Nunca he entendido lo de las baronías en el PSOE. Resulta que un partido socialista está dirigido por un grupo de personas a las que, o bien porque ellos así lo desean o bien por costumbre, se les reconoce y bautiza como nobles. Personas privilegiadas, cortesanos que gozan de unos privilegios estamentales que les otorga la posición, tan cerca de las alturas y del señor del castillo, como tan lejos del socialismo de base.
Estos barones en su mayoría son y/o ejercen como estómagos agradecidos que bien saben que de no ser por el aquél al que adulan, al que pelotean con miseria y sin vergüenza, no habría un hueco en la sociedad donde descansar su torpeza. Por eso tienen que lamer la mano de su jinete aunque éste les haya fustigado, limpiarle los zapatos a su capitán aunque lleven un recuerdo canino y besar el suelo por el que se arrastra el cadáver político.
José Blanco es la definición perfecta del personaje que intento definir. Pelota hasta el agotamiento, en deuda eterna con Zapatero, lo vende y lo venderá como si de un histórico en la democracia española estuviésemos hablando. Y parte de razón no le falta. Los libros le calificarán a él y a su banda, que quedarán para la posteridad como los peores gobernantes habidos, imposibles de imitar. Como cierto es que cada uno tiene un sitio en la vida, el de José Luis Rodríguez Zapatero es un trono de cerámica blanco con tapadera, y el del cobista, estar enrollado para lo que pueda necesitar su jefe.
Siguiendo con la función, Blanco ha proclamado que nunca conoció un socialista mejor. Y 2500 han aplaudido como locos esta mentira, este nuevo insulto a los socialistas de verdad. Después, Chaves, Griñán, Antich, Alarte, todos con su discurso, sin percatarse de que éstos parecían cartas de despedida póstuma, paladas de tierra sobre un ataúd, lágrimas de cocodrilos de plástico, las palmaditas de ánimo en la espalda del condenado, el último serpenteo a los pies del amo.
Dos perlas a destacar. De matrícula es la frase “El mejor piloto es Zapatero”, gloriosa fábula de Óscar López, de Castilla y León, en la que ha colocado a su amo al frente del mejor Fórmula 1 de la política. Para partirse el pecho durante tres días. Y de cum laude "Si no hubiésemos actuado con responsabilidad estaríamos dirigiendo al PSOE a una derrota segura y alejando la posibilidad de gobernar por muchos años" (¿en serio no ve el leñazo que se van a meter?). Ésta es del inefable, del inigualable, del Godoy de Zapatero, José Blanco, genio entre los genios y pelota hasta provocar nauseas.
Un sitio donde reflejar lo que piensas. Te invito a que compartas conmigo tu libertad.
domingo, 30 de enero de 2011
sábado, 29 de enero de 2011
Para jubilar hay que trabajar
A lo que llego yo, que no es mucho. Verán ustedes, Parece que todo el mundo está contento con el acuerdo sobre la reforma de las pensiones. En un ni para ti ni para mí, nos quedamos con 38,5 años cotizados para poder cobrar el cien por cien de la pensión. Además, es muy probable que también puedan hacerlo los trabajadores con oficios penosos. Es decir, en este lío uno entiende que para tener derecho a toda la prestación los que se jubilen a los 67 años, el período de cotización será de 37. A partir de ahí, hacia abajo, este período irá bajando hasta los 15 años, en los que se percibiría la mitad. Y para calcularla, el cómputo pasará de los últimos 15 años a la bonita cifra de 25. Qué alegría, qué alboroto, otro perrito piloto. Una cena en Moncloa entre amigos, y todo arreglado. Si ya se dice que para cerrar un negocio entre amigos, no hay nada mejor que un ambiente distendido, buenas viandas y mejores caldos. Es la esencia nacional. Y con todo acordado, se sale a la opinión pública y empieza el turno de halagos y beneplácitos. Qué buenos sois, no, hombre, no, si el mérito es tuyo.
Vale. Por no ir contra la corriente, digo yo que habrá que decir que sí, que aceptamos pulpo como animal de compañía. Ahora, una vez comulgados con esta rueda de molino, viene la segunda parte de la jugada. Para poder jubilarse, primero habrá que trabajar .Un buen amigo, parado, qué digo parado, disecado de larguísima duración me comenta que a él le encantaría trabajar a los 67 años. Incluso, está dispuesto a hacerlo hasta los 80 si le dejan patrón y salud. Lo que le urge es empezar cuanto antes, pues ya con 48, y al ritmo que lleva el país en lo relativo a la creación de empleo, no sabe qué carajo le van a computar a él.
