastos sin sentido y sin justificación, se detiene en el exceso de vehículos oficiales, todos de alta gama e insultante precio, en el abuso descontrolado de las tarjetas VISA que circulan como cucarachas entre manos derrochadoras y, como no podría ser de otra manera, en el lacerante, vergonzoso y ultrajante número de asesores y parásitos de seis mil euros al mes que, como una plaga, devoran las administraciones, desempeñando cometidos para los que ya hay funcionarios con la preparación más que suficiente y necesaria.
En la línea de inutilidades destaca también el elevado gasto que genera nuestra diplomacia, superior en cuantía y notablemente inferior en capacidad y calidad a la de Alemania y Reino Unido. A todo este cocido, le añade una rebaja del 30 % de las partidas 4, 6 y 7 de los Presupuestos Generales del Estado (transferencias a sindicatos, partidos políticos, colegas y fundaciones varias) y se encuentra con que no haría falta recortar 6.000 millones en inversión pública ni tocar los sueldos de los funcionarios y, ni mucho menos, congelar las pensiones.
Bueno. Sonar, suena bien, como ideas no están mal, son incluso sabrosos y apetecibles sopapos en los morros de la clase política dirigente. El problema, querido amigo, es que quiénes tienen que valorarlas son los mismos a los que dejaría en cueros su aplicación. Pero, lo dicho, si te lo piensas y sumas, resulta que no son para nada una memez. Una utopía, sí. Pero no una memez.
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