sábado, 13 de agosto de 2011

España, Italia y Portugal; El trío la legaña.

Berlusconi se ha puesto a correr, que viene el coco, y se cepilla a los países que reducen poco. Italia ha aprobado un nuevo paquete de medidas que busca ahorrar un total de 45.500 millones de euros. Con estos recortes, el Gobierno italiano pretende pasar del déficit del 3,9% previsto para este año, al 1,4% en 2012, y al 0% en 2013. Ahí es nada.
Algunas de las medidas confirmadas son las siguientes: gravar con un 5 % adicional sobre el Impuesto sobre la Renta a los que ganan sobre los 90.000 euros anuales y de un 10% a partir a los que ganen 150.000 anuales; una reducción de 6.000 millones del presupuesto a los ministerios y para las administraciones locales en 2012 y de 3.500 millones en 2013; reunificación de ayuntamientos y eliminación de provincias inútiles; rastrear los pagos que estén por encima de los 2.500 euros; meterle mano a las pensiones y retrasar la edad de jubilación de las mujeres de los 62 a los 65 años; liberalizar y privatizar empresas públicas; eliminar todos los puentes, y obligar a que los festivos (los que no sean religiosos) caigan en domingo; atizarle fuerte a los autónomos con ingresos de más de 55.000 euros incrementando el impuesto sobre la renta a partir del actual 41%; quitarles la paga extraordinaria a los funcionarios que no cumplan con los objetivos de reducir el gasto; retraso en el pago de dos años de indemnización por despido de trabajadores del gobierno; y un impuesto especial a los juegos y al tabaco.
También Portugal, que debe hasta de callarse, ha decidido adelantar para octubre la subida del IVA a la luz y el gas prevista para 2012, del 6% al 23%; una política fiscal extremadamente rigurosa y activa; más cortes en el gasto del Estado, como la congelación salarial en la promoción de los militares y un mayor control en la gestión de los gastos de las regiones autónomas portuguesas.
Pero en España, cañí, vamos más allá de lo humano. En el límite del conocimiento, Zapatero mantiene conversaciones estelares (y telefónicas) con Obama, mientras que su equipo ultima un paquete de medidas del tamaño de un azucarillo para aprobar en el próximo y venidero Consejo de Ministros y así tranquilizar a los mercados especulativos y/o de deuda, que son los que mandan en este maravilloso y globalizado mundo. Como vamos sobrados, algo suave, que vienen elecciones y el marrón se lo ventilará el que gane, sea quien sea.
Además, por partes, que no somos italianos. Aquí aumentar el impuesto sobre las rentas altas va a ser que no, que si se hace, los afectados, los ricos, cogen su pasta y se largan del país. Por este lado nada que rascar. Más fácil sería reducir el presupuesto de los ministerios o, mejor, reducir el número de ministerios y ministros, o, incluso, ya metidos en faena, cargarse el Senado. Aquí sí que nos ahorraríamos un pastón considerable, entre cargos políticos, asesores de los cargos, directores generales, asesores de ellos, sub de lo mismo, secretarios y subsecretarios, por supuesto con sus asesores, pinganillos para sordos de vocación y ataúdes de lujo para elefantes en forma de cargo electo e inútil. Pero va a ser que no, que se les acabaría el chollo a los profesionales de la política bananera que controla el Estado, y no se van a quitar a sí mismos el pan (con jamón pata negra). Seguimos con nada que rascar.
Con lo mismo y por lo mismo, unificar ayuntamientos, eliminar provincias y, por qué no, cepillarse las autonomías, es imposible en España, aunque supondría eliminar el déficit de forma inmediata. Pero ni se plantea; han hecho que nos odiemos entre nosotros de una manera tal que ni las pedanías se podrían suprimir sin que el espíritu de Puerto Urraco se adueñase de calles y plazas. La España dividida alimenta muy bien a muchos integrantes de la casta política inepta. A ellos y a sus familias, amigos, colegas y demás. Un consorcio bien tratado y mejor pagado.
De cargarse los puentes y pasar los festivos al domingo más cercano, ni comentarlo. Muertos a miles en enfrentamientos con las fuerzas de seguridad del Estado, que nos pueden subir el pan pero de quitarnos un día para rascarnos las narices, ni hablar del peluquín. Guerra ante este abuso, hasta ahí podríamos llegar.
De atracar a los pensionistas, retrasar la jubilación y privatizar las empresas públicas, como ya se aplica, que es casi una tradición nacional, pues ni hablar de ello, que remueve las conciencias y escalda los ánimos. A correr un tupido y estúpido velo sobre el tema. Y el asunto autónomos, las clases privilegiadas de la sociedad, mejor ni mentarlo, que peor de lo que están no pueden estar.
Y dado que tampoco somos portugueses, que la luz y el gas, como lo suban más, se va a convertir en un artículo de lujo, si no lo es ya de facto, poco nos queda por hacer en España para contentar a los que mandan, los que nos prestan los dineros y nos permiten así vivir con este esplendor y esta lujuria tan descontrolada. De momento les enviaremos unos camiones de fruta para que los amigos franceses se entretengan destruyendo la mercancía
En resumen, que se nos viene encima un palo de dimensiones bíblicas, en forma de Armagedón indefinible en continente y contenido que nos va a retroceder a los coches de caballos, las cocinas de carbón, velas para alumbrar, radios de galena, caciques forrados hasta la médula y trabajadores buceando en la miseria. Todo por virtud y gracia de políticos lamentables e irresponsables, inútiles e incompetentes gestores de lo ajeno, que están arrasando con lo que no les pertenece. Eso sí, reservándose un buen cacho para ellos, que ya se sabe, que el que parte y reparte se lleva la mejor parte. Lo bueno para ellos y los despojos para el resto. Fiesta que no falte.

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