domingo, 4 de julio de 2010

¿Lucha sindical? Vamos, no jod...

Han tocado a rebato. Tambores de guerra para empezar a preparar un otoño calentito: los meteorólogos nos auguran calidez excesiva y los sindicatos prometen ardor social y político. Como aperitivo, la movida madrileña del metro. Ante el fracaso estrepitoso (es una opinión) de la huelga de funcionarios, los dos mayoritarios han pasado al ataque montando la de dios en la capital. Con la premisa de que se respete el convenio colectivo, y con la amenaza de que una aplicación de recortes equivaldría a una declaración de guerra, la lucha sindical pretende recuperar su esplendor, apagado por unos dirigentes cómodos y pasivos y su cohorte de acólitos.
Se podría pensar que más vale tarde que nunca. De acuerdo. Sin embargo no debemos olvidar que los jefes de los sindicatos son altamente responsables del desastre: pichones agradecidos que se han cebado muy bien comiendo de la mano del gobierno. Ahora, los acomodados han saltado de sus sillones y han empezado a gritar, a protestar, a justificarse. Pero no nos dejemos engañar. Tienen que explicar los motivos de su pereza, las razones que les impulsaron a no moverse, a permitir el abuso. Y deben pagar por su silenciosa traición. Así que no vengan vendiendo que ellos son los líderes imprescindibles que con su ejército de liberados van a defendernos ante las tropelías de empresarios y gobiernos. Cuando hacían falta estaban de vacaciones en el limbo, rascándose penosamente las vergüenzas y pisoteando el nombre de los trabajadores. Nadie me puede decir a mí, trabajador que soy, cómo tengo que realizar mi labor si aquél que viene a adoctrinarme no tiene ni idea de lo que significa doblar la espalda.
Igual que la casta política, la clase sindical necesita cambiar de portada y arrancarse bastantes hojas que ya no valen para nada. Son muchos los que de no trabajar han olvidado el significado de palabras como compañero, solidaridad, dignidad o decencia.

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