En consecuencia, ahora que ya hay fumata blanca con las pensiones, va tocando empezar a hacer humo con el empleo y crearlo, en vez de destruirlo. Porque si no se reduce el paro, dará igual a qué edad se jubilen los afortunados que curren, que dinero para el retiro no habrá en la caja. Lo demás son parches, fuegos de artificio, levantar una carretera sobre un pantano; si asfaltas sin acondicionar antes el terreno, el día de la inauguración se hunde. Lo normal en el país de la improvisación.
Vale. Por no ir contra la corriente, digo yo que habrá que decir que sí, que aceptamos pulpo como animal de compañía. Ahora, una vez comulgados con esta rueda de molino, viene la segunda parte de la jugada. Para poder jubilarse, primero habrá que trabajar .Un buen amigo, parado, qué digo parado, disecado de larguísima duración me comenta que a él le encantaría trabajar a los 67 años. Incluso, está dispuesto a hacerlo hasta los 80 si le dejan patrón y salud. Lo que le urge es empezar cuanto antes, pues ya con 48, y al ritmo que lleva el país en lo relativo a la creación de empleo, no sabe qué carajo le van a computar a él.
En consecuencia, ahora que ya hay fumata blanca con las pensiones, va tocando empezar a hacer humo con el empleo y crearlo, en vez de destruirlo. Porque si no se reduce el paro, dará igual a qué edad se jubilen los afortunados que curren, que dinero para el retiro no habrá en la caja. Lo demás son parches, fuegos de artificio, levantar una carretera sobre un pantano; si asfaltas sin acondicionar antes el terreno, el día de la inauguración se hunde. Lo normal en el país de la improvisación.
Para jubilar hay que trabajar
A lo que llego yo, que no es mucho. Verán ustedes, Parece que todo el mundo está contento con el acuerdo sobre la reforma de las pensiones. En un ni para ti ni para mí, nos quedamos con 38,5 años cotizados para poder cobrar el cien por cien de la pensión. Además, es muy probable que también puedan hacerlo los trabajadores con oficios penosos. Es decir, en este lío uno entiende que para tener derecho a toda la prestación los que se jubilen a los 67 años, el período de cotización será de 37. A partir de ahí, hacia abajo, este período irá bajando hasta los 15 años, en los que se percibiría la mitad. Y para calcularla, el cómputo pasará de los últimos 15 años a la bonita cifra de 25. Qué alegría, qué alboroto, otro perrito piloto. Una cena en Moncloa entre amigos, y todo arreglado. Si ya se dice que para cerrar un negocio entre amigos, no hay nada mejor que un ambiente distendido, buenas viandas y mejores caldos. Es la esencia nacional. Y con todo acordado, se sale a la opinión pública y empieza el turno de halagos y beneplácitos. Qué buenos sois, no, hombre, no, si el mérito es tuyo.
Vale. Por no ir contra la corriente, digo yo que habrá que decir que sí, que aceptamos pulpo como animal de compañía. Ahora, una vez comulgados con esta rueda de molino, viene la segunda parte de la jugada. Para poder jubilarse, primero habrá que trabajar .Un buen amigo, parado, qué digo parado, disecado de larguísima duración me comenta que a él le encantaría trabajar a los 67 años. Incluso, está dispuesto a hacerlo hasta los 80 si le dejan patrón y salud. Lo que le urge es empezar cuanto antes, pues ya con 48, y al ritmo que lleva el país en lo relativo a la creación de empleo, no sabe qué carajo le van a computar a él.
En consecuencia, ahora que ya hay fumata blanca con las pensiones, va tocando empezar a hacer humo con el empleo y crearlo, en vez de destruirlo. Porque si no se reduce el paro, dará igual a qué edad se jubilen los afortunados que curren, que dinero para el retiro no habrá en la caja. Lo demás son parches, fuegos de artificio, levantar una carretera sobre un pantano; si asfaltas sin acondicionar antes el terreno, el día de la inauguración se hunde. Lo normal en el país de la improvisación.
