jueves, 14 de febrero de 2013

Quiero saber lo que ganas


Desde el PSOE, el PP y el resto de la banda se extrañan de que cada vez que uno de los suyos se enfrenta con alguien que no es de idéntica cuerda, sea cual sea el motivo del encuentro, reunión, rueda de prensa, charla en una cafetería o tropiezo casual en la cola del súper, todo acabe convergiendo en una pregunta: ¿Cuánto ganas tú, político? Y no sólo se sorprenden sino que, en ejercicio de su abominable hipocresía, les alarma que los españoles les exijamos respuestas concretas. ¿Pero qué se esperan que hagamos? ¿Qué sigamos pastando? Mucha jeta destilan, ¿no?

 Desde el PSOE, el PP y el resto de la banda no entienden que estemos hasta donde se fabrica la testosterona de aguantar sus embustes, de soportar la presión de una crisis fabricada por ellos, de costear su inutilidad, de sufragarles una vida de esplendor y privilegios. No comprenden que estemos abriendo los ojos y empezando a no tolerar el abuso y la violación constante de nuestros derechos, que nos hayamos dado cuenta de que el principal problema son ellos, esa casta perversa de brahmanes torpes y/o  golfos que nos han arruinado.

Desde el PSOE, el PP y el resto de la banda se extrañan, se sorprenden, les alarma, no entienden, no comprenden.  Todo porque piensan que los parias somos gilipollas, unos tontos de la baba fáciles de domeñar, una masa inculta y aborregada a la que engañar y fustigar. Este es el convencimiento de esa banda filibustera que no conoce, y le importa un carajo el no conocerlo, el significado de términos tan vitales para el funcionamiento de una sociedad democrática como son la verdad, la transparencia (la de verdad, no el timo que ahora venden), la honradez, la responsabilidad, la igualdad, la justicia y la libertad. Ahora, a expresarse de esta manera, le llaman populismo, demagogia de bar. Cuando ellos excretan sus falacias, es alta política, gestión pública e interés común. Pues que les den morcillas. Voy a ser populista porque me apetece, y al que no le guste, ajo y agua.

Yo no sé a ti, pero yo no acepto más cucharadas de esta basura. Así que, si lees esto, pues claro que quiero saber lo que ganas tú, político del demonio, faltaría más. ¿Y sabes por qué? Porque te lo pago yo, que por desgracia eres mi empleado. Porque tu sueldo es una aberración que tú mismo te pones y que quiero suprimir cuanto antes. Porque te lo estás llevando de aquella manera que suponíamos y suponemos. Porque no te lo mereces, que no vas a tu puesto ni se te espera. Y cuando vas, la lías. Porque en este juego de sacrificios tienes que participar tú también, que no eres Dios. Porque te tengo que cortar las alas, pajarraco. Porque tienes que dar ejemplo, que para eso te hemos votado. Porque tienes que ser el modelo a seguir, y no el espabilado y aprovechado que eres. Porque hasta que no te sacudas la corrupción de encima, apestas, hiedes. Porque me da la gana. Y porque, volviendo a lo de antes, no soy tan gilipollas como tú te crees. Así que, ya tardas en decirme cuánto me cuestas, que yo valoraré si te mantengo, te aplico un ERE o te pongo de patitas en la calle. Y date prisa, que se te acaba el plazo.

Como fin de la tribuna, aclarar a los míos que soy muy consciente de que cometo el pecado de generalizar, la carne es débil, ya sabéis. Tenéis razón, seguro que no todos son iguales, que entre tantos que son alguno habrá bueno. Pues nada, lo arreglo rapidito. Aquellos que no pertenezcan a este asqueroso grupo que no se den por aludidos, y ya está. Mira tú que sencilla es la penitencia. Lo dicho. Saludos, paganos.

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