domingo, 31 de julio de 2011

Poncio Rubalcaba Pilatos

El candidato del PSOE a la Presidencia del Gobierno, Alfredo Pérez Rubalcaba, ha afirmado el domingo que no va a renunciar ni a esconderse de lo hecho por el jefe del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero y ha reconocido que se cometieron errores durante su gestión que impidieron encarar mejor la crisis.
Con esto sobra y basta para definir la catadura moral del ex” todo lo hago y todo lo mando” del Gobierno socialista. Por un lado le echa la culpa al muerto de la ruina que llevamos encima, mientras que por el otro se vende como una víctima más. Él estaba al lado del culpable pero no se enteraba de nada, y en lo que sí que se enteraba poco le dejaban hacer el gran, gran, gran Zapatero, y sus malvados secuaces. Un alma cándida e inocente que, claro, no puede abstraerse de las fechorías cometidas desde el ejecutivo porque le obligaron a participar activamente en ellas, pobrecito vicepresidente.
De verdad, a mí me ofende que este señor me tome por tonto. En todas, absolutamente todas las decisiones que se han tomado desde Moncloa los últimos siete, casi ocho años, el embaucador Rubalcaba fue parte contratante de la primera parte contratante, uno más de los Hermanos Marx, y no precisamente el mudo. Decidió, hizo y deshizo, manipuló y, cuando a su jefe se le fundieron definitivamente los plomos, asumió las riendas de nuestra ruina. Pero quiere convencernos de que el no tuvo nada que ver en la colección de burradas que hemos sufrido y estamos padeciendo. He aquí que ahora ejerce de Pilatos, se lava las manos, se declara inmaculado y carga toda la responsabilidad en el cadáver político que preside el país. Mucha cara se me antoja.
Miren, separar a Zapatero y Rubalcaba, es como si el Oso Yogui se ventilara las cestas sin su inseparable Bubu, como si Manuel de la Calva y Ramón Arcusa no se hubieran conocido, como soportar a Pili sin Mili a su lado o como quitarle a Charlot el bigote, el bombín y el bastón. Han sido almas gemelas, una dualidad mortífera, la ponzoña y el veneno de la economía y la sociedad española. Que ahora venga y enmascare la torpeza y la ineptitud de su gestión es, para mí, una burla y un insulto. Así lo pienso y así lo escribo, con el deseo de que alguno que todavía camina con los ojos cerrados, los abra de una vez por todas y vea al mentiroso como en realidad es.

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