Vale. Por no ir contra la corriente, digo yo que habrá que decir que sí, que aceptamos pulpo como animal de compañía. Ahora, una vez comulgados con esta rueda de molino, viene la segunda parte de la jugada. Para poder jubilarse, primero habrá que trabajar .Un buen amigo, parado, qué digo parado, disecado de larguísima duración me comenta que a él le encantaría trabajar a los 67 años. Incluso, está dispuesto a hacerlo hasta los 80 si le dejan patrón y salud. Lo que le urge es empezar cuanto antes, pues ya con 48, y al ritmo que lleva el país en lo relativo a la creación de empleo, no sabe qué carajo le van a computar a él.
En consecuencia, ahora que ya hay fumata blanca con las pensiones, va tocando empezar a hacer humo con el empleo y crearlo, en vez de destruirlo. Porque si no se reduce el paro, dará igual a qué edad se jubilen los afortunados que curren, que dinero para el retiro no habrá en la caja. Lo demás son parches, fuegos de artificio, levantar una carretera sobre un pantano; si asfaltas sin acondicionar antes el terreno, el día de la inauguración se hunde. Lo normal en el país de la improvisación.
jueves, 27 de enero de 2011
Zapatero y el paro juvenil
Otra ración de sabiduría. El presidente del Gobierno afirmó el miércoles que el paro juvenil es el principal problema social y económico que tiene España, y dijo que "no va a ser fácil" reducirlo (ni el juvenil ni ninguno). Juega con las palabras para acusar al maestro armero, actuando de cronista malo de la realidad como se le antoja.
En las ocasiones en las que jarrea a mares y nos coge la tormenta en medio de un descampado, para él luce un sol de espléndido. Y en otras, cuando estamos empapados hasta las cejas y la verdad le apabulla, como el niño travieso y cobarde que no tiene escapatoria, reconoce la evidencia que antes negaba.
Pero incluso en éstas, sin argumentos, se apoya en el "drama estructural" de la economía española que nos lleva "siempre" a duplicar la tasa de desempleo en relación con Europa. Cualquier cosa menos reconocer la ingente cantidad de errores cometidos y las constantes torpezas perpetradas por él y los que le han rodeado, responsables a partes iguales del desastre.
En otro alarde de conocimiento José Luis Rodríguez Zapatero dice que podemos salir de ésta, que somos capaces de superar la crisis. Qué no lo dude. Pero con él de capitán y con la tripulación que le acompaña, ni de casualidad. No es un problema ya de voluntad, que nadie la niega; estamos hablando de incompetencia, de incapacidad.
La lógica, la razón, y el más primario instinto de supervivencia deberían forzar el desenlace de los acontecimientos. Eso sí, por cauces democráticos, que no creo que sea necesario llegar a explosiones populares como la de 1868 en la que, hartos del desgobierno, la corrupción y el caos económico, al grito de “¡Viva España con honra!” los españoles dijeron “¡Basta!”( no quita que no hayan ganas de liarla). Todas las posibilidades que podamos tener de salvarnos de la ruina total comienzan en el mismo punto. O él o nosotros.
En las ocasiones en las que jarrea a mares y nos coge la tormenta en medio de un descampado, para él luce un sol de espléndido. Y en otras, cuando estamos empapados hasta las cejas y la verdad le apabulla, como el niño travieso y cobarde que no tiene escapatoria, reconoce la evidencia que antes negaba.
Pero incluso en éstas, sin argumentos, se apoya en el "drama estructural" de la economía española que nos lleva "siempre" a duplicar la tasa de desempleo en relación con Europa. Cualquier cosa menos reconocer la ingente cantidad de errores cometidos y las constantes torpezas perpetradas por él y los que le han rodeado, responsables a partes iguales del desastre.
En otro alarde de conocimiento José Luis Rodríguez Zapatero dice que podemos salir de ésta, que somos capaces de superar la crisis. Qué no lo dude. Pero con él de capitán y con la tripulación que le acompaña, ni de casualidad. No es un problema ya de voluntad, que nadie la niega; estamos hablando de incompetencia, de incapacidad.
