viernes, 4 de mayo de 2012

El libro de Zapatero


Esta tarde casi me rompo la columna. Que uno ya está mayor para según qué cosas, sobre todo si éstas tienen que ver con la cuarta dimensión, el esoterismo y el primo de la bruja Lola. En un momento, mi alma se ha separado de mi cuerpo bruscamente y se ha embarcado en un viaje astral, ha surcado los cielos y ha salido escopetada. “¿Dónde vas?”, le he preguntado. “Mira bien lo que haces, que te puedes perder y después qué pasa conmigo, ¿eh? Que me dejas seco como una mojama seca, y al crematorio de cabeza. Y si pasa eso, cuando digas de volver de donde carajo te hayas ido, te tocará reencarnarte en el mando de la tele o en algún bicho raro, no sé, imagínate que le da un pasmo a Rubalcaba o a Pajín y allá que aterrizas tú. Así que, no fastidies y vuélvete para acá cortando leches”
Pero no me ha hecho caso. Ha sido leer la noticia de que Zapatero va a publicar un libro sobre economía y el espíritu ha abandonado el cuerpo, la razón se ha sublevado separándose de lo carnal y ha emprendido una misión. ¿Cuál? Eso mismo le he preguntado a mi alma mientras se alejaba de mí. “¿Es por lo del libro del José Luis? ¿Es por eso que huyes? Déjalo al animalico, que escriba, que en estos momentos tan duros un poco de humor, una dosis de alta comedia es más que necesaria…Sí, sí, si lo sé… A mí también me parece una barbaridad. Pero seguro que alguno habrá que compre el libro del ilustre ex arruinador del país…En serio, que el sujeto no merece un suspiro. Fijo que de tanto contemplar el cielo le habrá dado un golpe de calor, y en pleno delirio habrá descubierto que el ordenador sirve para algo más que para ver porno, que tiene teclas con letras…Vuelve, tonta”.
Pero no ha habido manera. Se ha detenido un instante, como retándome y me ha dicho; “Mira, pollo. Me marcho que aún es de día e igual le pillo tumbado, observando la inmensidad del cielo y, si no hay mucho viento, me cisco encima de él. Tú, tranquilo, ya verás que paz interior te va a invadir, ya verás…” Y ante tal argumento he rendido mi ser y le he permitido ejercer de águila cagona mientras yo continuaba partiéndome el pecho a reír. Esto no es serio.

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