jueves, 8 de septiembre de 2011

Estratificados

El sistema de castas de la India establece cuatro grupos básicos denominados varnas, o grados de ser, dividiéndose estos a su vez en jatis o familias. Los seres humanos fueron creados de las diferentes partes del cuerpo de Brahma y, dependiendo de cuál sea esa parte, éstos se clasifican en cuatro castas básicas, las cuales definen su estatus social y el tipo de trabajos que pueden realizar. Este orden es sagrado y nadie puede aspirar a pasar a otra casta en el transcurso de su vida, salvo una afortunada sucesión de reencarnaciones. Cuatro son las grandes castas: los brahamanes, que son la casta más alta y que salieron de la boca; los chatrías, que salieron de los hombros; los vaishias, que se formaron de las caderas; y los shudrás, que provienen de los pies. Aparte de estos están también los dalits o parias, los intocables, una clase tan baja que se considera fuera de los varnas y que dedican su actividad a labores tan gratificantes como recoger excrementos humanos con las manos (los niños suelen limpiar los váteres del colegio al que acuden). Pero no queda todo ahí, que aún existen los invisibles, personas que sólo pueden salir de noche. ¿No piensas que esto es una barbaridad?
Pues bueno, vayamos al tajo, que en España vamos por el mismo camino. Tal y como está montado el sistema, también tenemos una profunda estratificación social, presuntamente democrática, que ha visto acentuada su definición en los últimos años gracias a la política social y económica sufrida. Arriba del todo y dirigiendo el cotarro situaremos nuestros brahamanes; políticos, banqueros, altos ejecutivos, especuladores y gente de muchos posibles, bien por familia, bien por trabajo (que alguno hay) o bien porque se lo han agenciado de aquella forma que te imaginas. Al igual que en la India, han sido vomitados por la divinidad (el sistema) y son los únicos cuya palabra y actos son sagrados. Boquitas de piñón extremadamente tóxicos.
A continuación, y a la sombra y servicio de los anteriores, los chatrías patrios, gente que sabe arrimarse al poder y chupar de él, personas a la que el dedo del brahmán otorga posición y riqueza. Surgen de igual forma de los hombros de nuestra sociedad, no porque la sostengan sino porque son los que la desestabilizan, marcando el desequilibrio social. Parásitos millonarios.
El grupo de los vaishías está constituido por los comerciantes, los pequeños empresarios, algunos emprendedores con suerte y los asalariados que aún reciben compensaciones apreciables por su trabajo. Más que de la cadera, del culo nacen y de culo van. Cada vez son menos pues esta escala social está siendo fagocitada salvajemente por la situación económica, sobre todo los autónomos y demás gente de mal vivir (no por los vicios, sino porque la supervivencia es misión imposible). Acabarán extinguiéndose.
Siguiendo la sangría aparece el grueso del pelotón, los shudrás, los siervos modernos, los obreros, los mileuristas, los que trabajan por cuatro euros y tragan con lo que venga con tal de tirar del carro. En este caso no coincide el lugar corporal de origen, que cada uno es de su padre y de su madre, aunque la localización sí es la misma; a los pies de los señores, preferentemente debajo de la suela, pisoteados y humillados por brahamanes, chatrías y algún que otro vaishía de dudosa moralidad. El soporte del país.
En penúltima posición se sitúan los nuevos parias, jóvenes con y sin formación, parados de indeterminada duración, la inmensa mayoría de los jubilados y un largo etcétera de colectivos que no es que estén recogiendo mierda con las manos, pero en muchos casos poco les falta. Muchos, cada día más.
Y, para terminar, que esto se hace pesado, tenemos los invisibles, aquéllos a los que el fango ha cubierto del todo, españoles destruidos por la acción de los que mandan y/o por su mala fortuna. Ruina, hambre, miseria y desesperación son sus compañeros de viaje. Lo que pasa es que en nuestro país, al contrario de la India, no se ven sólo de noche. A todas horas y en todos los sitios brotan sin descanso.
Bien, si has sido capaz de leerte el artículo sin dormirte, te invito a reflexionar y te formulo dos preguntas. La primera es si crees que se me ha ido mucho la pinza y todo lo escrito es fruto de una excesiva imaginación, que no digo yo que no. Y la segunda ya te la he hecho antes y te la repito ahora; ¿no piensas que es una barbaridad?

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