La lógica, la razón, y el más primario instinto de supervivencia deberían forzar el desenlace de los acontecimientos. Eso sí, por cauces democráticos, que no creo que sea necesario llegar a explosiones populares como la de 1868 en la que, hartos del desgobierno, la corrupción y el caos económico, al grito de “¡Viva España con honra!” los españoles dijeron “¡Basta!”( no quita que no hayan ganas de liarla). Todas las posibilidades que podamos tener de salvarnos de la ruina total comienzan en el mismo punto. O él o nosotros.
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lunes, 24 de enero de 2011
Sindicatos de verdad
Qué duda cabe sobre la opinión general que casi todos los españoles tenemos respecto de los sindicatos y en especial de sus representantes. El desprecio, ganado a pulso por la actuación desarrollada durante los últimos años, es el sentimiento más común. Viviendo a la sombra del poder político, aquéllos que cobran por defender al resto de los trabajadores han traicionado sistemáticamente principios y objetivos, pervirtiendo los motivos y la incuestionable necesidad de la existencia de las agrupaciones sindicales. Acomodo, pasividad, cuando no beneficio propio, han regido el comportamiento bastardo de muchos, que no todos, consiguiendo con este proceder que el ciudadano rechace de pleno cualquier cosa que provenga de los mal llamados defensores de los derechos de los trabajadores.
Un sindicato, como tal, no debe hacer política, debe interpretar las medidas y leyes que emanan del poder legislativo, valorando la oportunidad, la legalidad, la influencia en el trabajo, la justicia, los caracteres positivos y negativos de las normas, los abusos y la idoneidad de los reglamentos. Debe positivar los acuerdos y hacerlos lo más beneficiosos posibles, a corto, medio y largo plazo. Y para ello tiene que dialogar, negociar hasta el final, sin verse sometido a ideologías, intereses particulares o sobornos encubiertos. En los trabajadores reside su fuerza, y obrar a espaldas de ellos no es más que una perversa felonía. En el momento en el que un sindicato actúa en conveniencia con el poder político, del que obtiene beneficio, posición y riqueza, deja ya de tener en su ideario aquello por lo que nació, aquello por lo que debería pelear. Hoy en día, para desgracia de la sociedad española, los derroteros por los que se mueve la lucha sindical distan mucho de los fines que le son legítimos.
Creo que los sindicatos son básicos, su existencia imprescindible. Pero no los actuales, no éstos, o al menos no cómo funcionan, ni cómo se estructuran ni cómo dicen ejercer la representación de todos y cada uno de los trabajadores. No, así no. La regeneración democrática debe empezar en la base si deseamos que algún día alcance a los rectores políticos. Desde abajo lograremos, quizás, cambiar el sistema, humanizarlo, hacerlo, en definitiva, más justo. Demagogia de salón, o a lo mejor no.
Un sindicato, como tal, no debe hacer política, debe interpretar las medidas y leyes que emanan del poder legislativo, valorando la oportunidad, la legalidad, la influencia en el trabajo, la justicia, los caracteres positivos y negativos de las normas, los abusos y la idoneidad de los reglamentos. Debe positivar los acuerdos y hacerlos lo más beneficiosos posibles, a corto, medio y largo plazo. Y para ello tiene que dialogar, negociar hasta el final, sin verse sometido a ideologías, intereses particulares o sobornos encubiertos. En los trabajadores reside su fuerza, y obrar a espaldas de ellos no es más que una perversa felonía. En el momento en el que un sindicato actúa en conveniencia con el poder político, del que obtiene beneficio, posición y riqueza, deja ya de tener en su ideario aquello por lo que nació, aquello por lo que debería pelear. Hoy en día, para desgracia de la sociedad española, los derroteros por los que se mueve la lucha sindical distan mucho de los fines que le son legítimos.
Creo que los sindicatos son básicos, su existencia imprescindible. Pero no los actuales, no éstos, o al menos no cómo funcionan, ni cómo se estructuran ni cómo dicen ejercer la representación de todos y cada uno de los trabajadores. No, así no. La regeneración democrática debe empezar en la base si deseamos que algún día alcance a los rectores políticos. Desde abajo lograremos, quizás, cambiar el sistema, humanizarlo, hacerlo, en definitiva, más justo. Demagogia de salón, o a lo mejor no.
