domingo, 30 de mayo de 2010

Un ejército demasiado tranquilo

En todo esto que hay montado con los funcionarios, hay una cosa que me preocupa, aunque sea sólo un poquito. Existe un colectivo de empleados del Estado que aún no ha dicho que esta boca es mía. Se trata de un grupo que, a lo largo de la dilatada historia de nuestro país, jamás se ha estado quieto cuando las aguas bajaban turbias. Y ahora el río no está precisamente limpio: lleva basura para repartir. Nunca, que yo recuerde, han tolerado que les manosearan sueldos y destinos, que les estructuraran y desestructuraran con tanta libertad y capricho. Es más, en muchas ocasiones, por menos de un quítame allá esas penas, han montado unos pollos de talla mundial que siempre han finalizado bañados en sangre y destrucción.
Me refiero, como es lógico suponer, al Ejército español. Imagino y deseo que el Gobierno patrio tiene controlado el tema, por la cuenta que nos trae. Aunque, como se dice vulgarmente, qué quieres que te diga, algo me corre por la barriga. Muy amigos de Zapatero no es que sean, no, los altos mandos: más de un feo les ha hecho el Presidente. Y ahora que les va a tocar los salarios, reducir la tropa y recortar el presupuesto, para hacer palmas no estarán. A los soldados que tenemos jugándose la vida allende las fronteras todos los santos días, ahora les cuentas que ésta, la suya, la que exponen por su bandera, vale menos. Y les dices que ahorren en balas, que acabaremos como Gila llamando al enemigo para que nos devuelva el misil, que sólo tenemos uno.
No es para reírse. No está el horno para alzamientos y asonadas militares, aunque el caldo invite al ruido de sables: sería el fin definitivo de la libertad. Opino, ya en plan tremendista, que no pocos apoyarían una intervención armada, bien con el silencio provocado por el hastío, o bien con la participación franca y abierta. Y, puestos a pensar en lo peor, podría tener ciertas opciones de triunfar. Es más, quizás con otro monarca, el toque de queda sería ya norma en ciudades y pueblos.
Así que, mejor no pensar en estas cosas porque, entre nosotros, y con perdón, acojonar, acojonan.

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