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viernes, 21 de enero de 2011
La pre-campaña o más de lo mismo
En muchos lugares ya ha empezado la pre-campaña (hasta el nombre apesta) y anuncia guerra sucia. Sin propuestas, sin ideas, sin proyectos, con el crédito fulminado por su mala (nefasta, funesta, mortífera) gestión de gobierno, algunos parecen haber optado por sacar los perros a la calle y buscar, mediante la descalificación, el sentimiento extremo para derrotar a las candidaturas del rival de turno. Ya que no pueden ofrecer soluciones al caos dominante, apelan con este juego a los afectos y las pasiones. Es la única manera; recurrir al engaño demagógico y garantizarse, merced al voto del corazón, unos puestos de trabajo donde vegetar, unos cargos que la razón no les otorgaría en ningún caso. Es cierto lo que escribo, y fácil de comprobar. Y que unas elecciones, expresión suprema de la democracia, se conviertan por obra y gracias de malos profesionales, de timadores expertos en burlar la voluntad del ciudadano, en una pelea de gallinas, que no de gallos, es algo imposible de tragar y digerir.
No quiero asistir pasivo a la mentira del político, al discurso torpe que pretende enardecer a las masas, al mensaje del inepto que intenta que la adrenalina oriente la voluntad. Deseo, y creo que así lo merecemos todos, una contienda limpia, clara, barata y repleta de los remedios imperativos que el país necesita como el agua y el aire. Nada de un “qué malo eres y tú más” subvencionado.
Es un derecho el que de una vez por todas se nos ofrezcan propuestas reales, proyectos realizables a corto y largo plazo, soluciones, soluciones y soluciones. Todo lo que no sople desde esta dirección, sobra, de cabeza al vertedero pues es basura. Y el trilero que no sea capaz de satisfacer la urgente necesidad, el estafador que sólo busque su beneficio propio, que ni se plantee interrumpir en nuestra lucha por sobrevivir, porque no son pocos los que ya están hasta donde las buenas formas recomiendan no expresar.
Cuando los comportamientos del administrador se basan en la incompetencia, la ineficacia, el nepotismo y la corrupción, y se ven acompañados por paro, desesperación, ruina y hambre, el administrado puede reaccionar guiado por los instintos y protegerse atacando al que le humilla. Aquéllos que ven en los ayuntamientos y en las comunidades autónomas sólo un puesto de trabajo excelentemente remunerado deberían considerar la existencia de un “riesgo tunecino” que bien podría cortarles definitivamente las alas. La paciencia, envenenada por el miserable rector, agoniza. Poco le queda. Y cuando muera, tras su funeral, ya veremos qué pasa.
No quiero asistir pasivo a la mentira del político, al discurso torpe que pretende enardecer a las masas, al mensaje del inepto que intenta que la adrenalina oriente la voluntad. Deseo, y creo que así lo merecemos todos, una contienda limpia, clara, barata y repleta de los remedios imperativos que el país necesita como el agua y el aire. Nada de un “qué malo eres y tú más” subvencionado.
Es un derecho el que de una vez por todas se nos ofrezcan propuestas reales, proyectos realizables a corto y largo plazo, soluciones, soluciones y soluciones. Todo lo que no sople desde esta dirección, sobra, de cabeza al vertedero pues es basura. Y el trilero que no sea capaz de satisfacer la urgente necesidad, el estafador que sólo busque su beneficio propio, que ni se plantee interrumpir en nuestra lucha por sobrevivir, porque no son pocos los que ya están hasta donde las buenas formas recomiendan no expresar.
Cuando los comportamientos del administrador se basan en la incompetencia, la ineficacia, el nepotismo y la corrupción, y se ven acompañados por paro, desesperación, ruina y hambre, el administrado puede reaccionar guiado por los instintos y protegerse atacando al que le humilla. Aquéllos que ven en los ayuntamientos y en las comunidades autónomas sólo un puesto de trabajo excelentemente remunerado deberían considerar la existencia de un “riesgo tunecino” que bien podría cortarles definitivamente las alas. La paciencia, envenenada por el miserable rector, agoniza. Poco le queda. Y cuando muera, tras su funeral, ya veremos qué pasa.
jueves, 20 de enero de 2011
Sobra el Senado
Dice Alfonso Guerra “Cualquier persona sensata sabe que es una medida innecesaria”. O mejor, como cantaba Frank Sinatra con su hija, something stupid . Ilustres senadores que, después de departir amistosamente en castellano delante de un café, penetran en el sagrado templo del Senado, cementerio institucional de elefantes, y pasan un rato ameno y divertido traduciéndose unos a otros. Política bananera ejecutada por prejubilados ociosos que, a falta de faena productiva, se entretienen en chorradas.
Quizás es hora ya de plantearse el prescindir de la Cámara Alta, y enviar a sus inquilinos temporales a buscarse la vida como el resto de los mortales. El camino legal es complicado, pero no imposible. El problema se plantea en que quienes deben iniciarlo y recorrerlo son del mismo corte que aquéllos a cepillar y saben, muy cucos ellos, que suprimir un puerto donde recalar les privaría del segundo plato del menú. Uno, en su permanente estado de estupefacción, piensa que deberíamos hacerles saber a los correspondientes que tragamos con la subida del IVA, la luz, el gas, los carburantes y la hipoteca porque no tenemos más remedio, ya que estamos atados todos y todas por el mismo sitio y la misma cuerda. Pero que para pagarles pinganillos vanidosos a sordos de conciencia y moral no está el patio, y que ya que poco hacen y menos pintan sus señorías, que por lo menos dignidad y vergüenza tendrían que forzarles a abandonar la noble labor de humillarnos. Pues si su deseo es hacer el ridículo, formas más baratas ofrece la vida y mejores escenarios también, que el Senado no se concibió para que una casta de dudosa capacidad la transformara en un circo cutre y aburrido. Dicho esto, e intentando ser prudente y viendo el charco en el que uno se puede meter como se le siga calentando el bocado, esperaré a las próximas elecciones y usaré sólo la urna de las papeletas blancas, que de este choteo ya no pienso participar.
Eso sí, una última cosa, dedicada al senador nacionalista que , en castellano para que se le entienda, aconseja a todos los que no vemos coherente y responsable este capricho inoportuno que volvamos a nacer. Mire usted, tenemos el derecho de expresarnos en el idioma que nos surja de las entrañas, pero también el deber de poner todo lo que podamos de nuestra parte para entendernos y así constituir una sociedad justa y libre. No se confunda, que para ser iguales hay que encontrar el equilibrio entre derechos y obligaciones. Y en lo relativo a la reencarnación que usted con su sabia ironía demanda, si me permite elegir, optaría por renacer en Atapuerca y allí saludarle efusivamente.
Quizás es hora ya de plantearse el prescindir de la Cámara Alta, y enviar a sus inquilinos temporales a buscarse la vida como el resto de los mortales. El camino legal es complicado, pero no imposible. El problema se plantea en que quienes deben iniciarlo y recorrerlo son del mismo corte que aquéllos a cepillar y saben, muy cucos ellos, que suprimir un puerto donde recalar les privaría del segundo plato del menú. Uno, en su permanente estado de estupefacción, piensa que deberíamos hacerles saber a los correspondientes que tragamos con la subida del IVA, la luz, el gas, los carburantes y la hipoteca porque no tenemos más remedio, ya que estamos atados todos y todas por el mismo sitio y la misma cuerda. Pero que para pagarles pinganillos vanidosos a sordos de conciencia y moral no está el patio, y que ya que poco hacen y menos pintan sus señorías, que por lo menos dignidad y vergüenza tendrían que forzarles a abandonar la noble labor de humillarnos. Pues si su deseo es hacer el ridículo, formas más baratas ofrece la vida y mejores escenarios también, que el Senado no se concibió para que una casta de dudosa capacidad la transformara en un circo cutre y aburrido. Dicho esto, e intentando ser prudente y viendo el charco en el que uno se puede meter como se le siga calentando el bocado, esperaré a las próximas elecciones y usaré sólo la urna de las papeletas blancas, que de este choteo ya no pienso participar.
Eso sí, una última cosa, dedicada al senador nacionalista que , en castellano para que se le entienda, aconseja a todos los que no vemos coherente y responsable este capricho inoportuno que volvamos a nacer. Mire usted, tenemos el derecho de expresarnos en el idioma que nos surja de las entrañas, pero también el deber de poner todo lo que podamos de nuestra parte para entendernos y así constituir una sociedad justa y libre. No se confunda, que para ser iguales hay que encontrar el equilibrio entre derechos y obligaciones. Y en lo relativo a la reencarnación que usted con su sabia ironía demanda, si me permite elegir, optaría por renacer en Atapuerca y allí saludarle efusivamente.
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